De modales a modales. ¡Regalo extra!

Este capítulo de regalo lo dedico con mucho cariño a VicPin, luxie-chan, AnnA Encinas, Itzpapalotl-Iztaxochitl, Yukikitsune y a todas las personas que pasaron a leer este fanfic.

Las advertencias de siempre: Hetalia no es mío, no escribo esto por dinero o para ganar puntos en el culto dirigido por las dos alegres personas que quieren dominar al mundo con pastelillos y yaoi, no es un complot del gobierno para obligarlos a tomar leche, entre otros.

De modales a modales, capítulo extra.

Había pasado tiempo desde aquella vez en la que fue humillado por completo a causa del descortés mexicano, sus Estados salvajes y su incivilizada prole. Tuvo que pasar la noche en prisión con esa desagradable persona de mal aspecto y peores modales, que no lo soltaba ni cuando Estados Unidos pagó la fianza para sacarle de ahí.

-Creí que nunca volverías a dirigirme la palabra. -Le dijo tan pronto cruzaron el puente fronterizo que separaba a los Estados Unidos de México una vez que terminaron las reuniones y cada nación partió a sus respectivas tierras, con la excepción del británico, que aceptó la invitación del país de la libertad para estar unos días con él.

-Es que México me dijo la verdad. -El americano lucía radiante.- England, si querías comer helado, no tenías por qué mentir diciendo que lo tiraste para protegerme. Pero no te preocupes, ya te perdoné, y para la próxima probarás conmigo el ice cream más delicioso del mundo, México will get for us, and free! AH, HA, HA, HA, HA, HA!

Inglaterra congeló la expresión de su rostro, dejando su boca abierta hasta donde lo permitían sus mandíbulas. ¿México dijo semejante mentira, y Estados Unidos se la creyó? Encima de eso, ¿qué clase de relación tenían los norteamericanos, si peleaban y se quejaban mutuamente en cada oportunidad que se les presentara?

-¡Deja de reírte! Por culpa de México, pasé las horas más horribles en esa sucia prisión. -Se quejó el inglés cruzando sus brazos y evitando ver al ojiazul.- No logro entender cómo es que te llevas tan bien con él.

-¡Es por que soy The Hero! AH, HA, HA, HA, HA, HA! -Exclamó con su irritante entusiasmo el americano, e Inglaterra supo que no resolvería nada, al menos, ese día.

En la mente del británico, aún estaba vigente la llama de la venganza: humillar al mexicano ante las naciones, y dejar en claro que esa insulsa nación tenía todo, menos buenos modales.

Tan pronto regresó a su hogar, se dispuso a investigar a todas las naciones con las que el mexicano tuviera problemas y fricciones, y tras organizarlas en la medida de años y dificultades, realizó una serie de dibujos de los rostros de cada nación, empezando con aquellos cuyos conflictos fuesen bastante notorios.

-No puedo esperar nada útil de ese stupid git. -Se dijo en voz alta encerrando en un círculo el dibujo que hiciera del rostro de los Estados Unidos.- Aparte de que ese maniático de las fiestas (o sea, México) siempre se las arregla para ganar tiempo, América es capaz de invadirlo por completo, atraer la atención de las Naciones Unidas, y hacer obvio que conversó conmigo antes de lanzarse sin medir las consecuencias. No puedo arriesgarme a perder todas mis relaciones comerciales y diplomáticas por un descuido.

Se enfocó en los siguientes dibujos, que eran Francia y España. Con Francia, era imposible lograr algo; pese a las dificultades recientes que tuvieran, el francés y el mexicano lograban mantener una suerte de alianza de paz, en la cual todo estaba bien en tanto el rubio ojiazul no le metiera mano al moreno. Y sobre España...

-Ese cerebro de pájaro no me sirve para nada. -Exclamó con un tic en el ojo.- No conforme con todo el pasado oscuro con México, se toleran, y ninguna insinuación basta para dificultar sus relaciones.

Recordó una conversación con ellos y Prusia, en un bar, a pocos días de la disolución de la Unión Soviética...

-No te preocupes, Juanito. La Unión Soviética estará disuelta, pero eso no acabará con los lazos que has formado con tus amigos y familiares.

