Saludos lectores!
He aquí el quinto capítulo de Por ti, hasta el fin del mundo, espero les guste, va dedicado a todos ustedes.
Disclaimer: los personajes de Avatar: La Leyenda de Aang pertenecen a Mike Dante y Bryan Konietzko. Hacía el fin de Mundo le pertenece a José Ignacio Valenzuela.
Por ti, hasta el fin del mundo.
Primera parte.
Hama
Siente la naturaleza como parte de su ser. Las plantas, la tierra, los árboles son sus compañeros de vida, le ven, le escuchan y le protegen. No preguntan, ni hacen nada, saben que ella no hará nada para dañarlos, se han acostumbrado a su presencia, al sonido de las hojas secas cuando camina suavemente. Le cuidan de las personas que pierden su camino y se acercan a donde ella habita, no los quiere cerca, de eso están seguros.
Le observan viendo a la Luna, hablándole, contándole una historia, una historia trágica, siempre es el mismo principio y el mismo final, la joven e inocente Maestra Agua enamorada, siendo burlada de la peor manera, una huída a un bosque lejano y una maldición; desde ese bosque ella cuidará y se encargará de que nadie sea feliz de nuevo.
Maniobra la neblina para hacerse invisible, el agua para luchar y la vida misma. Los años, que han sido duros con ella, dejaron una piel agrietada y dura cómo los árboles, sus dedos, doblados, manejan el agua con la misma destreza. Siente el agua, en las flores, los árboles, los ríos, el aire, las personas… en la vida misma. Utiliza eso para espiar a los dueños de su maldición, para sentir como su sangre hierve en odio puro, satisfecha por ello sonríe de forma cruel y se aleja. Controla el agua de los árboles y flores robándoles su hermosa vida, para llenarse de energía, hace tormentas, hace caes relámpagos en la ciudad para demostrar su pesar, la deja en tinieblas para que vean lo cruel que es la oscuridad. Y eso seguirá mientras ella sea lo que es: Hama la Maestra Agua más poderosa del mundo quien una vez sufrió por un amor.
La pequeña carreta del maestro Roku entró a Nuevo Ozai siguiendo un estrecho camino. La ciudad no tenía el mismo esplendor que cuando fue Omashu, los colonos habían atemorizado a la mayoría de la población quien decidió abandonarla e ir a probar suerte en otro lugar, el resultado de eso fue un pueblo de un poco más de 200 habitantes que trataban de vivir con una supuesta maldición.
Katara observaba los restos de la grandiosa ciudad de la que tanto escuchaban historias con su hermano Sokka, apenas una casas de madera y tierra se veían, algunas ya maltratadas por la lluvia y el frío, un pequeño lago con el agua inmóvil, más no estaba tranquila, la joven de ojos azules podía sentir el agua, era como si alguien la controlara para que no se moviera.
Roku detuvo a los caballos-avestruz y bajaron de la carreta, Katara comenzó a dudar si en ese lugar habría halcones mensajeros, así podría reportarse con su abuela para que supiera que todo estaba bien. La Maestra Agua comenzó a andar hacía el propietario de la pequeña biblioteca para preguntar acerca de ese asunto, más, cuando abrió la boca para articulas sintió como una corriente gélida la golpeaba en la boca y garganta.
"¿Frío? Para ser un lugar del Reino Tierra colonizada por Maestro Fuego es muy frío." Pensó Katara después de recuperarse del shok.
Roku simplemente sonrió divertido, era normal que nadie esperara ese clima tan inusual en ese lugar, y su reacción fue en parte, muy cómica.
Katara se dio cuenta de algo.
-¿No hay nadie? Pensaba que habría personas al llegar-.
La mueca cómica del maestro se transformo en una de preocupación y gesticulo.
-Después de hablar tanto de ese tema y lo olvidé, hoy es el día de la quema de la bruja- Y salió corriendo.
Katara, algo confundida, no tuvo más remedio que correr tras su acompañante preguntándose a donde iba y a qué se refería con la quema de la bruja.
Mientras avanzaba pudoo cuenta de las calles solitarias del pueblo, había una tienda, una panadería y una casa para tomar té, todo cerrado y sin gente en las proximidades.
Siguió corriendo y llegó a la plaza del pueblo, una bancas maltratadas fue lo que pudo ver, pero algo llamo su atención, en medio, había un árbol, grande y grueso, sus raíces salían a la luz destrozando la tierra, aún a vista de su majestuoso porte, Katara lo sintió y vio débil, se sorprendió al darse cuenta de que aunque estaba lejos de su elemento sentía en agua más viva que nunca, las ramas estaban oscuras, sin vida y colgando, menos una, en la punta del extraño árbol había un pequeña hoja que apenas se conservaba verde. Pensó en Suki y que la esperanza es lo último que se pierde.
Por el rabillo de su ojo azul, vio como Roku daba vuelta en una de las casa del pueblo, perdiéndose de su vista, Katara volvió a correr.
