Capítulo 2

Atenas, 22 de Mayo, 9529 aC.

Ya han pasado 7 días, Cetara no preguntó nada, sabe qué pasó sin necesidad de que diga nada, por qué volví a la posada en tan lamentable estado. Aquiles ha venido varias veces a verme, pero yo pedí no ver a nadie.

Ahora es de día, la mayoría de la gente que trabajamos allí estamos dormidos, así que si quiero salir sin encontrarme a nadie debería moverme ya.

Me pongo de pie y me muevo. No es que vaya a ir muy lejos, solo pretendo comer algo, akra Cetara me dijo que podía comer algo si quería, cuando quisiera, solo tenía que bajar y hacerme yo misma lo que quisiera comer con lo que hubiera en la fresquera.

Mis pasos son cortos y livianos, las tablas no crujen bajo mis pies así que no alerto a nadie, sin embargo, cuando llego a un pasillo cercano a la cocina oigo un ruido en un cuarto que tiene la puerta vuelta.

Mi primer impulso es alejarme, no debemos ser curiosas, pero parece que quien sea que hay dentro sufre, así que me armo de valor e impulso la puerta con suavidad con mi muleta.

La sala está en penumbra, oscuridad casi completa de no ser por los rayos de sol que se filtran por las rendijas en la estera que cubre las ventanas para impedir que entre luz mientras dormimos por el día.

En la cama hay alguien, sufre.

Debería irme, pero algo dentro de mí me dice que vaya y pregunte cómo está, porque si está allí a esas horas y solo, significa que es uno de nosotros. Sin embargo, cuando estoy cerca, se mueve en un espasmo y le da un golpe a mi muleta lo que me hace caerme sobre él.

"Qué daño..." Gimo con dolor frotándome las heridas.

"¿Quién eres?" Me pregunta una voz preciosa.

No puedo decir nada, me duele demasiado la caída porque me he caído justo en el lugar donde me golpeó el príncipe.

Entonces noto alivio y veo la viva imagen de mis pesadillas sujetándo un recipiente de metal lleno de agua fría contra mi golpe, entonces grito, pero el grito se queda congelado en mi garganta cuando veo que en vez de los ojos azules unos argénticos.

"¿Mejor ahora?" Me pregunta.

Suavemente asiento tiritando.

"Tú debes ser la chica que apalearon." Me dijo.

"¿Eres un demonio que viene a atormentarme?" Me atrevo a preguntar.

"¿Qué delirio es ese?" Me dice poniéndose a la defensiva.

"Eres igual que el príncipe Stixx, pero... tus ojos son diferentes." Afirmo suavemente. "¿Has venido a rematarme?"

Es entonces cuando tiembla con violencia apretando los puños y deformando el recipiente hasta derramar algo de agua mojándome a mí con la cama.

"Así que fue él..." Murmura mordiendo las palabras antes de darse cuenta del estropicio y volver a su calma. "Lo siento."

"¿Quién eres?" Murmuro.

"Me llamo Aqueron." Afirma. "También trabajo aquí."

Aqueron, he oído hablar de él, entonces me muevo y a pesar del dolor me inclino abochornada, él es uno de los ases de la taberna, es gracias a él en parte que todos y todas tenemos comida y comodidades en abundancia.

"¿Qué haces?" Me pregunta.

"Lamento no haberte reconocido, nunca te había visto." Afirmo. "Mis disculpas por haber molestado tu sueño."

"¿Por qué has entrado?" Me dijo molesto.

"Iba hacia la cocina, oí gemir dentro." Afirmé suavemente. "Era como si... pensé que sufrías, solo me acerqué para comprobar que estuvieses bien."

"¿Por qué?" Me dijo.

"No lo sé." Niego incorporándome tras coger la muleta con las que poder sujetarme y caminar un poco con dolor para irme. "Pero pensé que si yo sufriese me gustaría que alguien se acercarse a ayudarme."

Es entonces cuando mete un tirón a mi muleta y vuelve a derribarme, solo que esta vez, caigo con suavidad porque él me sujeta.

"Espera, no te muevas." Me dice. "Te traeré algo que te alivie."

"No necesito que..." Murmuré.

