Disclaimer:Nada de esto me pertenece, todo es de Louisa May Alcott y sus herederos. Yo sigo igual de pobre que siempre, por desgracia.
Mal genio
Beth golpeó tímidamente la pared del altillo. Su hermana había llegado furiosa del colegio y se había encerrado ahí, sin hablar con nadie. Al otro lado de la cortina que separaba el rincón de Jo del resto del altillo le respondió un gruñido sordo.
—Jo, ¿Estás bien? —preguntó, mientras asomaba la cabeza entre las cortinas. Jo estaba sentada en el marco de la ventana, con una pierna doblada contra su pecho y la otra colgando por la ventana hacia afuera. Al ver a Beth se dio vuelta y quedó con ambas piernas colgando hacia adentro.
—No —murmuró, Beth arrugó la nariz y entró al pequeño espacio. Jo dio un pequeño salto y se sentó en el suelo del altillo y Beth la imitó.
—¿Qué pasó? —le preguntó nuevamente a su hermana. Jo le indicó los papeles que yacían desordenados en el suelo. Beth se inclinó sobre ellos y los examinó: eran los cuentos de Jo, de los que estaba más orgullosa —. Son tus cuentos… Jo, no entiendo.
—Se los mostré a Fritz, y él los leyó… pero dijo que no eran buenos, dijo que les faltaba personalidad.
Jo parecía estar sinceramente desanimada, su escritura era algo que solía enorgullecerla y le dolía mucho que alguien la criticara. Además, su mal genio era uno de sus mayores defectos y siempre tenía que estar luchando contra él, aunque a veces perdía la pelea. Beth estaba segura de que esa era una de esas veces en las que el mal genio de Jo había escapado a su voluntad y la había hecho enfrascarse en una pelea con Fritz.
—Pero Jo, son buenísimos… a mí me gustan mucho, y a todos los que los han leído también. No deberías dejar que una opinión contraria te altere tanto —fue la respuesta de Beth.
—Es que ése es el problema, tiene razón. Estos cuentos los puede haber escrito cualquiera, los escribí para que a la gente le gustaran… y soy tan estúpida que no me di cuenta de que no tengo que escribir para los demás, si no para mí… Odio que Bhaer tenga la razón.
Beth no dijo nada más, sólo se quedó callada, acariciando el hombro de su hermana. Jo, por su parte, estaba absorta en sus pensamientos. Una vez más, su mal genio había sacado a la luz lo peor de su carácter, y una vez más, se arrepentía de lo que había dicho en medio de un arranque de rabia.
—¿Qué puedo hacer ahora? Le dije varias cosas hirientes después de que él me dijera que pensaba acerca de mis cuentos… ¡Estúpido mal carácter! —bufó Jo, luego de un rato.
Beth le sonrió a su hermana preferida.
—Jo, tú sabes que tu mayor problema es tu mal genio… pero en el fondo, una vez que se te pasa la rabia del momento, vuelves a ser tan amable como siempre. Si ya te calmastes, podrías ir directamente a su casa y pedirle disculpas, o hablar con él mañana, después de clases. Me imagino que no quieres quedar enojada con él para siempre.
—No —masculló Jo, frunciendo el ceño. Un segundo más tarde, su expresión se recompuso y le dio un fuerte abrazo a su hermana menor —. ¡Gracias Beth! Tú siempre sabes qué decir cuando estoy mal.
