Aviso especial: Historia con un contenido de índole sexual, violento y lenguaje vulgar. (Se ajusto a los reglamentos del sitio, pero no está demás el recordarlo…a quien posea una sensibilidad especial y/o no le guste nada de eso, deje de leer…si continua, no se queje después…por favor)

Sinopsis: AU…Hace cuatro años Rick exploro los secretos de Lisa y prometió que sería suya en cuerpo y alma, ahora está de regreso con la intención de cumplir esa promesa, pero hay mucho más en juego que la determinación de una mujer.

Idea Original y Coautora AHRG (Cat); Editor, Coautor FER82

RENDICIÓN


Capitulo 3: No es el mejor momento…

Oficinas de Consultorías High Star; Edificio #14 Grey Lane, Ciudad Monumento

El sonido del disparo retumbó en la oficina y sobresaltó a Lisa. Saltó de la silla y dejó caer el teléfono, que se deslizó por el pavimento hasta quedar bajo una silla, a unos tres metros de distancia, mientras ella se aplastaba contra el suelo para refugiarse debajo del pesado escritorio de metal.

¿De dónde había venido el disparo? Dado el ensordecedor sonido, desde dentro del edificio; quizá desde esa misma estancia. Pero ella era la única persona que estaba en el interior y era domingo. Santo Dios, ¿quién le había disparado? ¿La habrían seguido Lynn Kyle y sus secuaces?

Con el corazón palpitando de tal manera que temía que le explotara, Lisa barajó mentalmente sus opciones. El teléfono había caído demasiado lejos como para poder recuperarlo sin riesgos. Así que, en vez de pensar en recuperarlo, tenía que concentrarse en escapar. La salida estaba en la misma dirección por la que había llegado el disparo. La puerta de emergencia estaba al otro lado de la estancia, a más de quince metros. ¿Cómo iba a llegar hasta allí sin que le alcanzara una bala? Aún así tenía que intentarlo.

Un metódico ruido de pasos resonó en el suelo de baldosas del archivo. Allí no había nadie para rescatarla y los dos lo sabían. Si quería salvarse, tenía que hacerlo sola.

Sujetándose con firmeza a la pata del escritorio, miró a hurtadillas para ver si lograba averiguar la posición exacta del tirador o alguna otra ruta de escape posible. Lo único que pudo ver fueron filas de mesas vacías, ordenadores desfasados y montones de papeles de oficina. Entonces sonó otra explosión, seguida de un ruido corto y metálico, justo al lado de su oído. Se echó hacia atrás de golpe y vio una abolladura con forma de bala a un lado del escritorio.

El tirador sabía exactamente dónde estaba. Lisa sospechó que aquel bastardo estaba jugando con ella y que la próxima vez apuntaría a dar.

Maldijo para sus adentros cuando pensó que había dejado el bolso con el arma que llevaba dentro, en el cajón de arriba del escritorio. Si intentaba tomarla sería un blanco fácil, pero mejor morir en el intento que sentarse a esperar a que le alcanzara una bala.

Se arrastró sobre el estómago por debajo del escritorio, y se detuvo frente a los cajones. Alargó la mano hasta el tirador del compartimiento superior y lo abrió lentamente. El módulo rechinó, y el ruido resonó en la silenciosa oficina. Bueno, ya había puesto en guardia al adversario, sería mejor que se diera prisa.

Tras abrir el cajón, buscó a tientas el bolso.

Se escuchó otro disparo; esta vez más cerca. Lisa contuvo el aliento y se llevó la otra mano a la boca. Había sentido el zumbido de la bala sobre la muñeca y tuvo que cubrirse los labios para contener el grito.

Aquello le enfureció. El muy cabrón quería volverla loca antes de matarla. Que la condenaran si permitía que lo hiciera sin luchar. Una vez más, se estiró hacia el cajón. En la anterior incursión había averiguado dónde buscar y encontró enseguida el pequeño bolso. Tiró de él.

Aterrizó con un golpe seco entre sus pies mientras escuchaba el susurro de unos pasos en el pasillo, entre los escritorios, a sólo unos metros. Se estaba acercando.

Abrió el bolsito bruscamente y sacó una semiautomática arma reglamentaria de la RDF. Quitó el seguro al tiempo que lanzaba una mirada hacia donde había oído los pasos. Luego se deslizó a gatas hasta el siguiente escritorio, que estaba mucho más cerca de la salida de emergencia.

Volvió a escuchar pisadas y se preguntó lo cerca que estaría el extraño. Después sólo pudo oír su propia respiración jadeante, demasiado fuerte en aquel espantoso silencio.

Mordiéndose los labios, Lisa lanzó una mirada por encima del escritorio. El asaltante no estaba a la vista.

Una nueva oleada de terror la invadió. Estaba segura de que él no se había ido; podía sentir cómo jugaba con ella, cómo se acercaba sibilinamente. Su mente no dejaba de dar vueltas, barajando las opciones.

-¿Qué sería mejor? ¿Esperar una oportunidad mejor o comenzar a correr ya?- Era posible que no surgiera otra ocasión.

Respiró hondo y salió con rapidez hacia otro escritorio. No hubo más disparos. Escuchó con atención, con el arma en una mano y la otra sobre la boca. Aunque no podía ver ni oír al asesino, sabía que iba a por ella.

Exhaló el aire que contenía y corrió agachada hasta la siguiente mesa. Se apretó contra el frío metal mientras los tiradores de los cajones se le clavaban en la espalda. Aquel dolor le recordó que, por lo menos, todavía seguía viva. Aferró el arma entre los dedos, determinada a continuar así mucho tiempo.

El recuerdo de Rick atravesó su mente. A pesar de que no se habían visto o hablado en años, sabía que por lo menos a él le pesaría su muerte o por lo menos eso esperaba capaz el muy maldito estaba casado y con 4 hijos... -Lisa este no es el momento para pensar en el- se reprendió mentalmente.

Se quedó inmóvil, aguzando el oído para poder captar la respiración del tirador o algún ruido de pasos. Nada. Aquel cabrón, quien quiera que fuera, era muy bueno. ¿Dónde demonios estaba? Lisa sabía de sobra que no se había ido. Lo más seguro es que estuviera rodeándola. El sabía cómo actuar... tan bien como ella.

Se movió contra el escritorio hasta que pudo vislumbrar casi la mitad de la oficina, incluido el camino hasta la salida de emergencia. No vio ni oyó nada.

Lisa se arriesgó y se deslizó gateando, lo más rápido que pudo, hasta la siguiente mesa. La salida estaba ahora a sólo dos metros, pero una vez que abandonara la relativa seguridad que le ofrecía el escritorio, nada la protegería en el recorrido hasta la puerta de emergencia. Tendría que correr sin ninguna protección, empujar la pesada puerta y abrirla lo suficiente como para poder atravesarla. Aquello proporcionaría al asesino tiempo de sobra para realizar su trabajo. Pero no tenía otra opción.