"Tú querías ayudarme, pero creo que tú necesitas más ayuda que yo." Me dice sonriendo antes de desaparecer por la puerta.

Es extraño, no estoy acostumbrada a que los hombres me traten con condenscendencia, pero entonces oigo jaleo abajo y cuando estoy a punto de volver a levantarme para irme, él vuelve con una tela.

"Hay gente abajo." Me dice serio. "Cetara me ha dicho que te encuentre y no te deje salir a la vista, creo que te buscan por lo del asesinato."

"¿Asesinato?" Pregunto. "¿A quién han...?"

"No es ninguno de nosotros." Me dice. "Le he visto antes, es un hombre que estaba herido."

"¿Aquiles?" Le pregunto antes de describírselo y que asienta.

No puedo soportarlo, me siento fatal y estoy a punto de vomitar. Rompo a llorar y no puedo pasar, y ese hombre me abraza y me coge en brazos para llevarme a su baño.

Se deshace de nuestras ropas sin miramientos y me mete en el agua para sujetarme sobre su regazo poniéndome de espaldas a la puerta para quitarme las vendas de la frente y ponerme un trapo recogiendo mi pelo como si fuese una de sus clientas, intento soltarme, pero él me sujeta con más fuerza.

Estoy a punto de gritar pero él me tapa la boca.

"No digas nada." Me susurra. "Vendrán aquí también."

No se equivoca, los guardias suben también, les oímos rebuscar en la habitación antes de que él me pusiese jabón por la cara salvo los ojos y pegándome pétalos de rosa antes de que me besase mientras se abría la puerta y entraba alguien.

"Perdón, nos hemos confundido." Afirman.

Entonces oigo un carraspeo.

"Perdón, buscamos a una mujer." Dijo uno.

"Esta es la embajadora de Moesias." Dijo haciéndome girar con solo la cara fuera del agua lo que me hizo agachar. "Como es lógico el embajador se haya fuera y no sabe que está aquí, por eso acude de madrugada."

"Mis disculpas, señora." Afirman antes de salir.

Eso hace que él respire hondo como si se sintiese aliviado, pero yo me siento fatal y quisiera que me tragase la tierra que forma parte de Gea.

"No te preocupes, no te han reconocido." Afirma.

"He… fingido que soy…" Murmuré.

"Piensa en ello como un favor que el embajador te ha hecho." Me dijo. "Le conozco, le has hecho tú a él un favor. Siempre que viene requiere mis servicios, no sé si me entiendes."

"Sí." Asentí dándome cuenta de a qué se refería con eso.

Al pobre Aquiles yo le había hecho parecer normal, el problema era que él era el normal para mí, él si era un hombre y no otros clientes que me obligaban a hacer cosas que no quería.

Creo que lloré la pérdida más que lo que probablemente le lloraran en su casa. Durante estos años que hacía que nos conocíamos, había conseguido engañar a su familia, su padre estaba orgulloso de su hijo que muchos días corría a la posada donde todos los hombres sabían que había hermosas mujeres dispuestas a vender las cosas que sus propias mujeres no serían capaces siquiera de pensar.

Cetara fue demasiado amable conmigo, me dejó acabar de sanar mis heridas e incluso más, se encargó de que el hermano ni la familia de Aquiles no entrasen nunca más en la posada, y me dejó que pudiera descansar aunque no estuviera en mis días malos, pero alguien de mi profesión que no trabaje, es alguien de mi profesión que pronto es olvidado, yo lo sabía y ella también.

Pasó apenas medio mes hasta que decidí coger el primer cliente, y ese fue el akri Damageon, él conocía a Aquiles y no insistió demasiado en verme cuando le dijeron que estaba de baja, pero yo estaba cerca y negué con la cabeza. Afirmé que no me importaba y tras darme un baño con él, comencé a actuar como si estuviese contenta, pero por muy buena que seas, no es tan sencillo falsear que estás feliz cuando en realidad por dentro estás destrozada.

Por suerte él quedó satisfecho cuando salió de mi habitación y pude borrar la sonrisa y quedarme tumbada hasta que llegó Cetara.

"Agnesus está abajo." Me dijo.

"Enseguida me arreglo y bajo." Afirmé moviéndome para incorporarme.

