Capítulo 6
(Voz de Aqueron)
"¿Qué haces tan apartada?" Le pregunto a 'Mady' mientras la veo sentada femeninamente en la barra mientras Wren le rellena su copa de vino burdeos.
"Sabes que prefiero mantenerme en segunda línea." Me dice levantando la copa hasta rozar sus labios suavemente y tomar un trago corto y bajarla de nuevo.
Los viejos hábitos son difíciles de olvidar.
"Ya, entiendo." Afirmo cogiendo otra copa para pedir que me pongan lo mismo y tener así algo que comentar. "Te he visto muy calmada."
"Sabes que no me gusta hacer esto." Afirma suavemente. "Pero al menos esta vez no conozco a nadie ahí."
"Lamento lo de tu último marido." Le digo sabiendo que es por eso. "Pero se suponía que no podías permitirte sentir nada por tus presas."
"Y qué clase de vida es esa ¿eh?" Me dice molesta sin perder los papeles. "No es fácil estar sola, estaré acostumbrada, pero eso no significa que me guste." Afirma levantándose con la copa para irse por lo que la sujeto por la muñeca con suavidad para hacerla mirarme.
"No pretendía hacerte enfadar." Afirmo. "¿Nos tomamos una juntos?"
Ante eso no dice nada, símplemente se vuelve a sentar y deja su copa ante ella por lo que yo mismo se la relleno.
Sin embargo, no da tiempo a poder hablar nada.
"Aqueron, Vane dice que no sabe si será tan buena idea irrumpir todos mañana en lugar de hoy." Me dice Aimée.
"Tenemos que saber más." Afirmo.
Es raro, con esa chica rara vez las cosas son sencillas.
Es difícil hacer las cosas con su trabajo porque tiene las habilidades básicas de pelea, y porque debido al entrenamiento que había recibido cuando la conocí siendo ambos humanos, era la mejor espía y asesina encubierta que podía haber en nuestras filas, así que era preferible ponerle lo que podría llamarse un 'guardaspaldas', un compañero que se encargase de la pelea fuerte por ella.
"No queremos hacer víctimas innocentes." Les digo cerrando la discusión.
"Está bien, esperaremos." Me dice Vane. "Por cierto, ¿es cierto lo que he oído?. ¿Esa cazadora no sabe pelear?"
"No es que no sepa, es que no lo necesita." Afirmo. "Es mucho mejor espía y cebo que guerrera. Su trabajo es traernos los daimons." Añado mirándo alrededor para intentar encontrarla y viéndola rodeada de Peltiers solteros.
Y no puedo culparlos.
Aún sabiendo que es una cazadora, que podría acabar con ellos sin pestañear o que es peligrosa, su poder de atracción es tal que habría que estar ciego para no sentir su poder.
Incluso yo notaba su poder, a pesar de ser teóricamente inmune a ellos.
A pesar de no lucir el uniforme de cazadora, llevaba una falda negra a juego con las botas y conjuntadas con una camisa lila con un cinturón bajo el pecho negro.
Sobriedad de cazadora combinado con feminidad que requería su trabajo por sus habilidades.
"Eh, Parthenopaeos." Me llama Fang Kattalakis chascando los dedos delante de mi cara para hacerme mirarle y sonreír divertido. "Parece que la nueva es todo un bombón."
"Aparta tus ojos de ella, lobo." Le digo. "Ya tienes a Aimée, y si te acercas demasiado a ella, acabarás muerto."
"¿Era una amenaza?" Me dice con ironía.
"Pretendía ser una advertencia." Afirmo poniéndome de vuelta las gafas para caminar hacia donde no puedan verme.
No me extrañaba que tuviera tanto éxito, ya de humana había tenido bastante éxito. Era delicada y sus maneras femeninas y bien refinadas, todo en ella te impulsaba a sentir ese afán por tenerla, por protegerla y mimarla… por tenerla.
Sin duda Afrodita debía haberla mirado con buenos ojos. Porque su belleza es realmente sobrenatural.
Y entonces recuerdo algo que me dijo Artemisa y me pregunto si lo habrá pensado o solo será uno de sus caprichos. Una manera retorcida de hacer daño a la gente que le rodeamos.
Pero ya he pensado, y necesito a alguien que trabaje codo a codo con ella.
Es peligroso poner a cualquier katagario con ella porque podría suponer su fin y no puedo poner a otro cazador porque sus poderes se acabarán anulando si están cerca demasiado tiempo.
Así que acabo saliendo del bar a uno de los cuartos con jaulas para encerrar a gente que busque problemas y saco el móvil.