Lisa respiró hondo y comenzó a contar mentalmente. -Uno, dos, tr...-

Escuchó que alguien amartillaba un arma justo a su espalda, a no más de diez centímetros. Se quedó paralizada, sin mover ni un pelo.

-Sigue de rodillas- exigió el hombre -Inclina la cabeza-

-¡No!- Había leído muchas descripciones de escenas de crímenes a lo largo de los años. Había visto fotos capaces de revolver el estómago. Supuso que el asesino pensaba dispararle a la cabeza y el pánico la inundó.

-¿Qué te ha ofrecido Lynn Kyle por matarme?-

El hombre no respondió, se limitó a presionarle el frío cañón del arma en la nuca. Su corazón latió desbocado y resurgieron las ansias de luchar. Si él era uno de los secuaces de Kyle, no le traicionaría, malditos ideales pacifistas. En ese tipo de sectas los lazos entre sus miembros eran todavía más fuertes que los familiares. Buscaban paz y el cese de la violencia y están dispuestos a matar para obtenerlo, que ironía la vía pacífica que escogen. Asesinar a una mujer para ayudar a un "hermano" o Líder no era nada. Aunque Lisa le ofreciera todo el oro del mundo, no supondría ninguna diferencia, estos locos querían la paz mundial y ¿quién demonios NO?-

-Despídete- gruñó él. Tenía un marcado acento latino.

-¿Qué te lo creíste?- Justo en ese instante, Lisa se tiró al suelo y apretó el estómago contra el pavimento a la vez que le pateaba con todas sus fuerzas, golpeando al asaltante en la espinilla. Resonó un fuerte traqueteo metálico y una maldición que le dijeron a Lisa que le había hecho caer sobre el escritorio. Entonces, escuchó el impacto del arma del asesino contra el suelo y la vio deslizarse sobre el terrazo.

Se giró con rapidez y se interpuso entre él y la pistola mientras le apuntaba con su arma. Le observó. No le había visto en la vida. Tenía rasgos latinos, altura y constitución medias; le calculó unos treinta años. Se había afeitado la cabeza. Sus ojos castaños eran tan fríos que le hicieron estremecer. No llevaba tatuajes visibles, pero la camisa negra era de manga larga y cubriría cualquiera de ellos. Su atuendo constaba además de unos vaqueros flojos y unas zapatillas deportivas a la última.

De repente, vio que el hombre sonreía como si ella le hiciera gracia.

-No vas a disparar-

-¡Él muy imbécil como que no sabe que soy militar-

Antes de que pudiera responderle, él se abalanzó sobre ella con la mano extendida hacia el arma. Lisa intentó disparar, pero no le dio tiempo. Intentó escapar a gatas para que no la atrapara, pero él logró cogerle la muñeca. Si le quitaba el arma, era mujer muerta. Sí, le gustaría acorralar a aquel bastardo y llamar a la policía para que le detuvieran, pero lo que más quería era seguir con vida.

Echó el brazo hacia atrás con todas sus fuerzas y le dio un codazo en la nariz. Por el sonido fue evidente que se la había roto, pero ella también notó dolor en el brazo. Al verse libre, corrió hacia la salida de emergencia como si la oficina fuera pasto en llamas, sin mirar atrás para ver si su asaltante la seguía.

Apenas le había dado tiempo de abrir la puerta cuando chocó contra un torso masculino, duro como una pared de ladrillos. Se vio rodeada por unos brazos musculosos. Emitió un agudo grito cuando el extraño la abrazó. Era alto, con los ojos verdes y el pelo color arena. Un tipo muy apuesto. Resultaba evidente que acudía con frecuencia al gimnasio, pero su ropa decía que se dedicaba a otros negocios.

Santo Dios, ¿había enviado Kyle a un equipo para matarla?

Muerta de miedo, intentó zafarse del hombre, pero no pudo deshacerse de él ni moverse. Comenzó a gritar tan fuerte como le permitieron sus pulmones, por sí así podía alertar a alguien cercano, pero aquélla era una zona de oficinas que estaba desierta los domingos.

-Shhh...- Aquel hombre enorme la apartó de la puerta de emergencia y la llevó al callejón. Tenía una voz extrañamente suave para alguien de ese tamaño -Soy de los buenos, trabajo con Hunter-

Aquellas palabras resonaron en la mente de Lisa y la gélida sensación que la inundaba se convirtió en una llama de esperanza. Estaba a salvo. Muy pocas personas de su nuevo entorno conocían su antigua y ambigua relación con Hunter, y Dios sabía que Kyle preferiría cortarse la lengua antes de mencionar su nombre.

Ningún sicario que Kyle hubiera enviado a matarla hubiera pronunciado las palabras que dijo ese hombre, las que hicieron que confiara en él al instante. Con un tembloroso suspiro, se quedó mirando fijamente los tranquilos ojos verdes del desconocido.

-Gracias a Dios-

El rubio le lanzó una mirada consoladora y la hizo ponerse a su espalda antes de volverse hacia la puerta abierta para mirar lo que ocurría en la oficina.

Los sonidos indicaban que estaba teniendo lugar una pelea. Lisa miró desde detrás de su rescatador y vio a un amigo del rubio musculoso, éste con el pelo cortado al estilo militar y una sombría sonrisa, aplastando a su asaltante contra el suelo mientras le rodeaba el cuello con una mano enorme y llena de venas.

¿Quiénes eran estos hombres? ¿Cómo habían sido capaces de acudir en su rescate con tanta rapidez? ¿Porque están aquí?

-Dame una razón para matarte- decía el segundo rescatador al asaltante -y no me lo pensaré dos veces-

-¡Te voy a dar por el culo, cabrón!- vociferó el latino en español. Pero estaba muerto de miedo y tenía en los ojos una mirada de pánico que su adversario reconoció.

-Estoy casado y tú no eres mi tipo- se burló el hombre -De pie-

El sicario se resistió y el enorme desconocido pareció muy contento de tener que agredirle para contenerle. Al final lo inmovilizó con una llave que podría dislocarle el hombro.

De repente, el asesino gritó en un tono agudo.

-Si no quieres que te duela más- advirtió el extraño -tendrás que estar dispuesto a colaborar-

El cruel bastardo que habían enviado a matarla asintió temblorosamente con la cabeza. El rubio sonrió.

-Lucian, llama a la policía-

-Voy-

Lisa lanzó una mirada a Lucian, el hombre que la había detenido en la puerta y que ahora le rodeaba protectoramente la cintura con un brazo. Tenía un celular pegado a la oreja y miraba al asaltante como si quisiera cortarle en rodajas.

Debido a su cercanía, ella escuchó la respuesta de la telefonista. El facilitó la información pertinente en voz baja y calmada.

-¿Cómo te llamas?- preguntó el otro rescatador al asaltante.

-No tengo nada que decir- escupió él.

-¿No quieres cooperar? Me parece que eso puede ser muy malo para tu salud, ¿entiendes?-

Los ojos oscuros se entrecerraron.