-¿Lo dices en serio, da? -Preguntó el ruso con un brillo de esperanza en sus ojos.

-¡Por supuesto! -El mexicano y Rusia se levantaron de la barra, y antes de alejarse a una mesa para conversar a gusto, México se dirigió al barman.- Yo pago la siguiente ronda.

A pesar de que lo dijo en voz baja, las demás naciones celebraron por ello, y tan pronto recibieron sus bebidas, el español se puso de pie.

-¡Salud por Chema, quien pagó las cervezas! -Exclamó alegre España mientras alzaba su tarro de cerveza y lo chocaba con el vaso de Prusia y la copa de vino de Francia.

-¡Imbéciles! ¿Cómo pueden brindar a la salud de ese salvaje? -El británico se levantó de un salto, apretando con fuerza los puños.- ¿Acaso olvidaron todo lo que México les hizo?

-Anglaterre, guardar rencores a estas alturas no viene al caso. Deberías olvidarlo y dejar que el amour guíe tu vida.

-Pero...

-Sé realista, Inglaterra. -El albino le dio un gran trago a su bebida.- No hay nada que no se pueda resolver con una cerveza. -El prusiano rodeó con un brazo a Francia, y tanto éste como España alzaron sus vasos.- Una pelea, una disculpa, una bebida, y el olvido. ¡Así resolvemos las cosas los hombres, kesesese!

Borró los rostros de España y Francia, y se concentró en las siguientes naciones, a las cuáles envolvió en un círculo.

-Tengo que tomar un viaje.

Pisó tierras de Medio Oriente tras unas cuantas horas; había enviado un mensaje, solicitando a las naciones musulmanas una reunión de emergencia, y fue grande su sorpresa al ver que solamente Chipre y Egipto estaban presentes.

-¿Y los demás?

-Buenas tardes a usted también, Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. -Saludó Egipto indicándole tomar asiento.- Debido a que se trata de una reunión privada en la cual solamente usted nos acompañará, determinamos innecesaria la presencia de todas las naciones, eligiendo a dos representantes para escucharle.

Eso no marchaba como lo esperaba el rubio, pero si jugaba bien sus cartas, podría tener detractores de la nación azteca.

-He venido para advertirles sobre México...

Los mediterráneos, intercambiando de reojo una mirada, cruzaron sus brazos.

-¿Precauciones en contra de Estados Unidos Mexicanos? -Interrumpió Chipre y el británico asintió.- ¿Ahora qué le ha ordenado Estados Unidos de América?

-What!? -Se sobresaltó el inglés.- Él no tiene nada que ver, les quiero prevenir acerca de México.

-Inglaterra. -Egipto habló claro y firme.- México solo actúa en forma perjudicial bajo la presión de Estados Unidos de América. -El egipcio clavó sus ojos oscuros en los verdes del inglés.- Y no considero apropiado prestar atención a sus recomendaciones. Le recuerdo que usted y su gente han venido a mis tierras, a profanar el descanso de aquellos que han partido y saquear las reliquias fúnebres, para venderlas cual mercancía de poco valor, o exhibiéndolas como trofeos.

-Además. -Agregó la otra nación.- Usted es defensor del americano y sus malévolos líderes, quienes toman decisiones adjudicándose una autoridad que en nuestras tierras no es reconocida. Así que le pedimos que tome sus recomendaciones y se retire, o tendremos dificultades diplomáticas.

Mientras esperaba en el aeropuerto el vuelo que lo llevaría a Europa, Inglaterra casi se mordía las uñas de la desesperación. Acudir con los países de Medio Oriente no funcionó para nada, ¡al contrario, salió amenazado!

-Ni hablar. Tendré que convencer a Holanda y Austria para que me den su apoyo. -Dijo tras meditar por un largo tiempo, y al llamado, se dirigió al andén para abordar.

Acudió primero con el país de habla germánica, siendo conocedor de noticias acerca de personas descontentas por la presencia del dichoso penacho de México en el museo de Viena, y de cómo un asunto como ese impedía al austriaco concentrarse en su música. Inglaterra ya celebraba silenciosamente el apoyo de Austria, mientras sonreía al enterarse de que ni Alemania ni Prusia se hallaban cerca.

