Wiiiii, volví a escribir después de tanto tiempo y estoy contenta. He estado ocupada pero me debo a ustedes chicos. No les prometo que haré algo tan seguido, entendí que con la escazes de tiempo es algo imposible. Pero nunca he dejado nada a medias, y esta vez no será la excepción :)
Arnold POV
Al llegar a casa supe exactamente lo que tenía que decir y cómo lo iba a decir, precisamente por eso salí con cinco minutos de anticipación de la clase. Precisamente por eso corrí como un galgo. Por esa razón tomé el primer autobús que se cruzó en mi camino a casa. Por eso iba con todo el discurso en la boca. ¡Pero nunca pensé que la conversación se me fuera a salir por la tangente! Lo que ocurrió fue lo siguiente:
Al llegar a casa me puse sereno, acomodé el semblante, me cambié de camisa, me peiné lo suficiente. No fuera a salir mi mamá con los comentarios oportunos para cambiar de tema, y no quería darle oportunidad de tener ningún factor distractor a la mano que pudiera desviar la conversación a mi cabello, mi ropa, mi expresión o mis uñas. Tomé aire y bajé por las escaleras.
-Hola ma-
- Arnold que bueno que llegaste. ¿y esa prisa por verme? Es la primera vez que entras en mi biblioteca en mucho tiempo.-
Mi mamá nunca se quedaba quieta en lo que era estudiar y descubrir. Mientras Sophie iba al prekínder por la mañana, ella aprovechaba en ayudar a la abuela con la casa y luego iba a su "despacho". En realidad sólo era el sótano transformado en lo que es ahora una bonita especie de oficina, con muchísimos libros, microscopios, platos de Petri y muestras de casi todos los tejidos del cuerpo humano. Una colección sin lugar a dudas muy valiosa. Y esa era la primera vez que me atrevía a entrar a un lugar tan delicado e imponente, sólo en caso de extrema necesidad.
-Necesito hablar contigo de algo muy importante mamá.-
Ella esculcó mi expresión muy detenidamente y apuntó a alguna suposición que ya tenía desde hace mucho. Finalmente habló:
-¿Chicas?-
-Mi proyecto- aunque me puse un poco nervioso.- Bueno, también un poco de lo otro. El proyecto es de cuidar a un niño con una chica. Esteee…mmm-
-Vamos cielo, no hay nada de lo que debas avergonzarte. No le veo nada de malo.-
-Es que quiero que ella venga a vivir con nosotros por un par de semanas. Y esto es muy importante para mí- me miró de nuevo escrutadoramente- para el proyecto.- puntualicé- Para mí para ella y para el proyecto.- Y luego miré al techo. Ella solo me vio profundamente, como estudiando mis reacciones instantáneas.
-Mientes pequeño.-
"¡Diablos! Me descubrió" pensé en mi fuero interno.
- Sé cuando mientes y es cuando te pones a divagar y a ver en todas las direcciones Cuando le preguntaste a la chica también le dijiste que era por el "proyecto" ¿cierto?
-Yo no. O sea sí, pero no es como lo que crees que tu crees que yo creo. Porque no quiero que tú tengas una opinión que yo creo que estás teniendo con respecto a mis actitudes, porque no es lo que tú y ella creen sobre mí con supuestas malas intenciones, sin tener en cuenta el hecho de que venga a vivir conmigo- Mi mamá estalló en una carcajada.- ¿Son nuevos esos zapatos?- traté de desviar el tema.
-Arnold...- y enarcó una ceja
-Lindo tapiz- dije mirando a la pared
-Arnold…- y se sonrió
- ¡Soy un idiota!- exclamé y me desplomé en la butaca más cercana a mí; claro, mientras evitaba que me mirara directamente a los ojos.
-Cielo ¿no es demasiado interés el que le das a la muchacha? Mira que invitarla a vivir contigo..-
-Mamá es para el proyecto. Necesito una buena nota, no es por interés. Además Helga es demasiado…-
-¿La niña rubia del rescate?- mi mamá sonrió al mencionarla.- Ahh… Ahora lo entiendo todo- tragué fuerte al ver que me lanzaba una de sus miradas de "rayos x". Esas miradas que se van tan al fondo que parecen ver tu alma y descubrir tus secretos. Sentí mis orejas y mis mejillas arder.-
-¡Arnold!- exclamó mi mamá por tercera vez juguetonamente.
