si, ya me di cuenta de que esta historia esta siendo un total fracaso... pero tengo escritos 5 capitulos y planeo traducirlos en cuanto pueda... patético
Día: 5. Mes: Diciembre. Año: 2004
—¡¿Muerto?! ¿Cómo? —gritó Mello—. ¿K-Kira lo mató…? ¿Fue eso?
Aria, como era conocida en el orfanato, estaba espiando desde el otro lado de la puerta cerrada con la boca abierta en sorpresa. ¿En verdad había ocurrido lo impensable?
—L dijo que iba a conseguir que condenaran a muerte a Kira, pero él lo asesino. —La furia de Mello era incontenible y la sorpresa de Aria era inocultable—. ¿Eso estas diciendo?
Aria siempre le había marcado e incluso suplicado a Mello que aprendiera a controlar sus emociones. Ellos dos eran amigos, hasta muy amigos; aunque Aria prefería la compañía de Matt (la única persona que le había confiado su nombre real) ya que él, pese a que era el tercer alumno mas inteligente del orfanato, no veía la sucesión del mejor detective del mundo como una competencia; y supuso que Mello también pensaba lo mismo.
Aria no quiso escuchar mas luego de que Near dijera su "si no puedes ganar el juego, si no puedes resolver el enigma, simplemente eres un perdedor". Ella también la conocía de otra forma: el fin justifica los medios. Odiaba con el corazón esa frase.
Se había enterado de algo que no debía: L había muerto, necesitaba un sucesor, y ella no era candidata para ello.
Corrió a su habitación procurando no cruzarse con nadie, tomando caminos alternativos y al llegar tomó la mochila con dinero, provisiones y ropa que había estado guardada en el fondo de su armario por semanas.
Pero eran meses por lo que estuvo planeando escapar.
Ahora, sin L, sin una meta, simplemente deseaba con todo su ser fugarse de ese condenado orfanato. Salió de su cuarto sin expresiones en su rostro por si alguien llegaba a acercarse y corriendo lo más rápido que podía cuando estaba completamente sola.
El orfanato siempre le había recordado a las iglesias que solo tuvo la oportunidad de ver en fotos y en filmaciones, con las columnas talladas y los cuadros en las paredes y las ventanas con vitraux que proyectaban rayos de fascinantes colores cuando el sol pegaba en ellas. En el segundo en el que sus ojos se acostumbraron a la luz distinguió a una de las vigilantes, una mujer que parecía una secretaria pero que por dentro podía ser una harpía. Se escondió contra una pared antes de que esta se volteara.
Aria casi no podía aguantar los jadeos mientras luchaba por aire luego de correr, lo que pareció alarmar a la vigilante. Sus tacos resonaban cada vez mas fuertes contra las paredes indicándole que se estaba acercando.
«¡Mierda!». Para su suerte, a unos pocos pasos había una puerta de madera que daba a una de las habitaciones de esa ala del edificio. Mientras se aproximaba con sigilo sacó de su mochila una tarjeta y un alambre que la habían salvado de quedarse encerrada varias veces en los exámenes de espionaje y la habían puesto en el record de tiempo en esa clase. Forjar las cerraduras era una de sus técnicas favoritas, pero no quedaba tiempo. Intentó apresurarse pero entre los nervios y el miedo a ser atrapada le hacia temblar las manos y equivocarse varias veces.
«Rápido, ¡rápido!» pensaba mientras sentía a la mujer a escasos metros de ella. No iba a llegar… «¡Ábrete de una maldita vez!»
Como si fuera broma, la puerta se abrió. La chica entró en la habitación en lo que pareció una fracción de segundo y volvió a cerrar la puerta. Se dejo caer contra ella, tratando de que le bajasen las pulsaciones y de tragarse de nuevo el susto que relucía a flor de piel. Tanto se le había nublado la vista y minimizado los sentidos que casi ni noto que el dueño del cuarto la estaba mirando expectante. Inhalando y exhalando logró calmar su adrenalina y visualizó la mano que le tendía el chico pelirrojo de remera rayada.
Mail Jeevas, conocido como Matt, la ayudó a levantarse. Se podía oír la música de un videojuego pausado mezclado con el ruido de los tacones que pasaban de largo del otro lado de la puerta.