Casi se detiene en seco al pensar que había visto la silueta de una mujer en una de las casas, pero lo ignoró y siguió corriendo en busca de Roku.
Al dar la vuelta por donde la había dado Roku escuchó un gran estruendo. Le recordó los gritos de guerra que lanzaron los guerreros de su Tribu antes de partir a combatir, muchas voces unidas por una sola causa. ¿Qué era la quema de la bruja?
Siguió corriendo pero terminó frenando en seco al ver lo que ocurría, montones de hombres y mujeres se amontonaban en un pequeño valle, vestidos de rojo y café, con antorchas encendidas en las manos, en medio de todo eso se encontraba una imagen de la bruja tallada en madera con una cara cruel que se acomodaba al cuerpo de 6 metros.
Roku se unió a la multitud, gritando y sacando llamas de su mano. Katara quedó atónica, había estado con un Maestro Fuego todo este tiempo.
La gente no sólo demostraba su ira con la imagen de la bruja sino entre ellos mismo, veía personas que peleaban y se gritaban insultos por la mínima acción.
-¡Quemen a la bruja!- Katara escuchó a alguien gritar y fue testigo de cómo, las llamas ya sean salidas de una antorcha o una mano, quemaban la madera tallada en representación de la bruja.
La multitud chillaba y aplaudía cuado las llamas devoraban lentamente el cuerpo de madera desconcertando aún más a Katara.
Una sacudida en el suelo hizo que todos callaran a la vez. Katara sin dudarlo más corrió en dirección al pueblo para buscar un lugar seguro, sin embargo, cuando dio el primer paso sintió como alguien la empujaba hacía atrás y luego hacía adelante su equilibrio le fallo y calló golpeándose con una roca, saboreo el hierro en ese momento. Cuando intentó levantarse una nueva sacudida la mando al suelo y pronto sintió los empujones de la gente que, como ella, quería escapar de ese lugar, miró hacia adelante y vio como una enorme grieta venía hacía ella, Katara se sintió impotente y cerró los ojos esperando el frío susurro de la muerte.
En lugar de sentir un golpe de caída, sintió que unos fuertes brazos la levantaban, escuchó una respiración agitada y sintió como los brazos ahora la tomaban por la cintura, con miedo se aferró con fuerza de ellos, apretó aún más los párpados y sintió su cuerpo débil, habían sido muchas emociones para un día, agregándole el golpe en la cabeza, su cuerpo perdió sus fuerzas y se dejó caer en la oscuridad abrazada por unos brazos cálidos.
Qué les pareció? Saben qué? debido a que los aprecio tanto por leer esto, les daré un poco más y no se queden con dudas. Disfrútenlo!
"Suki le sonríe de pie, con esa postura perfecta de guerrera, en silencio.
Katara la observa anonadada, ¿no pensaba su amiga acercarse un poco? O ¿Decirle algo?
Suki sigue inmóvil, tiene los pies dentro de la tierra, literalmente, la tierra le ha tragado el cuerpo hasta las rodillas, Katara entiende el porqué del silenció de su amiga, estaba concentrada en encontrar una forma de escapar.
Su sonrisa se va.
-¡Suki! Suki, ¿me escuchas? Vine hasta aquí para ayudarte, recibí tu mensaje y viaje desde la Tribu para salvarte-.
Katara intentó acercarse más a su amiga pero cuando dio el primer paso vio como el cuerpo de la Guerrera comenzaba a vibrar, y comenzó a crecer, más alta que los árboles, raíces salen de sus pies mientras sus brazos se convierten en ramas, un viento estremecedor golpea a Katara lanzándola al suelo, el rostro de Suki se convierte en una mueca cruel que arde en llamas.
El suelo se abre por las raíces que Suki crea y Katara se asusta.
-¡Suki! ¡Soy yo! Katara, ¡estoy aquí!- la joven intenta llamas a su amiga.
Mientras Suki sigue creciendo Katara ve cómo en la punta de su cabeza en una pequeña rama cuelga una hoja verde, la única en Suki, en la mujer de la naturaleza. Suki se acerca y con gran fuerza, lanza la rama en forma de latigazo hacia su amiga de ojos azules, quien solo ahoga un grito y cae en la oscuridad."
Katara abre los ojos y se reincorpora de donde estaba recostada, siguiéndole un dolor en la sien izquierda.
-Creo que sería mejor que siguieras recostada- escuchó que una voz le hablaba a su lado.
Y entonces vio quien era su salvador.
Estaba vestido con ropa roja de la Nación del Fuego, su cabello oscuro le caía en mechones sobre los ojos, de un color ámbar que la miraban con preocupación, su visión se desvió a la cicatriz que le cubría el ojo izquierdo completamente, volvió a sus ojos que resaltaban en la pálida piel de su salvador, atractivo y misterioso.
-Te golpeaste la cabeza, tal vez será mejor buscar un médico…-
Katara descubrió que estaba de nuevo en la plaza del pueblo, estaba recostada en una de las maltratadas bancas a lado del extraño árbol con solo una hoja verde. Eso le recordó el terrible sueño que tuvo y como Suki quería lastimarla, con melancolía se pregunto dónde estaba su amiga, y si se encontraba bien.
