Remus John Lupin

- Si - dijo ella, mientras se acercaba a él y lo abrazaba fuertemente.

Hace años que no lo veía. El hombre frente a ella, no había cambiado, en nada. Seguía siendo él; alto; de tez claro; ojos puros, del color de la miel; y sus manos, seguían siendo igual de suaves, que años atrás. No lo veía desde hace más de trece años, cuando ella, escapó junto a su futuro hijo en el vientre. Se acercó más a él y absorbió su aroma, que sin más, seguía siendo chocolate.

- ¿Qué haces aquí? - pregunto él, cuando salieron de su agarre.

- Dumbledore - murmuró ella como si aquello fuera una explicación.

- Como no imaginármelo. Ven, toma asiento.

Luego de sentarse, esperaron unos minutos en silencio. Dumbledore, apareció acompañado por Madame Rosmerta, ésta llevaba una bandeja con tres copas; las depositó en la mesa en la que los dos amigos estaban sentados.

- La casa invita, porque hace años, que ninguno de ustedes dos me visita - dijo con algo de reproche.

Rose, murmuró un tímido lo siento, y Remus, sonrió. Dumbledore, se sentó al lado de Rose y los observó a ambos con una sonrisa.

- Se preguntaran, porqué los traje aquí ¿No? - los dos asintieron con la cabeza - Bueno, la primera razón, es porque quería charlar contigo, Remus, sobre mi petición, y la segunda razón, es porque sabía que hace años que no se veían. ¿Has pensado mi propuesta, Remus? - preguntó Albus, mientras entrelazaba sus manos.

- Claro que pensé la propuesta - dijo Lupin, mientras tomaba un sorbo de la bebida que tenía delante de él. Hizo un gesto luego de tomarlo - Whisky de fuego - murmuró, mientras sus mejillas se tornaban rosadas - Acepto el trabajo.

- ¡Genial! - Albus sonrió - Brindemos.

Las tres personas alzaron sus copas y brindaron. Luego de tomar su contenido, Albus, se levantó

- Sí, eso es todo. Tengo que irme, para arreglar los últimos detalles de tu ingreso a Hogwarts. Rose, Remus, un gusto verlos - dijo Albus, mientras comenzaba a alejarse - Nos veremos el primero de septiembre, Remus.

El hombre mencionado, se cambió de asiento y se sentó en la silla de al lado de Rose.

- Perdóname - murmuró, mientras acariciaba la mejilla de la mujer frente a él.

- ¿Por qué?, nunca fue tu culpa el haberme ido - le aseguró con una gran sonrisa - Fue su culpa - murmuró, y esta vez, su tono de voz comenzaba a bajar - Quise olvidarlo.

- ¿Lo lograste? - pregunto él mientras tomaba su mano.

- Él es imposible de olvidar - dijo ella, mientras derramaba algunas lágrimas, que Remus secó en silencio. Rose, tomó los pliegues de la capa del hombre y lo abrazó, derramando sus lágrimas en la ropa de su amigo. Él, también, la abrazó y la consoló con total sigilo.

Parecía que todos los años que habían estados separados, no hubiesen existido. Como si cada una de las lágrimas derramadas al recordarse el uno al otro, tampoco, hubiesen sido verdad.

- Te he extrañado - murmuró él, mientras acariciaba lo cabellos de la mujer y luego, los besaba.

- Yo también lo he hecho - dijo ella - Olvidémonos de él - propuso, mientras se enderezaba y comenzaba a secar sus lágrimas - Cuéntame de tu vida, ¿Has estado mejor? ¿Y tu pequeño problema peludo? - Remus soltó una carcajada.

- No escuchaba ese apodo hace años - dijo, mientras se tomaba la panza de la risa - He estado bien, y el pequeño problema, también.

Rose, soltó una carcajada que resonó por todo el lugar y luego, él la miró.