-¡Te juro que no lo hice con mala intención!- repliqué yo aún sintiendo que me quemaba vivo– Es que yo sólo quería demostrarle que ya no soy malo y que quiero ser su amigo. Tenemos muchas habitaciones y ella podría usar una. ¡Por favor!- acto seguido agregué- Será la última cosa que te pida en diez años mamá-
-Por mí no hay inconveniente pero dime, ¿ que tal si ella quiere salir con sus amigos? ¿O que tal si quiere verse con otro chico y ahí sucede algo, posiblemente que no te agrade? Para una mujer es demasiado difícil Arnold. Puede que no te vea como tú a ella.-
-Al menos quiero intentar.-
-Esta bien hijo. Pero si hay alguna consecuencia no esperada, espero que asumas tus actos y no trates de frenarla si toma sus cosas y se va ¿entendido?.-
-Tus palabras son mi ley- le dije devotamente
- Tranquilo pequeño- dijo mi mamá mientras me tomaba en sus brazos y me daba un abrazo muy reconfortante.- Ten fe hijo, lo último que muere es la esperanza.- hizo una pausa entre el abrazo- A veces no sé si creces muy aprisa o te has quedado estancado en tus nueve años. Tienes unas ideas…-
-Bien, lo admito, ha sido mi peor idea hasta el momento. ¡Pero no es tan mala!.- agregué apresurado al ver que mi mamá ponía mala cara de forma instantánea.
-Solo espero que tu pequeño mundo se ponga en orden. Es difícil ser un adolecente-
-Lo sé-
-Hablaré con tu padre y tus abuelos. También depende de ellos. Ya ves que esta casa no es nuestra y podría significar una pérdida de dinero en los días que se hospeda la chica.-
-De acuerdo.- le dije derrotado.
Mi madre habló con ellos, ¡pero no salió mal como creí que saldría! El abuelo solo achicó los ojos y sonrió de manera pícara. Mi papá (que nunca le negaba nada a mi mamá) dijo que cualquier decisión que ella adoptara estaría bien, ya que nunca se equivocaba. Y la abuela se puso la mar de contenta de saber que vendría ¿Eleonor? No sé como es que creía que era Helga, si nunca se habían hablado o apenas interactuado, pero ella aseguró que había estado en casa un montón de veces, sólo que yo no entendía porqué le decía Eleonor si la había descrito a la perfección: Rubia, osada y algo gritona. No sé, tal vez la memoria esté traicionando a mi abuela. Uno nunca sabe. Llegó el momento decisivo y mi mamá marcó el número de teléfono de la casa Pataki. Al parecer no era el único en cruzar los dedos por la espalda: mis abuelos hicieron exactamente lo mismo que yo en señal de ánimo y me sonrieron.
-Buenas tardes. Lamento molestarla señora Pataki. No, no soy una vendedora – mi mamá no pudo reprimir una sonrisa.- Le llamo por un asunto del colegio ¿Problemas? No, no. Helga no ha tenido ningún problema. Verá es que mi hijo y su niña tienen un proyecto pendiente. Nos gustaría que lo vivieran con el mayor realismo posible. A si tienen que cuidar un bebé robot por un lapso de dos semanas y vivir la experiencia del matrimonio – de repente se oyó una frase azorada en un repique tan alto que mi mamá tuvo que apartarse el teléfono a una distancia prudente para no quedar sorda- ¡Dormir en el mismo cuarto! ¿Cómo se le ocurren esas cosas señora Pataki? Aquí disponemos de una casa de huéspedes. Precisamente por eso le invitamos a la chica para que venga a hacer el proyecto aquí, así se ahorran la ida y venida por lo del cargo del bebé, y los muchachos podrían vivir juntos este par de semanas. Claro no hay problema , puedo también discutirlo con su marido si lo desea.- se hizo un silencio prolongado.- ¿aló? Buenas tardes señor Pataki. Lo llamo por su hijita. Sí, sí la menor. HELGA señor Pataki- compuso una mueca de disgusto- Bien, de seguro su señora ya se lo explicó. ¿Yo? Soy la mamá de Arnold Shortman su compañero de clase, el compañero del proyecto de su hija. No lo dude, tendrá su cuarto propio. ¿Reglas? Nada, salvo que tiene que estar en la casa de huéspedes antes de las diez de la noche y para un permiso extra debería hablar con ustedes.- Mi mamá puso otra mueca de fastidio más acentuada que la anterior- Tiene razón señor, buena ocasión para eso- Aunque la verdad hizo rechinar los dientes.- Bien. Helga puede venir aquí mañana…-se oyó una frase en el teléfono.- ¿Hoy mismo? De seguro no hay ningún problema. Hasta luego señor Pataki.- Dijo abruptamente mi madre y colgó el teléfono.
