Cabe recalcar que ahora tengo tiempo libre y nunca JAMÁS he dejado algo sin terminar, es increíble las grandes situaciones que una vive y que pueden dejar que la imaginación corra libre por ahí. :)
ya sabes lo de siempre, Arnold no es mío pero como nadie me impide que lo use ¡Lo hago!
Arnold POV
-¿Puedo pasar?- pregunté apoyado en el dintel de la puerta de la habitación de Helga un día después de la operación y escondiendo algo con la otra mano.
-¿Acaso esta es mi casa?- dijo Helga recostada y en pijama mientras elevaba la vista del libro que tenía en sus manos- ¿Qué hay en el paquete?
-Sólo algo que había por ahí, sin importancia- dije, enigmático- aunque sé que detestas las sorpresas.-
-¡Vamos!- recriminó la chica- De todos modos te lo estamparé en la cabeza-
-Ya verás que puedo esquivarlo sin problema, enferma.- y le guiñé el ojo en señal cómplice.
-Cállate- me amonestó y acto seguido me quitó el paquete de la mano y lo sopesó en las suyas. Era pequeño, pero bastante pesado para ser un regalo, que no lo era.
-¿Qué es?-
- Ábrelo y lo averiguarás.-
Sin poder aguantarse las ganas de desenvolver el paquete, desgarró el papel celofán con verdadero frenesí. Aunque cuando quitó la cubierta se quedó muda, era difícil distinguir entre la confusión y la impresión de su rostro. No pude reprimir una carcajada.
-Demonios...- Helga se había quedado en una postura ridícula, con los brazos por encima de su cabeza, sosteniendo todavía la tapa del empaque.- Era... ¿hoy?- preguntó con voz trémula.
-Ajá- respondí hipando un poco por el ataque de risa del que estaba siendo víctima en ese preciso momento.- Feliz día de las madres Helga.-
El bebito que estaba en el empaque era pequeño, pero tan pesado como un recién nacido, y tan delicado como uno también. Según las intrucciones que había recibido, iba a ser tan complicado como tener un niño de verdad. Iba a ser llorón e iba a comer cada 4 horas (a través de un biberón robot también, obviamente. También iba a ir al baño, por lo que íbamos a cambiar pañales y sería activado al instante en el que Helga se pusiera la pulsera
-¡Lo olvidé!- dijo Helga que por algún motivo se veía en serio compungida - En serio que lo olvidé. Dios, soy un monstruo.-
-No hay cuidado, mamá- le dije en tono bromista y le tendí una sonrisa, ella me miró un poco raro.- Ahora ¿ves la pulsera que hay ahí?- le señalé la manilla rosa. que salvo por el color, era idéntica a la mía que ya tenía puesta- Es tuya, por dos semanas. Y también la bebé.
-¿Entonces es "ella"?- dijo con voz un poco apagada y una mirada indescifrable .
-Sí- le dije- Había que escoger dos nombres ahora y tú no estabas muy bien todavía, así que lo hice yo- Se llama Eileen como mi abuela materna.
- ¿y el otro nombre?-
-Geraldine- le respondí un poco avergonzado- Como tú.-
Nunca la había visto así: se quedó callada por varios segundos, luego tomó al pequeño robot con toda la delicadeza del mundo y lo alzó en vilo. Luego sonrió y lo acunó entre sus brazos. Por un momento sentí envidia del muñeco. Luego me dirigió la sonrisa más dulce que pudiera imaginar.
- Quiero ponerme la pulsera Arnold.- su rostro parecía iluminarse - Ahora.
La miré embobado y sin dar crédito a mis oídos. Me senté en el borde de la cama y saqué del paquete la pulsera rosa, le tomé la muñeca con mucha delicadeza, mientras ella con la otra mano acunaba a la bebé. Le puse la manilla ensartando el código de activación en el puerto. Ella me miraba enternecida. Cuando terminé sonó un pequeño "bip" y dio la impresión de que la bebé empezaba a respirar. Nos quedamos mirando en silencio por unos momentos. Luego ella, como siempre, me tomó por sorpresa y me besó la frente dejándome atontado por un momento.
- Sé que vas a ser un gran padre Arnoldo-
-Y yo que vas a ser una madre estupenda Helga.-
Se oyó un hipido en medio del silencio y los dos volteamos a ver a la bebé. Alguien tenía que sacarle los gases. Ambos le sonreímos.
-Voy a atenderle- dije dispuesto a hacerme cargo de ella mientras Helga descansaba un poco (a raíz de la operación no había dormido mucho) pero ella me apartó la mano de forma suave
- Yo quiero hacer esto ¿me dejas?- preguntó con una aura de anhelo que no podía entender. Me lo pensé muy bien
-Lo que tu digas.- cedí por fin- Voy a ayudar con la cena- y la dejé con la bebé, enternecido con ese lado de Helga, pero sin entender del todo sus reacciones, sobre todo con ese pequeño proyecto del que habíamos sido víctimas. Pensé que no se lo tomaría bien, que me dejaría colgado con el robot, pero resulta que al final quien de verdad quería sentir lo que era ser mamá, era Helga.
