Disclaimer:Nada de esto me pertenece, todo es de Louisa May Alcott y sus herederos. Yo sigo igual de pobre que siempre, por desgracia.
Primera cita
Jo se quedó mirando su reflejo en el espejo del baño. Tenía la alisadora de pelo en la mano, pero no sabía qué hacer con ella, la última vez que la había usado había sido para alisarle el pelo a Meg, pero no había resultado nada bien. No era difícil olvidar la cara de su hermana cuando empezó a salir humo de su pelo, y la primera reacción de Jo fue soltar la alisadora, que quedó colgando del pelo de su hermana, mientras Meg no sabía cómo reaccionar.
—¿Necesitas ayuda? —la voz de Beth la sacó de sus recuerdos, mientras entraba al baño y se paraba tras su hermana —. ¿Qué estabas intentando hacer?
—Alisarme el pelo —gruñó Jo, sentándose en la tapa del excusado —. Pero no tengo ni idea de cómo empezar…
—Déjame a mí —contestó Beth, tomando la alisadora de las manos de su hermana y encendiéndola —. Jo, ¿te puedo preguntar si hay una razón especial para que estés alisándote el pelo un viernes en la noche?
Jo movió la cabeza, mirando para otro lado distraídamente, pero Beth le indicó que se quedara quieta, para poder alisarle bien el pelo.
—Está bien… Fritz me invitó a salir… —murmuró Jo, una enorme sonrisa se dibujó en la cara de su hermana preferida.
—¡Bien! —exclamó, sin dejar de deslizar la alisadora por el corto pelo de Jo —. Qué bueno que hayan logrado reconciliarse… y, ¿te gusta?
—No lo sé… —fue la respuesta meditabunda de Jo, quien sinceramente no sabía exactamente qué sentía por el muchacho. Sólo tenía muy claro que le gustaba estar con él, y reír, y hablar con él de mil cosas.
—¿Qué hacen, chicas? —Amy se asomó a la puerta, con una sonrisa en los labios. Era la menor de las cuatro, y a su juicio, la más bonita. Por otra parte, también era una chica alegre y leal con sus hermanas y amigas. A pesar de que ella y Jo solían llevarse como el perro y el gato ya que tenían caracteres muy similares, las dos hermanas se querían mucho.
—Jo tiene una cita —respondió Beth, antes de que Jo pudiera decir nada—, con Fritz.
—¿Fritz? —preguntó Amy, extrañada —. ¿Y qué pasó con Laurie? Siempre pensé que te gustaba él.
—Amy, Laurie es como mi hermano. No puedo pensar en él de esa forma… ¡es Laurie! —protestó Jo, mirando indignada a su hermana.
Meg apareció en el dintel de la puerta, sorprendida por el hecho de que sus hermanas hubieran decidido que el baño era un buen lugar para juntarse.
—¿Qué hacen? —preguntó, apoyándose junto a Amy en el dintel de la puerta.
—Jo tiene una cita —contestó Amy, antes de que Jo pudiera decir nada. La aludida frunció el ceño y le sacó la lengua.
—Por Dios, Jo. Madura de una vez —le recriminó Meg al verla. Jo rodó los ojos irritada —. Vamos, yo me encargo de que te veas bonita —añadió, sacando su estuche de maquillaje del botiquín del baño.
Un rato después, Fritz tocó a la puerta. Jo salió disparada hacia la puerta, antes de que nadie de su familia lograra acercarse a la puerta.
—Hola… —dijo el joven, sorprendido por la rápida aparición de la joven —. Te ves muy bien —agregó al mirar más detenidamente a la chica.
—Sí, sí… Es obra de Beth, Amy y Meg. ¿Nos vamos? —contestó Jo, con una sonrisa nerviosa. Fritz le sonrió de vuelta y le ofreció caballerosamente el brazo.
—Como usted quiera, señorita.
Jo arrugó el ceño, pero la sonrisa del muchacho la relajó. Sería una cita de lo más interesante.
Sí, sé que me he demorado la vida en actualizar esta historia. Me merezco las miradas de desprecio y odio, lo sé. Pero ya tengo un par de otras viñetas escritas y creo que podré seguir escribiéndolas ahora que tengo más tiempo.
En fin, espero que les haya gustado. Como siempre, muchas gracias a todos quienes leen. ¡Hasta la próxima!
Muselina
