Capítulo 7
(Voz de Aqueron)
"Muy bien." Me dice Grace volviendo tras haber oído como Mady salía e iba a otro sitio no muy lejos. "Ya tiene lo que nos pediste. ¿Crees que es buena idea?"
"Príapo no ha tenido tiempo de reflexionar apenas." Me dice Julien. "A pasado poco más que una década. ¿Crees que es sabio?"
"Creo que es lo que debe hacerse." Afirmo.
"No estoy segura que Príapo vaya a respetar las normas del contrato." Afirma Grace preocupada. "Será la primera vez que se le deje salir."
"Está obligado a cumplirlo, si no, cada día se encontrará peor, hasta que cumpla su cometido." Afirma Julien mostrando el dolor de su pasado en el rostro antes de que su mujer le toque el brazo y levante su cara para mirarme. "Aqueron, Príapo no tiene consideración alguna con las mujeres, no considera que su castigo sea justo. ¿Qué crees que pasará si lo libera una mujer tan… pequeña como esa?"
"Esa mujer tiene mucha fuerza oculta." La defiendo yo. "Por ella se libraron guerras, por ella cayeron imperios y se condenaron almas. La nada y el hades están llenos de almas que se condenaron por ella. Creo que sabrá dominarlo a la perfección."
"¿Cómo puedes estar tan seguro?" Me dice Grace. "La he observado, no parece tan fuerte aunque no dudo que oculta algo bajo esa superficie de mujer dócil y suave." Añade medio susurrando antes de recuperar la fuerza de su voz. "No creo que tenga fuerza para manejar a un dios como él."
"Un dios privado de sus poderes." Matizo. "Y sé que le servirá a tu hermanastro como castigo."
"¿Cómo puedes estar tan seguro?" Me dice Julien.
"Hace muchísimo que la conozco." Afirmo sonriendo divertido. "Conozco su pasado bien, es un pasado lleno de dolor, y créeme, si hay algo que no soporta es a un hombre orgulloso. Y los dioses siempre son orgullosos."
(Salto espacio temporal)
(Voz de Lily)
Estoy tranquilamente sentada en un sofá cuando oigo ruido a mi derecha y miro con precaución para ver una niña de apenas 4 años mirándome desde una puerta.
"Hola." Le digo suavemente.
"Hola." Me dice.
"¿Vives aquí?" Le pregunto para que asienta. "¿Cómo te llamas?"
"Selene." Afirma.
"Selene… qué bonito." Afirmo suavemente. "Como la luna."
Entonces me sonríe y asiente de nuevo antes de venir más cerca y parar.
"¿Y tú?" Me dice.
"Yo soy Madeleine." Le digo.
"¿Eres amiga de mamá?"
"¡Selene!" Dice otra niña un poco más mayor. "¡No vale esconderse aquí!"
"¿Jugáis al escondite?" Les digo para que la pequeña asienta y venga corriendo a meterse bajo la mesa con tapete junto a mi asiento mientras la otra niña me mira. "Hola, soy Madeleine."
"Penélope no puede esconderse aquí." Me dice Selene desde debajo de la mesa donde se ha escondido.
"¡Eres una tramposa, Selene!" Le dice la otra.
"Yo creo que aún hay sitios donde esconderse." Afirmo intentando calmar a ambas. "Mira, ahí, tras esas cortinas aún hay un sitio para esconderse." Afirmo para que la niña mayor corra a esconderse tras las cortinas.
"¿Puedo preguntar de quién os escondéis?" Les pregunto suavemente tras un momento breve de silencio.
"Del malvado Rex." Afirma la pequeña.
"Shhhhh… si nos oye nos cogerá…" Le dice la otra mientras oigo revuelo al otro lado de la puerta. "¡Que viene!"
Es curioso, porque enseguida el revuelo se calma y vuelve a haber silencio.
"¿Eres amiga de mamá?" Me pregunta la mayor, Penélope.
"Supongo." Cedo mientras vuelve a armarse revuelo fuera y entra un niño a la carrera seguido de una niña.
"¡Dimitri, aquí no vale!" Le dice la niña parando cuando me ve. "Vamos, no podemos molestar a mamá."
"Seguro que se han metido aquí, Vanessa." Le dice el niño, Dimitri.
"A mí no me molestáis." Afirmo suavemente.