Helga POV
Para mí habían sido un torbellino de emociones. Cuando vi al muñeco no pude evitar sentir una punzada rara en el corazón. De verdad que había olvidado el proyecto del bebé a raíz de la apendicitis. Pero una cosa era hablar del bebé y otra muy distinta tener ahí al bebé. Nunca me había imaginado en un papel de mamá, de hecho, no sabía siquiera como desempeñarlo correctamente. Las únicas veces que había sentido que Miriam había hecho algo como una mamá ejemplar fueron hacer todo lo posible para sacarnos del desierto aquella vez en el día de las madres y esos días fugaces en las que incursionó en el mundo de los empresarios de localizadores, pues por primera vez se sentía realizada como mujer.
Pero yo como mamá era algo completamente diferente...
Sentía que el amor me salía a flote y sentí mucho cariño por ese pequeño muñequito, como si el mundo quisiera que yo tuviera el privilegio de sacar todo ese amor de mamá que había sido suprimido en mi vida. Y me puse todavía más feliz cuando Arnold me dijo que era ella. Definitivamente una experiencia única.
Lo que de verdad me tomó de sorpresa fue el segundo nombre de la bebé. Yo ya sabía que le gustaba a Arnold, pero que él se hubiera tomado tan en serio ese pedacito de vida que teníamos ahí entre los dos; la causa de estar juntos en esto, también me hacía sentir muy especial. Me hacía sentía en una familia, por eso decidí recompensarlo con un pequeño beso en la frente. ¡Me importó un rábano lo que dijera Phoebe! Él me estaba haciendo muy feliz en ese momento y yo de algún modo tenía que retribuirle un poco de esa felicidad.
Me sentía dichosa al cuidar a la bebé, mientras la mecía suavemente para que se durmiera le tarareaba una canción que acababa de inventar en ese momento.
Vamos ven mi ñiña
ven a soñar
al país del cuento
te voy a llevar
A mecerte en tu cuna
con mucho amor
A que juegues en lugares
llenos de color.
En playa mas bonita,
la pradera más bella,
en el cielo con más
de un millar de estrellas
- Ejem.- escuché que alguien se aclaraba la garganta apenas terminaba la canción.- Dice...- Arnold se veía extasiado, no sabía desde hace cuando estaría escuchando.- Dice la abuela que ya está lista la cena... Pero que si gustas dormir te dejará guardado un plato -
-No- le dije un poco avergonzada, nunca me había gustado cantar en público- Ya voy... Creo que ya se durmió. Es decir- regresé a ver a la bebé que estaba en mi cama- Me parece que ya se durmió, sólo respira profundamente, como si estuviera dormida.-
-Entonces es que está dormida- me tranquilizó Arnold con una sonrisa mientras me tomaba de la mano suavemente- Vamos
-Sí-
Me zafé suavemente de su agarre en el camino al comedor. El silencio era palpable a menos que uno de los dos decidiera romperlo y esa no iba a ser yo.
-Te oí cantar- me dijo él de repente, parecía que le costaba admitirlo- Nunca había escuchado esa canción, es muy hermosa-
Sentía que me traspasaba con la mirada y al parecer con la palabra "hermosa" no solo se refería a la canción, precisamente.
-Ajá- respondí con las mejillas un poco rojas- Y en ningún lugar la escucharás. La acabo de hacer yo
- No sabía que componías canciones.-
-Es que también escribo poesía-
-¿En serio?-
"¡NO!" empezó a gritar mi mente " no digas ni una palabra más Helga, recuerda que él tiene uno de tus libros rosa"
- Bueno, sí un poco-
- Tienes también muy buena voz.- Arnold me lanzaba muchísimos cumplidos de sopetón- Iba a ir a mi habitación por unos platos que había dejado, pero te escuché y me pareció una de las nanas más bonitas que alguien haya echo.-
-Estee... Gracias Arnoldo. Es que el viejo "duérmete niño, duérmete ya" no es precisamente creativo. Prefiero hacer las cosas yo.
-¿Escribirías algún día algo para mí?-
Silencio de nuevo. La pregunta me dejó helada. A él le gustaba lo que yo escribía, aunque no era el único. ¿ o tendría alguna idea de que ya había escrito más de 5 tomos de poesía en su nombre?
- Veremos.- le respondí tranquilizándome
- Esperaré- me dijo él - Alguna vez alguien me escribió, nunca supe quién.
-¿y mis cartas no valen?- le pregunté, aún dolida por ese detalle que no le daba tregua a mi cerebro desde hace bastante tiempo.
- Ha pasado mucho tiempo...-
-No soy de las que olvidan fácil-
-No lo creas.- me dijo él parándonos un momento antes de llegar al comedor.- Sí leí tus cartas, aunque muy tarde. El correo no llegaba hasta donde estaba yo pero aún así las recibí... Aquí, después de dos años que dejaste de escribirme.-
Me enojó un detalle que no concebía todavía.
