Se sentía realmente como alguien estúpido y tan poca cosa en este momento, después de todo había sido tan débil para no poder proteger al ser que más quería y el cual ahora se encontraba en un sueño profundo el cual parecía no tener fin. Ya habían transcurrido unos meses y ella aun no despertaba y lo que más le causaba pavor es que siendo una personificación de una nación, imperio o colonia ese tiempo ya era ridículo y por su mente pasaba la idea de que nunca despertara y dijera su nombre nunca más.

Ya tenía como media hora desde que fue a su alcoba en una de sus muchas visitas al día que realizaba para verla y esperar el suceso que tanto anhelaba con desesperación. Tanto era ese sentimiento que lo inundaba que se atrevió de sacarla de su propia tierra y traerla al viejo continente para tenerla cerca lo más posible siendo esto algo que jamás lo habría pensado en el pasado o otras circunstancias. Ya era hora de irse, era necesario irse a una reunión entre todo los países europeos para ver los precios para venta y compra o tratados de alianza entre otras cosas y no regresaría hasta en la noche prácticamente. Se acerco a la frente la fémina que reposaba tranquilamente en la gran cama de roble que nunca le había gustado compartir y le deposito un tierno beso para por fin salir. Fue bajando por las grandes escaleras de su casa para encontrarse con sus súbditos como él en ocasiones llamaba a las demás naciones europeas que estaban bajo su mando y les sonrío, para aquellos que vivían con él o lo conocían desde mucho tiempo atrás sabían que esa sonrisa estaba llena de tristeza y pesar pero ante los demás era aquella simple sonrisa que irritaba a veces a los demás o se contagiaba.

-Ya se encuentran listos todos, al parecer fui el ultimo- dijo mientras se pasaba una mano atrás de su cabeza para empezar a rascársela.

-Eso es obvio idiota- dijo para casi sí mismo el holandés antes de tomar una bocanada de su pipa.

-Hermano no seas tan grosero y deja de fumar que Romano está presente- le replico a la vez que le arrebataba el instrumento para tal acción.

-¡Hey!- fue lo único que pudo decir aquel italiano que ya había dejado de ser aquel niño el cual necesitaba de la protección del español a cada momento.

-Bueno, si no hay más inconvenientes hay que partir de inmediato- volvió a hablar el chico e ojos jade antes de que una mini pelea de palabras se desatara en su recibidor.

Todos los presentes se voltearon y sin chistar emprendieron su marcha hacía el jardín de adelante en el cual los esperaba un hermoso carruaje el cual dejaba como simplones a la mayoría que se verían en el recorrido y hasta en la reunión. Pero al último momento salió rápidamente y fue directamente con su fiel amigo el toro y le dijo - Por favor cuida muy bien de ella en mi ausencia- finalizo sonriéndole y dándole un tomate de recompensa y retorno al medio de transporte que lo esperaba.

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Qué suerte tenia se repetía una y otra vez, la dichosa reunión siendo la primera en su clase que recuerde y aun era de tarde pero lo mejor es que Romano se fue a quedar con Austria para poder pasar una semana entera con Italia y Holanda y Bélgica decidieron que ere el momento adecuado para pasar un unos días es sus respectivas casa para poder ver con sus propios ojos que tal estaban funcionando las cosas. Lego corriendo y fue directamente a su cuarto y en la puerta vio como su amigo estaba montando guardia ya recostado y siendo vencido por el cansancio del trabajo cotidiano que realizaba. Se acerco hacia él y se hincó ante él y le dio unas palmaditas en la frete para después acariciarle y soltar un "Gracias" y vio como este con pesadez estiro sus extremidades y empezó su viaje a su linda casita de madera que tenía en el patio trasero de la enorme mansión del español.

Tomo el picaporte de su habitación y la giro, al abrir la puerta la abrió cuidadosamente para no hacer ningún ruido. En el interior se fijo que todo estaba como él lo había dejado y su niña bonita estaba en su cama siendo la fiel representación del cuento de "La bella durmiente". A continuación este empezó a quitarse aquel traje elegante de colores y tonos violetas o más bien rojizos los cuales eran de la más alta calidad y se puso una simple camisa de algodón la cual usaba para dormir todas las noches con la más alta comodidad a juego con unos simples pantalones de la misma tela.

Al finalizar fue a la cocina por un churro y una taza con chocolate caliente para tomar y comer como su cena, este lo comió con toda la tranquilidad del mundo al mismo tiempo que en un escritorio más pequeño que el de su despacho revisaba los papeles que selecciono como primordiales y los rechazaba o aceptaba. Al tomar su último sorbo dejo salir un suspiro y llevo el mismo sus trastes aunque la servidumbre del lugar se habían ofrecido el rechazo esa ayuda con una gentil sonrisa diciéndoles que ya se podían retirar a sus hogares. Al regresar a sus aposentos rezo como de costumbre antes de dormir pidiendo que su bonita despertara como ya lo hacía cada vez que realizaba aquella acción, en seguida quito las cobijas que cubrían al la chica de pelos negro y se recostó a su costado para terminar abrazándola con todas sus fuerzas pero también con delicadeza y así estuvieron ambos por unas horas pero con la excepción de que el mayor aun estaba despierto y fue entonces que una idea se le cruzo por la mente y tomo la iniciativa para cumplirlo. En si ya tenía a la de piel canela como la verdadera aurora dormida por culpa del hechizo de aquel feo hechicero ingles y el era su príncipe pero ahora si aria lo que el cuento decía y no se echaría para atrás y le planto un dulce y tierno beso. El se espero unos momento haber si funcionaba pero la realidad lo golpeo de frente al ver que no funcionaba. A pesar de su fracaso esta vez su sonrisa no se borro ya que en su mente tenía esa ilusión la cual le había permitido conciliar por fin el sueño. Ya era de día y los rayos del sol le calvan, se estiro lo que pudo hasta escuchar como su columna vertebral sonaba y se dispuso a realizar su rutina de todos los días.

-Buenos días bonita- dijo para después voltear pero para su sorpresa la nativa de América ya no se encontraba.

-¡Bonita!- grito pero no se escucho nada y de inmediato se levanto a revisar cada rincón de su morada.

-¿¡Nueva España donde estas?!- gritaba con signos de desesperación al no encontrarla en los pisos superiores. De inmediato bajo las escaleras y por tal rapidez casi al terminar se resbalo y se golpeo.

-Maldición- dijo en voz baja sobándose el lugar que recibió el golpe. Sin dejar pasar un segundo más se levanto y retomo la búsqueda de su querida colonia. Ya no sabía qué hacer y ya en sus ojos se formaban pequeñas lagrimas de angustia por no encontrarla ni en la planta baja. Por casualidad por su mente paso que el único que sabe donde podría estar ella era su toro ya que el sabia quienes entraban y salían a qué hora y hacía la dirección que tomaron. Fue al jardín y sintió que su corazón iba a explotar al ver a la novohispana jugando con su mascota.

-Alejandra- fue lo que salió de sus labios con alegría y solo pudo verla sin poder acercarse.

-¿Qué pasa hermano?- ella le pregunto al escucharlo y al ver que su semblante era diferente al del habitual.

-Nada, no ha pasado nada- le dijo para después perderse en el tiempo del abrazo que le dio sin previo aviso a la chica.