-¿qué clase de padre es ese hombre?- Preguntó mi mamá en un tono muy disgustado.- No dejaba de confundir a Helga con su otra hija Olga. Me preguntó si podríamos adelantar su llegada porque quería salir pronto a una convención con su mujer, ya que solo le habían pagado dos pasajes. ¡Y planeaba dejar a la chica en la ciudad! En otras palabras. "le venimos caídos del cielo, no nos importa dejar a la niña si nos sale barato"- gruñó malhumorada
-Tranquila mamá. El señor Pataki no ha sido el mejor de los padres te aseguro. Cree que Olga es la que llevará el apellido de la familia y le ha dedicado todas sus atenciones. Pero yo creo que es un hecho de que es Helga quien llevará ese honor a más alto nivel. Tendrá más éxito en la vida y estoy seguro que sus padres sabrán ver eso a su momento.- tranquilicé a mi madre.
-Bueno. Entonces, te dijo que podía quedarse aquí por este tiempo aunque ni siquiera lo pensara.- concluyó mi papá.- y luego me sonrió- Es una buena señal.
- Iré a preparar el cuarto de Eleonor- Dijo mi abuela y se fue loca de alegría
-Iré a ayudar a tu abuela.- Dijo mamá- Aunque no creo que le haga falta mucha ayuda. Está muy entusiasmada con todo esto.- aún así se fue atrás de ella- No le caerán mal un par de manos más-
Mientras contemplaba a mi madre irse, no podía creer en la buena suerte que estaba teniendo en esos momentos. Helga vendría por dos semanas, viviríamos en matrimonio (hipotéticamente), hablaría con ella, cenaría con ella a diario y, si esto iba en un buen nivel, tal vez un beso, un noviazgo, una serenata al atardecer. La haría feliz, cumpliría con mi palabra a Phoebe. Ahora solo quedaba controlar mi mal humor y disculparme por haber sido tan idiota. Bueno… en realidad creo que eso podría ser lo más difícil.
Una hora y tres cuartos después
Helga POV
No es posible de que haya alguien con peor suerte que yo. No solo me dejan ir como si fuera un trasto inútil. Si no que me envían con quien ha hecho de mi vida un auténtico infierno por casi un mes. Lo pero de todo es que hace un par de meses esto hubiera sido, este, ¿bueno? Pero no sé ya que más puedo hacer, me mandan a olvidar y me impiden hacerlo. Una vez me dijeron que no puedo estar enojada todo el tiempo. ¡Al diablo este maldito mundo y sus estúpidos habitantes! Pude haber ido con Phoebe, pero no, me mandan con ese idiota de Arnold. Maldita la hora en la que acepté la ridícula apuesta, trato o lo que sea.
-Bien niña, ya llegamos- dijo Bob, no me moví de mi lugar.
-Helga cielo ya llegamos- me dijo Miriam como si estuviera sorda. Sólo atiné a cruzarme de brazos y cabecear al lado derecho mientras ponía la más mordaz de mis miradas.
-¿No oíste Olga? Estamos aquí, así que baja del auto.- repitió papá.
Bien, bien. Hasta aquí podíamos llegar.
-¡Soy HELGA papá! ¡HELGA!- dije remarcando las palabras en un tono muy alto y duro.- ¿No te has dado cuenta que tienes más de una hija Bob? ¡Una NORMAL sin complejos de reina! Pero no creo que a ti te importe mucho. Ni siquiera te das cuenta de que estoy aquí, o de mis amigos, o de este estúpido proyecto ¡NADA! No debieron hacerte padre nunca. No les importo, nadie me pregunta nada nunca en esa casa. Soy invisible para ustedes. Solo piensan en la perfecta de Olga…-
-¡No te permitiré que se me hable en ese tono jovencita!-
-Lo haré cuando sepas algo de mí y te merezcas ese respeto.-
-Soy tu padre y sé de ti Olga.-
-¡HELGA!. Pero ya que insistes te mereces una oportunidad. Di mi actividad favorita.- mi rabia aumentó cuando Bob no supo qué decir
-¿Tocar el piano?- no dije nada a favor ni en contra esperando que se hundiera solo
-¿En qué mes cae mi cumpleaños?-
-¿Mayo?- Apreté los dientes.