—¿Planeabas escapar? —preguntó Matt una vez que la vigilante parecía lo suficientemente lejos como para no escucharlos—. Por eso intentabas forjar mi puerta.
—Yo… —comenzó a decir Aria, sin poder continuar. Los ojos verdes del chico la miraban con una mezcla de tristeza, decepción y algo más que no supo descifrar.
Lo habría considerado traición si se hubiera ido. Ni siquiera se había detenido a pensar en él. La muerte de su deidad, su objetivo, la había chocado tanto que no había pensado en eso. Su mente había quedado en blanco.
Otra razón más que no le permitía ser la sucesora de L. Se dejaba llevar demasiado por sus emociones, no podía quedarse en blanco por nada. Aunque… Mello también actuaba guiado por sus emociones. «Su sucesor va a ser Near.» dedujo casi sin darse cuenta. Near actuaba a sangre fría, como una maquina calculadora. Y Mello… pues Mello era muy parecida a ella en muchos aspectos. Por eso podía predecir lo que iba a hacer: iba a irse, al igual que ella, solo si la noticia lo cegaba y lo hacía olvidarse de su mejor amigo. Después de eso se arrepentiría de dejarlo atrás y no podría volver a por él.
Se dio cuenta algunos segundos después que Matt aun la miraba esperando respuesta.
—L murió —intentó excusarse dudando si él debía saberlo: Matt, el tercero en la línea.
El chico no tuvo la reacción que Aria esperaba. Abrió los ojos como platos y la mandíbula se le bajo unos centímetros, sí; pero ella esperaba algo más dramático. Tal vez que las piernas cedieras o un grito como los de Mello, pues él también tenía emociones. No como Near.
Luego de recobrarse de la sorpresa dijo, tal vez demasiado sereno para la situación:
—Era cuestión de tiempo. O era Kira o era cualquier otro criminal. En el fondo ya sabía que no viviría tanto, por más de que tomara todas las precauciones posibles.
Ahora Aria era la que mostraba sorpresa. Ella sabía que él no idolatraba a L tanto como el resto de las personas. Por supuesto que lo admiraba y todo, pero nunca lo vio como un objetivo o antecesor. Nunca había intentado ser como él. Matt era Matt y no pensaba cambiarlo.
—Pensabas escapar porque seguir aquí ya no tiene sentido.
«¿Tanto me conoce?» pensó Aria, antes de abrazarlo y soltar todas las lágrimas que tenía guardadas. Matt la rodeó con sus brazos acariciándole la espalda. Estuvieron así unos pocos minutos sin decir una sola palabra, hasta que Aria logro recomponerse. No podía bajar tanto la guardia, no podía llorar frente a otra persona.
—Escucha —le dijo Matt—: desde mi ventana se puede subir hasta el techo usando unos ladrillos que sobresalen. Si logras trepar, camina hacia el lado oeste, por ahí se puede bajar fácilmente, pero esta todo resbaloso así que ten cuidado. De todos modos, si no conociera tus habilidades físicas, ni te lo sugeriría. No van a haber vigilantes, ningún estudiante conoce su existencia, fue cerrada en su totalidad hace años.
»—De ahí te internas en el bosque que hay a unos cuantos metros. Cada tanto va a haber un árbol con un corte en el tronco. Utilízalos para guiarte. Si no te pierdes, saldrás a una carretera, y de ahí a Londres.
—¿Cómo sabes todo esto?
Aria sabía la respuesta, pero aun así quería escucharla. Le parecía totalmente irreal.
—Porque yo he salido.
—¿Y por qué volviste? —pregunto Aria, eso era lo único que no lograba entender—. ¿Por qué no te quedaste ahí? Podrías ser libre.
—Lo sé. —Su voz dejaba notar su tristeza detrás de la verdad—. Es que… no puedo.
Aria sabía que por más que ella siguiera presionando para que le contestara, Matt no iba a soltar una palabra más. Entonces, se separó de él, tomó su mochila y se subió al marco de la ventana.
—Hasta siempre… —se despidió ella con una sonrisa.
—Hasta siempre… —se despidió el.
Regla II: El cuaderno no surtirá efecto a menos de que quien lo utilice tenga en mente la cara de la persona al escribir su nombre, de esta manera no se afectará a personas con el mismo nombre y apellido.