"¿Han venido aquí mis hermanas?" Me pregunta el niño.
"Hermanas… hermanas… no." Niego sonriendo. "Yo solo he visto pasar un par de ninfas, pero nada importante."
"¡Penélope, Selene!" Grita la chica, Vanessa. "¡Mamá nos dijo que no podíamos jugar aquí, salid ahora mismo!"
"Jooo… no vale…" Se queja la mayor de las dos, Penélope.
"Perdón si os han molestado." Afirma Vanessa. "Mamá nos tiene prohibido jugar aquí."
"¿Qué años tienes, pequeña?" Le pregunto.
"Diez." Me dice.
"Entonces supongo que puedo hablarte como a una adulta que ya eres." Le digo sonriéndole. "Tus hermanas no me han molestado. Hacía tiempo que no veía niños corriendo en la sala donde estaba."
"Padre nos tiene prohibido correr en casa." Me dice el niño, que debe tener apenas 8 años pero ya está casi tan alto como su hermana mayor.
"Entonces será mejor no decírselo." Afirmo suavemente guiñándole un ojo. "Aunque… supongo que deberíais buscar algo más calmado que hacer."
"¡Un cuento!" Dice la pequeña Selene.
"Selene, ya te he leído uno antes." Le dice la mayor Vanessa.
"La dama." Dice la pequeña sonriendo.
"Selene, no podemos molestar a las visitas de mamá." Le dice el chico Dimitri.
"No es molestia." Afirmo sonriéndoles. "Pero no tengo libro."
"Papá tiene uno aquí." Afirma Penélope corriendo a coger un libro pequeño de una estantería para dármelo.
"La Iliada…" Leo viendo el título. "No sé si será un cuento para niños."
"Papá dice que él lo leía de pequeño." Afirma Dimitri.
"Está bien…" Cedo. "Vamos a ver…"
(Salto espacio temporal)
(Voz de Aqueron)
No podía creérmelo cuando abrimos la puerta del salón al que le había mandado Grace ir a Madeleine y la vimos sentada en un sofá, con 4 de los 6 hijos de la pareja de Julien y Grace Alexander.
Estaban totalmente quietos y prestando atención a todas y cada una de las palabras que salían de la boca de aquella mujer rubia que tenía un libro sobre las piernas y que leía con una voz dulce y maternal mientras la más pequeña de las niñas se mantenía en sus piernas.
"Vaya, vaya…" Dijo Julien sonriendo. "Mira esto. La pequeña dama se ha ganado la atención de nuestros niños."
"Parece toda una madre." Afirma Grace sonriendo.
"Podría haberlo sido si encontrara un hombre adecuado." Les digo. "Pero se convirtió en cazadora."
"La gran peste para los vuestros." Asiente Julien. "Niños. ¿Qué tenemos dicho de las visitas de mamá?"
"Mis disculpas, general." Le dice Madeleine. "Fui yo quien les convenció para que esperaran aquí. La pequeña Selene quería que le leyeran un cuento mientras esperaban a sus padres para desayunar."
"Vamos, haremos tortitas para desayunar." Les dice Grace sonriéndoles. "Julien te prestará el libro, nos vemos de nuevo en unos días, me interesa mucho saber más de ti."
"Hum." Asiente Mady suavemente mientras las dos más pequeñas le dan un beso en las mejillas para que ella se los devuelva sonriendo.
"Bueno, pues aquí tengo el libro que te quiere prestar mi mujer." Le dice Julien.
"Mil gracias, general." Le dice ella haciendo una reverencia de gratitud de cabeza. "Le echaré un ojo y lo devolveré. Tal vez en unos días."
"Creo que ni Grace es tan rápida." Le dice él divertido.
"Con permiso, creo que nadie tiene más tiempo libre que uno de nosotros." Le dice ella suavemente para mirarme. "Yo casi no duermo."
"No me tires de la lengua, aún conservo el olfato." Le digo.
"¿Olfato?" Me dice Julien levantando una ceja.
"Ella ya sabe a qué me refiero." Le digo.
"¿Podremos irnos ya?" Me pregunta suavemente.
"¿Puedes salir de día?" Le pregunto con ironía.
"No, mas puedo si me oculto del sol." Afirma mirándome firmemente. "Normalmente me basta con mi sombrilla y capa con capucha. O un coche con cristales tintados."
