Capítulo 8
(Voz de Cherif)
"Eh, tranquila…" Le digo a la cazadora rubia que lleva el vestido lleno de sangre y medio destrozado. "Madeleine, tranquila. Ya está."
Está temblando como una loca y cubierta de sangre de daimons y sospecho que parte también suya.
Y entonces lleva alguien más, una chica que he visto por allí peleando como una leona, no sé de qué etnia es pero desde luego alguna de piel oscura con el pelo teñido de rojo caoba a juego con sus labios gruesos que contrastan con unos ojos verdes como el musgo.
"Mady, eh, ya está." Afirma cogiéndola ella y quitándome de en medio con un golpe de cadera. "Estoy aquí, soy yo, Shalma, tranquila, estoy aquí."
"Shalma…" Le dice ella suavemente calmándose un poco.
"Eh, has hecho un gran trabajo, para parecer tan blandita."
"Soy una cazadora." Afirma sonriendo mientras veo cómo se acerca Aqueron con el pelo oscuro. "¿Hemos ganado?"
"Por esta noche, sí." Le dice él asintiendo y sonriendo suavemente. "Así que, por qué no te vas a casa y dejas que esta joven te ayude a limpiarte un poco y te atiende un poco las heridas."
"Aún hay trabajo que hacer." Afirma ella suavemente incorporándose de nuevo para dejarnos ver que tiene el tobillo algo hinchado.
"No más cebo por esta noche." Le dice Aqueron mientras la otra chica escupe sangre a un lado.
"Claro, podremos apañárnoslas solos." Le digo mientras el resto va acercándose.
"Michael, tu hermana y tú llevárosla a casa." Le dice Aqueron. "Que Shalma la ayude un poco cuando lleguéis."
"Vale." Afirma el tipo cachas con el mismo peinado que la chica teñido de azul violín pero con la perilla roja como el pelo de la chica, haciendo evidente que eran gemelos salvo por los gustos cromáticos patentes en su pelo antes de ir hacia ella y cogerla en brazos para que ella se revuelva. "Eh, por muy señorita cazadora que seas no pienso dejarte bajar. Tienes el tobillo tan hinchado que parece una bota, y tengo experiencia cargado al culo gordo de Shalma."
"¡¿Qué tienes que decir de mi culo, capullo?!" Se queja la negrita.
(Salto espacio temporal)
(Voz de Lily)
"Bueno, señorita." Me dice el gemelo de Shalma sonriendo desde el asiento del jeep que conduce. "Creo que me gustará ser escudero en la casa."
"¿Cómo debo llamarte, Redwood?" Le pregunto mientras su hermana vuelve a frotarme suavemente las heridas en mis hombros.
"Michael." Me dice. "Pero mi gente me llama Mich, así que supongo que tú también."
"Mich y Shalma." Afirmo suavemente grabando los nombres en mi cabeza.
"¿Y por qué nombre se le conoce a la señorita?" Me pregunta como bromeando.
"Madeleine." Afirmo. "Pero mis amigos me llaman Mady."
"Mady… no es mal nombre ¿eh, Shalma?" Dice el joven.
"No, no es mal nombre." Afirma la chica sonriendo. "Deberías haberla visto ahí dentro, es… realmente es la mejor. Hasta yo pensaba que pagaría lo que fuera, haría lo que fuera por tenerla. ¡Y soy mujer!" Afirma riéndose.
Eso hace que me ponga en guardia y me aparte ligeramente.
"Oh, vamos." Me dice. "Era broma, no me gustan las mujeres, ni siquiera las que son tan bonitas como tú."
"¿Y…?" Le digo suavemente señalándole con la mirada a su hermano en el asiento delantero.
"¿Mitch?" Me dice. "Es un puto engendro, no le gustan ni los hombres ni las mujeres. Solo se divierte con ellas."
"No te preocupes, nunca me divierto con las señoritas." Afirma él divertido bajando y abriéndonos la puerta para volver a cargarme en brazos. "Ala, hermanita, haz algo de provecho y ve abriendo las puertas. ¿Nos guías hasta el baño, Mady?"
"Está abajo, es grande como unas termas." Afirmo.