-¿mi fruta favorita?-
-Fresas.
-¡LÁRGATE!- y cerré la puerta con todas mis fuerzas.
-Helga…- musitó Miriam preocupada, pero no me molesté en verle la cara. Se merecían que les gritara por una vez en la vida. Que fueran ellos los heridos y disconformes, no solo yo. Oí de lejos la voz amortiguada y cortante de mi madre "Robert, Helga es alérgica a las fresas y nació en marzo ¿Acaso no sabes nada de tu hija?..." la voz de mi Miriam se fue callando de poco a poco mientras el auto se alejaba de por la calle. Vaya, debía estar furiosa. Sólo le decía por el nombre completo a mi padre cuando estaba verdaderamente disgustada.
Dejando de lado mi mal humor, ya estaba en Sunset Arms y no podía volver atrás. Ellos le telefonearían a Bob y Miriam si me escapaba, ya que por dos semanas sería su carga particular. Tomé aire y me aventuré a golpear a la puerta conteniendo la respiración. Estuve tentada por un instante de salir corriendo calle abajo y alquilar un cuarto de hotel pero justo cuando reconsideraba esta opción, alguien abrió la puerta y de la casa salieron un grupo de animales que me hicieron trastabillar un poco, entre ellos al único que reconocí fue a Abner, la cerdita. En cuanto pude abrirme campo presté atención a mi interlocutora; la mamá de Arnold.
-¿Helga?- me preguntó-
-Mmmmm sí, me parece, ehh… lo era a menos que me haya golpeado y me haya dado amnesia.- la señora sonrió
-Sí, definitivamente eres Helga- y fue a abrazarme, algo que me tomó por sorpresa- ¡Cómo has crecido! Y te has puesto muy hermosa, aunque creo que te hace falta el lazo rosa pálido que tenías, se te veía muy bien entonces.-
Compuse una risita nerviosa por el comentario. Era raro que ella lo mencionara, tomando en cuenta de que fue una de las pocas personas que tuvo una noción de lo que pasó en San Lorenzo con Arnold y al parecer yo le había caído bien, inclusive mejor que Lila. Recuerdo que en ese entonces mencionó que tenía un potencial y una actitud tremendas, suficiente para sacar adelante lo que sea. Me llamó intrépida, valiente, dura de roer, aventurera pero que mi corazón era sensible y enorme, la combinación perfecta de niña. En broma me dijo que si me casaba con Arnold seríamos una sociedad indestructible de investigación y publicación de descubrimientos. Cabe añadir que la idea me encantó.
Pero esto era una situación completamente diferente. Mi interés en Arnold había decaído, no estábamos en la selva, ya no era una niña, y lo peor tal vez fuera que Arnold le hubiera contado de los insultos, las cachetadas y desdén de los últimos tiempos. Que me siguiera tratando como algo que valiera la pena me hacía sentir un no se qué en mi corazón. Querida esa es la palabra que buscaba; ni en mi casa de daban tan buen recibimiento.
-¿Quién es mami?- susurró una vocecita en el pórtico. Levanté la mirada. Una pequeña de unos tres a cuatro años de edad me miraba con sus enormes ojos castaños, era muy bonita. La mamá de Arnold en pequeño, a efectos prácticos.
-Ven nena. Te presentaré a alguien.- dijo Estella muy sonriente animando a la pequeña para que se acercara- Ella es Helga, pasará con nosotros un par de semanas. Es compañera de tu hermano en el proyecto.-
-Hola Helga. Gusto en conocerte - me dijo la niña mientras me extendía la mano y me lanzaba una sonrisa que iluminó el ambiente un kilómetro a la redonda. Yo también le sonreí, era imposible no hacerlo. Entendí que tal vez esa capacidad de deslumbrar era heredada. Sonará difícil de creer, pero el cabeza de balón tenía el mismo poder mágico de dejar a la gente K.O. Muy conveniente, diría yo.