"No creo que sea posible porque llamarías la atención." Afirmo divertido. "Pero conozco a alguien con un coche de cristales tintados."
(Salto espacio temporal)
(Voz de Madeleine)
"¿Mareada?" Me pregunta Ash mientras me tumbo en el sofá del salón junto a la chimenea.
"No debería haber accedido." Afirmo notando que se me saldrá la comida por la boca como siga hablando.
"Vale, túmbate y descansa, esta noche tenemos una noche movida, tenemos que acabar con un nido daimon." Afirma. "Y yo voy a orquestar todo, será mejor que me ponga ya a llamar a invitados al baile, cenicienta. Descansa." Añade dándome un beso en la frente antes de salir y desaparecer.
"¿Todo bien, Mady?" Me pregunta Sebastien. "He visto a ese sombrío jefe tuyo saliendo por la puerta."
"Me ha traído a casa con transposición." Afirmo suavemente. "Hoy descansaré aquí… ¿puedes traerme el quemador, por favor?"
"No creo que sea sano que…" Me dice.
"Lo necesito." Afirmo suavemente. "Necesito mi Xecnobia."
"Está bien…" Me dice. "Iré a cogerlo, te lo traeré."
"Gracias." Afirmo.
Para él que no conoce esa combinación de plantas, solo convierto mi habitación en un ahumadero, quemo hojas y flores mezclados con cortezas de plantas desconocidas para él y dejo que el humo lo envuelva todo y me relaje. Pero para mí es mucho más.
Con cuidado comienzo a despojarme de todas esas ropas que me limitan y me dan una identidad cada noche hasta quedar vestida con el traje más perfecto que la naturaleza nos otorgó: la propia piel.
Nunca he soportado ver mi reflejo vestida solo con eso, porque en una época, ese fue mi traje de trabajo, aunque a veces estuviese decorado para el gusto de los clientes.
Cuando Sebastien vuelve, me trae el quemador y yo pongo la mezcla en él para prenderla y cerrarla antes de ver que me mira con preocupación.
"No creo que sea buena idea que te quedes aquí." Me dice. "Esto no es un dormitorio."
"No importa." Le digo suavemente. "Gracias por traérmelo."
"¿Qué es?" Me pregunta. "¿Por qué quedarte aquí cuando tienes un dormitorio arriba?"
"No importa." Afirmo suavemente. "Yo… necesitaré ropa para luego. Vamos a cazar daimons a una madriguera."
"Rezaré por ti." Afirma suavemente antes de acercarse a donde estoy y echarme por encima una de las pieles del suelo en un abrazo y mirarme antes de salir dejándome sola.
Me gusta estar sola al final de una larga, larga noche… donde las cosas nunca cambian a pesar de los siglos y lo único que se espera de mí es que sea bonita y hábil usando mis armas de mujer para atraer presas y hechizarlas mientras las llevo al matadero.
Con cuidado me tumbo en el suelo tras destapar el quemador junto a mí e inhalar un par de veces antes de tumbarme en el suelo.
Pasan unos minutos antes de darme cuenta que el libro que traía Aqueron por mí descansa en el suelo también, a penas a un metro de mí, nada que no pueda alcanzar con estirar un brazo.
Leer no me disgusta, me gusta pasar hojas, me gusta el olor que desprende el papel y me gusta las historias que cuentan en sus páginas, un poco de lectura me hará dormir plácidamente al combinarse con la Xecnobia.
La tapa es extraña, pues es de piel pero a la vez es cálida y parece que tuviese pulso; sin embargo lo abro conscientre de que probablemente el cuero se haya calentado por estar tan cerca de la chimenea.
Era el libro más extraño que había visto en mi vida. Las páginas parecían haber formado parte, originariamente, de un rollo de pergamino, que más tarde había sido transformado en un libro
El amarillento papel se arrugó bajos mis dedos al pasar la primera página; en ella había un elaborado símbolo hecho a mano, formado por la intersección de tres triángulos y la atrayente imagen de tres mujeres unidas por varias espadas.
No parecía ningún tipo de signo de ninguna de las múltiples lenguas que había visto nunca.
Aún más intrigada que antes, pasé unas cuantas páginas y descubré que estaba completamente en blanco, excepto aquellas tres hojas…
Qué extraño…
Debía de haber sido algún tipo de cuaderno de bocetos de un pintor, o de un escultor. Eso sería lo único que explicase que las páginas estuviesen en blanco. Algo tuvo que suceder antes de que el artista tuviera oportunidad de añadir algo más al libro.
