Hola se que tarde en actualisar pero estoy de vuelta y aki les dejo el capitulo que en mi opinion es uno de mis favoritos asi que les recomiendo que se cargen sus pañuelos , jijiji, sin mas que de sir los dejo con el capituo.
Capítulo 6
Rukia se sintió como si fuera de piedra. Se lo quedó mirando mientras él se desnudaba. No podía actuar y no podía pensar. Tragó saliva y dijo:
—Debes... de estar completamente loco. No obstante, tienes que comprender que no estoy dispuesta a dormir contigo.
—Eso no es ningún problema... porque yo tampoco tengo interés en dormir.
Se hizo otro terrible silencio durante el cual ella lo vio desabrocharse el cinturón...
—Por favor, no sigas. Para.
Ichigo se quedó quieto momentáneamente.
— ¿Hay alguna cláusula en el contrato que establezca lo que debo llevar en la cama? Si es así, no lo recuerdo.
—No es cuestión de cláusulas, sino de decencia, algo que tú no pareces tener. Y si lo que intentas es sacarme más dinero, no te vas a salir con la tuya aunque te desnudes una docena de veces delante de mí. He sido una estúpida al fiarme de ti, pero nuestro matrimonio termina aquí.
—No, todavía no, mi querida esposa. Acaba de empezar.
Rukia sintió un repentino vacío en el estómago.
—No voy a prestarme a tu chantaje, prefiero ir a los tribunales.
—Sería un caso fascinante —Ichigo se llevó las manos a las caderas—. Imagínate lo que diría tu abuelo. De ser así, creo que podrías despedirte de Gracemead, ¿no te parece?
Rukia sabía que tenía que hacer algo por controlar aquella situación antes de que fuera demasiado lejos.
Pero, en ese momento, Ichigo se le acercó...
— ¡No! —Exclamó Rukia presa del pánico—. Está bien, te pagaré lo que quieras, pero márchate. Déjame sola.
—Rukia —dijo él con voz suave—. Hoy me he casado contigo. Esta noche te voy a poseer, tal y como quería desde el principio. Y, a pesar de lo que creas, no es una cuestión de dinero.
—Entonces, ¿qué es? —Preguntó ella con voz ronca—. ¿Se trata de una venganza por haber herido tu orgullo? Porque está claro que tú no me deseas y lo sabes perfectamente.
Ichigo suspiró.
—Si no te deseara, pequeña mía, no estaría aquí. Y sí, es posible que, al principio, estuviera enfadado contigo por haber creído que yo estaba a la venta al aceptar ese ridículo trato. Pero el enfado no me duró mucho —Ichigo le sonrió—. Porque desde la primera vez que te toqué, me di cuenta de que había un cuerpo delicioso debajo de esa ropa sin forma con la que te vistes.
Ichigo paseó su oscura mirada por los pechos de ella, su cintura, las caderas, los muslos...
—Y si el instinto no me falla, debes de ser encantadora —añadió él con voz dulce.
—No me interesan tus halagos —dijo Rukia con voz temblorosa.
—Puede que cambies de opinión cuando intimemos más.
—Ni lo sueñes —dijo ella con violencia—. Porque, lo que estás haciendo en realidad, es forzarme a estar contigo cuando no quiero estarlo.
—¿Estás segura de eso? —preguntó Ichigo—. No te creo.
—Te equivocas —Rukia proyectó en su mente la imagen de la peli naranja que había visto en el estudio de él—. Dime, ¿cuántas mujeres necesitas para satisfacer tus instintos?
—Con una me conformo —Ichigo sonrió traviesamente—. Aún no me ha dado por las orgías.
Él, entonces, le agarró las manos.
—Ichigo... por favor. No... No lo hagas —rogó ella en un susurro.
—¿Que no haga qué, Rukia? —Ichigo sacudió la cabeza—. Ni siquiera lo sabes.
«Te equivocas», pensó Rukia. «Claro que lo sé, lo sé desde pequeña. Mi madre iba de hombre en hombre como mariposa de flor en flor en busca de lo imposible... Recuerdo sonidos en la noche cuando era demasiado pequeña para comprender su significado. Y también recuerdo los gritos, las peleas, los portazos... Pero lo peor eran los silencios. Y luego el llanto y la desesperación. Y después otro hombre y el ciclo volvía a empezar.
