Disclaimer:Nada de esto me pertenece, todo es de Louisa May Alcott y sus herederos. Yo sigo igual de pobre que siempre, por desgracia.
Lo siento
Jo se armó de valor, antes de acercarse al joven que estaba sentado en el café. Sabía que se había equivocado, y aunque su orgullo sufría por ella, iba a pedirle disculpas. Durante las últimas dos semanas, ninguno de los dos le había dirigido la palabra al otro y si se veían en los pasillos del colegio, hacían como que no se habían visto. Aunque los dos echaban de menos sus conversaciones, ninguno se había atrevido a dar el primer paso para reconciliarse. Recordando lo que su madre le decía siempre, acerca de la importancia de pedir perdón, Jo le tocó el hombro al joven.
—¿Fritz? —preguntó. El joven se dio vuelta al oírla.
—Jo, hola —Fritz le sonrió y le indicó que se sentara frente a él.
—¿No esperas a nadie? —preguntó Jo, sentándose en la silla. Fritz negó con la cabeza. Ambos se quedaron callados por unos segundos, antes de que Jo siguiera hablando —. Fritz, tengo que decirte algo… —Fritz levantó las cejas, invitándola a seguir —. Bueno… Quiero decirte que siento mucho cómo te traté el otro día, no te lo merecías —Jo dijo la última frase muy apresuradamente, para terminar con el asunto lo más rápidamente que pudiera. Fritz le sonrió de vuelta.
—Bueno, quizás me lo merecía, tampoco fui muy delicado con la crítica a tus cuentos —contestó él, sonriéndole. Le tendió la mano a través de la mesa —. ¿Amigos de nuevo?
Jo le estrechó la mano, sonriéndole alegremente. Menos mal que Fritz no era un chico rencoroso, y que no se había puesto a reprocharle su mal carácter. Jo se dispuso a pararse de la mesa y despedirse del joven, pero él la detuvo por la manga de la chaqueta.
—¿Por qué no te quedas un rato más? Te invito a un café —dijo él, indicándole la silla donde ella había estado sentada.
—Mejor yo te invito uno, por el mal rato —contestó ella, sentándose de nuevo frente a él —. ¿Quieres hablar de algo en especial?
—No sé… Podrías contarme algo acerca de tu familia, por lo poco que me has contado, creo que deben ser muy buenas personas, y muy divertidos —dijo Fritz, indicándole a la camarera que se acercara a su mesa, y pidiéndole un café para Jo.
—No sé qué podría contarte, Fritz —dijo la joven, apoyando la barbilla en su mano pensativamente —. Somos cuatro hermanas, yo soy la segunda, pero eso ya lo sabes. Nos llevamos muy bien y somos muy unidas, ellas soportan todas mis locuras y las tonterías que se me ocurren. La última fue hacer una compañía de teatro, para representar las obras que escribo.
—¿En serio? —le preguntó Fritz, atónito. Jo asintió, sin decir nada —. Debe ser divertido, ¿podría ir a verlas alguna vez?
—Si logro que Amy aprenda a desmayarse como es debido, puede ser —contestó Jo, frunciendo la nariz —. ¿Qué hay de tu familia? Me parece recordar que tienes una hermana y dos sobrinos.
—Sí, mi hermana se llama Ilse, y mis sobrinos son Franz y Emil. Ahora mismo ellos viven en Nueva York, por el trabajo de Ilse y de Melchior, su marido. Fue una gran coincidencia que a mi padre también lo enviaran aquí, y eso nos ha permitido verlos más seguido. Supongo que también somos una familia muy unida —contestó Fritz, mientras la camarera le traía a Jo su café.
Los dos siguieron conversando durante un largo rato, contándose anécdotas de infancia y otras cosas, riendo con las historias que contaban. Sin que ninguno tuviera de decirlo, ambos estaban muy felices de haber vuelto a ser amigos.
Una de las cosas más difíciles en la vida es pedir perdón. Al menos para mí, que soy bastante orgullosa y tengo un carácter explosivo (mala combinación). Una de las grandes características de Jo es saber pedir disculpas cuando se equivoca, y saber perdonar cuando la ofenden, y la admiro por eso (aunque sea un personaje ficticio).
¡Hasta el próximo capítulo!
Muselina