"Vale, te dejaré allí y mi hermana te ayudará a bañar." Me dice. "Y a quitarte toda esa sangre, esos rubios de bote sin duda saben cómo salpicar de sangre cuando mueren."
Eso me hace sonreír.
Los hombres y mujeres que hoy murieron no eran humanos, no se parecían en nada a Philippe, mi último marido. Los de esta noche eran símples bestias, asesinos sin ningún tipo de remordimiento que hubieran matado a las que habíamos salvado.
"Muy bien, ya estamos." Afirma Michael poniéndome de pie junto a la bañera del tamaño de toda unas termas. "Os dejo para que os bañéis."
"No te preocupes, yo la ayudaré a asearse y saldré a hacer la cena." Afirma Shalma. "Hoy cenamos aquí y Gabri se queda por fuera, ya sabes, controlando a los jardineros, al cartero… ¿tú recibes cartas? Bueno, controlando a la gente que pueda venir." Afirma sonriendo mientras se quita el vestido negro ajustado y ahora lleno de suciedad, y las botas hata quedarse con solo los adornos luminscentes encima dejándome ver varios tatuajes mientras se suelta el pelo.
Esa chica habla, habla demasiado, como si le gustase hablar.
"Espera." Me dice cuando acabo de desvestirme. "Te ayudaré a meterte en el agua."
"No importa, puedo sola." Afirmo.
"Eh, no te pongas chula, señorita cazadora." Me dice. "Supongo que siempre has estado sola, pero da la casualidad que yo soy la mayor de 3 chicas y 5 chicos. Así que sé lo que es ayudarnos entre nosotros."
"¿Y qué?" Le digo.
"Pues que sé exactamente cuándo alguien necesita ayuda." Me dice. "Y sé darla. Ya sabes, hoy por ti mañana por ti. Y ese tobillo no tiene buena pinta."
Suspiro al darme cuenta que tiene razón, así que le dejo cogerme el brazo y acompañarme hasta meternos en la bañera.
"¿Sabes?" Me dice. "Creo que tienes suerte."
"¿Suerte?" Le digo confundida.
"Sí… he visto a otro cazador oscuro casi desnudo." Me dice. "Callista, era espartana. Tenía todo el cuerpo surcado de cicatrices, en cambio tú… casi no tienes."
"Supongo que Callista pelearía." Le digo suavemente. "Pero yo… yo solo hago de cebo y… defiendo."
"¿Y no peleas?" Me pregunta mientras me ayuda a bañar quitándome la suciedad que tenía.
"Yo solo asesino." Niego suavemente. "Si estoy a menos de 2 metros de distancia soy capaz de apuñalar a cualquiera en el corazón, un pulmón o el intestino. Domino los venenos de forma que resulten indetectables si no se buscan al momento. Puedo matar a un daimon envenenándolo y retardar su muerte lo necesario para que cante como un pajarito la información que quería de él, o matarlo tan rápidamente que no le de tiempo ni a pensar cómo ha pasado."
"Vaya…" Me dice sonriendo. "Pues no lo pareces, letal digo."
"¿Y qué parezco?" Le pregunto.
"Una aristócrata." Afirma sonriendo tras pensar un momento. "Una de esas damas con porte y modales."
"No soy una aristócrata." Niego. "Nunca he tenido educación para serlo, hasta que me convertí en cazadora no supe leer ni escribir."
"Pues para mí que eras una dama." Afirma divertida. "Una de esas que siempre sabe cómo comportarse en sociedad. Que va a fiestas exclusivas y todo el mundo conoce."
"No era una dama." Afirmo suavemente notando cómo tiemblo.
"Nah… yo tampoco…" Afirma suavemente sentada junto a mí. "De pequeños siempre nos confundían a mi hermano y a mí. Y cuando se metían conmigo, en lugar de llorar como las otras niñas, me tiraba contra ellos y les zurraba a base de bien. Y así aprendían a respetarme. Y luego crecí… y comencé a prepararme para ser escudera de algún buen cazador… y bueno, ahora estoy aquí, con una cazadora en lugar de un cazador, feliz de no tener opción a que me conviertan en talpina." Afirma sonriendo.