-No son policías ni militares-

-Cierto. Lo que quiere decir que no tenemos por qué seguir sus reglas. Y si la poli llega antes de que pueda terminar de tratarte como me gustaría... Bueno, siempre puedo asegurarme de que cuando vayas a la prisión tengas un compañero de celda que se encargue de ello. Te interesa comenzar a hablar. Dime, ¿por qué intentabas matarla?- preguntó, señalando a Lisa.

El asaltante vaciló.

-Sólo era un encargo-

A Lisa se le puso un nudo enorme y apretado en el estómago al escucharle. Como se había temido desde el principio, alguien -probablemente Kyle- tenía tantas ganas de verla muerta como para contratar a alguien que hiciera el trabajo. Una rápida mirada a la cara de sus rescatadores le dijo que los dos estaban dispuestos a obtener respuestas.

-¿Quién te contrató?-

El latino frunció la boca y apartó la vista, negándose a mantener cualquier tipo de diálogo. Lucian se metió el celular en el bolsillo -La policía está de camino-

El hombretón que retenía al asaltante emitió un gruñido.

-Eso quiere decir que sólo tengo cinco minutos para romperle las narices. Tendré que darme prisa-

El criminal se sobresaltó antes de poner cara de tipo duro. Era bueno intentando ignorar las amenazas, pero a los otros dos hombres no pareció importarles.

-¿Quieres que te ayude, Vargas?- preguntó Lucian lleno de esperanza.

-Me basto y me sobro. Este placer es sólo mío. Odio a los cabrones que se meten con las mujeres. No son más que unos jodidos y cobardes- Agarró al sicario por los pelos con un puño y le inclinó la cabeza, dispuesto a romperle la cara.

-¡Un momento!- gritó ella.

Vargas vaciló y le lanzó una mirada furiosa.

-Si le haces daño te arrestarán también a ti. Y... él seguirá sin hablar. Nada de lo que le hagas conseguirá que hable. Los fanáticos son así...-

Vargas gruño de nuevo mientras metía la mano en el bolsillo de atrás para sacar unas esposas.

-Maldita sea, me has arruinado la diversión, pero si eso es lo que quieres...- En ese momento la miró directamente -Lisa, ¿verdad?-

Ella asintió con la cabeza.

-¿También trabajas con Rick Hunter?-

-Sí, estamos aquí siguiendo órdenes, se han recibido varias amenazas algunas muy especificas hacia su persona... para una mujer tan pequeña se ha ganado unos cuantos enemigos

-¿Ordenes de quien? ¿Y donde esta Hunter?

-Solo digamos que le debemos algunos favores a ese enano, no es su problema... en cuanto a Hunter debe estar despotricando su mala suerte... se encuentra en estos momentos en un vuelo militar debe llegar aquí en una hora

-Entiendo- Incluso ella notó el temblor en su voz.

Vargas puso el pie, cubierto por una enorme bota de combate, en la espalda del asaltante e hizo una mueca.

-Maldición, pareces a punto de caerte. Lucian, se está mareando-

En cuanto le oyó decir eso, comenzaron a flaquearle las piernas. La adrenalina que todavía tenía en el cuerpo se evaporó y sus rodillas parecieron de gelatina. Trastabilló, pero el rubio la cogió en brazos antes de que cayera.

-Tranquila, cariño- murmuró él alzándola.

A Lisa no le gustó aquella temblorosa sensación, y se crispó al ver lo vulnerable que el ataque del asesino la hacía sentir.

-Estoy bien- aseguró -Déjame en el suelo- Lucian puso los ojos en blanco y siguió caminando

-Para mayor seguridad, nos sentaremos. Hunter me haría pedazos si permito que te desmayes y te golpees en la cabeza- Lisa tragó saliva.

-¿Lo conoces... bien?-

Ambos hombres intercambiaron una mirada. Luego, Lucian la dejó en una silla y se arrodilló frente a ella. El encogió los hombros en un gesto vacilante.

-Tuve... Trabajé con él un tiempo, siempre nos ha hablado de ti y en verdad queríamos conocerte- Al oír aquello, Vargas se rió.

-Hablar de ella se queda corto, Hunter respira por ella y lo sabes-

Lisa solo se sonrojo, ya no podía hablar los nervios se estaban apoderando de ella... Rick pensaba en ella... aun en ella


Rick agarró el teléfono en la palma de la mano, dispuesto a encenderlo en el mismo instante en que el avión tocara tierra...

En cuanto el pequeño dispositivo volvió a la vida, vio el mensaje de texto de Vargas. Habían encontrado a Lisa en su oficina. Habían intentado matarla pero ahora estaba sana y salva. El atacante había sido detenido. La policía se había hecho cargo de todo.

-¡Gracias a Dios!- Un enorme alivio se adueñó de su cuerpo y se relajó en el asiento.

Cuando aterrizo en la base de Monumento, cogió el bolso y el resto del equipaje, se lo puso al hombro y corrió hacia la escalinata, ahí lo esperaba un coche gris y un oficial que le entrego las llaves del mismo para después retirarse. Se sentó con rigidez en el borde del asiento y arranco; dividido entre la necesidad de abrazarla cuando la viera y el deseo de matar al bastardo que le había atrevido a atentar contra su vida. Apenas se fijó en las calles ajardinadas de Monumento por las que transitaban.

Alguien había intentado matar a su Lisa. Seguramente la razón no era otra que el que ella hubiera cumplido con su trabajo, molestando quien sabe a cuantos traseros. Si el bastardo intentaba volver a tocar un solo pelo de Lisa, no se molestaría en acudir a la policía y demostraría a aquel maldito que él había aprendido a matar de muchas maneras. Y todas ellas muy dolorosas.

Los diez minutos que duró el trayecto hasta donde Lisa trabajaba le parecieron dos horas. Hasta que por fin, se detuvo ante un bloque de oficinas delante del cual había un montón de vehículos de la policía, un par de ellos sin marcas, y una ambulancia. Hunter salió del coche a una velocidad sin precedentes.

El detective cuarentón se quitó las gafas de sol. El húmedo calor reinante aquel mes de mayo hacía que estuviera sudoroso.

-¿Señorita Hayes?- reclamó su atención.

-Lo siento. ¿Me ha preguntado si sé de alguien que quiera matarme? Sí. Como ya he dicho, soy consultora del Senado del GTU en políticas de defensa y seguridad, así que probablemente haya más de uno. Pero debería anotar el nombre de Lynn Kyle. Es mi principal sospechoso; pertenece a la organización de los P&L. Ya pesa una orden de arresto sobre él-

El detective Montrose hojeó sus notas.

-Cierto. Me informaré de si lo hemos detenido- Sacó su celular de la funda del cinturón y marcó un número -Ponme con Boudreaux. Sí, esperaré- Entonces la miró otra vez -¿Algún sospechoso más?-

Fue entonces que noto la discusión que uno de los uniformados sostenía con un hombre de cabello negro rebelde y ojos azules

-Lo siento, señor, pero no puede pasar —le detuvo un oficial uniformado en el perímetro del edificio—. Se trata de una investigación policial. Tendrá que esperar aquí.

