Capítulo 5
*Perdonen la tardanza les pido mil disculpa, pero entre la escuela , la familia no he podido actualisar pero prometo que ya terminare todas mis historias.
recuerden que los personajes son de tite kubo. asi que sin mas los dejo disfrutar de este capitulo.
Cuando Rukia apareció en el cuarto del desayuno a la mañana siguiente, el único ocupante que encontró fue a ichigo, terminando lo que parecía un sustancioso plato con beicon, champiñones y huevos revueltos.
—Buenos días —dijo él poniéndose en pie educadamente— Tu abuelo me ha pedido que te diga que hoy va a desayunar en su habitación.
—Ah —Rukia se sirvió un cuenco de cereales con leche. Entonces, frunció el ceño—. No está enfermo, ¿verdad?
—No, en absoluto —Ichigo volvió a sentarse y se sirvió otra taza de café— Creo que lo ha hecho para que estemos los dos solos desayunando.
—Qué equivocado está —respondió ella fríamente—. ¿Qué tal la partida de ajedrez?
—Acabó en tablas. Ninguno de los dos dimos con el punto débil del otro.
—Mi abuelo no tienen ningún punto débil —dijo Rukia—. Te sugiero que, en el futuro, juegues al ajedrez en otra parte.
—Acostarte temprano no ha mejorado tu humor, Rukia. ¿Has cambiado de parecer respecto a casarte conmigo?
—Por supuesto que no —respondió ella—. Por extraño que parezca, has conseguido caerle bien a mi abuelo. Así que, una vez que hayas firmado el contrato prematrimonial, la boda se llevará a cabo como pensábamos y con la bendición de mi abuelo.
—Aunque él no esté presente, ¿no? —dijo Ichigo con voz queda—. Me ha dicho que no está de acuerdo con los matrimonios civiles.
Entonces, tras un breve silencio, Ichigo volvió a ponerse en pie.
—En fin, debo irme, Rukia. He pedido un taxi para que me lleve a la estación.
Y tras esas palabras, Ichigo se marchó, dejando a Rukia sentada a la mesa con un cuenco de cereales que ya no quería.
Rukia se puso un vestido de lino color crema para su boda. O se ponía ese vestido o uno de sus numerosos trajes de pantalón sin forma. No tenía otra cosa en el guardarropa.
En cualquier caso, sintió una ligera insatisfacción al mirarse al espejo antes de marcharse.
Había pedido un taxi por teléfono para llevarla al juzgado y, mientras se sentaba en el sofá del cuarto de estar a esperar, extendió el cheque que le había prometido a Ichigo; luego, lo metió en un sobre, añadiendo una pequeña nota: Con mis mejores deseos para tu futuro.
Estaba nerviosa, aunque sabía que no tenía de qué preocuparse, Ichigo había firmado el contrato prematrimonial que Momo, su abogada, había preparado, pero Ichigo había ido a firmar acompañado de su propio abogado, Ishida Uryu, que había examinado el contrato palabra por palabra.
En ese momento, sonó el interfono anunciando la llegada del taxi.
Cuando llegó al juzgado, descubrió que estaba medio esperando que Ichigo no se encontrara allí. Pero sus esperanzas se vieron truncadas cuando lo encontró en la sala de espera enfundado en un elegante traje oscuro con una rosa blanca en la solapa.
Ichigo debía de tener algún amigo con mucha ropa, pensó Rukia mientras se le acercaba. Sin embargo, ninguno de los dos hombres que acompañaban a Ichigo eran tan altos como él, aunque sí iban muy bien vestidos y ambos llevaban rosas blancas en las solapas.
Muy apropiado para la ocasión, pensó Rukia mordiéndose los labios. Mientras que ella no llevaba ni una margarita en la mano.
De repente y ridículamente, Rukia deseó haberse tomado más molestias en vez de vestirse como solía hacerlo. Sintió no haberse arreglado mejor el pelo y no haberse maquillado.
Porque, aunque no lo pareciera, era una novia y aquél era el día de su boda.
Uno de los acompañantes de Ichigo se le acercó. Era un hombre delgado de cabello negro, mandíbula cuadrada y bien parecida.
—Buenos días, señorita Kuchiki —dijo sin especial simpatía—. Soy Ishida Uryu y éste es mi compañero de trabajo. Mizuiro Koigi. Hemos venido como testigos.
Ese hombre parecía más un modelo que un abogado, pensó Rukia con sorpresa.
— ¿Le parece bien que completemos la parte económica del trato sin más dilaciones? Mi cliente me ha autorizado a aceptar en su nombre el dinero que usted le debe.
Sorprendida, Rukia miró a Ichigo, que asintió sin sonreír. Fue entonces cuando le dio el sobre al abogado, arrepintiéndose de la nota que había escrito.
Al cabo de unos minutos los llevaron a una estancia donde tuvo lugar la ceremonia, que acabó rápidamente.
Una vez en la calle, se hizo un incómodo silencio, que Ishida Uryu interrumpió:
—Bueno, amigos, propongo ir a almorzar a algún sitio.
Rukia iba a abrir la boca para decirle que ella no podía porque tenía que ir al trabajo cuando, justo a tiempo, se dio cuenta de que la invitación no la incluía a ella.
Para disimular su irritación, alzó la barbilla y se acercó a Ichigo sonriendo.
—Adiós, señor Kurosaki. Ha sido un placer hacer negocios con usted —Rukia se quitó el anillo de boda y se lo devolvió—. Como pequeño recuerdo de nuestra transacción.
Y sin más, se dio media vuelta y se marchó.
