Capítulo 3
"¿Estás bien?" Me dijo el akra Agripina mientras la acompañaba por sus pasillos. "Ven, camina junto a mí."
"Lo siento, Akra." Le dije manteniendo mi cabeza agachada. "Alguien de mi estatus no puede caminar al lado de un akra decente."
"Por favor, y no me llames Akra, no soy el akra de nadie." Me dijo cogiéndome del brazo antes de que pueda negarme. "En realidad yo nací en el campo. Mi familia era alguien en otras tierras, pero tuvimos que escapar estando mi madre embarazada de mí, así que yo nací en una humilde casa de campo. Diacles, fue muy amable conmigo. A menudo solía venir a verme después de que un día caminando hacia la capital, su caballo tropezara y les tirara a ambos. Nunca esperé que en ningún momento pudiera venir a pedirme a mi padre." Afirmó sorprendiéndome de su confesión y sonriéndome. "Pero así fue, Diacles vino un día y le pidió a mi padre que consintiera que nos casásemos, estaba dispuesto a dejar su puesto aquí y venir al campo con nosotros si eso implicaba poder estar conmigo. Pero mi padre se dio cuenta que era exactamente lo que pretendía cuando hizo traer a la finca vecina sus maletas. Le dijo: 'Diacles, ya puedes llevarte ese baúl de nuevo a la capital. Y llévate a mi hija contigo, solo te pido acambio que la hagas muy feliz y nunca la hagas llorar.' Y creo que ha cumplido su promesa. Nunca me ha faltado de nada, soy muy feliz y nunca me ha hecho llorar realmente."
Sonrío, el akri Diacles siempre es amable con todo el mundo, es amable con su esposa y lo es conmigo.
"¿Y tú?" Me dice. "¿Cómo le conociste?"
La miro con confusión.
"Yo... no quisiera ofender al akra." Le digo.
"Oh, por favor, no me ofendes." Afirma sonriendo. "¿Fue en la calle?"
"No, en la posada donde trabajo." Afirmé. "Yo... esa noche tenía exhención. Solo... solo trabajaba sirviendo mesas."
Me da vergüenza hablar de cosas de mi trabajo con alguien respetable como ella, pero ella solo sonríe.
"El akri Diacles estaba sentado en una mesa con un cliente fijo, hablaban de mis compañeras que trabajaban esa noche." Afirmé. "Entonces fui a tomarles comanda y pidieron 2 jarras de vino. Oí lo que dijeron cuando me fui para preparar su pedido."
"¿Dijeron algo malo?"
"Ya lo creo." Asentí. "El otro hombre habló de mi trabajo, dijo... cosas muy feas sobre mí, relacionadas con mi oficio y... pero el akri Diacles me defendió, le dijo que no debía hablar así de nadie, y entonces el otro hombre dijo que solo era una... puta. Y el akri Diacles se ofendió y dijo que no debía hablar así de alguien como yo. Le vi levantarse e irse mientras llevaba el pedido a su mesa, me preocupó haberle ofendido, así que cuando al día siguiente regresó intenté disculparme con él, me arrodillé incluso, pero me cogió de la mano y me hizo levantar. Me dijo que no se había marchado por mí, que había salido porque no podía aguantar a su amigo hablando así de nosotras, que su opinión no era para nada como la suya."
No podía seguir contándole a esa mujer, le haría daño.
"Sigue, por favor." Me pide.
"No debería." Afirmo. "No quiero ofender al akra."
"Agripina, llámame Agripina, por favor." Me dice sonriendo. "Por favor, continúa."
Me cuesta mucho continuar, pero al final alguien lo hace por mí.
"Tan solo la cogí de la mano y le pedí que me acompañara. Sabía que esa noche no trabajaba, así que solo contraté un servicio de acompañamiento, subimos a su habitación y la ayudé a bañarse y vestirse mientras ella no hacía nada, como una cría a la que bañas, secas y peinas para ponerla en pijama." Afirmó Diacles. "Y cuando acabé de bañarla y secarla, la vestí y nos sentamos en la ventana a respirar aire fresco."
"Oh. ¿Solo eso?" Le dijo su mujer. "¿No pasó nada?"
"Estaba en esos días." Dijo Diacles haciéndome sonrojar. "Nunca trabajan cuando están mal."
"Oh, ya entiendo." Dijo para sonreír.