-Alguien ha intentado matar a mi mujer. Me gustaría ir con ella- El joven policía frunció el ceño.

-Conozco a Hayes. No está casada-

-Que no esté casada no significa que no sea mía-

-Mire payaso…deje de molestar o le aseguro que le…-

El joven policía se queda mudo cuando Rick le produce su identificación oficial, acompañada de una credencial que lo identificaba como miembro de la PMG, se coló por debajo de la cinta y corrió hacia el edificio en busca de Lisa

-Por fin-

La encontró sentada en una silla con la cabeza entre las piernas, parecía que estaba mareada. La luz del sol del atardecer arrancaba brillos rojizos de su cabello claro. Vio como Lucian se arrodillaba a su lado y le ofrecía una botella de agua. Un detective estaba interrogándola. La escena al completo hacía aflorar todos los instintos protectores de Rick.

Ella revisó mentalmente la lista de enemigos cercanos. No le llamó la atención nadie más.

-Creo que no-

-¿Algún miembro de su familia? ¿Algún enemigo?-

Negó con la cabeza.

-¿Un antiguo amante?

-Definitivamente no- Montrose tomó nota.

-Nos ha dicho que no había visto antes a su asaltante ¿Está segura?-

-Sí-

-¿Existen posibilidades de que esté relacionado con Lynn?-

Ella encogió los hombros.

Se abrió paso hasta Lisa, le puso las manos en los hombros y la estrechó contra su cuerpo. Ella levantó el rostro y él contuvo una maldición. Tenía mala cara, estaba pálida y agotada, su boca se había convertido en una línea sombría. Su mirada decía que había estado sometida a demasiada tensión durante las últimas horas.

-¡¿Rick?- Incluso le temblaba la voz.

Por puro instinto él la abrazo, mientras ella aún no entendía del todo como era posible que el piloto estuviera ahí con ella…súbitamente memorias de su último encuentro llegaron hasta la mujer puesto que la respiración le fallo y sus músculos se tensaron, al recordar la forma en que las manos de piloto recorrieron su cuerpo, sus labios tan cerca de su oreja la hicieron fantasear con los besos que le prodigo y su lengua, recordar lo que hizo con ella provoco que la mujer se ruborizara. Las manos de Lisa respondieron al abrazo de Rick recorriendo el cuerpo del piloto, había ganado musculatura, se sentía duro, fuerte y poseía un aroma masculino que casi hizo que Lisa le suplicara que la tomara ahí mismo…

-¡Contrólate Hayes! ¡Por todos los cielos es la primera vez que se ven en cuatro años y lo único que piensas es que vuelva a follarte!-

Rick por su parte parecía embrujado, estaba junto a ella, esta vez si era verdad no otro de sus malditos sueños que solía tener estando en el Amazonas, su cabello era aún más largo, su ropa la hacía lucir más joven todavía, el cuerpo emanaba el mismo perfume de aquella ocasión, una extraña y atrayente mezcla de flores y brisa de mar. Su figura había cambiado era más atlética de lo que recordaba, pero sobretodo el rasgo que más destacaba de ella sus ojos verdes los mismos que lo han perseguido durante cuatro años, esos mismos que lo miran con una mezcla de alivio y ansiedad, provocan que Rick Hunter se encuentre al borde de la locura.

Habían sido años de no verse, después de que Rick fue enviado al Amazonas, ella fue asignada al Satélite Fábrica donde serviría como supervisora principal de la renovación de la flota de la RDF, el ansia era palpable y por ello las chispas eran evidentes para todos

-Aquí estoy, cielo. Yo me ocuparé de todo-

-Tiene que apartarse, señor. Estoy interrogando a la testigo- insistió el detective.
Hunter miró impasible a aquel idiota.

-Mi mujer no está en condiciones de ser interrogada en este momento. ¿Es que no la ha visto? Está agotada y a punto de desmayarse. No puede parecer más afectada. No quiero que le haga ni una pregunta más hasta que la vea un médico- afirmo el piloto con decisión.

Al oír tal declaración Lisa no pudo contener el enojo y rencor que había acumulado por largo tiempo

-¡Richard Hunter, cállate!-Lisa parecía enfadada -Puedo hablar por mí misma…- Le sorprendió su tono acerado, aunque supuso que no debería haberlo hecho. Aquella mezcla de fuerza y suavidad era una de las cosas que más le gustaba de ella.

-¡¿Quién eres tú para juzgar lo que puedo o no puedo hacer?- Lisa estaba sorprendida al escuchar el desparpajo del piloto

-Señor le pido que por favor se aparte de la señorita Hayes o le aseguro que le haré …- el detective Montrose no termina la frase

-Tenga…- Rick le muestra su identificación y el detective se queda callado, las reconoce y no desea que su ulcera se agrave más de la cuenta

-¿Qué quien soy…?- Rick no podía creer que ella lo desconociera -Lisa, acaban de tratar de matarte y aún no te das cuenta de que necesitas ayuda…- se separa un poco de ella pero la mantiene entre sus brazos.

-¿Ayuda?...Te recuerdo que yo no fui quien se largo de aquí hace cuatro años…- su voz se escucha dolida

-Cumplía ordenes…creo que puedes entender eso-

-Ni siquiera estuviste cuando Claudia…- baja la cabeza

-Lo siento, me entere tarde, cuando regrese tu ya habías renunciado- la acerca a su pecho

-Ya no importa, Rick debo terminar con esto- contesta levantando su cara para mirarlo nuevamente

-No tienes por qué responder ante el detective ahora- aseguró él con suavidad.

-Pero quiero hacerlo. No he querido que me viera un médico. Estoy bien-

¿Hablaba en serio? La volvió a mirar y supo que él tenía razón.

-Apenas te mantienes en pie- Ella le obsequió con una mirada furiosa. Evidentemente no le habían gustado nada sus palabras.

-Mira, llevo unas horas infernales. Te agradezco que enviaras a Lucian y Vargas, pero no necesito que vengas a ladrarme a la cara. Quiero acabar con este interrogatorio para poder irme a casa y dormir un poco. Ya tengo suficiente con que un extraño intentara matarme y no quiera confesar por qué lo hizo ni quién le contrató para ello-

Hunter se quedó paralizado. Pensando si el responsable seria Soltillo

-No ha dicho nada creo que es uno de los lunáticos que sigue a Lynn Kyle- Lisa se encogió de hombros -La policía se encargará de todo. Estaré bien. Sólo necesito descansar un poco. Puff, venir a trabajar mañana será toda una hazaña-

-¿Trabajar?- ¡Con una mierda, de eso nada! -Alguien quiere matarte. No puedes venir a trabajar ni alejarte de mi vista hasta que lo solucione-

Lisa se puso en pie de golpe, aunque el mareo hizo que se volviera a sentar de inmediato.
A su lado, Vargas comenzó a menear la cabeza.