Aquella tarde, cuando llegó a su casa, Rukia sólo pensaba en darse un baño para relajarse.
El sol del atardecer estaba desvaneciéndose, por lo que bajó las persianas del cuarto de estar y encendió un par de lámparas antes de dirigirse a su cuarto de baño, quitándose la ropa por el camino.
Una hora más tarde, se puso un pijama de satén color melocotón y comenzó a cepillarse el cabello relajadamente. Le encantaba el orden de su casa, la paz y la tranquilidad que le confería...
De repente, frunció el ceño. Acababa de oír cerrarse una puerta cerca de donde estaba...
Se quedó inmóvil durante unos segundos, sin apenas respirar, diciéndose a sí misma que debía de haber sido producto de su imaginación. No podía tratarse de su puerta porque la había cerrado con llave, siempre lo hacía.
Por primera vez, Rukia sintió no tener un teléfono en el dormitorio y haberse dejado el móvil en el cuarto de estar, dentro de la cartera.
No, no había de qué preocuparse. Una de las ventajas de un edificio como el suyo era que había un conserje, Kenpachi, un ex soldado del ejército. Lo que ocurría era que aún estaba nerviosa por el ajetreo de aquel día.
No obstante...
Respirando profundamente, dejó el cepillo del pelo y, descalza, fue al cuarto de estar.
Y se quedó boquiabierta con lo que vio...
—Kalimera, Rukia mou —dijo Ichigo Kurosaki con una sonrisa.
Estaba en el centro de la estancia, vestido con el traje que había llevado a la boda, a excepción de la corbata y una mochila a la espalda.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó ella disimulando su nerviosismo. Las piernas le temblaban de tal modo que tuvo que hacer un esfuerzo para no apoyarse en el marco de la puerta.
— ¿Dónde si no iba a estar? —él dejó la mochila en el sofá, seguida de la chaqueta del traje. Los ambarinos ojos de Roan la miraron con expresión desafiante—. Nos hemos casado hoy, ¿o se te había olvidado?
Ichigo debía de haberse enterado de su dirección por el contrato prematrimonial.
— ¿Cómo has entrado?
—El conserje me ha dado una llave —respondió él— Tengo que devolverla por la mañana.
Las implicaciones de esas palabras dejaron a Rukia con la boca seca.
No podía ser. No era posible que él estuviera allí, invadiendo su intimidad y pillándola por sorpresa... Y con sólo un fino tejido de satén cubriéndola.
Algo que a él tampoco se le había escapado, notó Rukia al verlo pasear la mirada por su cuerpo de arriba abajo.
Pero no iba a perder el tiempo preocupándose por su ropa o falta de ella. Lo importante era no perder la cabeza, comportarse con dignidad y decisión y echarlo de allí.
—Eso es nuevo —dijo Rukia con voz fría.
—¿El qué? ¿Que el conserje tenga una llave?
—No, que Kenpachi le dé mi llave a un desconocido. Podría perder su puesto de trabajo por eso.
—¿Perder el trabajo por darle la llave a tu marido? —Ichigo sacudió la cabeza— No lo creo.
—En cualquier caso, preferiría que se la devolvieras y te marcharas.
—El problema es que, esta noche, lo que importa no es lo que tú prefieras, sino lo que yo prefiera —respondió él incisivamente—. Y voy a quedarme.
Rukia encontró dificultad para respirar.
—Si se trata de una broma, no le encuentro la menor gracia —dijo ella con voz repentinamente ronca—. Por última vez, márchate.
—No estoy bromeando —Ichigo comenzó a quitarse los gemelos de la camisa— Y tampoco voy a marcharme.
Sus miradas se encontraron.
—Porque estoy aquí para exigir mis derechos matrimoniales, agapi mu —continuó Ichigo con voz suave—. Una de los pocos derechos que me concede ese contrato draconiano que has insistido en que firme.
Ichigo hizo una pausa antes de añadir:
—Y algo de lo que estoy decidido a aprovecharme.
Con voz tensa, Rukia consiguió decir:
—Yo... creo que debes de haberte vuelto loco. Nuestro contrato especifica que vamos a llevar vidas separadas. Lo sabías y lo has firmado.
—He firmado que no iba a vivir en tu casa. Pero si también querías negarme el disfrute de tu cuerpo, deberías haberlo estipulado en el contrato. Sin embargo, no lo has hecho, querida Rukia; por lo tanto, no estoy incumpliendo ninguna cláusula del contrato.
Ése era el motivo por el que había pasado tanto tiempo en el despacho de Momo examinando los papeles, pensó Rukia.
«Imbécil», se dijo a sí misma. «Estúpida. ¿Cómo has podido permitirte ese lapso?»
Porque no se le había pasado por la cabeza que él pudiera querer...
—Esto es un sinsentido —dijo ella con voz fría—. He dejado muy claro que no tengo intención de ser tu esposa en ningún sentido de la palabra.
—No obstante, no te paraste a pensar cuáles podían ser mis intenciones. Pero no te preocupes, no tengo pensado venirme a vivir contigo —Ichigo miró a su alrededor—. Este ambiente me resulta algo frío; por lo tanto, sólo pasaré aquí esta noche.
Ichigo dejó los gemelos encima de la mesa de centro y comenzó a desabrocharse la camisa.
Entonces, Ichigo le sonrió:
—Bueno, esperemos que tu cama sea más cómoda que el cuarto de estar. Estoy deseando averiguar si es así.
¿Qué les pareció valla que ichigo si se saldrá con la suya pero no les diré mas esperen el próximo capitulo porque esto a penas inicia.
Att: Naoko tendo.