"No tienes por qué trabajar hoy." Me dijo. "Puedes quedarte unos días más en…"

"No, no. Estoy bien." Afirmé peinándome un poco para adecentarme antes de mojar un trapo en agua y pasármelo por el cuerpo desnudo para eliminar rastros del anterior akribos y coger unas gotas del perfume que me había regalado este para ponérmelo en orejas, cuello y muñecas, como a él le gustaba. "Enseguida estaré lista."

Apenas me pongo una toga limpia y me aplico un poco de hollín a los ojos para oscurecerlos un tono en el párpado superior y aplicarme un poco de tinte rojo comestible a los labios que se me ha ido con el anterior un poco.

La imagen que me devuelve el espejo es la de una chica preciosa, pero yo me doy cuenta que es solo fachada y me doy la vuelta.

"Ya estoy lista." Afirmo. "Puedo recibir a tantos como haga falta."

"Como quieras." Me dice Cetara suavemente. "Haré subir a Agnesus."

Agnesus es un alto cargo del senado, es relativamente joven para su cargo, pero hace solo un mes que lo recibió.

Cuando me ve lo primero que hace es elogiar mi aspecto, dentro de lo que cabe es un buen akri, me trata con cuidado, pero por desgracia demasiado a menudo le gusto más sin ropa que con ella.

(Salto espacio temporal)

Atenas, 15 de Junio, 9529 aC.

Los días pasan, y finalmente, llega el día que tengo para descansar, ese día no salgo en todo el día de mi habitación. Primero me baño y luego me voy a acostar, anoche fue larga y esa noche tomaría algo para poder dormir sin pensar siquiera en lo que había hecho ese día, ni el anterior…

Sin embargo, esta noche es diferente.

"¿Eso es polvo de Xechnobia?" Me dice una voz de hombre tras de mí.

"Lo siento, no sabía que tenía otro servicio antes de dormir." Afirmé girándome suavemente.

"Sí, entiendo que te equivoques, yo también lo hago." Afirma el príncipe Stixx.

No, él no es el príncipe, sus ojos son color plata líquida.

"Te cojo un poco." Me dice para cogerme.

"¡Oye!"

"Otro día pásate por mi cuarto y doy yo un poco." Me dijo. "Se me ha acabado la mía."

"¿Tan pronto?" Murmuré aspirando el humo dulzón que despedían las hierbas.

"Tenemos un trabajo muy duro." Me dijo. "Por cierto, había oído que estabas de baja. ¿No aguantas este trabajo?"

"Sí, lo hago." Afirmé. "Pero no deja de ser duro."

"Sí, no puedo negarlo." Afirmó.

"Creo que necesito descanso." Afirmé suavemente sentándome en la cama tras encender las hierbas.

"Si no te importa, me quedaré aquí, compartiendo Xechnobia." Me dijo.

No dije nada, símplemente me deshice de mi ropa y me acosté tras bajar las persianas hasta dejar solo la penumbra relativa por las esteras para impedir su paso. Cerré los ojos y aspiré profundamente.

No me gustaba aquello, pero desde hacía demasiado era lo único que conocía.

En aquel mundo, la mayoría llegaban allí movidos por necesidad, era la forma más sencilla de conseguir dinero y oro, pero en caso de algunos pocos, uno o dos de cada cien, no estábamos allí por gusto, nos habían empujado a ello, en mi caso, supongo que como el de algunos otros, me habían vendido.

Para cuando me dormí, aquel hombre seguía allí; como cada vez que tomaba esa droga, dormí sin sueños, conseguí descansar, pero cuando desperté, como cada tarde, el sueño cesaba y volvía de golpe a la realidad.

Me duché y me puse mi mejor peplo para prepararme para la noche, y cuando estuve lista, mi reflejo me mostró mi máscara para la noche, la misma de cada noche, la máscara de amante que me ponía noche tras noche y día tras día cada vez que alguien pagaba por ser mi akri durante unas horas.

Y esa noche no fue diferente. Había algo en mí que hacía que los hombres quisieran poseerme, solo conocía a otra persona con ese don, y era Aqueron, en el momento que apareció, atrajo la atención de todo el mundo aunque tuviera la agenda llena para al menos semanas si no meses, era como yo.