-¿Qué paso?- pregunto Katara incorporándose con dificultad sentándose en la banca.
-Tembló,- explico el joven mientras se sentaba junto a ella- hubo un temblor muy fuerte.
-¿Eso es normal en esta zona?- pregunto mientras sentía el calor que emana el cuerpo del apuesto joven.
-En otros tiempos no, pero, ahora sí- contestó el.
Katara intentó captar las palabras de su salvador pero vio imposible el despegar los ojos de los labios de él, ver ese movimiento que hacían al tratar de explicar el asunto. Su salvador tendría que tener unos 22 años, vio sus manos, fuertes, su cuerpo entero emanaba un calor que la hacía sentir reconfortada.
-¿Fuiste tú quien me ayudo?- pregunto Katara.
El joven simplemente asintió y bajo la vista.
"Interesante, además de apuesto es tímido."
-Te agradezco mucho, salvaste mi vida- Katara le agradeció sonriendo.
Observo como el muchacho se sonrojaba y hacía un movimiento con la mano, que quería decir: "no es nada".
Después de eso, se levanto para marcharse y Katara al sentir el calor reconfortante irse no dudo en ir tras de él, más, esa idea desapareció de su cabeza cuando sintió el mareo al intentar pararse.
-¿Cuál es tu nombre?- le preguntó tratando de alargar la estancia del joven.
-Zuko-
-Mi nombre es Katara-
Zuko hizo otro movimiento de mano que esta vez Katara no supo interpretar, de repente sintió una mirada a sus espaldas, como 2 ojos se clavaban en ella, observando, se dio la vuelta y en ese momento un tejón-topo bebé salió del suelo golpeando sus pies. Katara gritó, y volteó a ver a Zuko en busca de protección de la extraña creatura que jamás había visto, pero este no se había inmutado de nada.
-Apenas he llegado al pueblo,- articuló Katara al reponerse del susto- no sé nada de aquí, ¿sabes dónde puedo pasar la noche?-
-Con Toph claro- respondió este- ella tiene una habitación disponible.
-Si no sería molestia, ¿te importaría llevarme? Aún me siento un poco mareada- Katara le dijo sonrojada por su mentira, por alguna razón quería sentir la mano cálida de Zuko en su cintura de nuevo.
Zuko simplemente asintió con la cabeza.
"Hombre de pocas palabras". Concluyó en su mente Katara.
Algo en Zuko le llamaba la atención a la joven Maestra Agua, su misterio que la hacía querer revelar una historia oculta, una aventura también estaba la curiosidad de saber cómo se había hecho esa cicatriz, que aun siendo muy grande no afectaba tanto la imagen del apuesto chico.
Se levantó despacio tratando de tranquilizar los latidos de su corazón y por arte de torpeza, resbalo. De inmediato sintió la mano firme y fuerte de Zuko en uno de sus brazos y otra ves la cálida sensación de bienestar. Katara levanto la vista y por unos breves segundos sus ojos azules se encontraron con los ámbar de él.
El gran árbol arriba de ellos se sacudió con fuerza haciendo caer hojas amarrillas secas alrededor de la pareja, el tejón-topo hizo un sonido de terror y volvió a la tierra.
-Es triste que se esté secando- comento Katara caminando apoyada en Zuko.
-El día en que eso pase por completo Nuevo Ozai será tragado por la tierra- fue la respuesta del muchacho.
Katara se detuvo en seco para comprobar que no estuviera bromeando y miro la cara de Zuko, el brillo de temor e ira en sus ojos le demostró mal, no era una broma.
-Fue el malefició de Hama- explicó Zuko,- antes de desaparecer maldijo al pueblo. Cuando este árbol muera, los habitantes de aquí nos iremos junto a él.
-En esté árbol el padre de Hama practicaba sus experimentos,- comenzó el joven caminando de nuevo- Hama le ayudaba a que crecieran injertos ahí. A veces daba manzanas, otras peras y luego mangos. Los colonos se asustaron tanto al no saber como hacía eso, Iroh dice que eso desencadeno la desgracia- Zuko terminó de relatar y como si se arrepintiera siguió el camino en silencio.
Katara noto como la mano de su salvador se ponía más caliente y su cuerpo se tensaba, sintió algo en el pecho, algo que sólo ocurrió cuando conoció a Suki, cuando conoció a alguien importante en su vida. Aún con su cicatriz, Zuko es el joven más atractivo que a conocido en su pequeña existencia.
Un viento soplo y Zuko se doblo de dolor.
Sin decir nada más se separó de Katara y salió corriendo dejándola confundia, mientras el susurro del viento aplaudía esa acción.
Ahora sí, muchas gracias por leer y comentar, sin ustedes esta historia no sería nada, este es el capítulo más largo que he escrito, 7 hojas en Word, espero de verdad que les haya gustado, es para ustedes.
Reciban un abrazo virtual, gracias!
The Elizabeth Wolf.