-Buenas noches, Austria. -Saludó el inglés procurando ser lo más cortés posible, a pesar de los sentimientos que aún latieran acerca de todo lo sucedido entre ellos con el paso de los años.

-Buenas noches, Inglaterra. Tome asiento y dígame su asunto. -Austria tomó asiento y se dispuso a escuchar al británico.

-Se trata de un inconveniente, que involucra a Estados Unidos Mexicanos. -Empezó a formular la situación.- ¿Ha notado en las últimas fechas alguna desconsideración, relacionada con el asunto del Penacho de Moctezuma?

Austria analizó en silencio la pregunta del rubio, más contestó de inmediato.

-Para nada. México fue muy amable al cooperar en la restauración del Penacho. -Para su desgracia, la opinión de Austria no figuraba dentro del rango de respuestas opcionales que esperaba recibir el británico.- Además, fue bastante hospitalario en la última reunión, y su estado, Puebla, es una dama organizada y educada. Los días que estuve hospedado en su casa nos trató a Elizabeta y a mí con más atenciones de las que esperamos.

-¿Y qué hay de Maximiliano? ¿Y las relaciones rotas? ¿Y la gente que se queja a diario?

-Eso es inevitable. -El austriaco bebió de una taza que tenía a su lado.- Como naciones, lidiamos con diversos obstáculos para el bienestar de nuestra gente, pero no podemos contentar a todos por igual. -Dejó la taza y ajustó sus lentes, frunciendo ligeramente su ceño.- ¿Cuál es el motivo que te trajo hasta aquí, e involucrando a México, si se puede saber?

El rubio permaneció en silencio, tachando mentalmente a Austria como apoyo y pensando en la manera correcta de salir de ahí para encaminar sus pasos hacia la casa del holandés.

-Fue solo... Curiosidad. -Respondió a falta de respuestas ingeniosas, y el austriaco serenó la expresión de su rostro y se dio vuelta.

-Siendo ese el caso, te agradeceré que te retires. No dispongo de tiempo para atender visitas imprevistas.

Con Holanda no le fue mejor...

-¿¡Qué hace ese sujeto aquí!? -Exclamó el inglés señalando a Nuevo León, quien tampoco se veía muy feliz de ver al Reino Unido.

-Los asuntos que se realicen en mi casa no son de tu incumbencia. -Respondió Holanda con dureza, cruzando los brazos y afilando su mirada.- Más vale que tengas un buen motivo para interrumpirme mis negocios, y si no lo tienes, da media vuelta y lárgate.

Los días que le siguieron le trajeron de toda clase de disgustos y sobresaltos a Inglaterra. Algunas naciones alegaban las dificultades a los jefes, otros preferían no prestarle demasiada atención a las tensiones sociales creadas con los años, con ciertos países tenía restricciones de acceso, y no faltaban aquellas representaciones que no estaban ni enteradas de que podrían tener problemas con México.

-¡No puede ser posible! -El ojiverde estaba que se arrancaba los cabellos de la desesperación.- ¡Pareciera que México es el mejor amigo de todo el mundo!

Con el estrés y la frustración al máximo, el rubio tomó una descabellada decisión: maldecir a México.

-Je, je, je, je, je... -Reía maliciosamente mientras su grupo de seguidores preparaban todo para un hechizo tan prohibido que su mención no me es permitida en esta clasificación.- México, crees que puedes burlarte de mi, pero yo tendré la última carcajada. ¡YA LO VERÁS!

Las velas con la cera preparada para ese ritual, los inciensos, los signos mágicos en posición y el grupo de personas recitando a una voz un rezo en un idioma misterioso, solo faltaba que Inglaterra dibujara la silueta de la "víctima", y tras hacerla, conjuró la más grande de las maldiciones habidas y por haber...

En la siguiente junta, el inglés se dio el lujo de no llegar puntual. También se aisló del mundo desde el momento en que terminara de conjurar la maldición hasta ese día, esperando que su hechizo haya hecho efecto y todas las naciones descubrieran el lado más oscuro de México.

