Saludos Lectores!
Antes que nada, una disculpa por todo el tiempo que les hice esperar, gracias por leer.
Sin más espera aquí el siguiente capítulo. Disfrútenlo.
Disclaimer: los personajes de Avatar: La Leyenda de Aang pertenecen a Mike Dante y Bryan Konietzko. Hacía el fin de Mundo le pertenece a José Ignacio Valenzuela.
Por ti, hasta el fin del mundo.
Primera parte.
Todo tiene una razón de ser.
¿Qué había sido todo eso?
Katara se preguntaba eso mientras caminaba por las, todavía, desoladas calles de Nuevo Ozai. Parecía que algo había herido a Zuko y después salió corriendo sin más. Ahora debía encontrar la casa de Toph ella sola, no que le molestara, el pueblo era pequeño pero la reacción de su salvador la había dejado algo aturdida y confundida.
Después de un rato de vagar sin destino Katara escuchó que alguien la llamaba, al voltearse pudo distinguir a Roku.
-¡Hey! ¿Qué te pasó? Estás herida- Comento preocupado el Maestro Fuego al ver la herida en la sien izquierda de la joven.
Katara acerco su mano a su cabeza, había olvidado por completo el pequeño incidente del temblor.
-Oh, no es nada, caí en la primera sacudida- .
Pero esta respuesta no le basto a viejo Maestro quien ya se dirigía a su carreta por un botiquín de primeros auxilios.
-¡No hay problema!- Apuro la joven al ver las intenciones del Maestro -Soy curandera… o al menos aprendo con los curanderos de mi Tribu-.
Dicho esto, precedió a sacar un poco de agua de la cantimplora* que siempre carga y se dispuso a curar su herida.
-Maestra Agua, ¿huh?- Pregunto Roku ante la revelación con cierto tono de desconfianza.
-Maestro Fuego, ¿no?- Respondió la joven con el mismo tono.
-Lo siento, supongo que olvide mencionar ese detalle, pero como te había dicho, no utilizo el fuego para algo que no es correcto- Admitió Roku.
-Sólo para "quemar brujas" – Respondió Katara al terminar de curar su herida.
- Siento que esa haya sido tu bienvenida al pueblo, pero bueno, ¿a dónde te dirigías?- Cuestiono Roku cambiando el tema.
- Hacía la casa de Toph… o al menos es ahí donde me dijeron que me podía quedar. ¿Sabes en donde se encuentra?-
-En la próxima calle- Contesto al instante Roku.
Katara sin perder más tiempo se dirigió hacia la carreta en busca de sus pertenencias junto a Roku, al tenerlas se despidió del viejo Maestro Fuego quien ya debía volver al puerto.
-Katara de la Tribu del Agua del Sur, suerte y cuídate- Fue lo último que le dijo antes de marcharse.
Katara comenzó a caminar en la dirección que Roku le indicó para llegar a la casa de Toph , cuando llegó se dio cuenta de que era el lugar donde creyó ver la silueta de alguien, siguió observando la casa y pudo decir que era de las más antiguas de Nuevo Ozai. Tenía 2 pisos, con ventanales, la pintura del exterior se veía deteriorada por el paso de los años, aun así parecía acogedora.
Arriba de la puerta había un cartel. "Esculturas Esperanza".
"Esperanza…" Eso era lo que tenía para poder encontrar a Suki, no se rendiría por nada.
Sin pensarlo más toco a la puerta. Escuchó como unos pasos de ligeros pies se acercaban casi sin hacer ruido, lo que vio al abrirse la puerta dejó sorprendida a Katara; una joven delgada, de cabello negro recogido en un chongo dejando que algunos mechones rebeldes se establezcan en su cara, aún así Katara logró distinguir unos ojos casi tan claros como la piel de porcelana de la joven.
-¿Quién?- Pregunto la dueña de la casa con un tono fuerte y seguro que desconcertó a Katara.
-Busco a Toph- Contestó está mirando a la joven ciega que tenía enfrente. –Estoy buscando un lugar donde quedarme-.
La dueña de la casa dio un paso al frente, pequeño pero seguro, Katara se dio cuenta de que no llevaba zapatos, después de unos momentos retrocedió y cedió el paso a la Maestra Agua.
-Pasa, estás en tu casa- Sentenció Toph.
Katara entro y se sorprendió al ver que tampoco había algún tipo de suelo, era tierra pura. Al momento en que se cerró la puerta todo quedó en penumbra, la única fuente de luz era los pequeños rayos de sol que se filtraban por las cortinas de la ventanas. Katara forzó la vista y distinguió algunos muebles llenos de tierra que parecían no haber sido usados en mucho tiempo.
¿Cómo era posible que todo estuviera en su lugar después del temblor?