"Hoy estás un poco ida, querida." Me dijo el akri Kiros haciéndome una caricia.

"Lo siento, akri." Le dije. "¿Te he ofendido?"

"No, pero estás un poco pálida." Me dijo.

"Lo siento mucho." Afirmé.

"¿Quieres que vayamos a otro sitio menos… concurrido?" Me dijo.

Al final siempre era igual, ante cualquier cosa sugerían irnos de allí a donde no pudieran vernos, y todos sabíamos cómo acababa aquello.

Las noches son eternas para mí, hace tiempo que dejé de tener esperanzas, los días son dolorosos, mi trabajo es nocturno, pero a veces, bastantes veces, salgo de día con algún akri que me necesita para acompañarle en alguna fiesta a la luz del sol.

Desde que el akribos Aquiles murió no he dejado de pensar en él, en cómo fue el único que me trató bien, en cómo le enfureció lo que hizo el príncipe Stixx... y ahora ha muerto por mi culpa.

(Salto espacio temporal)

Atenas, Diciembre, 9529 aC.

La vida pasa ante mis ojos, pero nada me satisface ya. Actúo por instintos, hago el trabajo que se espera de mí, cada vez que me levanto de la cama para afrontar un nuevo día, me pongo la máscara que se exige de mí para poder vender, para poder venderme y sigo adelante.

Si antes tenía algo de consuelo en ver al joven que parece gemelo del príncipe pero que es exactamente lo opuesto a él salvo por ironía, ahora ya no lo tengo, hace tiempo que se lo llevaron la guardia de palacio y no hemos vuelto a saber de él. Oí por Ceatara que su hermana vino a verle y a traerle un presente, pero ya era tarde.

Cada día pido a los dioses que sean misericordiosos con él, que no le hagan caer más bajo de lo que ya estamos, pero no sé si será cierto.

Por fin, llega el gran momento. La princesa Ryssa será entregada al dios Apolo para intentar que nos devuelva su favor sobre los Apolitas, y yo estaré allí para verlo en primera fila o casi. El akri Diacles va a llevarme con él, quiere que alguien bello lo acompañe, así que se me permitirá vestir un peplo blanco y llevar el rojo solo sobre un hombro, casi como un accesorio.

Esta vez, el akri Diacles ha conseguido que nos lleven en un carro. Su mujer vuelve a estar mal, intentó concebir y ahora está en cama. Creo que ella ya sabe que Diacles acude a mí, y por eso me da más pena lo que hago.

"Akri." Le digo mientras vamos en el carro ocultos por velos a la vista del resto. "¿Se me permite hablar sinceramente?"

"Claro." Me dijo. "Sabes que conmigo no tienes que pedir permiso para expresar tu opinión."

Agacho la cabeza, es tan bueno que me dolerá.

"Creo que no deberías volver a buscarme." Murmuro.

"¿Cómo?" Me dice confuso.

"Eres uno de mis akris favoritos." Afirmo aún con la cabeza agachada. "Pero no me siento bien."

"Por favor, dímelo pero mirándome a los ojos." Me dice cogiéndome suavemente de la barbilla para hacerme levantar la cara y mirarle. "¿No quieres el dinero que pago por tí?. ¿Es eso?. ¿Te has cansado de mí?"

"No, yo nunca me cansaría del akri Diacles." Niego asustada y nerviosa. "Es que... tu esposa es muy buena, tú eres muy bueno conmigo. Me siento como algo que mancha vuestra felicidad. Si yo fuese tu esposa... a mí no me gustaría que otra ocupara mi cama."

Eso le hizo sonreír tristemente y me besó la mano como si fuera una dama en lugar de... yo.

"No sabes lo que me complace oirte decir eso." Afirma frotándome la mano con los ojos brillantes de lágrimas. "Pero mi mujer es la que me pidió que viniera hoy contigo, aquí. Le he hablado de tí, sabe lo que pasó, lloró por tí. Aunque no la conozcas, ella también te quiere, te tiene mucho aprecio y comparte mi deseo de ayudarte en lo que podamos."

Eso me conmovió, pero al momento me di cuenta que era imposible, una mujer nunca querría compartir a su marido.

