Capítulo 1

((DISCLAIMER: Yo no soy la propietaria de los personajes que todos conocemos ni del pasado de la saga "Cazadores Oscuros", su autora es Sherrilyn Kenyon, del resto... bueno, espero que no os moleste que haya OCs, y si no os gusta... pues os recomiendo no seguir leyendo, prefiero no tener líos por estas cosas así que... disclaimer hecho y fans avisados. Dicho esto, espero que os guste y lo leáis.

Ya espero vuestros comentarios de qué os parece, de momento tengo hechos 16 capítulos y creciendo. XD.

Saludos...))

Atenas, 15 de Mayo, 9529 aC.

"¿Seguro que no quieres más?" Me preguntó un hombre sonriéndome y mostrándome un collar de las mejores perlas importadas desde el lejano Egipto.

"No, akribos." Negué suavemente.

La vida no había sido justa para mí, llevaba años siendo lo que era ahora, obligada a llevar ropas rojas cuando salía, por suerte, si era con algún 'akribos', se me permitía llevar la ropa que a él más le placiese para evitar afrentarlo en público, sin embargo, los aros de oro que llevaba en cuello, muñecas, tobillos y pendientes me marcaban gritando lo que era.

La lengua me dolía a veces, pero los de mi tipo no podíamos quejarnos.

La mujer que regenta el sitio donde vivo y trabajo es una buena mujer, al menos es compasiva. Cuida de nosotros y no permite que nos pongamos malos, al menos los que tenemos el honor de ser elegidos por gente importante que paga bien nuestros servicios, y yo tengo esa suerte.

Llevo en esto casi 10 años, desde que mi pobre madre murió y mi madrastra me vendió en un descuido de mi padre, al principio pensé que mi padre me buscaría, pero nunca vino.

Los días se convirtieron en semanas y estas en meses, y cuando tuve los 13 años y mis formas de mujer comenzaron a verse más fácilmente, el ama pensó que ya era momento de que le diese beneficios. Por suerte la detuvieron al año de mi primera noche con 'akribos', uno o dos fijos, varios que cambiaban de vez en cuando.

Ahora he aprendido a no quejarme, nunca expresar cansancio o disconformidad, a acceder a todo lo que un 'akribos' me pida… ahora con la nueva ama con la que llevo casi 3 años no tengo ese problema. No debo acceder a nada que dañe mi integridad o que no quiera hacer, por desgracia mi entrenamiento me permite hacer todo lo que me pidan, incluso si me duele.

El ama es compasiva, no tengo por qué recibir ese tipo de 'akribos' una semana al mes, esa semana solo trabajo como compañía o distrayendo a algunas personas, pero luego acaba esa semana y vuelvo a comenzar con el trabajo usual.

"¿Y qué me dices de estos?" Me pregunta Diacles poniéndome un aro de marfil en una oreja del cual pende una piedra azul que solo he visto en dibujos. "Hace juego con tus ojos."

"Eres muy amable, akribos." Le digo mirando semejante obra de arte antes de separarla de mí con gentileza para ponérsela en la mano de nuevo. "Pero es muy caro, no lo merezco."´

"No digas eso." Me dice sonriendo. "Eres una gran chica, una buena mujer. Nunca me quieres aceptar nada de lo que te regalo."

"Mis disculpas, akribos." Le digo. "No pretendía ofenderte."

"No lo haces, querida." Me dice sonriendo y besandome la mano.

De todos los akribos que recibo habitualmente, Diacles es de mis favoritos, nunca me obliga a nada, solo plantea sus deseos como simples sugerencias, yo soy quien lo hago realidad. Es gentil y dócil y me trata con cuidado, envidio a su mujer. Él viene a mí porque ella está enferma y ahora que está mejor, sigue viniendo porque dice que soy especial.

Sin embargo, hay alguien que le gana en mi escala de favoritos, y es Aquiles. Aquiles es un gran hombre, la primera vez que le recibí fue en la casa de mi akra. Él estaba allí y su hermano mayor pidió algo de mercancía nueva. El resto decían que era genial estar con él, un fracaso en nuestro trabajo pero bueno para nosotras, y de entre todas, a quien escogió fue a mí. Bastó una mirada para darme cuenta que parecía como todos pero no lo era.

"Ah, ya sé." Dijo Diacles sonriéndome. "¿Qué te parece si vamos a las afueras? Hace mucho que no salgo de la urbe. ¿Crées que te dejará tu señora?"