"Pero… la vida del escudero es duro y…" Le digo. "¿Por qué querrías hacerte escudera?"
"Tengo una familia grande, soy la segunda junto a Michael de 8 hermanos, mis padres siempre se han deslomado para sacarnos adelante a todos, y Gabriel lleva años en esto, quiero ganar tanto dinero que mis padres no tengan que pasar tanto tiempo peleando."
Sabía lo que era sentir eso. Yo nunca había tenido familia, pero sabía lo que era querer dinero para pagar una vida.
"Aqueron no me dijo si sería para mucho, pero… ojalá me deje serte útil mientras estés aquí." Afirma sonriendo.
"¿Sabes cocinar?" Le pregunto.
"No, pero puedo aprender." Afirma. "Le pediré a María que me preste su cuaderno de recetas, estoy segura que si Mitch me ayuda podemos hacer algo bueno."
"¿Y sabes algo de moda?" Pregunto de nuevo.
"Bueno… no lo sé." Niega. "Pero puedo leer rápido, cogeré todas las revistas de moda de la peluquería de mi tía y las estudiaré hasta saberlo."
"Está bien…" Murmuro. "Estoy cansada… y tengo hambre."
"Iré a cocinar algo." Afirma. "Seguro que Mitch puede hacer los mejores huevos rancheros que hayas provado nunca." Añade saliendo para secarse con una toalla, enroyársela en la cabeza escondiendo las trenzas rojas en ese turbante improvisado y poniéndose uno de los albornoces que había allí por encima antes de salir.
"Se ha dejado la puerta vuelta…" Afirmo suavemente cerrando los ojos para recostarme en la bañera.
Siempre me ha gustado bañarme, por eso hay una pila de albornoces bien doblados en una esquina, para poder bañarme tantas veces como quiera.
Algo que hasta ahora Sebastien siempre había cuidado al detalle, para él los colores fríos y para mí los cálidos. Siempre en dos cestos, a veces incluso nos bañábamos juntos, porque era divertido hablar con él y era como una mujer.
Entonces oigo un ruido en el agua frente a mí.
"Pensaba que estabas cocinando." Le digo a Shalma sonriendo sin abrir los ojos siquiera notando cómo el agua se mueve justo en su sitio. "Ya estaba deseando probar la cena que ibais a cocinar Mick y tú…" Añado mientras noto una mano en mi muslo y abro los ojos como platos para comprobar que quien estaba allí dentro no era esa mujer de ébano sino un hombre con el pelo ondulado y castaño y un cuerpo digno de un dios que me hace temblar al no reconocer a aquel hombre de piel dorada.
(Salto espacio temporal)
(Voz de Príapo)
Todo había sido demasiado extraño, llevaba años dentro de ese libro y había oído cómo el juguete de mi prima Artemisa había pedido a mi hermanastro y su esposa mi liberación temporal, a manos de una mujer que supuestamente estaba a su cargo.
La mujer, Grace, me había pedido que me portase bien mientras que mi hermanastro me había dicho que como hubiese el menor problema podría acabar muerto, cosa que me había corroborado el juguete de mi prima.
Pero por otro lado, me había pedido que tuviera cuidado y paciencia con esa mujer porque había algo podrido en su pasado y por eso reaccionaría mal a según que cosas.
En el camino a donde había sido invocado me había enterado de algo más sobre esa mujer, aunque creo que había sido un trasporte astral a juzgar por el malestar en la chica cuando todo paró.
Y tras oírles discutir en un volumen que haría pensar que símplemente dialogaban, al poco había oído oír a la mujer con un tipo que parecía ser su cuidador para darle unas instrucciones que supongo que habían cumplido.
Y entonces… las palabras que más ansiaba escuchar: mi nombre, tres veces repetido.
Aunque había esperado otro… tono, no ese que parecía que pensaba como si no supiese quién era por mi nombre.
¿Acaso me iba a invocar alguien tan inculto como para no reconocer mi nombre?
No podía creérmelo, pero no me duró demasiado, porque en cuanto me alcanzó un rayo de luna, sus labios volvieron a pronunciar mi nombre y fue como si alguien me hiciese una descarga astral. En un momento y con mucho dolor estaba preso y al siguiente estaba allí, junto al fuego y con una figura envuelta en pieles de animales a mis pies.