"Se me ha ocurrido algo." Me dijo. "Cuando acabemos de ver la ceremonia, podríamos ir a comer a casa." Afirmó sonriendo. "Tengo el honor de tener en mi casa a unos enviados de tierras extranjeras. Mi mujer estará allí, tal vez quieras hacerle compañía un poco y así comprobarás que ella también te aprecia."

"Como deseéis, akribos." Afirmé, al fin y al cabo disponía de mí hasta el anochecer que tenía otro cliente.

(Salto espacio temporal)

"Y esta es mi esposa, Agripina." Me dijo Diacles sonriéndome y mostrándome a una mujer que estaba en cama y cuyo vientre se mostraba un poco abultado ya con la vida que llevaba dentro. "Agripina, te presento a la chica de la que tanto te he hablado."

Agacho mi cabeza cohibida en un gesto de sumisión mientras la mujer me sonríe ampliamente iluminando aún más su ya de por sí bello rostro.

No puedo entenderlo, ella es bella, incluso a su edad en que la cara comienza a presentar alguna marca de la edad, estas no pueden eclipsar lo más mínimo su belleza y me hace pensar que en su juventud fue bellísima.

"Tenía tantas ganas de conocerte..." Me dijo estirando sus manos para pedirme que me acercara.

Me acerco con miedo y me preparo para recibir los golpes por ser joven y haber tenido a su marido en mi cama tantas veces, pero en lugar de eso, su mano se torna cálida al darme una caricia en la cara.

"Por Hera, madre de todos los dioses." Dice. "Pequeña... no tengas miedo. No seas tímida, estás en casa."

"Gracias, akra." Le digo decidida a mostrarle respeto. "Es... no sé si debería estar aquí soy..."

"Eres la mujer a la que debo la felicidad en mi hogar." Afirma sonriéndome. "Te debo tanto... tú eres quien mi marido no para de elogiar sus virtudes, tú eres quien ayuda y cuida de mi marido mientras yo no podía."

"El akra Agripina es demasiado buena conmigo." Afirmo cohibida y agachando la cara por respeto.

Esa mujer es pureza pura. Ella no tiene ninguan tacha, no tiene siquiera ni una mancha, es la mujer perfecta y seguramente será una madre perfecta.

El akri Diacles le ablanda las almohadas desde el otro lado y ella se lo agradece sonriendo. Yo tengo celos de esa mujer, ella tiene todo lo que una mujer podría pedir, envidio su felicidad, y al momento me siento sucia por envidiar a alguien tan puro.

Me siento mal, me siento una pecadora, nunca antes me había sentido tan sucia y rastrera.

"Oh... creo que la he hecho daño." Dijo la mujer. "Querido, por favor, es... lo siento mucho, muchacha." Me dice cogiéndome las manos.

"Yo... lamento mucho que... me iré de..." Dije.

"No, por favor." Me dice. "Por favor, quédate." Afirma sujetándome las manos con firmeza que no fuerza, aferrándose a mis manos como si yo fuese una igual, una amiga y no quisiera que me fuera. "Por favor, lamento haber dicho algo que te importunase."

Sacudo la cabeza con tanta fuerza que siento que me romperé el cuello y esta saldrá volando.

"Querida, ya te dije que era demasiado humilde." Le dice el akri Diacles sonriéndole y haciéndonos una caricia doble. "A menudo afirma que soy demasiado bueno con ella, que no lo merece. Apostaría a que teme causar algún problema."

"No es ningún problema." Dijo la mujer atónita. "Oh, vaya, yo quería pedirle que fuésemos amigas."

Es tan bueno que no puedo creérmelo y me pellizco un muslo sobre el peplo, por desgracia no puedo reprimir el quejido al hacerme daño demostrando que no es un sueño y me echo a llorar. Entonces noto un par de brazos rodeándome y veo al akra Agripina abrazándome como si fuese una hija.

"Lo siento tanto." Me dice llorando también. "Has tenido que sufrir mucho."

Eso hace que no pueda siquiera articular una palabra para negar su afirmación, lloro aún más y al final acabamos quedándonos sin lágrimas mientras el akri nos da unos lienzos a cada una para que podamos sorbernos los mocos que según él estropean nuestros rostros y nos sequemos las lágrimas.