Y juré que eso jamás me ocurriría a mí. Me juré a mí misma no ser nunca como ella, esclava de un hombre y esclava del deseo sexual.
Me juré a mí misma ser completamente independiente y también que mi cuerpo sólo me pertenecería a mí».
Ichigo la abrazó y en ella, temblando, se mezclaron el miedo y la ira mientras le ponía las manos en el pecho en un intento por apartarlo.
—Suéltame. Déjame, maldito seas. ¡Jamás te perdonaré esto! ¡Jamás!
Tal y como había temido, Ichigo controló sus esfuerzos por liberarse con facilidad: le sujetó las muñecas con una mano a su espalda y, con la otra mano le alzó la barbilla para poseerle la boca.
Y no sólo la boca, pensó Rukia sintiéndose humillada, ya que unos botones de la blusa del pijama se le habían desabrochado con el forcejeo, exponiéndole los pechos a la mirada de él.
—Eres preciosa —susurró Ichigo con voz ronca mientras la atraía hacia sí, pegándose los senos al cuerpo.
Y entonces la besó.
Fue un beso peligroso. Peligroso porque los labios del Kurosaki eran cálidos e increíblemente tiernos al acariciarla, decididos a excitarla. Cosa que era lo último que había esperado... y querido.
Rukia quería que fuera duro con ella, incluso cruel, para poder odiarlo y mostrarle su desdén.
Pero ahora se daba cuenta, por primera vez, de lo peligroso que era Ichigo, mucho más de lo que había supuesto. Porque estaba despertando en ella algo que le asustaba, y lo estaba haciendo con el calor de su cuerpo, con su increíble e intoxicante aroma de hombre mientras la abrazaba.
Y lo peor de todo era la dureza de Ichigo contra sus muslos, la prueba de que sí la deseaba. Y esa clara erección estaba desencadenando en ella una instantánea y vergonzosa respuesta, una respuesta de deseo animal.
Pero no, no podía ser. ¿No era ella inmune a eso? ¿No se basaba su vida entera en la decisión que había tomado de permanecer célibe?
Sin embargo, su mundo entero se estaba derrumbando, consumido por una llama desconocida para ella hasta aquel momento. Pero tenía que combatir la llama antes de que se convirtiera en un incendio.
En ese instante, Rukia se dio cuenta de que tenía las manos libres y de que Ichigo había apartado su boca de la de ella y la estaba mirando con expresión arrogante y triunfal.
Ella le devolvió la mirada mientras se decía a sí misma que no era demasiado tarde; que, por algún inexplicable motivo, él le estaba ofreciendo una salida. Que si volvía a decir que no, la escucharía y no la forzaría más. Que la dejaría.
Y lo único que tenía que hacer era decírselo. Pero ningún sonido escapó de su garganta.
Ni siquiera cuando el ojimiel volvió a tocarla, a acariciarle la mejilla y la garganta. Ni siquiera cuando bajó una mano para acariciarle la cadera...
¿Por qué estaba ahí sin reaccionar, sin moverse, casi desnuda? Y mirándolo como... como si estuviera esperando...
Y en ese momento, Ichigo bajó la cabeza y su boca encontró los entreabiertos labios de ella con renovada y sensual urgencia, deslizando la lengua por la suya con insistente exigencia.
Rukia tembló de placer mientras el beso profundizaba. Y ella dejó de existir como una fría y ambiciosa mujer profesional para ser sustituida por una criatura a la que no conocía, una mujer que, por primera vez en la vida, estaba permitiéndole a un hombre explorar su boca con apasionada sexualidad. Y ésa era sólo la primera de sus exigencias.
Porque, al mismo tiempo, la mano de Ichigo empezó a acariciarle un pecho, cubriéndoselo al tiempo que empezaba a juguetear con el pezón de una manera que la dejó casi sin respiración.
—Oh, Dios mío... —las palabras salieron entrecortadas— Yo... no puedo... por favor...