-Je. -Se mofó, totalmente convencido de su triunfo.- Debí haber hecho esto desde hace mucho...

Fue interrumpido por la puerta, que al ser abierta con violencia, le dio de lleno en la cara y lo mandó al suelo.

-What the...!? -Exclamó cubriéndose la nariz, y al alzar la vista, sus ojos no dieron crédito a lo que vió.

-¡HASTA QUE LLEGAS, TEJÓN AMARILLO! -Una mujer de piel canela, con el cabello largo hasta la espalda sujeto en media cola, que usaba un traje a dos piezas de saco y pantalón color verde oscuro y una blusa roja, y cuyos rasgos faciales se le hicieron demasiado familiares como para ignorarlos, lo agarró del cuello de la camisa y lo introdujo violentamente a la sala de juntas, aventándolo sobre el gringo.- ¿No que los ingleses son los reyes de la puntualidad?

-María José, por favor, no necesitas ser tan brusca. -Dijo José María levantándose para auxiliar al gringo y al británico.- ¿Están bien?

-¿Qué...? -Al ver a los dos morenos juntos, Inglaterra comenzó a sudar frío, viéndolos a ambos con rapidez, sin que su cerebro fuera capaz de conectar nada.- ¿Quién...? ¿Qué...? WHAT THE *Myu* HELL?

-AH, HA, HA, HA, HA, HA! Take it easy, England. -El americano lo puso de pie, pero al ver que el ojiverde estaba totalmente perdido, comenzó a sacudirlo.- ¿Qué te pasa? Parece que has visto a un fantasma.

-¿¡QUIÉN RAYOS ERES TÚ!? -Exclamó al fin el inglés, ganándose un coscorrón de la joven mujer.- ¿¡Pero qué...!?

-¿Cómo que quien rayos soy yo? ¡Ni que nunca antes en tu *Meouw* vida me hayas conocido, cejas con patas! -Le gritó la mujer amenazando con darle otro golpe, de no ser por el mexicano que la detuvo.- ¡Suéltame Chema, le quitaré la amnesia a golpes!

-¡Cálmate, por favor! -Sostuvo a su hermana de la cintura, quien casi lo alzaba del suelo por la fuerza con la que amenazaba golpear al rubio.- Por favor, Inglaterra, disculpa, hemos tenido una mala temporada.

Los demás países empezaron a platicar, algunos resignándose a la idea de que ese día tampoco resolverían nada, otros tomando una siesta o pidiendo comida, y Alemania se acercó al pequeño grupo.

-Disculpen, al menos una vez en lo que va del año, tenemos que ponernos de acuerdo. Inglaterra, pídele una disculpa a México y tomen asiento para empezar de una vez. -Comentó el alemán intentando no perder la paciencia, de nuevo.

-¡Ve! ¡Alemania, deberíamos comer pasta! -Dijo con alegría Italia Veneciano.- México, México, ¿quieren comer pasta?

-Ahorita no, morrito, quizá más tarde. -Los dos morenos ocuparon sus lugares y empezaron a platicar sobre cosas triviales con los demás.

-Muy bien, señor de los modales, estoy esperando su disculpa. -Soltó la joven cruzándose de brazos.- Y que sea buena.

-¡María José! ¿Qué cosas dices? -Le reprochó el mexicano.

Inglaterra, en cambio, no se unió a la junta. Retrocedió despacio, y salió del edificio corriendo con toda la velocidad que le permitían sus piernas. Apenas llegó hasta su hospedaje, buscó el libro de maldiciones prohibidas y analizó letra por letra el conjuro.

-*MIAUUUUUUUUUUUUUUUUUUU*! -Gritó con auténtico terror al ver que las consecuencias del hechizo en efecto sacarían lo peor de la persona maldecida, más no de la manera en que lo imaginó.- Can't be true!

La misteriosa mujer que estaba al lado de México, era México. El hechizo prohibido, en lugar de simplificar sus problemas, los aumentó.

FIN

¡Muchas gracias a todos! ¡Suerte con sus proyectos y nos estamos leyendo!