Siguió caminando notando como los pasos de Toph, aun siendo seguros no sonaban ni se percibían. Miraba como la ciega caminaba con toda confianza guiándola, después de unos momentos Katara percibió una oleada de olores desconocidos para ella, pero que eran muy reconfortantes por alguna razón.
Llegaron a un pasillo el cual llevaba a la parte trasera de la casa, lo atravesaron en silencio, llegando al final Toph abrió la puerta con una llave que llevaba en un bolsillo.
-Bienvenida- Dijo mientras abría la puerta sonriéndole a Katara, dulzura se podía ver en sus ojos descoloridos.
Katara se sintió a llorar cuando entro en el dormitorio, ahí se encontraba una cómoda cama doble adornada de suaves edredones, la cabecera de metal había sido moldeada en forma de jabalí volador, Katara se preguntó quién había hecho tan buen trabajo. Al fondo de la habitación se veía un ropero, con un espejo en una de sus puertas, donde podría poner sus pertenencias el tiempo en que se quedara, una mesita de noche a lado de la cama y un pequeño foco colgaba en medio del techo del acogedor cuarto.
-Gracias…- Murmuro Katara al tiempo en que avanzaba más en el cuarto.
De la nada la puerta del ropero que tenía al espejo se abrió ligeramente reflejando del exterior un espantapájaros. Katara brincó un poco por el susto.
Mientras Katara se recuperaba del susto un trueno hizo retumbar la casa de Toph, y la lluvia se dejo caer.
-Supongo que sabrás que hacer si aparece una gotera- Llamó –Toph desde la puerta sin dejar de sonreír, -¿Tienes hambre?- Preguntó.
Katara asombrada de que alguien ciego supiera que era una Maestra Agua se limitó a agradecer y seguir a la joven ciega que ya llamaba su atención.
Esta simplemente creció cuando llegaron a la cocina y vio, con mucho asombro, como la señora de la casa se movía con agilidad y certeza entre los anaqueles de la cocina, encontrando platos, vasos y cubiertos, también fue testigo de cómo calentaba una sopa de algo que no reconoció y le ponía una ramita de albahaca que había cortado de una maceta cercana, dándole un olor delicioso.
"Debe ser comida del Reino Tierra" pensó Katara sin salir de su asombro.
Katara decidió curiosear las cosas que la joven ciega tenía en la cocina, encontró recipientes, tarros, vasos, cualquier cosa que pudiera contener tierra y alguna planta. Tallos, pétalos, flores de colores que Katara jamás imagino impregnaban la cocina con olores maravillosos. Katara sintió curiosidad al ver a las flores en tan buenas condiciones como si fueran podadas y abonadas todos los días.
Toph sirvió el plato de sopa y Katara se sentó a comer en las sombras. Toph en consideración de su huésped se dirigió a la ventana y abrió las cortinas para dar paso una tenue luz y la vista al gran árbol de la plaza.
Katara estaba observando esto cuando se distrajo para escuchar la discusión entre dos Maestros Fuego, que aunque lloviera a trataban de quemarse el uno a otro.
-Al parecer nadie siente amor aquí… - Murmuró Katara sumida en sus pensamientos.
-Al parecer sabes la historia de Hama- Comentó Toph.
-Sí, por eso estoy aquí-.
-Y para buscar a tu amiga, ¿no?-
Katara dejo caer la cuchara que sostenía y fijo su mirada en la joven ciega que sonreía con, se atrevía a decir, un gesto burlón. "¿Quién eres Toph?" Se preguntó Katara.
-Ella, al igual que tú, se alojo aquí la primera noche que paso en Nuevo Ozai, de hecho ocupó la habitación donde estas ahora- Comentó Toph sin darle tiempo de formular preguntas.
-¿¡Sabes dónde está!?- Exclamó Katara poniéndose de pie enfrente de la ciega.
-Cálmate Dulzura, al día siguiente cuando revisé la habitación ya no estaba.
Katara se irritó un poco por el apodo que le acababa de dar Toph pero lo ignoró después. Suki había estado ahí, en la misma casa, había dormido en la misma cama que ella antes de desaparecer, Katara se estaba acercando ahora sólo tenía que planear el siguiente paso a dar.
-¿Tienes alguna idea de por qué se fue de tan improviso y sin decirte nada? Por favor piénsalo bien- Le pidió Katara.
-Tal vez fue porque le dijo que hace medio siglo, Hama y su padre vivieron aquí. ¿Tú crees en las coincidencias?- Respondió Toph sin alterar su voz.
Antes de que la Maestra Agua pudiera responder la ciega sentencio:
-Yo no. Todo tiene una razón de ser.
Y sin decir más salió de la cocina dejando a una Katara perpleja y confundida.
Espero les haya gustado, nos leeremos!
Gracias!
Elizabeth Wolf.