"Nuestro invitado espera." Afirmó el akri Diacles.
Yo les seguí y caminé tras ellos, hasta un salón con una mesa y donde había un hombre de pie, contemplando unos grabados.
"Ah, joven Heraclios." Dijo el akri. "Veo que sabes apreciar mi hogar."
"Es un mosaico precioso." Dijo el hombre girándose y revelando el rostro más bello que nunca había visto.
Era precioso, era… era como ver el sol, algo único y bello, pero al final acababa dañándote los ojos.
"Vaya, veo que los mosaicos no son lo único bello en tu casa." Le dijo sonriéndole.
Mi corazón dio un brinco cuando pensé que me miraba, pero en lugar de eso, pasó de mí y fue hacia el akra Agripina por lo que bajé la cabeza antes de notar una mano en mi barbilla y una ligera presión hacia arriba para indicarme que levantara la cara.
"Vaya, parece que había una flor escondida detrás de las rosas." Dijo otro hombre que destilaba algo atractivo y que hacía desearle nada más verle con una sonrisa ámplia.
"Ah, Diacles, te presento a Primo." Afirmó el hombre invitado. "Primo es hijo de uno de mis mejores consejeros."
Primo, había algo en él que me resultaba… extraño.
En mi profesión aprendemos a observar sin ser vistas y por tanto, sin recibir correctivos por mirar fíjamente a alguien de un estatus superior al nuestro, o sea, casi cualquiera.
Durante la cena, los invitados actuan como si nada, elogian el vientre el akra Agripina y la virilidad del akri Diacles, pero el invitado Primo parece interesado en mí.
Y para cuando la velada acaba, capto cómo, mientras el akra Agripina me hace acompañarla a sus aposentos, los invitados hablan con el akri Diacles mirándome.
"¿Lo estás pasando bien?" Me pregunta el akra.
"Sí, señora." Le digo con un tono suave.
"Por favor, llámame Agripina." Me dice. "Cuando Diacles me dijo que eras correcta no imaginé que tanto como para no llamarme por mi nombre siquiera."
"Con mis respetos, akra, no debo manchar su nombre con mi lengua." Le digo manteniendo la mirada baja. "No es correcto que alguien de… como yo ose siquiera pronunciar su nombre, señora."
El akra vuelve a pedirme que le llame por su nombre, pero cuando lo hago porque me lo ha pedido y no puedo negarme a ninguna petición que tengan mis akris y akras, me dice que no lo haga obligada.
Estoy a punto de tirarme de los pelos ante la impotencia de mi doble deseo de no manchar su nombre y el contrario que me obliga a hacerlo por ser una petición suya cuando el akri Diacles nos encuentra.
"Permiteme robarte a nuestra invitada un poco, querida." Le dice sonriéndole.
"Claro, me temo que tendrás que disculparme con los invitados, nuestro pequeño… bueno, no entiende de cortesía, tengo que ir al dispensado y luego iré a descansar."
"Creo que debería acompañar al akra para ayudarla a…" Comencé a decir suavemente.
"¡De eso nada!" Dijo el akra riéndose. "Me temo que esta noche ya te he acaparado suficiente. La noche es joven, y tu deber es divertirte, pequeña. Así que… "
Dejo que me lleve del brazo hasta la fiesta, allí paso a ser la nueva atracción, pero el akri Diacles me protege.
(Salto espacio temporal)
Varios siglos después, Nueva Orleans, Luisiana.
El helicóptero toca tierra, con un poco menos de suavidad de lo que debería.
"¿Está bien, señorita?" Me pregunta el piloto.
"Sí, gracias." Afirmo suavemente manteniendo mis modales y alisándome las ropas.
He tenido que salir precipitadamente de la ciudad donde había estado viviendo para cumplir con mis deberes como… bueno, llamarme cazadora oscura sería un poco… exagerado, pero es a eso a lo que me dedico. Aunque no es por ese nombre por el que me conocen entre los míos.
Hay quien dice que soy un mito.
Otros que fui alguien pasado.
La mayoría de los míos han oído hablar de mí alguna vez, pero no me han visto nunca, o bien no me recuerdan dado que cambio costantemente para adaptarme a los tiempos.
Una vez me llamaron Helena de Troya; Dafne de Parnasos; Celine, cortesana del marques de Perpignon antes siquiera de que se llamase la tierra así…
Pero entre los míos, es 'Viuda Negra' como se me llama.