"Si eres tú quien se lo pide no creo que el akra tenga problemas en complacer tus deseos." Le dije.

Volvimos a la posada, pero como siempre, mi lista tenía alguna reserva.

"Está bien." Cedió cuando le ofreció el pago por el día completo. "Pero solo hasta el anochecer. Esta noche tiene que hacer un servicio especial."

"Está bien." Afirmó Diacles. "La tendréis de vuelta para esa hora."

Después de eso, me hace subir en su carroaje y noto el bamboleo bajo nosotros, no suelo montar en ese tipo de trasporte, y Diacles es muy listo. Con cuidado me hace acercar a él con el brazo, esta vez no parece tener ningún tipo de intención oculta, y de entre todos los akribos, él y Aquiles son los únicos que me hacen sentir esa sensación de vez en cuando.

"¿Has estado alguna vez fuera de la ciudad?" Me pregunta suavemente dejando de mirar fuera para mirarme a mí que sacudo la cabeza.

"Mi akra me llevó un día de descanso con ella para que la ayudara con unas ropas que había que lavar, pero nunca he estado tan lejos de la ciudad." Afirmo suavemente.

"Me gusta ser tu maestro." Afirma sonriéndome y acercándome como pidiendo un beso que no dudo en darle.

Diacles nunca pide nada, al menos casi nunca, y cuando lo pide no es demandante sino casi con necesidad, por eso me gusta sobre otros. Él sabe hacerme sentir lo que se supone que se llama cariño, y también lo que el resto, solo que solo él sabe cómo hacer a mis entrañas ronronear y un escalofrío placentero extenderse por todo mi ser cuando nos acostamos juntos.

"Mira, hemos llegado." Afirma ayudándome a bajar del coche.

Es curioso, pero cuando nos alejamos un poco del camino puedo oír ruidos de que no somos los únicos allí, yo no soy la única de mi oficio allí.

"Vaya... deberíamos haber ido por otro sitio." Dijo. "Siento que tengas que oir esto."

"A mí no me importa." Niego. "Pero me disgusta si al akribos le molesta."

"Por favor, no me llames así." Me dijo. "Me hace sentir sucio. Por favor, llámame por mi nombre."

"Está prohibido que mi lengua manche tu nombre, akribos." Le dije.

Él sonríe tristemente, siempre que le recuerdo mi sitio, él se siente así de triste. Así que me pongo de rodillas ante él e imploro clemencia, pero eso solo sirve para hacerle más daño.

"Por favor, conmigo sé símplemente tú." Me pide haciéndome levantar. "Eres una mujer demasiado buena para estar en este negocio. Eres lista, tienes muchos encantos... No entiendo por qué te dedicas a esto."

Siempre es así, mis dos akribos favoritos son siempre así de buenos conmigo.

Tal como prometió, Diacles me lleva de vuelta a la posada antes del anochecer, y cuando llego, mi akra me pide que me asee en la tina de agua caliente que ha dispuesto para mí. Es una clienta quien me baña, a veces tengo que recibir clientas, solo que esta vez es un servicio especial y tengo que dejar que me bañe. Me unta con aceites aromáticos, me hace oler a algo que no soy, luego me mira por todos lados y me pide que pose antes de sonreír y acariciarme un poco antes de vestirme como algo que no soy. Cuando me miro en el espejo, parezco realmente una noble, una mujer griega y libre.

Se llama Safo, dice que es poetisa y le gusta la belleza, pero en sus ojos puedo ver la misma mirada que la mayoría de akribos me dedican cuando estoy con ellos.

Lame con cuidado las gotas de sangre que salen de mis orejas recién perforadas para ponerle unos aros más anchos que los que a veces algunos akribos me hacen ponerme.

Safo me trata bien, pero es un servicio corto, luego me saca de la mano y me devuelve a mi akra que sonríe al verme.

Yo había pensado que Safo me tendría más tiempo, pero parece ser que el 'servicio especial' no era para ella sino para otro cliente, han pagado toda la noche.

Me preparo para lo peor, pero cuando llegan a por mí, sonrío al ver a Aquiles.

(Salto espacio temporal)

"¿Estás bien?" Me pregunta Aquiles cuando noto escalofríos al ver dónde tengo que acompañarlo esa noche.

"Lo siento, akribos." Le digo suavemente. "No volverá a pasar."

"El príncipe te ha asombrado ¿eh?" Me pregunta sonriéndome y susurrando.