"Disculpad que os moleste a estas horas." Digo a la persona que me coge el teléfono. "Pero necesito que me prestéis un libro."
(Salto espacio temporal)
(Voz de Madeleine)
Ya estaba comenzando a agobiarme con tanto Katagario oso a mi alrededor cuando llegó un hombre.
"Se siente chicos, nos llevamos a la dama." Afirma con una un deje de diversión en la voz.
"Fang, vale ya." Afirma otra voz más seca. "Perdonadle, Ash ha dicho que hoy viene con nosotros, es más discreto que vaya con un perro cerca y un hombre."
"¿Con vosotros, Kattalakis?" Les pregunta Cherif.
"No me importa." Afirmo notando la tensión en el aire de un macho intentando reclamar a una mujer. "Solo voy a espiar un poco, necesito las espaldas bien cubiertas."
Siempre me cuesta un poco convencer a un par de hombres de que no se peléen, sobre todo si es por mí, pero… bueno, al final siempre consigo salirme con la mía y me dejan ir con esos dos caballeros a cambio de que al acabar la noche, vaya a tomar una copa allí.
"Vaya, ahora entiendo a qué se refería Parthenopaeos cuando dijo que eras buena cazadora." Me dice el mayor de ambos, que parece más cabal.
"Si no tuviera a Aimée creo que podría caer en la trampa." Afirma el otro, Fang, supongo, sonriendo con un deje burlón. "No estás nada mal, solo un poco flaquita. ¿Ya comes bien?"
"Me alimento perfectamente." Afirmo. "¿Salimos?"
"Claro, después de ti." Me dicen.
(Salto espacio temporal)
"Y con este ya van diez." Afirma Vane acabando con otro daimon.
"¡Esto es divertido!" Añade Fang acabando con otro más. "¡Es como pedir la cena a domicilio!"
"No cogeré más." Afirmo suavemente. "He conseguido disuadirlos por hoy, pero no creo que pueda seguir con esto mucho más."
"¿Estás cansada?" Me pregunta Vane mientras oigo lobos a lo lejos.
"Puedo aguantar." Asiento. "Pero son dos días seguidos que han saltado alarmas o incendios, comenzarán a sospechar."
"Necesitamos información." Me dice de nuevo.
"Cojamos a uno y saquémoselo a mordiscos." Afirma Fang.
"No es necesario, ya tenemos todo lo que necesitamos." Les digo sacando la pequeña cámara de fotos del escote. "Con esto podrán elaborar un mapa detallado, tengo horarios y modus operandi de la gente que suele venir y he conseguido robar unas páginas del registro de los últimos meses."
"¡Buffff…!" Dice Fang riéndose. "¡Eres una super-espía!"
"Eso ha tenido que ser peligroso." Me dice Vane mirándome serio la cara. "Ash dijo que no te arriesgaras tanto. Te necesitan viva."
"No me he puesto en peligro." Niego montándome en la moto que han cogido de una de las presas, los que me llevaron allí. "Y necesitamos esas informaciones. Mañana intentaré algo más, pero… tendremos que cambiar el plan."
"¿Y ahora?" Pregunta Fang.
"Ahora vamos a la zona urbana." Afirmo suavemente.
No me gusta demasiado tener que viajar en motos, prefiero conducir yo, pero es evidente que cuando voy acompañada, el hombre prefiere sentirse hombre, así que no digo nada y me agarro suavemente al hombre que llevo delante para que arranque y salgamos volando con un lobo corriendo cerca de nosotros.
Y cuando llegamos a la zona urbana y paramos la moto en una plaza para atarla con una cadena con la que antes estaba atada, nos separamos, yo camino sola y Fang como un perro y Vane como humano, me siguen a cierta distancia intentando aparentar normalidad.
Por el camino me voy cruzando con varias presas, y me siento ofendida cuando veo lo sencillo que lo ponen.
Me basta con una mirada, un poco de teatro para hacerme la inocente, la perdida o la desorietada, para mostrarme cándida y les tengo comiendo de mi mano pensando que me han engañado para sacarme de la multitud y atacarme, sin contar con que voy escoltada con un par de kattagarios que pelean como si fueran un ciento.
Y así voy pasando la noche hasta que el amanecer se acerca y decido dar por acabada la cacería de la noche.
"¿Ya está?" Me pregunta Fang. "¿No buscamos a más?"
"Sé cuándo poner fin a mis noches." Afirmo suavemente.
"No tienes buena cara." Me dice Vane rozándome las marcas que me han quedado de la pelea. "¿Estás bien?"