He sido la musa de algunos grandes artistas.
He sido concubina, princesa, reina y amante para la gente a la que protegemos.
Hombres poderosos han rendido reinos por mí, he orquestado desde las sombras grandes asuntos de política y se han desatado guerras por mí.
Pero para los míos tan solo sería una vil asesina, jugando a dos bandas solo porque los dioses me lo toleran.
Fui usada y mi castigo eterno, el precio a pagar por mi venganza es dejar que se me siga utilizando por mi rostro y mis habilidades.
Soy espía y asesina de sombras.
Y ahora ahí estoy, a pocos metros de tierra y vestida de luto porque mi último marido, un grande de París, murió hace menos de una semana y yo acabé mi misión cediendo la parte que se me encargó conseguir a la gente que se me ordenó servir.
Para todos era símplemente un grande de París, para nosotros solo un daimon asesino.
Me hubiera asesinado, de no ser porque siempre he sabido cómo comprar mi tiempo de vida, y tras un poco de interés por mi parte, unas miradas, palabras elegidas con acierto… le hubiera dado igual que fuera el mismísimo demonio con tal de poseerme, algo que le permití al cabo de medio año.
"Señora, estamos llegando." Me dice el escudero que me ha llevado hasta allí, Pierre, un gran chico, hermano del escudero de Perseo de Argos, el que recibió el nombre del héroe griego; un gran compañero, sabía mi secreto y nunca me forzó a nada.
Me recordaba un poco a Diocles, de mi vida humana.
"Espera." Me dice Fabien, mi escudero desde hace más de una década, el tiempo que hace que volví a París para asentarme allí y encargarme de unos trabajos que requerían mi… toque, en Francia. "Déjame que te de una mano…"
"Eres un caballero moderno." Le digo con voz suave, algo que no puedo controlar y que gracias a dios, no le afecta dado que él, al igual que yo, prefiere los hombres, no es que se me permita elegir demasiado, claro.
"Deberías haberte cambiado antes de venir." Me dice.
Entonces miro mi atuendo.
Aún llevo puesto el vestido semitrasparente en la fanda y brazos que me regaló mi contacto allí para el funeral, solo que el cuerpo del vestido, aparte de con un escote que insinúa demasiado por dejar unas generosas vistas de lo que trata de ocultar, solo en la parte superior visible, es opaco.
"Por dios… ¿no podrías al menos quitarte el tocado?" Me pregunta, mientras me coge en brazos para dejarme suavemente en el suelo sobre mis pies,haciendo referencia al sombrero victoriano del que cae un velo de redecilla negra que me regaló mi marido para evitar que otros hombres me miraran los ojos ya que cae la red hasta casi los labios.
"Mis dones son solo para mis presas." Le digo suavemente. "Preferiría no buscarme líos innecesarios." Afirmo viendo cómo alguien sale de un coche a unos metros de nosotros y ajustándome mejor mi tocado. "Ahí viene nuestro contacto."
Fabien es un gran escudero, tuve suerte que se me asignara él porque siempre me trata con galantería sin esconder nada en el gesto.
Adopta una postura defensiva hacia el hombre que se nos acerca hasta que comprueba su identidad.
"Mis respetos, dama." Me dice el recién llegado mientras Pierre me guarda al otro lado y Fabien le acompaña. "Me llamo Eric, me envían a escoltarla hasta casa."
"¿Solo un escudero?" Pregunta Pierre. "Señora, permítame…"
Levanto una mano suavemente hacia él para pedirle que no siga.
"Gracias, Pierre." Le digo mirándole suavemente. "Un solo escudero será suficiente, no olvides quién soy, qué soy."
"Pero mi señora…" Me dice.
"Suficiente." Le corto repitiendo el gesto de mano. "Gracias por acompañarnos, Pierre. Trasmite mis agradecimientos a tu señor por permitirte escoltarme hasta aquí. Fabien…" Le llamo para que venga a coger mi mano y la frote con firmeza como buscando reconfortarme.
"Yo esperaré unos días para servirte." Me dice.
"Fabien…" Le digo.
"Por favor, un último favor hacia mi persona." Me dice casi rogando. "Yo no podría volver tranquilo hasta ver que estarás bien."
