& aquí un nuevo capitulo de esta historia. Me voy llendo, porque mi amiga Moony, ya esta tocando el timbre y tengo que abrirle. Besos y recuerden, que estos personajes no son mios sino de J.K
Segundo Capitulo : Reunión en el ministerio
En la mañana siguiente, la lluvia no dejaba de caer. El viento, arrastraba las hojas de los árboles que no se caían por si solas.
La casa número cincuenta y nueve, se hallaba en silencio. Dos, de las tres personas que vivían en esa casa, se encontraban durmiendo, la otra, estaba ausente.
El despertador, rompió el silencio de la habitación, en la cual Rose, dormía. Se despertó, mientras recordaba en su cabeza todo lo que tenía que hacer esa mañana. Se dirigió al baño de su habitación y lavó su cara con agua fría para levantarse, luego, cepilló sus dientes e hizo sus necesidades.
Salió del baño, para dirigirse a su placard; le tomó unos minutos decidir que ponerse, hasta que tomó un pantalón negro con una camisa blanca. La capa que usaría, sería de un color azul marino. Tomó de una caja, unos tacos aguja de color blanco. Se sentó en su escritorio, frente a un espejo con luces y tomó su tiempo para maquillarse.
Cuando estaba por bajar a desayunar, un patronus en forma de liebre entró en la habitación.
- Reunión urgente en el Ministerio.
Rose, se quedó unos segundos pensando. ¿Qué haría con su hija?
Si la levantaba, era obvio, que la iba a maldecir; pero, tampoco, la quería dejar sola. Ayer ya lo había hecho, y no le gustaba hacerlo muy seguido. Suspiró pesadamente, la despertaría, y le prometería que le compraría lo que ella deseara.
Salió de su habitación y se dirigió al final del pasillo. Abrió la puerta de su hija lentamente. La vio durmiendo hecha un bollo, con el pelo revuelto y una mano fuera de las sabanas. Se acercó en silencio y le sacudió el brazo.
- Charlotte. Hermosa, levante. Necesito, que me acompañes al trabajo.
Escuchó un gruñido como respuesta…
- Te compraré lo que deseas - propuso con una sonrisa
- ¿Por qué no empezaste desde ahí?
Su hija saltó de la cama y se dirigió a la puerta del baño.
- Dame, ¡Cinco minutos!
Rose, asintió con la cabeza y se quedó recorriendo con la mirada la habitación de su pequeña. Estaba pintada de un color violeta claro, las paredes principales, estaban llenas de pósters de bandas, tanto muggle's, como mágicas. En la pared donde estaba la cama apoyada, había muchas fotografías mágicas de ella, con sus amigos y familiares. El escritorio, estaba en frente de la ventana, que en esos momentos tenía las cortinas cerradas; había pergaminos, plumas, tintas y libros, revueltos. Una varita de corazón de dragón y plumas de fénix, descansaba en equilibrio, encima del libro de pociones.
- Ya estoy lista.
Su hija hizo aparición en la habitación. Tenía el pelo recogido en dos trenzas, un jean celeste y sobre éste, una sudadera, que tenía un dibujo de la gata Kitty
- Bueno, vamos.
Rose se acercó a su hija y le tomó la mano. Giró sobre sí misma, y en pocos segundos, la sensación de que un gancho tiraba de su panza, inundó a Charlotte. Era la primera vez que se aparecía.
Llegaron al Ministerio de la Magia, en pocos segundos. Charlotte, se soltó del agarre de su madre y se alejó de ella.
- ¿Tengo que acompañarte? - preguntó mientras subía sus cejas.
- No, ve a una de las chimeneas, y viaja por polvos flu al caldero chorreante.
- No tengo ni dinero, ni mi varita - contestó, mientras le mostraba su mano para que deposite plata. Rose, sacó dinero de su pantalón, y depósito doscientos galeones en la mano de su hija.
- A las seis, nos encontramos en el caldero chorreante.
- A la orden su majestad - dijo Charlotte, mientras hacia un gesto muggle con su mano y se daba vuelta.
Rose, vio como su hija desaparecía tras las llamas verdes, y se dio media vuelta para dirigirse al ascensor, que la llevaría al despacho de su jefe.
Entró al elevador, luego de que, desgraciadamente, lo hiciera el señor Malfoy.
- Siempre, me pasa lo mismo -pensó Rose, mientras rodaba los ojos.
Presionó el botón del piso 5 y luego, se dio vuelta para no tener que saludar a Lucius.
- Veo que hemos olvidamos nuestros modales en casa, Rose - comentó Lucius Malfoy, arrastrando las palabras, como siempre.
- Malfoy - dijo Rose - ¿No tienes nada más que hacer?
- Claro que no, ¿Qué puedo hacer en un ascensor, donde una mestiza me acompaña?
Rose, cerró los ojos y suspiró.