(Salto espacio temporal)

"¿Estás bien?" Me dijo el akra Agripina mientras la acompañaba por sus pasillos. "Ven, camina junto a mí."

"Lo siento, Akra." Le dije manteniendo mi cabeza agachada. "Alguien de mi estatus no puede caminar al lado de un akra decente."

"Por favor, y no me llames Akra, no soy el akra de nadie." Me dijo cogiéndome del brazo antes de que pueda negarme. "En realidad yo nací en el campo. Mi familia era alguien en otras tierras, pero tuvimos que escapar estando mi madre embarazada de mí, así que yo nací en una humilde casa de campo. Diacles, fue muy amable conmigo. A menudo solía venir a verme después de que un día caminando hacia la capital, su caballo tropezara y les tirara a ambos. Nunca esperé que en ningún momento pudiera venir a pedirme a mi padre." Afirmó sorprendiéndome de su confesión y sonriéndome. "Pero así fue, Diacles vino un día y le pidió a mi padre que consintiera que nos casásemos, estaba dispuesto a dejar su puesto aquí y venir al campo con nosotros si eso implicaba poder estar conmigo. Pero mi padre se dio cuenta que era exactamente lo que pretendía cuando hizo traer a la finca vecina sus maletas. Le dijo: 'Diacles, ya puedes llevarte ese baúl de nuevo a la capital. Y llévate a mi hija contigo, solo te pido acambio que la hagas muy feliz y nunca la hagas llorar.' Y creo que ha cumplido su promesa. Nunca me ha faltado de nada, soy muy feliz y nunca me ha hecho llorar realmente."

Sonrío, el akri Diacles siempre es amable con todo el mundo, es amable con su esposa y lo es conmigo.

"¿Y tú?" Me dice. "¿Cómo le conociste?"

La miro con confusión.

"Yo... no quisiera ofender al akra." Le digo.

"Oh, por favor, no me ofendes." Afirma sonriendo. "¿Fue en la calle?"

"No, en la posada donde trabajo." Afirmé. "Yo... esa noche tenía exhención. Solo... solo trabajaba sirviendo mesas."

Me da vergüenza hablar de cosas de mi trabajo con alguien respetable como ella, pero ella solo sonríe.

"El akri Diacles estaba sentado en una mesa con un cliente fijo, hablaban de mis compañeras que trabajaban esa noche." Afirmé. "Entonces fui a tomarles comanda y pidieron 2 jarras de vino. Oí lo que dijeron cuando me fui para preparar su pedido."

"¿Dijeron algo malo?"

"Ya lo creo." Asentí. "El otro hombre habló de mi trabajo, dijo... cosas muy feas sobre mí, relacionadas con mi oficio y... pero el akri Diacles me defendió, le dijo que no debía hablar así de nadie, y entonces el otro hombre dijo que solo era una... puta. Y el akri Diacles se ofendió y dijo que no debía hablar así de alguien como yo. Le vi levantarse e irse mientras llevaba el pedido a su mesa, me preocupó haberle ofendido, así que cuando al día siguiente regresó intenté disculparme con él, me arrodillé incluso, pero me cogió de la mano y me hizo levantar. Me dijo que no se había marchado por mí, que había salido porque no podía aguantar a su amigo hablando así de nosotras, que su opinión no era para nada como la suya."

No podía seguir contándole a esa mujer, le haría daño.

"Sigue, por favor." Me pide.

"No debería." Afirmo. "No quiero ofender al akra."

"Agripina, llámame Agripina, por favor." Me dice sonriendo. "Por favor, continúa."

Me cuesta mucho continuar, pero al final alguien lo hace por mí.

"Tan solo la cogí de la mano y le pedí que me acompañara. Sabía que esa noche no trabajaba, así que solo contraté un servicio de acompañamiento, subimos a su habitación y la ayudé a bañarse y vestirse mientras ella no hacía nada, como una cría a la que bañas, secas y peinas para ponerla en pijama." Afirmó Diacles. "Y cuando acabé de bañarla y secarla, la vestí y nos sentamos en la ventana a respirar aire fresco."

"Oh. ¿Solo eso?" Le dijo su mujer. "¿No pasó nada?"

"Estaba en esos días." Dijo Diacles. "Nunca trabajan cuando están mal."