"La casa está en el barrio alto de la ciudad." Me dice el escudero que hay allí, Eric creo que dijeron. "Tendrá el servicio que nos pedisteis que concertásemos y le será asignado un nuevo escudero aquí."
"Por favor…" Me pide Fabien suavemente. "Por favor… como una última voluntad…"
"Eric, Sebastien me acompañará." Le digo suavemente. "Deseo que permanezca a mi lado unos días, como invitado en mi hogar, por muy humilde que sea."
"Como quiera." Me dice agachando la cabeza suavemente en una silenciosa reverencia.
"Recojamos pues mis cosas." Capitulo.
"Oh, no por favor." Me dicen los tres hombres.
"Nosotros nos encargaremos, señora." Me dice Pierre.
"Por favor, esperenos en el coche." Me pide Eric. "Nosotros nos encargaremos del equipaje."
"Mil gracias." Afirmo.
(Salto espacio temporal)
(Voz de Aquerón)
Mediodía en mi cafetería favorita de toda la ciudad, espero visita y esta no me defrauda.
"Me sorprende que no te hayan echado aún." Afirma una voz a mis espaldas.
"Alguien ha corrido la voz de que soy ciego." Afirmo sonriendo al primero de los hombres que he citado ahí hoy. "¿Qué tal está Sunshine?"
"Querría haber venido, pero su trabajo la requería y el pequeño vuelve a estar bastante activo." Me dice Talon sonriendo y sentándose frente a mí en una de las dos sillas vacías y mirando la otra. "Deduzco que no soy el único y que no nos has llamado para tomar el té."
"No, pero me temo que Kyrian tuvo que volver a casa por un pequeño accidente familiar antes de salir." Le digo. "Se retrasará aún un par de minutos. ¿Por qué no pides un café? Este es uno de mis lugares favoritos para tomar algo."
"Me has leído la mente, estoy cansado de la achicoria que prepara Sunshine, pero me la tomo por no ofenderla." Afirma sonriendo y levantando un dedo para pedir café. "Por cierto, no puedes adelantarme algo sobre por qué nos has llamado, o por qué a nosotros dos."
"Porque sois humanos." Le digo. "He hecho venir a alguien, y quiero que os conozcáis para facilitar un poco las cosas."
"¿Otro cazador?" Me dice.
"Es algo complicado, pero sí." Afirmo. "Ah, ya llega Kirian, espero que eso facilite las cosas."
"¿Qué cosas tiene que facilitar?" Me pregunta.
"Ya lo veréis, pero aún hay tiempo." Afirmo mirando el reloj. "Hace unas horas que llegó, démosle tiempo a descansar un poco antes de hacerle esa… pequeña visita de cortesía."
(Salto espacio temporal)
"¿Pero se puede saber a quién has mandado venir?" Pregunta Talon levantando una ceja al ver la mansión que se buscó para la recién llegada mientras yo llamo con fuerza al timbre de la casa.
"Mi propiedad entera cabría tan solo en la casa." Afirma Kyrian. "¿Es una familia?"
"No, tan solo una unidad, pero siempre se le pone al menos un escudero." Les digo mientras oigo pasos al otro lado y nos abren la puerta.
"¿Sí?" Nos dice un hombre abriéndonos la puerta una rendija.
"C'est moi." Le digo. "Pouvez-vous ouvrir? Je suis venu avec des amis à voir votre maîtresse."
"¿Y quién dice que es?" Dice dentro.
"Aqueron, y ahora aparta esa escopeta de la rendija del correo y ábreme o me veré obligado a llamar a Francia para contarle a Philippe por qué nunca puede quedarse a dormir en tu piso aún cuando estás solo."
Entonces nos cierran la puerta en las narices y oímos cómo quitan los pestillos antes de abrir la puerta del todo.
"Que seas su superior no quiere decir que seas el mío." Afirma el joven ocultando la escopeta en el paragüero.
"Agradezco tu lealtad hacia quien te salvó la vida." Le digo pasando seguido de Kyrian y Talon. "Pero sabes que no puedes quedarte aquí eternamente."
"Me permite quedarme hasta que me asegure que estará bien." Me dice.
"¿Por qué le dejas que te rete así?" Me dice Talon bromeando. "¿Te ha reblandecido la edad?"
"Solo protege a los suyos." Afirmo. "¿Y bien?" Añado para el joven. "¿Dónde está?"