-Ahora sí todo se va la mierda...-

Preparándose para pelear, Rick escucho con asombro como Lisa se dirigía de nuevo al detective que esperaba expectante que ambos terminaran de discutir

-Supongo. Cuando le encierren, deberían comprobar sus huellas dactilares-

El detective asintió con la cabeza.

-Es la manera más fácil de saber si tiene antecedentes. El sospechoso debería estar ya en comisaría. Lo preguntaré tan pronto como...- De repente, sonó el celular, reclamando su atención -Sí, Armand. ¿Está ahí su abogado?..¿Cómo obtuvo uno tan rápido?.- Un momento después, maldijo por lo bajo -No es posible. Háblame sobre el tipo que acaba de ingresar acusado de intento de asesinato, mira los antecedentes...- El detective frunció ceño -¿Qué?- Luego pareció quedarse completamente anonadado -¡Maldita sea! ¿Cuándo?- El detective cerró los ojos y suspiró -Mantenme informado-

-¿Qué ha ocurrido?- preguntó ella con impaciencia, notando un doloroso nudo en el estómago—. ¿Se ha escapado?

Montrose cerró el teléfono de golpe y la miró indeciso.

-¿Tiene algún lugar adonde ir? Me refiero a un sitio seguro-

-A casa- En aquel momento pensar en una ducha caliente antes de meterse en la cama sonaba celestial... Pero la advertencia de Hunter y el repentino nerviosismo del detective hicieron que Lisa se lo planteara de nuevo.

-¿Qué ha ocurrido?-

-El hombre que la ha intentado matar fue apuñalado en su celda. Un trabajo desde dentro. Muy profesional-

Lisa comenzó a temblar.

-¿Está muerto?

Montrose asintió con la cabeza y bajó la vista a las gafas de sol que sostenía entre los dedos antes de mirarla con serios ojos oscuros.

-Quien vaya detrás de usted, se ha molestado mucho para no dejar cabos sueltos. Va en serio-

-Aún no tenemos la identidad del agresor. No hay nada que lo relacione con los P & L ni con otra secta, lo que no quiere decir nada, quizá asesinarla a usted habría sido su iniciación o...-

-Parecía demasiado mayor para ser un chico recién captado. El policía suspiró-

-Bueno, cualquiera sabe... Tome precauciones y alójese en algún lugar seguro durante unos días-

-¿Mierda?- Pero ¿dónde? Lisa comenzó a temblar de nuevo y se sentó en la silla intentando tranquilizarse. Alguien quería verla muerta... y pronto.

No podía ir con Global…demás está decir que no confiaba en que el viejo pudiera ayudarla, con el agregado de que si recurría a la RDF se iría a la mierda su cuartada de haber salido de las mismas por diferencias con la jerarquía, ya no podría seguir investigando a los miembros del Senado de la GTU sin levantar sospechas de su verdadero propósito, bueno aún más sospechas...No definitivamente no le iba a dar al Almirante la satisfacción de verla regresar con la cola entre las patas, pero ¿En dónde la dejaba eso?

Suspiró y se pasó la mano por el pelo, contactar a las chicas o a los Sterling -Meneo la cabeza- No podía poner en peligro a sus amigos; Quizá pudiera coger el arma, un poco de dinero en efectivo y esconderse una temporada hasta que las cosas se apaciguaran. Pero si, como parecía, habían ido a por ella, el asunto no se resolvería hasta que quien quisiera verla muerta lo hubiera conseguido. Algo que no tenía intención de permitir.

Aun así, no valía la pena morir por no ceder a la vulnerabilidad y al miedo que la hacía sentir.

-¿Tiene algún sitio al que ir?- preguntó de nuevo Montrose en voz baja, interrumpiendo sus pensamientos.

-¿Dónde no tuviera que dormir con un ojo abierto y un arma bajo la almohada? No, pero Rick seguro que sí-

Rick tenía razón; aquel ataque no había sido fortuito. De hecho, su atacante había llegado a admitir que era un encargo. Alguien le había contratado. Pero ese alguien también se había ocupado de él antes de que pudiera hablar con la policía.

Lanzó una mirada a Hunter. Sorprendiéndose del cambio no solo físico sino de actitud del piloto. Estaba erguido, concentrado; su postura y su cuerpo eran los de un guerrero. Era perfectamente capaz de mantenerla apartada de cualquier peligro. Embrujadores recuerdos de sus manos calentándole la piel, separándole los muslos, amenazando con atarla a la cama, la inundaron. Había llegado a ella a todos los niveles, de una manera que no había conseguido ningún hombre con anterioridad.

-Yo me encargaré de ella detective…- Rick toma una de las manos de Lisa -veré que ella se encuentre en un lugar seguro-

Montrose asiente e intercambia números telefónicos con Hunter y los deja pasar a él y al resto de su equipo.

-Lisa, tus llaves…del auto y tu casa-se detienen en la Range Rover de Lisa

-¿Para qué?-

-Escucha toma todo lo que necesites del auto y Vargas se lo llevara y esconderá, Lucian irá a tu casa y prepara un equipaje ligero…-

-Ningún extraño va entrar a mi casa y hurgara entre mis cosas-

-Es necesario nosotros iremos a un sitio seguro…no podemos ir en tu auto por que pueden reconocerte, si alguien vigila tu casa, Vargas y Lucian podrán descubrir quién es…-

Por unos momentos se aleja de ella y se dirige a donde están sus rescatadores.

-Buen trabajo chicos…-

-¿Así que es ella, eh Hunter? -

-La única, Vargas-

-¡Claro! ¿Entonces explícame que fueron las mujeres con las que te…?

-Eso fue un gran error de mi parte…está bien, necesito que hagan vigilancia, uno de ustedes debe ir a la casa de Hayes y empacar algunas ropas…después debe salir de ella…-

-Quieres que detectemos si hay alguien vigilando la casa…- lo corto Lucian

-Exacto y después lo sigan a donde sea que sea su escondite, mientras llevare a Lisa a un lugar seguro-

-¿Dónde?-

-Con Summers…se que él está fuera de la ciudad y tengo las llaves de su apartamento-

-Como quieras jefe, vamos para allá después de terminar la tarea-

-No solo comuníquense conmigo-

-Está bien- acuerdan los hombres

Rick se despide y regresa donde el auto y Lisa.

-De acuerdo… ¿A dónde me llevaras?- dice entregando sus llaves a los hombres de Rick que se despiden al poco de ellos.

-Ya lo veras…-

Rick y Lisa suben al auto gris y se alejan del lugar.

El sedan avanza por las calles de Monumento con tal velocidad que Lisa no deja de preguntarse si Rick no ha visitado la ciudad sin decirle nada a nadie, dando dos o tres rodeos con la intención de descubrir si los seguían o no. Por fin se detiene en un pequeño edificio de tres plantas ubicado en las afueras de la ciudad en el lado norte de la misma. Entran por el estacionamiento ubicado en el sótano y suben hasta el cuarto piso por un elevador de acceso restringido.