- ¿Dónde has estado tantos años? - preguntó luego de haber tomado un sorbo del líquido de su copa. Rose, suspiró.

- Me fui a vivir a América del Sur, a Argentina, mejor dicho. Ese lugar es muy hermoso. He estado viviendo allí con mis dos hijos, pero hace dos años volví. Mi hija mayor comenzó Hogwarts - dijo, sonriendo con orgullo - Y James, comenzará éste año.

- ¿Le pusiste James? - murmuró Remus incrédulo.

- Claro, y a mi hija Charlotte, porque recuerda que mi madre se llamaba así. Y James, porque nació el mismo mes que nuestro querido amigo. Lo hice en su honor - dijo mientras apoyaba el codo izquierda en la mesa, y luego, recargaba su cabeza en él - Así que ahora, creo que serás su profesor.

- Espero que sean los mejores alumnos.

- ¡Lo son! - dijo ella con orgullo - Charlotte, comienza su tercer año y eligió tres materias extracurriculares. Cuidado de Criaturas Mágicas, Ruinas Antiguas y Estudios muggle's.

- Que raro que no eligió adivinación.

- Si lo hacía, no estaría viva. Sabes que odio esa materia con lo más profundo de mi ser, Remus.

- Lo sé. Por eso preguntaba - Rose, le pegó suavemente en el brazo - Oucht, eso ha dolido. Tu ojo interior quedará bloqueado.

- El tuyo es el que quedará bloqueado - Remus sonrió.

- ¡Ah, no! nunca tuviste uno.

- Remus - dijo la mujer indignada - Ahora será el tuyo, porque si mal no recuerdo, obtuviste un Excelente en adivinación. Eres tan trucho como la profesora.

- ¡Eh! - dijo ahora él, indignado - Tenia habilidades natas.

- Tenia habilidades natas - imitó su compañera.

- ¡No te burles de mí!

- ¡No te burles de mí!

- Eh.

- Eh - dijo ella con una sonrisa.

El pasatiempo de Rose, era imitar a Remus, hasta que él se cansara, y la callara con una tableta de chocolate.

- ¡Deja de imitarme! - pidió él, mientras rebuscaba algo en su capa.

- ¡Deja de imitarme! - dijo ella, con sorna.

Remus sonrió satisfecho, y en unos segundos, una tableta de chocolate descansaba en la boca de una indignada, Rose. Ésta mordisqueó con recelo el chocolate y luego de haberlo tragado, lo miró.

- Remus.

- ¿Qué? - dijo él - Es la única manera en la que te callabas, ahora es igual. Las cosas no cambian.

- Sí, eso lo sé - Rose se abrazó a él - He extrañado esto.

- Yo más. Fuiste mi mejor amiga.

- Y lo sigo siendo ¿No? - inquirió, mientras una de sus cejas se elevaba sutilmente.

- ¡Claro que sí! - Remus, besó sus cabellos - Te quiero, Rose.

- Yo a ti, Remus.

Se miraron unos segundos en silencio, y luego, rompieron en carcajadas. Hace años que ninguno de los dos se reía así.

- Cuéntame de Charlotte y de James.

Remus volvió a sentarse enfrente a ella, y la miró, mientras ésta pensaba.

- Veamos, Charlotte tiene trece años. Tiene el cabello largo, de color como el chocolate; tiene unos mechones azules; y los ojos como los míos - dijo, mientras abría desmesuradamente sus ojos como el mercurio - Va a la Casa de "Gryffindor" - le guiño un ojo - Mide un metro setenta y cinco, y canta como los ángeles - se acercó a él, como contándole un secreto - Éste año cantará en el inicio de clases. Apláudela - le pidió, mientras le guiñaba un ojo. Remus sonrió.

- Lo haré - le aseguró con una sonrisa.

- Y James, no hay día que ese chico éste cansado. Ya tuvo tres yesos, dos en la mano derecha, y uno en la pierna izquierda. Tiene el cabello negro como su padre, y el mismo color de mis ojos. Para sus once años, mide un metro sesenta y seis.