"En el salón." Afirma mirando a mis acompañantes. "Prefiere descansar en un sofá junto al fuego. Pero comienzo a temer por sus ojos."
"Las lentillas de cristal los protegerán." Afirmo. "¿Nos acompañas?"
"Claro." Dice con ironía. "Por aquí, seigneur de chasseurs." Afirma dando unos pasos por el pasillo.
Decoración sencilla y clásica, doseles en seda y terciopelo y materiales en mármol y maderas nobles; la casa fue hace tiempo de un rico coleccionista con un particular gusto por la historia grecolatina pero casado con una dama sureña con un refinado gusto por la moda del viejo continente. Algo perfecto para la nueva inquilina.
Entonces llegamos a las puertas acristaladas de un salón con las cortinas echadas para eliminar hasta el más mínimo rastro de sol si bien deja iluminada tenuemente la estancia, al menos lo que no ilumina el fuego encendido en una chimenea de mármol con un protector.
"Espero que la casa esté a tu gusto." Le digo a la figura vestida de negro impoluto en un sofá blanco frente al fuego.
"Es demasiado grande, pero servirá." Asiente suavemente. "τι θα πρέπει να επισκεφτείτε (A qué debo esta visita)"
"He decidido pasar a saludar y presentarte a alguien." Le contesto.
Entonces gira levemente la cabeza para ver a Kyrian y Talon y me ofrece su mano que tomo para ayudarla a levantar.
"Lamento mis modales." Afirma haciendo una ligera reverencia de cabeza hacia ellos aún su mano en la mía. "¿Puedo ofrecer algo a los acompañantes de Aqueron?"
"¿Modales?" Pregunta Talon extrañado. "¿Acompañantes de Ash?. ¿Quién es?"
"Mi nombre es Marguerite." Afirma ella dando el nombre que tuvo en París. "¿Y vos sois…?"
"Ellos son Talon de los Morrigantes y Kyrian de Tracia." Le digo.
"¿Kyrian, el príncipe?" Susurra ella.
"¿Nos… nos conocemos?" Le pregunta.
"Se me olvidaba." Afirmo recordándolo. "Tú la conocías por otro nombre. Pero centrémonos. ¿Y esa ropa tan sobria?"
"Mi marido ha muerto." Me dice volviendo a poner la mirada en mí. "Aunque fuese por caridad, deberíamos respetar algo el luto."
"¿Eres una viuda?" Le pregunta Kyrian.
"No y al mismo tiempo, sí." Le digo mientras ella asiente. "Marguerite acaba de trasladarse de París. Para cubrir el puesto vacante de los cazadores que he tenido que reubicar recientemente."
"¿Es una cazadora?" Pregunta Talon.
"Creía que a los cazadores no se nos permitía casarnos." Afirma Kyrian.
"Y no se permite." Les digo. "Pero considerando que ella se casa y poco después queda viuda y el servicio que sus servicios prestan a nuestra noble causa…"
"Señor, por muy jefe de Margy que sea, no puedo tolerar que…"
"Fabien, arrête. C'est suffit. ¿Podrías hacer un poco de café, por favor?" Le dice ella suavemente para que él asienta y salga dejándonos solos con ella. "Aqueron, preferiría que midieras tus palabras, mi pasado antes de convertirme en esto… es algo que preferiría olvidar."
"Mis disculpas si lo has malentendido." Le digo. "No seré yo quien saque a relucir trapos sucios."
"Lo agradezco." Me dice.
"Espera un momento." Me dice Talon. "Es una cazadora oscura y se puede casar."
"Caballeros, os presento a 'la viuda negra'." Les digo. "Y ahora, pequeña… ¿qué tal si te descubres?"
"No creo que sea lo mejor." Afirma mirando al resto.
"No importa." Le digo. "Ambos han encontrado a su otra mitad. No creo que caigan presos."
Entonces asiente y tras dudar un poco se lleva las manos a la cabeza para soltar el tocado con gestos livianos, suaves y fluidos antes de retirárselo con los ojos cerrados y abrirlos revelando las lentillas de cristal que protegen sus ojos dotándoles de un color humano para hacerla pasar desapercibida entre ellos.
Y en el mismo momento en que mira a Kyrian y luego a Talon soy consciente de lo poderosa que su maldición personal es.
