Disclaimer: Nada de esto me pertenece, todo es de Louisa May Alcott y sus herederos. Y esto no me reporta ni un triste peso.

Ya estoy de vuelta con este fic y decidida a terminarlo de una vez por todas. La verdad es que estuve algo bloqueada porque no sabía cómo seguir a partir de este punto. Pero mi musa decidió tomarse tres litros de café y logré definir lo que sigue. Ahora tengo siete capítulos más planeados y tengo el suficiente tiempo libre como para escribirlos. Deséenme suerte.

Y ahora, los dejo con el capítulo.

Laurie

Laurie frunció el ceño, sin quitar la vista de su amiga. Era un bonito día de primavera y ambos jóvenes estaban volviendo del colegio a pie. El señor Lawrence había castigado las malas notas de su nieto quitándole el auto hasta que su promedio repuntara. Aunque, a decir verdad, la medida no estaba dando resultados; Laurie apreciaba más su tiempo libre que su auto.

—¿Me estás diciendo que te gusta ese?

—Tiene nombre, ¿sabes? —gruñó Jo a modo de respuesta. Se acomodó la mochila a sus espaldas y siguió caminando a grandes trancos por la avenida rodeada de árboles.

—No me interesa, la verdad —fue la respuesta de Laurie, que corrió hacia ella para alcanzarla.

La muchacha rodó los ojos. Siendo sincera, ella misma no sabía si el chico alemán le gustaba, pero sí sabía que no les gustaba que su mejor amigo hablara así de él.

—No me has respondido, Jo —dijo Laurie levantando las cejas—. ¿Te gusta ese tipo o no?

—No lo sé. Es un gran tipo, no lo niego; pero no tengo claro si me gusta o no —ella y Laurie siempre habían sido sinceros con el otro. No veía por qué debía ser diferente en esa situación. Pero la mirada de Laurie le incomodó un poco. Él no solía ponerse así de serio.

Durante unos minutos caminaron en silencio. Jo estaba pensando en sus cosas y Laurie parecía estar luchando contra sus deseos de decir algo, aunque ni él mismo sabía qué quería decir.

—Jo, me gustas —murmuró el muchacho cuando llegaron al portón de la casa de los March, que se veía diminuta junto a la enorme mansión de los Lawrence—. Me gustas mucho. Desde que te conocí, estoy seguro de que eres la única para mí.

Jo se detuvo bruscamente al escuchar esas palabras. Desde hacía un tiempo que sospechaba que Laurie sentía por ella algo más que una simple amistad. Pero ella no sentía de la misma manera. El joven era como su hermano y por más que ella lo quisiera mucho, no lo quería de esa forma.

—Laurie… yo… —musitó dudando. No sabía si debía decirle lo que de verdad pensaba. No quería herirlo. El chico se aprovechó de la vacilación de su amiga para acercarse aún más a ella y plantarle un beso en los labios.

Fue un beso tierno y entusiasta, como sólo podían ser los besos de Laurie. Pero Jo no sintió fuegos artificiales ni nada por el estilo. ¿No se suponía que tenía que sentir chispas, electricidad y todo eso?

Nada de nada.

Jo suspiró. Sabía que estaba a punto de herir a su amigo como nunca lo había hecho. Y le daba un poco de miedo.

—Lo siento, Laurie.

En los ojos del muchacho vio que él había entendido lo que esas tres palabras contenían. Siempre habían sido muy unidos y no necesitaban palabras para comunicarse. Con sólo ver los ojos de su amiga, él había entendido.

—¿No puedes intentarlo, Jo? —musitó. Jo negó con la cabeza—. No importa. ¡No me rendiré, Jo! ¡Haré que te enamores de mí!

La chica cerró los ojos. Sabía que por mucho que Laurie insistiera, nunca dejaría de verlo como a su hermano. Y sabía que él también lo tenía claro, aunque estuviera obstinado. Vio cómo su amigo se alejaba a grandes zancadas por el camino y suspiró.

Crecer tenía demasiadas desventajas.


Uf, fue duro, pero esto tenía que pasar. La verdad es que me da muchísima pena (no tanta como la muerte de Beth, pero es que todavía no supero eso y no creo que lo haga alguna vez) cuando Jo le dice a Laurie que lo quiere como amigo o hermano (eso es la friendzone y lo demás, tonterías). Pero al mismo tiempo, entiendo tanto a Jo. No es sólo que Laurie fuera como su hermano, es que sus personalidades no funcionaban. Y creo firmemente que los dos lo pasaron muy mal en ese momento.

En fin, espero que el próximo sea más simpático.

¡Gracias por leer!

Muselina