Sin hacerle caso, Ichigo apartó la mano de su pecho para desabrocharle el resto de los botones de la chaqueta del pijama y bajárselo por los hombros antes de pasarle las yemas de los dedos por la espalda, haciéndola arquearse hacia él, lo que hizo que la erección de Ichigo le invadiera el fuego húmedo de su entrepierna.
Rukia jadeó y el ojimiel, aún besándola, la levantó en sus brazos y la condujo al dormitorio.
Después de abrir la cama, la depositó en ella y después se enderezó para bajarse la cremallera de los pantalones, dispuesto a deshacerse del resto de su ropa.
—Por favor, apaga la luz —dijo Rukia con una voz que apenas podía reconocer.
—¿Para no verme? —preguntó él con voz suave—. ¿O para que yo no te vea? En cualquiera de los dos casos, olvídalo. Esta noche vas a necesitar todos tus sentidos, amor mío.
—Eres un depravado —dijo Rukia, un eco de su dominada fiereza—. Me das asco.
—Eso dímelo mañana —dijo Ichigo lacónicamente.
Y, al instante, se tumbó a su lado y la abrazó con ágil fuerza, haciéndola enfrentarse a la realidad de su desnudez.
—No te resistas a mí, Rukia. A pesar de lo que puedas pensar, sé ser paciente. Y no voy a hacerte daño.
Ichigo volvió a besarla, acallando cualquier posible protesta, y jugueteó con su lengua con irresistible sensualidad.
Mientras la besaba, le acarició los pechos antes de desabrocharle el botón del pantalón y quitárselo mientras la miraba con sensual intensidad.
Con el rostro encendido, Rukia trató desesperadamente de taparse, pero él se lo impidió.
—Eres demasiado hermosa, no debes ocultar tu cuerpo —le dijo Ichigo con ternura—. Eres mucho más bonita de lo que había soñado. Y cuando te ruborizas, eres como una rosa, Rukia. ¿Lo sabías?
Ichigo volvió a besarla, lenta y más profundamente. Y en contra de sí misma, Rukia sabía que quería responderle. Deseaba rodearle el cuello con los brazos y estrecharlo contra sí, y pedirle que no parase nunca.
Y odiarlo, incluso odiarse a sí misma, no cambiaba nada.
Cuando Ichigo, por fin, alzó la cabeza, Rukia sintió una gran humillación al oír su propio gemido. Él le murmuró algo en griego con voz ronca y tierna antes de volver a acariciarle la piel con la yema de los dedos.
Rukia sintió su cuerpo rindiéndose a esas caricias y se dio cuenta de que estaba sintiendo cosas que no sabía que existieran. Y más allá... lo completamente desconocido. Lo inimaginable.
Ichigo le besó los pechos entonces y Rukia dejó de pensar, todo su ser concentrado en esa erótica sensación.
La lengua de Ichigo le acarició los pezones, produciéndole placer mezclado casi con dolor, mientras le acariciaba el vientre con las manos, las caderas...
Rukia se movió con agitación, presa de un deseo puramente carnal, rogándole en silencio que no se detuviera ahí porque no podría soportarlo. Lo necesitaba todo, aunque jamás pudiera perdonarse a sí misma tal rendición.
El mañana sería otra cosa. Pero esa noche... esa noche...
Como si le hubiera leído el pensamiento, Ichigo llevó los dedos al vértice entre sus piernas, acarició la esencia de su feminidad... y la penetró con suavidad.
Rukia lanzó un gemido de puro placer y deseo, arqueándose hacia él, ofreciéndose a él sin disimulo.
—Paciencia, agapi mu. No quiero hacerte daño —le susurró él con suavidad, pero el sutil movimiento de sus dedos dentro de ella fue completamente preciso y seguro.
Y exquisita e irresistiblemente placentero, pensó Rukia. Desencadenando una serie de pequeñas e increíbles sensaciones que le hicieron desear más, mucho más.
Lo quería todo, todo. Y, de repente y aterradoramente, se dio cuenta de que lo deseaba a él también, completamente.