"Tal vez deberíamos volver." Afirmo suavemente. "En tu casa o la posada podríamos..."

"¿Es por las mujeres?" Me pregunta leyendome la mente. "No te preocupes, esas viejas urracas no te harán nada. Solo te tienen envidia porque tú eres mucho más bella que ellas."

Sonrío ante su comentario.

"Mi akribos no debería decir eso." Le susurro suavemente.

"Es la verdad." Afirmó sonriéndome. "Ven, te presentaré a algunos amigos."

Los amigos del akribos Aquiles no son buenos conmigo, sonríen y me preguntan cosas que no preguntarían a las damas, pero yo no soy una, así que la ley no pide condena por hablarle así a alguien como yo.

Sin embargo, Aquiles consigue que nos escapemos enseguida y me presenta a otros amigos suyos, estos son mejores, me tratan como a una persona y me siento mejor al momento. Estos amigos del akribos Aquiles son como él, así que sonrío al ver cómo hay amor en ese círculo.

"¿Se puede saber qué hacéis?" Nos susurró suavemente su hermano cuando nos vio a todos juntos. "No te pagamos para que cotorrées como una..."

"Mis disculpas." Le dije.

"No te disculpes." Le dijo Aquiles. "Soy yo el que ha pagado, así que harás lo que quiera, y mi hermano no tiene nada que decir en esto."

"Deberíais estar con nosotros, en vez de con estos..." Dijo.

"Eh, no te metas con nosotros." Le dijo uno de los amigos.

Solo hizo falta un amago de violencia para que los amigos se echasen atrás y el hermano de akribos se nos llevase hasta un rincón donde estaba el grupo de amigos 'normales' de la familia de akribos.

Allí no me sentía cómoda, sus amigos me menospreciaban por ser lo que era, a mí y al akribos Aquiles.

"¿No deberías estar demostrando a mi hermano lo que las mujeres podéis llegar a saber hacer?" Me dijo su hermano con ironía.

"Kyros, vale ya." Le dijo Aquiles molesto. "Yo le he hecho venir para acompañarme."

"Vas mucho a verla, pero sigues con los mismos amigos poco recomendables." Le dijo su hermano para cogerme de la muñeca y pegarme a él. "Si tú quieres tirar el dinero de padre me parece muy bien, pero yo no." Afirmó metiéndome mi mano bajo sus ropas hasta su miembro y mordisqueándome el cuello.

Fue algo súbito, en un segundo estaba notándome las entrañas retorciéndose con resignación ante lo que tendría que hacer y al siguiente estaba derribada sobre unos cojines ante el tirón que me dió Aquiles para separarme de su hermano

"Kyros, no te consiento que la trates así." Le dice.

Nunca he visto al akribos Aquiles así de furioso, parece realmente el hombre que se espera de él, sigue rugiendo sin levantar la voz a su hermano mayor y haciendo que el grupo de cerdos malcriados que llaman sus amigos de la familia le animen tras un momento de perplejidad al ver cómo reaccionó. Pero entonces se hace el silencio.

"¿Qué son esas voces?" Dice una voz melódica pero fría. "¿Cómo osáis entorpecer esta celebración con vuestras peleas?"

"Mi señor." Dicen todos.

De pronto noto cómo su mirada se clava en mi.

"Oh, ya entiendo." Afirma. "Es por esta... señorita."

Entonces el hermano del akribos Aquiles hace algo que me duele mucho más que si hubiese clavado un arma en mi pecho.

"No es una dama, es una tsoulus con la que mi hermano suele comportarse como un hombre."

Eso me roba el color, es mucho peor que si me hubiesen torturado y clavado algo por el cuerpo, y su hermano está a punto de cogerle del cuello para estrangularlo de no haber sido por la presencia del mismísimo príncipe Stixx.

"No pierdas de vista a tu puta." Le dice entonces al amo Aquiles tras dedicarme una mirada extraña donde puedo ver deseo mezclado con desprecio.

El resto de la noche, el amo Aquiles casi no me suelta del brazo, me hace acompañarlo a todos sitios y encarga a sus amigos que me echen un ojo para protegerme de su hermano y cualquier otro hombre que quiera tocarme.

Sin embargo, no funciona, sus amigos no son precisamente fuertes, y en un momento de la noche, me separan a la fuerza de la vista del amo y dejan sin sentido a los dos amigos del amo que intentan evitar que se me lleven.