-Aquí es, entremos…hablare con los chicos para que nos envíen tus cosas- se detienen en un apartamento con una puerta negra y doble cerradura

Antes de entrar Rick envía un mensaje de texto a un número que Lisa no pudo observar bien.


Parque Industrial de Ciudad Monumento

En la zona industrial, en una bodega en desuso una camioneta se detiene y un par de hombres bajan de la misma, a primera vista lucen comunes y corrientes, uno alto y con algo de barriga, otro de estatura media pero calvo, ambos aparentan tener más de treinta años. Se acercan a una puerta y tocan brevemente mientras son observados mediante una cámara de seguridad.

El sonido de un seguro electrónico cediendo fue indicio para que ambos hombres lograran ingresar al sitio.

La bodega era el refugio de al menos dos docenas de personas, hombres y mujeres, la mayoría jóvenes, algunos de mayor edad…todos veteranos en este negocio, junto con algunos vehículos, un pequeño centro de coordinación y en un rincón que contenía el arsenal capturado, además de una pequeña mesa de plástico donde una persona los espera

-¿Qué me tienes?- pregunta su jefe de espaldas y sin levantar la vista de la mesa

-Hayes sigue viva…nuestro agente, bueno hubo que ponerlo a dormir- replica uno de ellos

Un hombre joven de cabello negro largo y rasgos asiáticos se levanta inmediatamente de la mesa, clavando los ojos en sus dos agentes.

-¿Cómo paso?- la voz es gélida e intimidatoria

Lisa Hayes había sido un gran dolor de cabeza para él, cuando la noticia de que una de las heroínas de la guerra espacial se había retirado del servicio activo se emborracho de felicidad, una que hubiera sido mayor si cierto piloto de combate se hubiera estrellado poco después. Creyó ingenuamente que con esa mujer fuera de su camino sería mucho más fácil, conseguir que sus aliados y conocidos políticos dentro del GTU y el senado lograran reducir la influencia de la RDF en las políticas de seguridad y el presupuesto gubernamental.

En lugar de eso Hayes abrió una firma de consultorías, acudió a los medios y dicto conferencias en cualquier lugar que la recibiera, sobre la necesidad de reconstruir a la RDF y asimilar de manera integral a los refugiados zentraedis. Lo peor fue cuando obtuvo pruebas que involucraban a P&L en ataques sistemáticos contra miembros de la milicia y grupos de simpatizantes.

Perdió muchos de sus contactos, su reputación quedo severamente manchada y su familia renegó públicamente de él, aún así no se iba a rendir sin luchar. Aún le quedaban contactos que si no compartían su visión sobre el mundo, al menos tenían en común el rencor en contra de la RDF.

-Tuvo ayuda de un par de sujetos…parecían militares o ex militares-

-Mhmmm… ¿de qué unidad?- su jefe aún estaba tratando de digerir el que la mujer siguiera respirando todavía

-No sabemos, solo mencionaron a un tal Rick Hunter- lo último si llamo la atención de sus interrogador…-¿Y qué haces aquí? Te hacia a medio camino a Europa-

-¡¿Hunter regreso?- Lynn Kyle sintió una gran revulsión cuando escucho ese nombre, pero logro disimular su respuesta…llego el momento para saldar un par de deudas pendientes y cobrar algunos favores.

Tomo un teléfono satelital, una útil herramienta cuyos amigos le habían facilitado.

-Soy yo…ella sigue viva…pero tengo algo que se que te gustara…-

Del otro lado de la línea en lo que alguna vez fuera conocido como Camagüey, Cuba un hombre de piel bronceada que descansaba tranquilamente en una bien equipada palapa escuchaba atento lo que su socio le comenta.


Casa de Seguridad, Monumento.

-¿Hay luz en este lugar?- dijo Lisa con voz temblorosa. El volvió a activar la alarma exterior y se acercó a Lisa para rodearle la cintura con el brazo y guiarla a través de la oscuridad. No encendía las luces a propósito. Ya vería el lugar por la mañana. No había necesidad de añadir más impresiones a las que ya había recibido en ese alocado día.

-No es necesaria. Pégate a mí, yo te guiaré- Ella caminó con vacilación, arrastrando los pies.

-¡Espera! Voy a tropezar y...- Rick la toma antes de que tropiece -Será mejor que no la deje entrar al estudio de Summers-

-Tienes que confiar en mí, cielo. ¿Crees que dejaría que te ocurriera algo? Lisa vaciló. Rick supo justo en qué instante se daba cuenta de que si la protegía contra quien la quería asesinar, impediría que se hiciera daño en una habitación a oscuras. Notó que se relajaba.

-No, pero...-

-Nunca- la interrumpió él. No importaba lo que pensara decir. Tenía que aceptar la verdad

Un poco más relajada Lisa decidió ir al baño a refrescarse el rostro. Mientras el agua de la llave le limpia su cara…analiza todo lo que ha pasado en el día, sus sueños y recuerdos de Claudia, su intento de homicidio y el regreso de Rick Hunter a su vida.

No sabe como sentirse con respecto a ese hombre, no cuando se ha mostrado capaz de perforar cada una de sus capas y llegar hasta el mismo centro de su ser…de repente comienza a recordar una de las últimas conversaciones que tuvo con Claudia en persona, antes de ser asignada al satélite fabrica...principalmente una muy vergonzosa que de nada mas recordarla aun se sonroja

Casa de Claudia Grant casi 4 años antes...

-Te he citado aquí porque creo que ya estas lista para ver algo...

-Claudia, No entiendo...

-Tranquila, siéntate y lo entenderás... te he explicado la mayoría de las bases del BDMS y aunque no estoy segura de cuáles son tus límites ni los de Rick creo que es mejor que estés preparada...-

-Claudia no oíste las noticias... las cosas en el Sur se han complicado, no se sabe cuando Rick va a volver, si es que vuelve

-¡Ah no Hayes! el pesimismo me lo dejas del lado de afuera de la puerta... aquí vas a ser positiva, has a pensar que el va a volver y además si no vuelve, no importa, esto se trata de ti Hayes, de lo que tú quieres y necesitas... no de lo que él quiere y te puede dar... así que amiga ¿lista para tu primera Lección?...-

Lisa solo asintió con la cabeza...

-Bien, te voy a poner este video como notaras no se lo he mostrado a nadie, pero creo que lo necesitas ver...

Roy apareció en el video, portaba un pantalón de cuero y una camiseta negra. Estaba descalzo; se veía que era una habitación funcional; suelo de cemento gris y paredes negras. Una mesa acolchada, un banco de azotes que parecía un caballete, una gran cruz de madera y una cama en la que había sábanas de seda negra...

-Demonios ¿Esa es una mazmorra?

-Pues Si, Roy tenía una propia, pero sigue viendo Lisa y aprende

Lisa solo pudo recordar las palabras de Rick cuando dijo que Roy y su padre practicaban esto... Mierda...