Pero eso no acababa de explicar por qué las páginas parecían mucho más antiguas que la encuadernación…
Entonces retrocedí hasta llegar al dibujo del hombre, y observé con atención la inscripción que había sobre él, era una letra muy clara, una maldición.
"Aquel cuyo nombre quedó escrito deberá servir a todos cuanto le saquen. Entregando su cuerpo y alma a su señora so pena de su propia vida y alma."
Podía entender las palabras, sin embargo no el qué hacían allí.
Entonces decidí pasar la vista al dibujo.
Era sorprendente. Absolutamente perfecto e incitante. Increíblemente fascinante y cautivador. Como un dios.
Sin duda debía ser el dibujo de algún artista con inspiración divina. Debían haber tardado siglos en hacerlo, el pobre modelo debía haber sufrido lo indecible manteniendo la postura, o tal vez el artista tenía gusto por los hombres y habían descansado juntos mientras se realizaba el dibujo.
O tal vez no; lo único cierto era que alguien debía haber pasado años dedicado a la tarea; porque aquel tipo parecía estar preparado para saltar del libro y meterse en casa.
Y de nuevo había algo escrito, esta vez en lenguaje normal, con letras usadas en muchos idiomas, como si el autor hubiera sido consciente de que el futuro usaría esa escritura.
"Príapo…" Leo. "Príapo…" Repito haciendo memoria.
Priapo había sido un dios, pero no podía recordar cual.
"Príapo…" Digo recordando por fin que alguien me había dicho que le había hecho alguna ofrenda.
No puedo recordar gran cosa, la Xecnobia ha hecho efecto y noto el aletargamiento, así que me rindo al sueño reparador junto al fuego, feliz de poder encontrar un poco de paz en el sueño reparador.
(Salto espacio temporal)
"Eh, Madeleine o como te llames." Noto que me llaman para abrir los ojos ligeramente para ver a la mujer morena con una ligera marca abultada en una mejilla que desconozco quien es. "Vaya, por fin despiertas. Valerio me ha pedido que entre a despertarte porque Aqueron le pidió que viniéramos a buscarte."
"Creo que he dormido más de la cuenta." Afirmo suavemente antes de ver que mi manta ha caído y la chica me mira con atención y yo me levanto para mirar el sofá donde descansa un vestido seductor de parís que…
"Alguien ha tocado mi ropa." Murmuro suavemente.
"Cuando he entrado la puerta estaba abierta." Afirma la mujer levantando las manos mientras aparece algo con un flash sobre el vestido y al acercarme descubro que es una nota que leo para arrojarla al fuego y recogerlo de mala gana ante la mirada de la pobre mujer.
"Dos cosas, la primera, ahora veo por qué Val me dijo que entrara yo. ¿Es que no sabes lo que es un pijama?" Afirma.
"No suelo dormir con ropa." Niego suavemente. "¿Cuál es la otra?"
"Por qué no coges otro vestido si ese no te gusta." Me dice.
"Lo haría, odio este color, pero es una imposición de arriba." Afirmo. "Convertiría cualquier otra ropa que osara ponerme en este… madito y… repugnante color."
"¿No te gusta el color del amor?" Me dice.
"No para mí." Afirmo acabando de ponerme el vestido para coger el resto de accesorios como son el collar que en este caso es una gargantilla con tres lágrimas colgando de brillantitos y la pulsera que aún conservaba de cuando 'Cartier' era un mero aprendiz de joyero francés al que todos llamaban simplemente Louis-François. Formado con diamantes auténticos tan grandes como canicas engarzados en una fina montura de oro blanco. Un regalo de uno de mis pocos hombres a los que había llegado a querer antes de que me demostraran que solo eran uno más.
"Vaya, eso sí es nuevo." Me dice. "Y esa pulsera… son los cristales más grandes que he visto nunca."
"En realidad son diamantes." Afirmo suavemente. "Un Cartier de cuando aún era un muchacho aprendiendo un oficio." Añado dejándola un poco sorprendida.
"Vaya, pues sí que tienes que tener amigos ricos." Me dice justo antes de que llamen a la puerta.