Pero era…
"Por dios… parece un pájaro." Afirmo viéndola.
Sin embargo es rubia tan claro que parece hecho con rallos de sol, y su piel es tan pálida que parece de cristal templado. Pero es… demasiado flaca.
Sacudo la cabeza e intento acercarme, pero me tropiezo y acabo callendo sobre uno de los asientos de forma que me golpeo la cabeza y acabo encerrado en un sitio pequeño y oscuro.
Intento salir hasta que veo que entra alguien entrar, una mujer morena que no sé por qué parece un poco… mandona y sin modales. Despierta a la que me sacó de esa prisión en la página del libro y mientras las oigo y luego veo cómo la rubia se pone un vestido rojo que hace que mi erección me duela aún más cuando la veo vestida.
Sin embargo, mis sospechas se confirman cuando entra una esclava de pelo teñido como la sangre que le habla con servidumbre un tanto… laxa.
Esa sirvienta extraña es una escudera, y mi liberadora es una cazadora oscura.
Me paso demasiado tiempo planteándome por qué.
"Joder, soy un dios." Afirmo furioso. "Los mortales de aquí deberían estar escondiéndose de mí, no yo."
Salgo de esa sala pero por desgracia no parece haber nadie en la casa, así que acabo gritando.
"¡Madre!" Grito llamándola. "¡MADRE!"
"¿Y ahora qué, malcriado?" Me dice apareciendo detrás de mí.
"Exijo que me levantéis el castigo ahora mismo." Afirmo.
"Me sorprende verte fuera tan pronto." Me dice. "¡Por todos los dioses… qué descuidado estás!"
"¡Gracias!" Le digo. "Es inhumano estar en esas condiciones."
"Creo que… ah, ya está." Afirma sonriendo mientras noto cómo vuelvo a estar impoluto y mi barba ha desaparecido convirtiéndose en una línea de pelo del labio a la barbilla y ligeramente hacia el mentón. "Pero mira qué lindo estás ya."
"¡Mamá!" Le grito ofendido. "¡Quiero que me levantes la pena ahora mismo!"
"No pienso hacerlo." Afirma volviendo a ponerse seria. "Tienes que aprender la lección. Hiciste que tu hermano estuviera preso aquí durante siglos, y tú no has pasado apenas una década y poco más."
"¡Pero me ha dado a una cazadora de sombras!" Afirmo furioso. "¡No tienen alma!"
"Está bien, hablaré con tu hermano y tu tía, igual podemos hacer que vuelvas antes, pero solo por esta vez." Afirma levantando un dedo.
"¡No quiero que me devolváis al libro!" Rujo furioso. "¡Quiero que me quitéis la pena!"
"Cuidado." Afirma haciéndome volar contra la pared con la cara de total enfado. "Ser mi hijo no te garantiza que no pueda hacerte daño. Hablaré con tu hermano y tu tía y les pediré que te devuelvan al libro, pero puede llevarme un tiempo. Hasta entonces te aconsejo que te portes bien con la mujer que te ha liberado, sea cazadora o no, sigue siendo tu castigo satisfacerla plenamente. Eres su esclavo sexual y cuando vuelva la luna llena volverás a tu libro, a no ser que tu maldición se rompa, cosa que dudo que hayas descubierto tan pronto."
Quiero volver a decirle que me lo quiten, que me liberen de esa maldición, pero entonces madre desaparece en un rayo de luz dejándome solo de nuevo.
Entonces comienzo a buscar a alguien en la casa, pero por desgracia, no ha quedado nadie allí dentro, al menos no que pueda quejarme; puerta tras puerta voy descubriendo infinidad de cuartos, tantos que al final pierdo la cuenta dado que me pierdo un par de veces en largos corredores.
Y entonces, veo un coche llegando por el camino de llegada y veo cómo alguien entra dentro para darme cuenta que alguien más queda fuera, un hombre alto con pelo recogido en una coleta con rastas oscuras y una complexión que me parece evidente para un guerrero, uno bien entrenado.