"Sí." Asiento suavemente. "Para la noche no serán más que enrojecimientos. Volvamos al Santuario."
"¿No deberías volver a casa?" Me pregunta Vane. "Podemos escoltarte."
"Y os lo agradezco, pero una promesa es una promesa." Afirmo. "Prometí pasar por allí antes del amanecer, y debo volver a casa antes de que salga el sol o…"
"Ya, la clausula del sol." Afirma Vane.
"Todas las mujeres quieren broncearse y acabo de conocer a la primera que no." Dice Fang.
"Vale, ya, no tienes gracia." Le dice Vane.
(Salto espacio temporal)
"No sé cómo pero sabía que estarías aquí." Me dice Ash llegando por mi espalda.
"Hice una promesa." Le contesto suavemente levantando mi copa de vino Pinnot. "Suelo cumplirlas."
"Bueno, hoy también te llevo yo a casa, pero primero… necesito que me acompañes a un sitio."
"¿Trabajo?" Le pregunto confusa.
"No exactamente." Afirma sonriendo. "Ampliar tus horizontes. Tengo que presentarte a tu nueva psicólogo. En nuestro oficio es algo bastante apreciado. Y la política de empresa de esta área incluye la asistencia psicológica."
"No la necesito." Afirmo suavemente tomando el último sorbo antes de que Cherif me la vuelva a rellenar.
"No era una petición, era un comunicado." Me dice. "Aunque preferiría que vinieras voluntariamente."
Suspiro.
"¿Cuánto me costará?"
"Gratis." Afirma sonriendo. "Pero para las sesiones tendrás que ponerte de acuerdo con ella."
"No sabía que la jefa había comenzado a preocuparse por nosotros." Afirmo suavemente.
"Ha sido idea mía." Afirmo. "Yo lo pago cuando soy yo quien os pide que vayáis. Y en tu caso… me gustaría que te abrieses con ella. Ayuda mucho hablar ciertas cosas con otra persona que no vaya a juzgarte."
(Salto espacio temporal)
(Voz de Grace Alexander)
"¿Estás seguro de que va a funcionar?" Le preguntamos a Aqueron mientras observamos a la chica que ha dejado entrar en mi consulta de casa, aislada de toda luz natural por unos paneles dobles templados que impiden la entrada de los rayos ultravioletas que puedan dañar a algunos de los pacientes que últimamente recibo en mi propia casa.
"No creo que se abra fácilmente." Me dice el gigante que hoy lleva el pelo negro mientras observamos a la mujer rubia sentada con una propiedad inusual en alguien con su trabajo en la silla en lugar de hacerlo en el diván que tengo para que los pacientes se recuesten en las consultas. "Pero no es complicado que te cuente parte de las cosas que me pregunto, aunque te costará que confíe en ti plenamente."
"No la atacará ¿no?" Le pregunta Julien. "Quiero decir… no parece una cazadora, pero lo es."
"No te preocupes." Nos dice Ash. "Es inofensiva, pero puede ser muy convincente cuando quiere. Sin embargo sus poderes son menos intensos con las mujeres, menos aún con alguien que ha encontrado ya su media naranja."
"O sea…" Le digo.
"Sus poderes contigo son realmente bajos." Afirma sonriendo. "Ah, por cierto, sé que no servirá de nada, pero convendría que no insinuaras en ningún momento nada de ser inferior a ti."
"¿Por qué?" Le pregunta Julien para que le conteste en el idioma de su cuna y él abra los ojos antes de que Aqueron se gire hacia mí.
"Tiende a reaccionar mal ante eso, pero no temas, no te hará nada peligroso, si bien notarás su hostilidad y se cerrará en banda, con grandes posibilidades de que intente escapar."
"Estoy acostumbrada a hostilidades." Le digo viendo cómo la mujer parece observar de nuevo el reloj de la pared. "Será mejor que vaya, debe preguntarse por qué está sola tanto rato."
"Ten cuidado." Me pide mi marido antes de darme un beso.
Le sonrío antes de ir hacia la puerta de la sala contigua donde está aquella mujer que hoy será mi paciente.
"Buenos días." Le saludo. "Perdón por el retraso."
"Buenos días, no importa." Me dice suavemente.
Es curioso, todos los pacientes que he tenido, todos los que Aqueron me ha traído o han acudido a mí libremente solían impacientarse mientras esperaban y les observaba a través del falso espejo tras mi escritorio; sin embargo ella parecía tan calmada como si hubiese estado esperando segundos en lugar de minutos.