Lisa se llevo la mano a la cara y abrió bien los ojos... cuando vio a Claudia en la puerta de la habitación detrás de el... portando su portando su uniforme verde con toda la elegancia que una militar puede mostrar

-Pasa- dijo Roy

Ella entró y dio un respingo cuando él cerró de un portazo... y echó el cerrojo. Claudia le lanzó una mirada gélida.

-No intentes asustarme haciéndote el duro-

Él la inmovilizó con los ojos mientras cruzaba el cuarto hasta detenerse junto a la cruz de madera. Había unas cadenas colgando de unos ganchos en la parte superior e inferior.

-No estoy haciendo nada. Ven aquí-

Ella echó un vistazo al aparato y contuvo un estremecimiento de desconfianza.

-Si somos una pareja, necesito saber lo que va a pasar. Quiero que hablemos de cómo será esto- la mirada de Roy se volvió helada.

-Puede que seamos pareja, pero yo estoy al mando. No te he dado permiso para hablar. Primera advertencia. Ven aquí y haz lo que te he ordenado o comenzaremos nuestro tiempo juntos con una maldita zurra-

-¿Una zurra? ¿Le zurrará en el trasero a Claudia?- Oh Dios!... Ese pensamiento hizo que atravesara una involuntaria oleada de calor a Lisa.

Claudia se acercó a él y se detuvo a menos de medio metro. Roy arqueó una ceja.

-No eres capaz ni de seguir mis instrucciones más simples, ¿cómo pretendes que funcione esta relación? -

Claudia se tomó su tiempo.

-Mírame- Claudia clavó los ojos en los de él de manera retadora...

-No hay nada incorrecto en esto y estoy seguro de que lo sabes. Sé que has estudiado esto en teoría, Pero eso no es suficiente Cielo. Lo importante no es sólo obedecer, sino obedecer de corazón- Ella mantuvo un gesto inexpresivo mientras le miraba fijamente.

-Lo haré mejor la próxima vez.-

-Puede que no tengas una próxima vez. Tienes que probarme que quieres que funcione-

-Dios Claudia como no lo mataste-

-Me provoco pero más pudo la curiosidad y lo que él me hacía sentir... además cállate y sigue viendo-

Claudia le devolvió una mirada inocente.

-¿No querías darme una zurra?-

-Sí, te zurraré hasta que seas una buena sumisa y te lo pienses dos veces antes de dejarte llevar por tu temperamento-

-Vete al infierno- fue la respuesta de Claudia

A Roy le palpitó un músculo en la mejilla.

-Todavía no te he dado permiso para hablar. Por ello, recibirás tres azotes. Por responderme de esa manera, añado dos más. Y por no llamarme Roy, otros tres-

-¿Los locos del control, como tú, no prefieren que se los llamen Señor o Amo?- Roy se rió. No fue un sonido agradable.

-Sí, suele ser así. Pero haré una excepción contigo. Quiero oír mi nombre en tus labios y así tendré la certeza de que sabes perfectamente quiénes el que consigue que llegues al orgasmo-

-No harás eso Roy. Accedí a intentar esto por ti...eso no significa que crea en ello...- La petulante sonrisa de Roy le dio un escalofrió a Lisa desde el otro lado de la pantalla y aparentemente también a Claudia

-Estuviste de acuerdo en estar aquí. Eso quiere decir que te presionaré mucho más allá del límite para que te acostumbres a actos que, ahora mismo, te pueden resultar incómodos. Ya veremos qué dice tu cuerpo cuando esté entre tus piernas con la lengua en tu clítoris. Otra vez-

Lisa se mordió los labios para contener un jadeo. ¿Dios como Roy pudo hablar de esa manera?

-¿Algo que alegar?- preguntó con una ceja arqueada -Bien. ¿Por dónde iba? Ah, sí. Por faltarme el respeto llamándome «loco del control», otros dos azotes más. ¿Cuántos llevamos ya?-

-Diez- respondió Claudia como si le estuviesen sacando un diente. Roy solo sonrió.

-Vas a tener el culo al rojo vivo cuando termine contigo, negrita.- La cara de Claudia era todo un poema...

-Tu temperamento está a punto de jugarte otra mala pasada. Trabajaremos eso también. Pero primero, preséntate- Ella se quedó paralizada cuando entendió el verdadero significado de sus palabras.

-¿Quieres que me desnude?-

-Sí. Y vigila tu tono, o aña diré más azotes. Será mucho más útil que centres la atención en complacer a tu Amo, y no en tu ira, desnúdate por completo, dobla toda la ropa y vuelve a presentarte ante mí. Vacilar te costará diez azotes más.

-¿Claudia pero como aguantaste...?-

-Porque quería Hayes... te juro que la furia estuvo a punto de acabar con mi compostura. ¡Por Dios! Me preguntaba qué había visto en él, además de esos impresionantes ojos azules...- le respondió Claudia mientras le daba un trago a su copa de vino

-Vamos- la apremió Roy -Demuéstrame que estás dispuesta no sólo a mostrar obediencia, sino a aceptar la voluntad de tu Amo sin importar de qué manera quiera tenerte. Y también le tentarás luciendo tu cuerpo. No puedo verlo porque lo tienes cubierto, Clau. Desnúdate-

Se puso en pie y se quitó los zapatos de tacón alto antes de dejarlos a un lado, luego se quitó la pulsera, los pendientes y el collar de plata. Se deshizo de la chaqueta del traje y se desabrochó la blusa, cerrando los ojos para no verle.

-Mírame-

Claudia obedeció con reticencia... Roy permanecía a sólo medio metro escaso, y observaba fijamente cómo ella pasaba la blusa por sus pálidos hombros, revelando el sujetador de encaje. Lisa notó que la mirada de Roy se volvía más caliente, que ensanchaba las fosas nasales, y su propio corazón se aceleró. La seda no ocultó los pezones puntiagudos de Claudia mientras doblaba la blusa. Ella respiró hondo y desabrochó el sujetador, que dejó también en el suelo. Él apretó los puños.

Roy la deseaba. Una rápida mirada a la bragueta de los pantalones demostró lo excitado que estaba. Claudia Volvió a coger el sujetador y lo dobló. Cuando se incorporó de nuevo, respondió a su mirada con un cierto reto insinuante. Notó que él se ponía tenso.

-El resto- gruñó él.

Con el corazón desbocado, abrió la cremallera de la falda verde antes de contonear las caderas para que cayera al suelo. Se inclinó para recogerla, doblándola lentamente alargando el momento en que él vería el diminuto tanga de encaje. Claudia la puso sobre el sujetador conteniendo el aliento. Clavó los ojos en Roy. Él se la comía con la vista; desde la cara ruborizada a los pechos hinchados y el sexo todavía cubierto.

-Por Dios Claudia lo estabas provocando a propósito...- dijo Lisa con su copa en mano

-Por supuesto que te creías... el me presiono yo lo presione a el...o no ves lo apretada que tiene la mandíbula-

-Yo lo que veo apretados son sus pantalones-

-LISA... bueno eso también... Jajaja- En el video Claudia enganchó la tira del tanga con los pulgares. Se bajó el tanga.