"Adelante." Afirmo suavemente.
"Perdón por irrumpir, pero mi hermano está esperando en la puerta y se preguntaba si tardarán mucho la dama y su acompañante." Dice una mujer que apenas debe llegar a los 20 años, pelo largo y rojo sangre recogido en rastas hasta casi su trasero y los ojos verdes pardo más brillantes que he visto nunca, claro que quizás fuese debido a los adornos luminiscentes en un verde flúor que parecían bombillas en su cuello y muñecas.
"Ah, vale." Dice la morena.
"Será solo un momento." Afirmo suavemente yendo a la cajita que traía el collar y levantando el cojín para sacar las horquillas y demás elementos de arreglo capilar para hacer un peinado que realzara el efecto del vestido y las joyas para potenciar mis dones naturales.
"Déjame adivinar." Me dice la morena. "Aristócrata antes de cazadora ¿no?"
"Nada más lejos de la verdad." Afirmo suavemente clavando otra horquilla en el peinado que sujeto de momento parcialmente con las manos. "Pero mis habilidades no son nada si no van acompañadas con una imagen acorde." Afirmo colocando la última horquilla y peinando el resto con las manos hasta dejarlo exactamente como quería y que la chica de rastas se me acerque para sacar un peine del bolsillo y peinármelo con cuidado para alejarse unos pasos y comprobar el efecto antes de volver a tocarme la parte que cae sobre mi ojo izquierdo y volver a admirarlo para asentir.
"Gracias." Le digo inclinando suavemente la cabeza.
"¿Cómo sabías hacer eso?" Le pregunta la morena.
"Una antepasada era talpina." Afirma haciéndome recordar los tiempos en que mi trabajo era complacer a algún compañero cazador hasta que Artemisa se cansó y me mandó enamorar a uno hasta que pidiera su alma por mí y luego dejarla caer, no sin antes haber arruinado ligeramente mis manos con la quemadura. Me dio pena la crueldad de la diosa para ese pobre compañero cuyo único crimen había sido alimentarse de sangre sin matar a nadie. "Así que las mujeres de mi familia siempre han insistido mucho en el cuidado de las apariencias y el look femenino. Eso y que mi tía tiene una peluquería en el barrio alto y me ha tocado ayudarla muchas veces antes de ser elegida para trabajos de este tipo."
"¿Eres peluquera?" Le pregunta la morena mientras yo recojo algunas armas del cofre donde las guardo para ir cargándome.
"No, soy escudera, como mi hermano." Afirma. "Al que por cierto estamos 'cabreando' porque está esperando fuera."
"Ya estoy." Afirmo suavemente escondiendo el último cuchillo en su funda en mi escote.
"¿Vas a llevar solo un cuchillo?" Me pregunta la morena.
"Llevo alguno más." Afirmo suavemente moviéndome el vestido para revelar el que llevaba en su funda bien pegado a la cara interna posterior de mi muslo. "Y…"
"Tabitha, me llamo Tabitha Deveraux." Me dice.
"Tabitha, yo solo me aseguro de sacar a los inocentes y que los enemigos estén ahí cuando todo salte." Afirmo suavemente para mirar a la otra chica.
"Shalma, Shalma Redwood." Afirma. "¿Nos vamos? Mi hermano tiene que estar fumando en pipa, y no precisamente con una de verdad. Lleva un poco esperando, y siempre se aburre esperando."
"No le hagamos esperar más." Afirmo suavemente. "Las damas tienen siempre unos minutos de cortesía."
"Eso decía mi abuela, pero cuando creces en un barrio donde te insultan por ser tan morena de piel… te aseguro que los modales se van muy a…"
"Las damas no dicen palabrotas." Afirmo suavemente.
"Y yo no soy una." Afirma con ironía mirando fuera para volver a meter la cabeza. "Por cierto, deberías cambiar de mayordomo, el que tienes es un borde estirado. Y por dios, pone un uniforme más tradicional en lugar de ese… Armani."
"¡No es un mayordomo!" Le dice Tabitha ofendida. "¡Es mi marido!"
"Pues lo siento por ti, parece que tenga un palo en el…"
"Estoy segura que los modales de Valerio no le permiten mostrarse tan abierto." Les digo intentando sembrar paz. "Pero tenemos que irnos, tenemos que llegar pronto para poder hacer todo como se planeó."