- Y yo, no sé qué puedo hacer, ¡Con un maldito mortifago a mi lado!
La puerta del ascensor se abrió, y se escuchó la voz de la mujer, anunciando que estaba en el piso correcto.
Rose, se apresuró a salir, para que Lucius no pueda replicar a lo que había dicho. Cuando llegó frente a la puerta del despacho de Cornelius Fudge, la tocó y luego, arregló su ropa.
- Adelante.
- Buen día, señor Ministro.
Rose se quedó en silencio. El despacho de Fudge, que era circular, estaba lleno. Detrás del escritorio, Fudge se encontraba con un vaso de licor; del otro lado, Albus Dumbledore se encontraba jugando con sus dedos; estaba, además, el Primer Ministro muggle y varios Aurores.
- Bueno, ya que Rose ha llegado, tengo que contarles lo que pasó. Pero, primero, Rose… querida, acepta un vaso de whisky de fuego.
Rose, tomó dudosa el vaso que el Ministro le tendía, y luego, de tomar un tragó, sonrío a Dumbledore.
- Hay malas noticias. Ha habido una fuga, en Azkaban.
La sala se quedó en completo silencio. Rose, tenía los ojos abiertos como platos y su labio inferior temblaba.
- Señor Ministro - la mujer habló con voz entrecortada - ¿Quién ha escapado?
- Me aterra decir que… Sirius Black, ha escapado -
El vaso que Rose tenía en su mano derecha, cayó al piso y se rompió a la mitad. Se mareó y casi cae, si no hubiese sido por Dumbledore, que la había agarrado a tiempo. La sentaron en el lugar en el que había estado segundos atrás. Abrió los ojos con miedo.
Él había escapado. Había burlado a los seres más dañinos del mundo mágico. Ocultó su rostro detrás de sus manos y dejó que sus lágrimas mojaran sus mejillas.
- Dumbledore, los dementores vigilarán Hogwarts - Fugde, tomó de un trago lo que quedaba en su vaso.
- Estarán custodiando las afueras de Hogwarts. No permitiré que estén dentro de la escuela ¿Estás de acuerdo, Cornelius?
- Si es tu única condición, Albus, que así sea.
Dumbledore, asintió y sonrío, mientras que Rose, seguía temblando.
- Rose, tranquilízate - dijo Fudge, mientras servía más alcohol en su vaso - Atraparemos a Black, inmediatamente.
Fudge, era uno de los pocos que sabía la verdad de Rose.
- Eso es seguro, señor Ministro. Tenemos a los mejores Aurores.
- Sí, claro -pensó sarcásticamente, Rose.
- Bueno, ya está. Rose, puedes comenzar con el trabajo; Albus, nuestra reunión ya acabó; y ustedes Aurores, ahora quédense aquí, así hablamos de cómo poder atrapar a Black.
Rose, asintió y salió del despacho, con la cabeza gacha. En su mente seguía procesando la información, que Fudge le dio. Se sentó en su escritorio, mientras suspiraba. Hoy sería un día largo, pero por lo menos, podía salir temprano y pasear por el "Callejón Diagon", con Charlotte. Levantó la cabeza, y vio que del otro lado del escritorio, estaba Dumbledore.
- Albus, perdón, no lo vi - exclamó Rose, nerviosa.
Sentía aquellos ojos azules de Dumbledore taladrándola con la mirada. Al lado de él, se sentía tan pequeña, como cuando estaba en Hogwarts.
- Necesitaría que me acompañes a una reunión.
- Sí, claro. Déjeme pedirle permiso a Cornelius.
- No será necesario, Rose. Ya le he pedido permiso por ti, ¿Vamos?
- ¡Claro!
Dumbledore le ofreció la mano a Rose, y ella, la tomó suavemente. Sintió, nuevamente, como un gancho la tomaba desde debajo de la panza, y todo se oscurecía. En pocos segundos, sus pies tocaron tierra.
Estaban en frente de… ¿Las tres escobas?
- Dumbledore, estamos en Hogsmeade, ¿Qué hacemos aquí? - Rose, estaba confundida. No entendía nada.
- Entra, y lo verás.
Rose, tomó temerosa el picaporte de metal de la puerta principal y la empujó. Entró con pasos lentos al salón y se dejó llevar por los recuerdos. Hace doce años que no pisaba ese lugar, desde la última salida que tuvo con sus amigos en el último año en Hogwarts. Todo seguía igual. Las mesas, los sillones y Madame Rosmerta seguía atendiendo.
Dumbledore, la guiaba a través del pasillo, en el cual, ella sabía que estaban las mesas privadas. Cuando levantó la vista, Rose, lo vio. Estaba sentado detrás de la mesada, con una copa en sus labios. Después de tantos años lo estaba viendo. Gritó su nombre, haciendo que éste se sobresalte.
- Remus ¿Eres tú?
- ¿Rose?