-Hola peque.- le saludé muy formal, pero sin perder la sonrisa- a mí también me da mucho gusto conocerte. ¿Y tu nombre es…?-
-Sophia o Sofía en español, pero me gusta que me llamen Sophie-
-Me gusta tu nombre nena.-
-A mí también me gusta mi nombre- y nos reímos. La cargué a caballito como muestra de amistad.
-No tienes que hacerlo Helga.- dijo Estella
-No importa señora, me gusta hacerlo además Sophie no pesa nada ¿eh?-
-¡Es verdad!- dijo la pequeña mientras se reía.
-¿Y tu vestido?-
-Bah, no es necesario preocuparse por eso. Si nos fijáramos en como lucimos todo el tiempo, no seríamos felices en absoluto. Es más importante la risa.- dije mientras sonreía a la pequeña. La mamá de Arnold me miró de una forma muy extraña, como conmovida de lo que veía.
-Bien… pues… Entremos entonces. El tiempo apremia- dijo Estella.
-Esta bien- dije y entré despreocupada. El sinsabor que aún tenía se me iba pasando de poco a poco, y por un momento pensé que tal vez no iba a ser tan terrible…
-¡Arnold, Helga está aquí!-
Bueno, salvo ese detalle. Oí ruidos de cosas estrellarse en el piso de arriba y bajar a alguien apresuradamente por las escaleras, curiosamente, se detuvo en la mitad y bajó un poco más despacio.
-Ejem, hola Helga.- decía mientras bajaba las gradas. No pude hacer nada más que reprimir una sonrisa al oírlo tan formal, tan educado, tan... Oh Dios mío.
Con esta expresión me refiero a que no me lo esperaba… así. No lo había visto bien cuando bajaba las gradas por la escasez de luz pero en ese instante lo veía con perfecta claridad El condenado se había puesto mmm Guapo, como al puro estilo latino y peinado. Sentí una pequeña sensación en el estómago que nada tenia que ver con el enfado. Bueno, pero así me ponía yo con un chico guapo en una revista, en la tele, en una película. Fue una pisca de deseo normal en una chica de mi edad. Para rematar, se acercó. Yo pensé que iba a saludar con la mano o chocando las palmas. Pero el pequeño beso en mi mejilla me tomó por sorpresa. Percibí el aroma de su shampoo, que resultaba embriagador, realmente olía a hombre. Resultará raro, pero es una cualidad irresistible en un hombre: que huela bien. Me aparté enseguida
-No creo que eso sea normal.- dije entrecortadamente.
- Helga, así suele saludar la gente en Latinoamérica- me dijo Estella al ver este gesto- así se saludan todos. Son más alegres y menos cohibidos que aquí al momento de saludar.- Se veía que quería reírse a carcajadas, pero se contenía bastante.- Voy a hacer la cena, ¿Vienes Sophie?
-No, yo creo que me quedaré a aprender a ser casada…-
-¡Sophie!-
-Ya entendí… ya me voy- dijo desganada la pequeña
- Pero yo creo que desde ya diremos que estamos casados- me dijo Arnold mientras se volvía a acercar- Así no te parecerá raro.- Me reí ante esas palabras.
- Entonces cabeza de…mmm Arnold. Fingiré que no oí eso. Estaremos casados desde el momento en el que nos den al niño en dos días, mientras tanto. Nada de besos ¿Ok?-
-Uhh – parecía decepcionado- de acuerdo Helga.- dijo un tanto abatido- nada de nada sin el niño, me parece un trato justo- y se volteó para ir a la cocina. Solo le faltaba una nube triste sobre la cabeza y que le comenzara a llover.
-Arnold –
-¿Mmm?-
-Luces muy bien, guapo. - me reí un poco y no miré atrás mientras subía las escaleras. Pero ya me estaba imaginando la cara de tonto que debía estar poniendo en ese instante. Todo había comenzado bien en Sunset Arms. Y aunque aún tenía asuntos pendientes que atender con el cabeza de balón, me parece que empecé a entender el porqué de su comportamiento bipolar, de sus decisiones, de su trato y todo. Fui una tonta. Le pasó lo mismo que a mí a los nueve años.
Le gustaba.
Pero eso no me iba a hacer cambiar de opinión de la noche a la mañana. Lo voy a hacer sufrir, además, no me había olvidado que había aún otros chicos en el mundo. Pero para esta batalla que estaría a punto de iniciar ya tenía un punto a mi favor: mi propia persona.
Mañana va a ser un día pesado, sin duda