-Mierda- Cuando Claudia deslizó aquel diminuto tanga por los muslos, Roy casi se tragó la lengua. Lisa no pudo evitar seguir riendo...

-Eres mala Hayes-

-No más que tu Grant-

Cuando Roy se acercó a Claudia, esta parecía preparada para la batalla. Se la quedó mirando fijamente, Roy deslizó la mirada sobre los enhiestos y oscuros pezones mientras ella colocaba el diminuto tanga sobre la ropa. Luego, siguiendo sus órdenes, Claudia adoptó la posición correcta, de rodillas, con la cabeza baja y las palmas hacia arriba.

-Mucho mejor, Grant. Ahora de pie- Claudia vaciló, la sorpresa parpadeó por un momento en sus delicados rasgos, antes de que se levantara con la mirada baja.

-Dirígete a la cama. Detente a un lado y espérame-

Con los hombros erguidos, atravesó la estancia con decisión, cuando llegó a los pies de la cama, se giró hacia él. Tenía la piel ruborizada y expresión seductora. Era evidente que a Claudia le gustaba saber que él la deseaba.

Roy se acercó a ella, luego se sentó sobre la sábana de seda.

-Acércate-

-¿No tengo que elegir antes una palabra segura?-

-¿Qué te parece "Skull"? Si esa palabra sale de tus labios, nos detenemos, no hay nada que corte mas la inspiración que el trabajo, aunque tal vez esa palabra podría excitar a tu amiga Hayes-

-CLAUDIA… Roy era una mierda-

-Ya Lisa, esa reputación es culpa tuya; así que calla-

Lisa le lanzó una mirada de sorpresa, luego adoptó una expresión neutra.

-Skull, está bien-

-Bien. Tiéndete sobre mi regazo y preséntame tus nalgas para empezar el castigo. Y no quiero que te corras-

-¿Qué dem...?- Claudia se interrumpió y contuvo la irritación.

-Y nada de hablar. Sigue las instrucciones o el castigo será mayor-

Roy la sujetó para indicarle cómo ponerse.

-Cuenta, Clau. No pierdas la cuenta o volveré a empezar-

Roy vaciló cuando levantó la mano. Se preparó y, dándole unas palmadas preparatorias, la golpeó con más fuerza. El repentino azote cayó sobre la nalga derecha con un ruido ensordecedor. Ella gritó y se arqueó. Roy se estremeció.

-Cuenta- dijo con voz ronca.

-Uno- A Claudia le tembló la voz.

-¿Lista para más?-

Ella se puso tensa, como si se preparara para sufrir más dolor.

-Sí-

Cuando Roy levantó la mano otra vez se observó la huella roja de su mano estampada en la nalga, Le dio otro azote en la nalga izquierda. Claudia gritó, arqueando el cuerpo para recibir el golpe. Le clavó las uñas en la pantorrilla como si así le resultara más fácil soportar el dolor o el placer

-No me claves la uñas y cuenta- le ordenó. Claudia puso la espalda rígida y se estremeció, jadeando.

-Dos-

-Eso es acepta tu castigo, siento como ya estas húmeda para mí y solo vamos comenzando… le dijo Roy mientras sobaba suavemente la parte rojiza antes de darle tres golpes consecutivos de forma rápida

-Cuenta

-Tres, cuatro, cinco-

-Me deslizaré en tu interior y volveré a dejarte sin aliento, haciéndote jadear mientras este dulce coño me apresa con fuerza. Una y otra vez. Y, aún así, no me detendré-

Con cada palabra Roy dejaba sin respiración a Claudia... era obvio que le resultaba más difícil coger aire.

-Eso es toma aire princesa que aun falta…- Roy posiciono sus manos en la unión de los dos glúteos masajeando rítmicamente logrando relajar la piel… antes de golpear….Claudia solo jadeo, se notaba que sus pezones estaban en punta y se encontraba sumamente xitada

-¿Cuantos Claudia?

-Seis, siete, ocho…-

-Eso es mi negrita, no te corras… no te he dado permiso para acabar…- Claudia solo jadea más fuerte en respuestas

-Eres tan buena-. Le decía mientras sobaba la carne morena totalmente roja

Claudia jadeó su nombre y se aferró a él con todas sus fuerzas, perdida en las sensaciones.

-Así, así- murmuró él -Estás a punto de correrte por mí, Claudia. Espera mi orden. Voy a hacerte alcanzar el mejor orgasmo que hayas tenido nunca, cariño-

Claudia cerró los ojos repentinamente, aspiró temblorosamente y pronunció aquella palabra esperando no arrepentirse.

-Skull-

Vio que Roy se quedaba paralizado.

-¿Qué has dicho?-

-¡Skull!.

La afligida cara de Roy parecía decir que le había arrancado el corazón del pecho. No podía estar más sorprendido. Él se levantó de golpe y se puso en pie tambaleándose.

-Vístete...- es todo lo que dijo Roy antes de dejar sola a Claudia en la habitación.

Lisa solo veía la pantalla del televisor sin pestañar... se había cortado el video y lo único que se veía era la pantalla en azul... aun así, ella no podía salir de su asombro...

-¿Porque demonios lo detuviste?-

-Tuve miedo…- le respondió Claudia con tranquilidad mientras colocaba su copa en la mesa para volverla a llenar.

-¿Miedo de que?-

-De perder el control, de perderme a mi misma... de entregarme por completo a el... no es fácil entregarte a una persona y saber que después de él, el mundo no sería igual... menos una persona como Roy que no sabes cuándo podría darte la espalda e irse con otra... Tuve miedo de amarlo con locura y volverme adicta a él...-

-Aun así lo hiciste-

-Por supuesto, solo me arrepiento de no haberme entregado a él antes... sabes Lisa algunas personas creen que el BDSM se trata de dominación y control cuando en realidad solo se basa en confianza... confiar ciegamente en otra persona, tanto que pones tu vida y seguridad en sus manos... sintiéndote feliz de complacerle y complacerte a través de él...-

-El día que experimentes esa plenitud Lisa, se que te gustara-

Solo juega con su cadena. Con una sonrisa en su rostro.

-Sera que Rick quiere algo como eso conmigo...- pensaba Lisa hasta que una voz la interrumpe.

-¡Vaya veo que ya te decidiste!-

Lisa voltea rápidamente para encontrarse con Rick, que entro al baño con la camisa desabotonada, y con sus ojos clavados en ella.


Notas y Desvaríos: Seguimos con la buena racha afortunadamente. Ya saben esta el pequeño asunto de las escenas sexuales demasiado gráficas…gracioso porque he leído fics con escenas de violencia demasiado gráficas y esos parecen estar a salvo por los momentos.

Ni hablar, como siempre les agradecemos el tiempo que se toman para leer cada capítulo y los comentarios y opiniones que nos hacen llegar. Gracias y nos estamos viendo.

ATTE.

FER82