"Muy bien, pues empecemos." Le digo sonriéndole. "¿Te importa sentarte en el diván?" Le pregunto suavemente en vista de que no se ha movido.
"Preferiría estar aquí." Afirma aún con las manos en el regazo tras mirar el diván un momento para volver a mirarme a mí.
Hay algo en su mirada que me dice que algo no va bien.
"¿Ocurre algo?" Le pregunto.
"Nada." Afirma apartando la mirada. "Lo siento si la he ofendido."
Tono distante, evidentemente no confía en mí.
Sin embargo hay algo en mí que parece no reconfortarle.
"¿Es algo con mis ropas?" Le pregunto.
"Es… son rojas." Me dice. "Me extrañaban."
"Sí, el rojo es un color bonito." Afirmo sonriéndo y rozando la chaqueta roja que mi marido me regaló cuando nació nuestro último hijo. "Y muy alegre. ¿No crees?"
"No, señora." Me dice suavemente. "Para mí no es un color agradable. En cuanto al… divan, preferiría estar donde estoy ahora." Afirma suavemente.
Tono suave, diría que es tímida o tiene miedo, pero aún no estoy segura; si bien por la firmeza de sus palabras o la cadencia de su voz, diría que es fuerte internamente; más propio de su trabajo.
"Muy bien." Afirmo cogiendo la silla de mi escritorio. "Como es el primer día supongo que puedes estar sentada, pero prefiero que la gente que viene a mí se situe en él mientras yo me coloco donde estás tú."
"Prefiero la silla, gracias." Afirma suavemente tras un segundo de silencio.
Es fuerte, y decidida, sin embargo mantiene el tono dulce y calmado.
"Muy bien, creo que Aqueron te trajo aquí para que hablásemos." Le digo fingiendo consultar los papeles que harían su historial clínico antes de mirarla. "Pero no me dijo de qué."
"En ese sentido me temo que estemos igual." Me dice suavemente. "Ignoro por qué Aqueron quería que viniera, pero… él es mi superior, no se nos permite cuestionarle, si bien podemos quejarnos."
Eso me hace sonreír, y puedo atisvar un ligero tono de sonrisa en ella.
"Veo que Aqueron y tú os conocéis." Le digo.
"Hace tiempo que nos conocimos, si es lo que querías saber." Me dice suavemente con un ligero tono más calmado.
"¿Mucho?" Le pregunto.
"Aún éra humana." Afirma.
Eso sí que es nuevo, no conocía a nadie que hubiera conocido a ese hombre mientras aún eran humanos.
"¿Te refieres a…?" Le digo asombrada.
"No creo que le guste que hable de eso." Afirma ella. "Así que agradecería que no se me hicieran preguntas que no pueda contestar."
"Está bien." Afirmo. "Volvamos a que le conocías de hace tiempo. ¿Qué tal era vuestra relación?"
"¿Por qué quieres saberlo?" Me dice volviendo a ponerse a la defensiva.
Por fin puedo ver un pequeño atisvo del cazador en ella.
"Me gustaría saber algo más sobre ti." Le digo.
"Es algo complicado." Afirma ella suavemente. "Prefiero olvidar cosas de esa época."
"Bueno, y qué me dices de algo posterior." Le pregunto. "Algo de tu época como cazadora."
"No fue él quien me entrenó, si es lo que deseabas saber." Afirma ella suavemente. "Lo reencontré hace siglos, pero no demasiados. Y ahora… nuestros caminos volvieron a cruzarse."
Por un momento vi algo más, había algo más de lo que parecía querer mostrar en su voz, en sus gestos. Algo concerniente a Aqueron.
"Muy bien." Afirmo. "¿Y qué hay de tu camino como cazadora?"
"Largo… triste y solitario." Afirma suavemente. "No eres una cazadora oscura, de eso no hay duda. ¿Por qué quieres saber eso de mí?. ¿Cómo sabes de nuestra leyenda?"
"Mi marido, Julien, es hijo de dioses." Le digo.
"¿Julien?" Me dice confusa. "¿El general macedonio?"
"¿Le conoces?" Le pregunto sorprendida de que sea así para que asienta.
"No en persona, pero oí su leyenda." Afirma suavemente. "Fue un gran guerrero, dicen que los romanos lo mataron, pero… también oí que fue un dios quien le castigó."
"Fue un dios." Asiento sorprendida y contenta por tener alguien más con quien poder hablar todo eso. "Mataron a su familia y él descargó su ira contra ese dios, así que fue condenado a una vida de servidumbre de aquellas personas que lo invocasen."