"Por todos los dioses…" Dice Kyrian.
"¿Estás seguro que no es una diosa?" Me pregunta Talon.
"Resistiros." Les digo antes de mirarla y ver que me mira interrogante por lo que sacudo la cabeza. "Los Hunter viven al final de la calle. Amanda y Kyrian viven solos con su hija. Supongo que no será un problema si algún día os pide ayuda ¿no?" Añado mirando a Kyrian.
"No, pero no sé lo que Amanda pensará de que una dama tan… que venga." Me dice.
"El café." Afirma Fabien entrando sin llamar siquiera y poniendo en la mesita frente a nosotros la bandeja con unas tazas de café perfectamente colocadas y dispuestas.
"Gracias, Fabien." Le dice ella cogiéndo su mano para levantarse y caminar a una caja abierta para coger un botecito pequeño que destapa para aspirar y volver a cerrar, nada que pueda olerse, sin embargo lo justo para darme cuenta de lo que es.
"¿De dónde lo has sacado?" Le digo para que me haga un gesto de ofrecerme que declino con un gesto de la mano. "No deberías jugar con eso."
"Hermes me lo hace llegar desde hace tiempo por un favor que le hice hace mucho." Me dice. "Es algo escaso, pero siempre me ayuda a sentir mejor."
"Creo que te dejaremos." Le digo. "Probablemente se pase a verte alguien más si no hoy tal vez mañana. Es otro ex-cazador, creo que conociste a su abuelo."
"He conocido a mucha gente en esta vida, Aqueron." Me contesta volviendo a recostarse en el sofá.
"Estoy seguro que cuando le veas le reconocerás inmediatamente." Le digo. "Convenciste a su abuelo de que confiara en esa prostituta rescatada para entregarle al general Tracio."
"Creo que recuerdo algo." Afirma mientras Kyrian se tensa al oír mencionar la traición que sufrió antes de morir. "Muy vagamente."
"Te dejamos que te pongas cómoda." Le digo viéndola frotarse las mangas de malla delicada que cubren sus brazos desde los hombros a las muñecas y sabiendo que era mejor sacar a Kyrian antes de que estallase.
"Lo agradezco, Aqueron de Parthenopaeos." Me dice ella recostándose tras deshacerse de la chaqueta mientras nosotros avanzamos a la puerta que el chico, Fabien, nos abre de buena gana.
"Y Marguerite, deberías ir a acostarte a la cama." Le digo. "Dormirás mejor que en el sofá."
Como respuesta, solo veo su mano desnuda mientras la parte de su torso cae para sobresalir de un lado.
"Fabien, cuando nos vayamos llévala a una cama." Le digo. "Y mantenla hidratada."
"Sé perfectamente cómo cuidarla cuando ha tomado esa mierda." Me dice con cara amenazante. "Margy es demasiado benévola, y a mí me retiene la lengua lo que sé de ti y la lealtad que me une a ella dado que sé que le molestaría que no midiera mis palabras." Afirma buscando las palabras antes de decirlas para enmascarar su furia real. "Y no sé cuál será el pasado de Margy, pero por muy buenos que estén los compañeros de la dama, agradecería que midieran sus palabras cuando hablen con ella."
"Eres un hombre leal, Fabien." Le digo dándole un toque en el hombro sin tenerle en cuenta su tono dado que veo que es la lealtad la que provoca en él esa reacción. "Cuida bien de ella, me encargaré de mandar a su nuevo escudero esta misma tarde."
"Se lo agradezco." Me dice. "Y agradecería que tuviera en consideración su maldición al pensar en alguien para el puesto."
"Desde luego." Afirmo. "He pensado hacer venir a alguien de la costa oeste, y mientras tanto, creo que le encargaré a Thabita que la ayude, dado que ella y su esposo siguen sirviendo fielmente a la causa."
"Bien." Me dice antes de cerrar la puerta tras salir nosotros.
"No me he enterado muy bien de todo esto." Dice Kyrian para sonreír con ironía. "Pero me encantará ver cómo reacciona Thabi cuando le pidas que venga a hacer de escudera a esta mujer y su perro fiel."
"Fabien merece un poco más de respeto." Le digo. "Por lo que sé es leal a Margerite y siempre le ha cuidado las espaldas con gran diligencia, mucho mejor que muchos escuderos mejor entrenados que él."