Entonces intento ir a buscar a esa gente, pero acabo perdido de nuevo hasta que llego a un pasillo en el sótano donde veo una puerta semi-abierta por la que sale luz.
Así que abro un poco para ver al 'pajarillo rubio' metida dentro de la bañera con el pelo en un peinado cuidado y que parece cubrirle media cara, metida en la terma que descubrí en mi búsqueda de vida en la casa.
Está recostada de espadas a mí y tiene los ojos cerrados.
Entonces sonrío, tal vez antes de que me liberen podría obviar el hecho de que esa furcia no tenga alma y usarla un poco.
Así que considerando que ahora no soy el único que está desnudo, me acerco al borde de la terma y desciendo para sumergirme junto a ella.
"Pensaba que estabas cocinando." Me dice sonriendo sin abrir los ojos siquiera para mirarme mientras acabo de sumergirme a su lado. "Ya estaba deseando probar la cena que ibais a cocinar Mick y tú…" Afirma mientras le coloco una mano en su muslo para acariciarlo y hacerla que abra los ojos como platos para mirarme asustada.
"Buenas tardes." Le digo contestando a la sonrisa que me dedicó cuando pensaba que era una de sus 'perras'. "Así que tú eres la…" Le digo antes de notar cómo me tiran del pie bajo el agua y me deslizo a la par que ella se mueve a la velocidad del rayo para girarme sujetándome los brazos contra la espalda sentáda sobre ellos y con una mano mientras que con la otra me sujeta la barbilla con firmeza.
"¿Quién eres?" Me dice.
"Soy Príapo." Afirmo para que me sumerja la cabeza en el agua caliente de la terma unos segundos antes de sacármela tirando de la barbilla para hacerme daño en la espalda de nuevo.
"He preguntado quién eres." Me dice.
"¡Te lo he dicho, soy Príapo!" Le grito para que vuelva a repetir lo de meterme la cabeza bajo el agua con intención de ahogarme y volver a sacarmela cuando noto que me voy a ahogar. "¡Maldita zorra desquiciada!"
"Príapo es un dios, y tú no eres uno." Afirma. "¿Quién eres?"
"¡Soy Príapo, maldita zorra des…!" Le grito antes de que vuelva a sumergirme bajo el agua, solo que esta vez, estoy a punto de ahogarme de verdad antes de que me saque.
"¿Por dónde has entrado?" Me pregunta. "Y más te vale no mentir, porque esta vez te ahogaré de verdad."
"No tengo por qué…" Le digo antes de que vuelva a intentar bajarme. "¡El libro, salí del libro!" Consigo gritar antes de que me hunda, solo que esta vez es más brevemente.
"¿Qué libro?" Me dice.
"¡El que leíste junto al fuego!" Afirmo con miedo a que pueda ahogarme, algo que pensaba que no podía ser posible pero que, a las luces de los últimos acontecimientos era más que posible, y eso sí me daba miedo. "¡Dijiste mi nombre 3 veces!"
Entonces percibo un atisvo de duda y chasca la lengua, algo nada femenino a mi criterio.
"¡SHALMA!" La oigo gritar. "¡SHALMA!"
"¿Me crees ya?" Le pregunto.
"No." Niega para volver a sumergirme la cabeza, solo que esta vez, en lugar de sacarla ella, noto cómo me la quitan de encima y cuando consigo sacar la cabeza tosiendo agua, la veo bien inmovilizada en brazos de un hombre alto y con el pelo extralargo y negro que se oculta tras unas gafas de sol.
"La verdad es que cuando pedí que te prestaran el libro no pensé que lo primero que harías con él fuese intentar ahogarlo." Le dice el hombre.
"Es un mentiroso, dice que se llama Príapo y que…"
"Y que ha salido de un libro." Le dice el hombre. "Y es cierto. Es Príapo, y por lo que se era un dios pero hizo algo terrible y le castigaron a quedarse en un libro convertido en esclavo sexual de aquella persona que le sacara."
"¿Qué clase de trampa es esta?" Le dice la mujer soltándose para volver a meterse en el agua, esta vez lejos de mí. "¿Acaso no he hecho todo lo que se me ha pedido que hiciese?. ¿Por qué me castiga ahora Artie?"