"Pobre." Dice mostrandose conmovida en su mirada y voz. "Me conpadezco de su dolor. Sé lo que tuvo que pasar."
"¿Eso que detecto es compasión?" Le pregunto.
"Todo el que sepa lo que es su castigo la demostraría." Afirma suavemente. "Mi disculpas si la ofendí."
"No, no, es solo que…" Digo. "Me sorprende. ¿Sabes lo que tuvo que pasar?"
"Mi pasado es muy extenso." Me dice recomponiéndo su gesto y su postura. "He visto cosas que nadie debería ver, he tenido que hacer cosas que nadie debería hacer y he pasado por situaciones que sin duda nadie, ni mortal ni inmortal debería tener que pasar."
(Salto espacio temporal)
(Voz de Madeleine)
No podía entender las motivaciones de aquela mujer con el pelo tan ensortijado y oscuro que parecía una muñeca de porcelana como las que solía regalarme aquel fabricante de la revolución rusa y que le daba un aspecto de inocencia y pureza infantiles.
Sin embargo, llevaba ropas y calzados rojos, como una puta de mi época humana; y por mucho que pasasen los siglos, el rojo seguía siendo el color de la provocación, el deseo y el sexo; por eso me extrañaba que una mujer, que en teoría debía ser decente, vistiera con eso.
Me había preguntado de cosas que me parecieron al azar. Sobre mi relación con Aqueron en el pasado y ahora, al enterarme que era la esposa del antiguo y aclamado general macedonio que había sido presa de otro de los jueguecitos enfermizos de venganza de los dioses.
Al oír la confirmación de mis sospechas, esa mujer me había dado más razones para odiar a los dioses, pero no lo demostré. Me mantuve fiel a mi papel, ocultando lo que me inspiraban la mayoría de los dioses.
Artemisa o su hermano Apolo me era extraferente, el panteón entero estaba podrido; todos eran iguales: unos pretenciosos caprichosos que no paraban de castigar y azotar a los humanos, sus hijos, solo por diversión.
Pero esa mujer parecía demasiado pura para que la metiese en mis problemas.
Sin embargo, cuando pasó el tiempo, la vi sonreírme, como si en lugar de ayudarme ella a mí, fuese yo la que le ayudara a ella.
Eso me hacía sentir nerviosa, sucia ante la pureza que ella emanaba.
Y me fijé en sus libros.
La habitación entera estaba llena de ellos. Grandes, pequeños, historias conocidas y desconocidas. Tradados y novelas.
"Vaya, veo que mis libros atraen tu atención." Me dice sonriendo. "¿Te gusta leer?"
"Sí." Asiento. "Aunque pasé mucho tiempo siendo analfabeta."
"¿De verdad?" Me dice.
"Sí, en mi anterior trabajo, mi trabajo humano, no necesitaba saber leer ni escribir."
"Ah, pero has dicho que te gustaba leer." Me dice confusa.
"Cuando tienes la eternidad por delante, aprender cosas es lo único que llena los días en que te odias tanto a ti misma que desearías arrancarte la piel a tiras y el cabello uno a uno para solucionar tus problemas." Le digo mirando los lomos de los libros hasta reconocer uno, el de poemas de la poetisa Safo de Lesbos en la mesilla junto a la que estoy sentada que no puedo evitar acariciar recordando a la mujer que disfrutaba de mi compañía y a veces me ayudaba a asear.
"¿Te gusta la poesía?" Me dice.
"Me trae recuerdos." Afirmo devolviendo mi mano al regazo y dándome cuenta que se ha levantado y pasea entre las estanterías hasta encontrar una caja que abre con cuidado demorándose unos segundos antes de girarse con una sonrisa.
"Este ejemplar es especial." Me dice suavemente. "Es muy antiguo y es único. Me gustaría que lo conservaras tú, échale un ojo."
"Si es tan especial me temo que debo negarme a tenerlo." Afirmo suavemente mientras noto que hay algo extraño en ese ejemplar que descansa en la mesa ante mí; sobre todo cuando el aire que entra de un aire acondicionado mueve las páginas y producen como un susurro del interior.
"Insito." Afirma. "Estoy segura de que cambiará tus perspectivas de muchas cosas, y te será de gran ayuda. Tan solo… dame unos segundos para despedirme de él."
"¿Puedo salir ya?" Le digo sorprendida al ser consciente de que llevo ya casi tres horas dentro de aquella sala.
"Claro, esperame en el salón." Me dice. "Está siguiendo recto al salir de aquí, tercera puerta a la derecha. Las ventanas están cerradas."
Asiento suavemente para incorporarme y salir.