En ese momento, las caricias del ojimiel se profundizaron, se tornaron más explícitas. Y el placer que hasta entonces había sentido Rukia cobró una vida distinta, se transformó en algo intenso que la condujo a una espiral de deleite. Mientras se arqueaba y gemía, gritó cuando aquella espiral de placer alcanzó su cima. De repente, el cuerpo de ella entró en una serie de convulsiones y espasmos que contenían agonía y placer inimaginable.
Y gimió su incontrolable felicidad contra la boca de él.
Después, un silencio interrumpido sólo por la sonora respiración de ella mientras yacía con los ojos cerrados, luchando por recuperar el control de un cuerpo que tan totalmente la había traicionado.
Consciente de que aún seguía en los brazos de él, con los labios de Ichigo en sus cabellos, se dio cuenta de que, en el fondo, nada había cambiado. Ichigo seguía siendo un extraño, un depredador, un engatusador. El enemigo al que nunca perdonaría su pérdida de independencia sexual.
Por fin, él la soltó y Rukia lo sintió acercarse al borde de la cama. Entonces, oyó el sonido de un pequeño envoltorio al abrirse y comprendió su significado: Ichigo no quería dejarla embarazada.
Ichigo la tomó en sus brazos una vez más con toda la fuerza de su erección patente, exigiendo acceso para consumar su unión.
Cuando fue a besarla, ella volvió la cabeza bruscamente.
— ¿Enfadada, cariño? —Preguntó él con voz queda—. ¿Enfadada por haber aprendido algo sobre ti misma que desconocías?
— ¿Es ésa la excusa de tu repugnante comportamiento? —preguntó Rukia con voz ronca— ¿Que me conoces mejor que yo misma? Gracias por nada, sinvergüenza.
Se hizo un silencio, que Ichigo rompió.
—Por extraño que parezca, estaba intentando hacerte lo más suave posible tu iniciación al sexo, Rukia. Pero quizá haya sido una estupidez por mi parte, quizá debería haber ignorado tu inexperiencia y haberte poseído sin contemplaciones. En fin, no voy a cometer el mismo error una segunda vez.
Y casi sin darle tiempo a darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, Ichigo la penetró.
Rukia jadeó y él se quedó quieto.
— ¿Te he hecho daño?
—No —respondió ella con un hilo de voz.
Y era verdad porque, mientras Ichigo se movía dentro de su cuerpo, Rukia no sentía dolor, sino incredulidad. Incredulidad por lo mucho que distaba aquello de la humillación que había temido que sería.
De hecho, el controlado ímpetu de los movimientos de Ichigo en su cuerpo estaba provocando un efecto que jamás había creído posible.
Empezaba a sentir algo intenso y maravilloso, y no sólo su cuerpo se había rendido, sino también su mente.
Y por mucho que se arrepintiera después, quería llegar al final, quería conocerlo todo...
Con los ojos medio cerrados, Rukia le acarició los brazos, los hombros, el cuello... Ichigo la miró con intensidad, bajando la cabeza para que ella pudiera alcanzarla de así quererlo, desafiándola.
Rukia respiró profundamente y comenzó a acariciarle el rostro. Rápidamente, Ichigo le atrapó los dedos con la boca y se los chupó, suave y sensualmente, antes de besarle los pechos y lamerle los pezones.
Un violento deseo se apoderó de ella. Gimió, se arqueó hacia él y lo oyó gruñir suavemente.
—Abrázame —le ordenó Ichigo con voz ronca.
Y Rukia obedeció.
Ichigo la besó con incontrolable pasión y ella le respondió con igual violencia sexual en unos momentos de un loco placer que se mezclaba con agonía.
Y entonces Rukia se sintió perdida, ciega, ahogándose en una oscura y aterradora magia mientras su cuerpo se esforzaba con desesperación por alcanzar el momento del éxtasis.
Como a distancia, lo oyó decir:
—Ahora...
Y, de repente, ahí estaba ese fiero y enloquecedor placer salvajemente intensificado. Rukia gritó con una voz irreconocible mientras se sentía consumir en el éxtasis más puro.
*¿Que creen que pasara yo que rukia no lo dejava salir del cuarto y ustedes que opinan que siga vivendo el ichiruki si nos vemos en el proximo capitulo .
att:Naoko tendo.