-¿y aún así no te dignaste en hablarme?- le reproché furiosa- Saliste con chicas Arnoldo
-Créeme... las recibí cuando ya no salía con Layla.-
-¿y porqué no dijiste nada?-
-Pensaba que no me ibas a creer.-
-Pues pensaste mal..-
-¿Eh?-
-Debiste decírmelo. así yo te hubiera entendido.-
-¿En serio?-
hice tripas a corazón y traté de contestarle con la verdad
-No tienes razón... Creo que no.-
-Entonces ¿lo de las cartas sigue en pie?-
Guardé silencio, esa era otra pregunta que DE VERDAD no podía responder.
-Helga...- susurró y trató de pegarse un poco más hacia donde yo me encontraba, medio oculta tras la puerta que daba al comedor.
-No lo sé- le dije midiendo mi respuesta con toda sinceridad y alejándome a la vez que el insistía en apegarse.- Fue mucho tiempo. Demasiado tiempo. Ahora ya no sé lo que siento y a veces solo tengo ganas de correr lejos de aquí porque a pesar de que han sido todos muy buenos conmigo, me siento una intrusa. Todos deben creer que te partí el corazón Arnold, o viceversa. -
-Nadie cree eso Helga.-
-Y tú como puedes saberlo.-le espeté
-Porque caso contrario no te hubieran pedido que vinieras siquiera. Fue mi mamá la que habló con tus padres, no yo.-
-¿y tú?-
-Yo se lo pedí a ella.- respondió un poco rojo- Sabía que si tus papás oían mi voz la idea no les hubiera agradado mucho ¿no?-
-No lo creas- le respondí enojada, pero ya no con él, sino con ellos.- No notarían si me fuera de la casa, me mudara a Siberia y me comiera un oso, aunque fuera noticia mundial.-
-¿No exageras un poco?-
-No- respondí simplemente- Además tienen Olga de basta y sobra, no les importaría.-
-¿Si te fueras de casa?-
-No, si me comiera un oso.- bromee - ¡Pues claro que si me fuera de casa! Y ya dejémonos de estupideces. Vamos a comer.- rematé evadiendo astutamente su anterior tema de conversa.
Él me siguió, pero a leguas se notaba que no estaba satisfecho con mi contestación. No me dijo nada, aunque enseguida noté que no se iba a dar por vencido cuando le vi de reojo y con cara de que desconfiaba de mí y de mis contestaciones.
Solo esperaba que no se diera cuenta de mi caligrafía, ni de mi reacción frente a la mención de los poemas. Eso sería mi acabose.
Después de la comida nos tocó sortear quien se haría cargo del bebé esa noche. Lo gracioso fue que, contrario a lo que se piensa, la pelea surgió a raíz de que los dos queríamos quedarnos con la bebé. Él insistió en hacerlo para que yo durmiera, pero me negué y le dije que ser padres era responsabilidad compartida pues yo también la quería para mí. Echamos una moneda al aire y salió sello. En resumen: perdí. A Arnold le tocaba la pequeña Eileen esa noche y bastante a mi pesar la dejé ir con su "papá".
Sin embargo esa noche, a la mitad de mi sueño, sentí pasos, y un ruidito como de un llanto tapado por una manta. Miré el reloj tratando de divisar la hora: 2:am. Tocaron la puerta y no tardé en abrir y reprimir la risa. Era Arnold, muy despeinado, ojeroso, en piyama y con la bebé en brazos, que por añadidura no dejaba de llorar.
-Necesito ayuda- susurró muy bajo para que no lo oyeran los huéspedes
-Entonces ¿vienes por la ayuda de mami Helga?- reí calladamente y apoyada en el dintel de la puerta.- Entra- murmuré.
-No sé que le pasa. Ya probé el biberón, el pañal y los gases ¡Nada funciona!.-
-¿la meciste para que se durmiera?- Él solo puso cara de tonto y no supo que responder.
-Define mecer- dijo con intención de salir al paso.
-¡No puedo creerlo!- le reproché aunque con una sonrisa en los ojos- Y se supone que tuviste una hermana Arnold. Pero no importa. Helga G Pataki ha venido en tu rescate. Solo siéntate ahí y se buen chico.- dije mientras le señalaba el sillón que había en el cuarto.
-Gracias- dijo Arnold cansado mientras se dejaba caer en el sillón.
Empecé a mecerla y a tararearle la canción de cuna. Ni siquiera había terminado, cuando escuché unos ronquidos que venían no de la bebé, sino del sillón. Dejé a Eileen acomodada en sus brazos ya dormida y me dispuse a regresar a mi cama. No había razón para despertar a Arnold, al menos no ahora que se veía tan cómodo y tranquilo. Sonreí y me di la vuelta.
-Hasta mañana par de bebés- susurré con media sonrisa y al instante caí profundamente dormida.
Y teminé el capítulo con el bebé recién estrenado. Así que si lo preguntan, sí, adoro a los bebés, son muy calmados y les gusta mucho la música. Características que yo comparto jejeje.
Gracias por sus comentarios a:
sailor gaby
sweet sol
diana carolina
ashira23
kaolinet
letifiesta
Chicas gracias por estar conmigo en esta historia. A ustedes les debo esta continuación ;) ¡Besos a todoos!