"No es un castigo, y tampoco cosa de Artie." Le dice el moreno. "Fue cosa mía, un favor."
"¿Un favor?" Le dice ella suavemente. "¿Y qué es, una mujer o un amante de hombres? Porque entonces me gustaría que me explicaras qué es lo que tiene entre las piernas."
"Eh, puta." Le digo. "No habléis de mí como si no estuviera…" Le digo para volver a notar cómo me tiran del pie y mi cabeza vuelve a hundirse bajo el agua para notar que una mano me la mantiene ahí antes de que vuelva a desaparecer la presión.
"Te he dicho que nada de ahogar a la gente que te regalo." Le dice el moreno.
"No lo quiero, puedes volver a llevártelo." Afirma ella saliendo del agua y cogiendo una de las batas de baño que había bien dobladas en un rincón.
"Muy bien, entonces me llevaré al resto también." Le dice el moreno. "A los hermanos Redwood, a Tabitha…"
Esta vez no dice nada, símplemente se envuelve en el albornoz y sale con un gesto airado y la cabeza bien alta con porte regio sin decir palabra y con unos pasos que la hacen parecer caminar sin tocar el suelo siquiera.
"Por lo que veo has comenzado con mal pie." Me dice el hombre.
"¿Y quién eres tú para hablar así a un dios?" Le digo.
"Me llamo Aqueron Parthenopaeos, y no veo ningún dios, solo un esclavo sexual, que es lo que se supone que eres ahora." Me dice bajándose ligeramente las gafas para mirarme con un gesto de diversión en la cara mientras veo que tiene los ojos casi blancos. "Ah, por cierto, no tienes poderes, así que, si fuera tú, me andaría con un poco más de cuidado con lo que le dices." Me dice.
"Ella no tiene poderes para hacerme nada." Le digo. "Solo es una puta."
"Sí, pero una puta que se dedica a espiar y asesinar sutilmente gente." Me dice. "Y por lo que sé, si no hubiera aparecido hubiera acabado matándote al ahogarte en su propia bañera."
Aunque me doliera reconocerlo era así. Había estado a punto de morir ahogado, y lo había hecho esa chica, por muy enclenque que pareciera o suave o…
"Muy bien." Afirmo. "Me limitaré a quedarme apartado de ella este tiempo."
"Me temo que va a serte imposible." Afirma sonriendo divertido. "Tu condena es ocuparte de sus deseos sexuales, todos y cada uno de ellos. Y si no lo haces, por cada día que pase te sentirás peor, y al final, serás tú quien la necesite a ella."
"Eso es imposible." Afirmo.
"Bueno… tiempo al tiempo." Me dice divertido. "Me tengo que ir, solo vine a salvarte el cuello, a avisarle a ella de quien eras y a ti de que controlaras lo que dices y cómo te comportas con ella, por tu bien." Añade guiñándome un ojo.
"Espera, te oí pedirles a mi hermano y su esposa que me dejaran salir." Le digo. "¿Por qué?"
"Digamos que pensé que podrías ser útil a cambio de ver un mes de días normales." Me dice. "Los cazadores, todos y cada uno de ellos, son como hijos para mí, así que me interesa que estén bien. Y Mady es una 'hija' muy especial. Así que necesito que cumplas con tu parte y te mantengas cerca de ella. Y me voy, o conseguirá liarme, ya me entenderás." Afirma antes de desaparecer justo mientras la puerta se abre y vuelve la mujer rubia que se pone a buscarlo por todas partes.
"¡Ash!" Le llama.
"Si llamas al tipo raro, se ha ido." Afirmo para que me vuelva a dar la espalda.
"Cuando le contacte me va a oír." Afirma casi susurrando. "Hacerme esto… se ha pasado."
"Oye, quiero ropa." Le digo.
"No tengo." Afirma saliendo.
"Cómo no…" Me quejo para mí dado que ya debe estar lejos de la puerta siquiera.
Entonces miro la pila de abrigos raros como el que se había puesto ella y ya no se me antojan tan estúpidos, así que cojo uno y me lo pongo para atarme la cinta que lleva en la cintura y tapándome al menos mis partes púdicas.
Esto va a ser más difícil de lo que pensaba…