Remus, observaba embelesado como Rose hablaba de sus hijos. Lo hacía con tanto orgullo, con tanta felicidad.

- ¿Y quién es el padre de los niños?

Vio como Rose tragaba en secó, y bajó la cabeza.

- No hablemos de eso - murmuró ella - Por favor, Remus.

- Está bien - el hombre tomó sus manos - Hablemos de otra cosa.

Rose, asintió con una sonrisa en el rostro. Se quedaron hablando por horas. La tarde comenzó a caer y con ella el sol comenzaba a descender. Rose, miró su reloj y se levantó algo atolondrada.

- Tengo que irme, Remus. Charlotte, está en el caldero chorreante, esperándome - Remus se paró, y Rose, lo abrazó fuertemente - Nos cartearemos. Lo juro - se separaron - Suerte mañana - dijo con una sonrisa - Serás el mejor profesor.

Y con un suave ¡Plop! desapareció.

Charlotte, estaba sentada en la mesa del caldero chorreante con semblante aburrido. Tenía las manos apoyadas en la mesa, y reposó su cabeza en ellas. Rodó los ojos, y luego suspiró. Las bolsas de sus compras, se encontraban esparcidas por el suelo, y ella, las controlaba con unas suaves miradas.

- ¿Te gastaste toda la plata? - inquirió su madre, mientras se sentaba frente a ella. La chica sonrió.

- No me duró ni diez minutos - bromeó.

- Me imagino - dijo su madre, mientras sonreía.

Pidieron una cena tranquila, y luego de allí, saldrían directo para su hogar. Tom, el camarero se acercó a Rose con una tímida sonrisa, mientras depositaba los platos de alimento en frente de ellas.

- Gracias, Tom - respondió Rose.

Comenzaron a comer, mientras Charlotte, jugaba con su comida. Odiaba los fideos, ¿Cómo era que su madre no lo recordaba?

- Comé - dijo Rose, mientras señalaba el plato de su hija

- Mama - repuso la chica. Pero se calló de inmediato, al notar el rostro de su madre.

Comieron en silencio, en paz, como a Rose le gustaba. Luego, degustaron el postre y se quedaron charlando allí, hasta que Tom se acercó, nuevamente.

- Señora Rose - ella levantó su vista - El señor Ministro, le manda esto.

Rose, tomó el pergamino, y notó que era el diario el profeta. Suspiró. Miró la primera plana y observó que la noticia de que Sirius Black había escapado de Azkaban, ya lo sabían todos.

- Gracias Tom, lo leeré, y luego te lo dejaré.

Tom asintió con la cabeza, y luego, se fue. Charlotte, buscó la mirada de su madre, y al no encontrarla se paró y se puso detrás de ella.

Se quedó en shock. Aquel hombre que estaba en primera plana, era él. El hombre que ella misma había visto ayer, en la plaza, era… ¡Un ex convicto!. Tragó en seco, y luego, se sentó en silencio, pensando. ¿Y si alguien descubría que ella lo había visto? ¿Y si la mandaban a Azkaban?

- Charlotte, ¿Cómo va la canción?

La chica salió de sus pensamientos.

- Muy bien. Es la mejor. Me halaga que me eligiera para la voz principal.

- Te lo mereces. Te preparaste mucho, y aquí está tu logro - Rose, acarició la mejilla de su hija - Nos quedaremos aquí ¿Te parece? - la muchacha asintió con la cabeza - ¡Perfecto! iré a buscar dos habitaciones.

Rose, desapareció unos instantes, y luego volvió con una sonrisa.

- Tu habitación es la doce, y la mía es la trece. Vamos a dormir.

La mujer, pasó el brazo por los hombros de su hija, y juntas, subieron las escaleras rumbo a las que serían sus habitaciones.