Hola chicos, he aquí el último capítulo de esta historia! enserio me encantó escribirla y espero que ustedes hayan disfrutado el leerla, ya tengo nuevas ideas! pero principalmente son one-shots, el punto es que leerán mucho de mi, pero probablemente publiqué también un par de historias inglés, pero bueno... en fin... disfruten!


Habían pasado ya dos días desde que Ritsu había ingresado en el hospital personal de los Kotobuki y sus más allegados, Mugi y Mio no se habían separado de su lado y aprovecharon el que (por suerte) había pasado el Jueves, y entonces solo faltarían a clases el Viernes, y Sábado y Domingo no habría problema.

Ritsu se estaba recuperando velozmente gracias a los, en su opinión obsesivos, cuidados de las enfermeras, de Mugi y por supuesto de Mio. Ese día Mugi platicaba amenamente con Ritsu.

-Mugi... ¿puedo preguntarte algo?- La voz de Ritsu preguntó, algo avergonzada por lo que plagaba a sus pensamientos. La rubia asintió y tomó la mano de la castaña, que solo se sonrojó y continuó,- Sé que será raro... pero... yo aún siento que me gustas y mucho, no... no puedo dejar de pensar en Mio, pero mi mente también está plagada de pensamientos sobre ti, yo... yo no sé que hacer.

Al oir esto, la baterista no se percató de la presencia de la bajista, que escuchaba todo desde la puerta, muy curiosa de qué es lo que podría pasar. La rubia le sonrió y se acercó bastante a su rostro, la morena apretó los puños con fuerza ante la acción de la rubia y la oji-ámbar no pudo hacer más que ver confundida a la rubia.

-¿Qué sientes al tenerme tan cerca? - El tibio aliento de Mugi golpeó contra los labios de Ritsu.

-Yo... yo no lo sé, no siento nada en específico.- Ritsu dijo confundida, Mio seguía observando la escena, los celos quemando en su interior. La oji-azul sonrió de lado, acortó la distancia entre sus labios y los de Ritsu y la besó delicadamente, la morena se sintió traicionada ¿qué no apenas dos días atrás la rubia le había dicho que se rendía? Estuvo a punto de irse, pero vio el rostro sorprendido de Ritsu, ella no le correspondía a la rubia, algo en en su interior en ese momento le dijo "quédate" y así lo hizo.

La rubia se separó de Ritsu, quien aún estaba sorprendida.

-¿Qué sentiste mientras te besaba?

- Se sintió... incorrecto... - La rubia asintió como si desde el inicio hubiera sabido la respuesta y Mio suspiró aliviada,- sentí como si estuviera besando a mi hermano, por más raro que suene, jeje- dijo la castaña con un pequeña risita y rascándose la nuca nerviosamente.

-Lo sé, extrañamente lo sentí igual, - La rubia mintió, para ella eso había sido la gloria, pero si la castaña no le había contestado positivamente, era porque no sentiría lo mismo. - Espero haberte ayudado a aclarar tu mente, se inclinó y le dio un leve beso en los labios de nuevo, a manera de despedida y se retiró, dejando a una castaña algo confundida detrás.

Al salir, la rubia vio a la pelinegra asomándose, suspiró y le dijo - Entra ahí, Mio-chan y borra los dos besos que yo le di con tus labios.- La mencionada se sonrojó, pero entró decidida. La rubia se alejó, sin mirar atrás, no quería ver a Mio y a Ritsu, no aún, una lágrima rodó inconscientemente por su mejilla y se retiró.

La pelinegra entró, y Ritsu se sonrojó.

-¿Viste todo? - Preguntó nerviosa la castaña, Mio asintió, se sentó en la orilla de su cama y tomó las manos de Ritsu.

-No me importa que ella te haya besado... tú, tú no estás enamorada de ella, lo cual es lo suficiente para mi, yo quiero, yo quiero ser tu principe, tu caballero en armadura brillante, sé que siempre has sido tú la que me protege a mi, pero por un vez déjame la armadura a mi y tú usa la tiara, yo... yo le puedo regalar a Mugi los dos primero besos que tus labios dan, porque aunque ella tenga los primeros yo quiero todos los que siguen, de aquí hasta el fin de los tiempos, quiero ser la dueña de todos tus besos de ahora en adelante, jamás estar lejos de ti, y todo eso... todo eso es porque te amo, Ritsu, te amo mi monstruo del flequillo.- Para este punto Mio estaba más colorada que un tomate, se mordía el labio nerviosamente evitando la mirada de la castaña.

La castaña estaba bastante sorprendida y... ¿conmovida?, no estaba segura de eso, pero ella siempre estuvo segura de algo, lo que sentía por Mio era algo mucho más allá de amigas, se armó de valor, tomó el rostro de la pelinegra entre sus manos y la besó. Mio no dudó ni un segundo en cerrar los ojos, poner sus manos en los hombros de la baterista y responderle el beso.

Ritsu inmediatamente se dio cuenta de lo diferente que era al beso de Mugi, con Mugi se había sentido incómodo e incorrecto, no porque la rubia besara mal, si no porque como ella había dicho, se sentía como si besara a su hermano. Pero con Mio... se sentía especial, fuegos artificiales volaban por todos lados a pesar de que tenía los ojos, el sabor que Mio transmitía a su boca era tan especial... tan... adictivo, que lo único que pudo hacer fue profundizar el beso jalándola más hacia ella, se sintió como una eternidad y al mismo tiempo se le hizo muy poco para poder probar cada rincón de la boca de su reina del peligro.

A pesar de que ella jamás hubiera deseado separarse de los labios de su amada, era humana a final de cuentas, y el oxígeno es algo bastante importante en la vida de uno, por lo que tuvo que alejarse de esos carnosos labios, que ahora se veían más rosados, debido al beso que compartieron hace unos minutos.

Su pelinegra permaneció con los ojos cerrados por un momento más, al abrirlos murmuró un pequeño y medianamente silencioso "wow" y comenzó a jugar con los mechones castaños de Ritsu.

-Acepto... solo te digo... que no quiero que uses armadura, los vestidos te hacen ver muy bien.- Dijo la castaña de manera juguetona y frotó su nariz en contra de la nariz de la pelinegra, quien se sonrojó más si era posible.

- No me importa... solo... quédate conmigo por siempre, Ritsu.- La pelinegra abrazó con fuerza a la castaña y escondió su cabeza en el cuello de esta, quien al sentir la respiración de su novia sobre su piel, se tensó.

-Yo.. haré lo que pueda, Amor.- La castaña sonrió y la pelinegra a su par.

- ¿Podrías repetir la última palabra, por favor?- Mio se sonrojó y l castaña le sonrió.

-¿amor? Cuando quieras, primor.- Le guiñó el ojo y la pelinegra le sonrió, no pudo evitarlo.

Se sintía como el príncipe que se queda con su princesa, después de una dura batalla en el que su enemigo, fue digno, pero también supo cuando ya no podría ganar y se retiró con su orgullo y dignidad intacta. Sabía que Mugi encontraría a alguien que la amara como se merecía y que ella y Ritsu estarí felices, no sabía si para siempre como en los cuentos, pero mientras se tuvieran la una a la otra, serían felices.