Capítulo 39 Un año
Transcurrido había, un largo año. Un año muy largo, en el que Zeo Zagart, alias "Alfeñique" pasó de ser un "hijo de papi" a uno de los ladrones más jóvenes y reconocidos de la colonia. Un año en el que uno de los niños más ricos de todo Japón maduró bastante, aliándose con una pandilla de ladrones, volviéndose íntimo amigo de la Reina de los Ladrones. Un año en que Zeo Zagart se esforzó, luchó, sacó ladrones de la cárcel, asaltó automóviles, entre otras tantas guerras que tuvo que librar para que dejara de ser "Alfeñique" para convertirse en…
-¿Por qué "Cerbero"?- preguntó como aquella vez un año atrás en que había sido iniciado en el mundo de las alcantarillas.
La Reina se encogió de hombros, igual que la última vez –No sé. Porque me gusta imponer mi volunta. Porque me da la gana. Porque sí. ¿Suficiente?- replicó con un pedazo de pan en la boca
-Sólo estás diciendo lo mismo con distintas palabras. Así no vale- se quejó Zeo. A lo largo de ese año había intimado bastante con la reina, se trataban casi como iguales. Aunque claro, Zeo sabía que debía tener cuidado para no pasarse de listo con ella. De ser así, terminaría en una linda celda bajo las alcantarillas. No era una perspectiva muy llamativa.
-Si no te gusta puedes volver a ser Alfeñique. Sigues siéndolo después de todo. Aún no me ganas en las vencidas- el trato había sido que Zeo podría elegir su sobrenombre cuando le ganara a la Quimera en las vencidas. Aún con el esfuerzo que había hecho a lo largo de ese año, aún no lo lograba.
-Cerbero está bien, gracias- el asunto de ser el alfeñique le ganaba constantes burlas entre sus compañeros ladrones. A pesar de la amenaza de la Reina, los otros se daban el lujo de reírse a costa de Zeo cuando aquella estaba de buen humor, cosa que para desgracia de Zeo, se estaba haciendo cada vez más frecuente. Peor aún, cuando le habían preguntado por la causa de su buen humor, su contundente respuesta había sido "El Alfeñique me hace reír mucho, no sé porqué". En resumen, el Alfeñique, perdón, Zeo tuvo que pasar por mucho para ganarse el respeto de sus compañeros, pero eso le sirvió para madurar mucho.
En cuanto a su padre, Zeo lo había convencido de que pasaba los fines de semana con uno de sus amigos de la escuela. El doctor Zagart se lo tragaba enterito, y lo celebraba puesto que su hijo nunca había tenido amigos antes.
-¿En qué piensas?- después de un rato de silencio, en que la Quimera se había quedado mirando hacia algún punto del vacío, Zeo fue quien rompió la tensión para entablar conversación. Sólo recordaba haber visto a Yuli tan pensativa una vez, y se lo había callado, pero con el tiempo esa niña le iba importando cada vez más por razones que ni él mismo entendía.
Ella alzó la vista para mirarlo. Sus ojos se notaban nostálgicos. La niña se acercó a la chimenea. La encendió a pesar de ser medio día. Zeo conocía esa seña. Hora de sentarse a charlar. Ya había entendido que eso de prender la chimenea sin fósforos era una especie de don que ella tenía, aunque aún no lo alcanzara a comprender del todo. Por acto reflejo, se acercó a la chimenea y se sentó frente a ella.
-Hay algo que no te he dicho sobre mí. Sobre… esto- extendió su palma y formó en ella una bola de fuego. –Este lugar era… un orfanato. Mis padres me abandonaron aquí cuando nací. Siempre fue horrible. Vivíamos entre las cucarachas, comíamos basura, no había tratamiento médico. No se me olvida… cómo avanzábamos en una fila… y de pronto… uno de los otros se caía al piso… y ya… ya no se levantaba. –su voz temblaba. Zeo lo notó, sus ojos se veían llorosos - Los demás teníamos que seguir caminando… pisarlo si era necesario… para no salir del rumbo. De lo contrario… no azotaban… nos torturaban… si decíamos una palabra de más, si respirábamos muy rápido, si dábamos un paso más largo… nos golpeaban. Hace tres años me harté de todo eso y le levanté la voz a una de ellas… me encerró en un cuarto y me golpeó con… con esa cosa… Me sentí llena de ira y luego… sólo pasó. Todo se quemó y ya. Todo y todos… sólo yo pude salir viva de ese infierno… salí de ahí pero sigo aquí atrapada… Yo los… los maté… a todos- la niña no pudo contenerse más. Se le escaparon las lágrimas, manchadas de culpa y sufrimiento; de la tortura, la miseria y el hambre, del dolor y la soledad. Ocultó su rostro entre sus manos. Nunca había sido débil. Nunca nadie la había visto llorar antes. Zeo no supo qué hacer. Rodeó sus hombros con un brazo. No se lo ocurrió nada más.
La niña se levantó de pronto, se limpió las lágrimas y miró por la ventana –Vamos a volarnos la junta de hoy.- propuso cruzándose de brazos como si nada hubiera pasado.
Zeo no tuvo más que obedecer. Imaginó que ella no permitiría que sus colegas la vieran como un ser débil, como un… "igual". Yuli, la Reina de los ladrones no era como ellos. Ella era diferente. Su frialdad, sus casi nulas emociones, su perfección la hacían parecer más un robot que un ser humano Y por esto, ella jamás permitiría que ellos la vieran llorar. Sólo al Alfeñique le tenía la suficiente confianza, sólo con él podía ser un poco más abierta. Casi lo consideraba un amigo. Para ella eso ya era bastante.
El medio día se transformó en noche antes de que ellos se dieran cuenta. Y entonces sucedió algo inesperado. Un sonido de sirenas y unas luces azules y rojas se hicieron notar desde el exterior. Se escuchaban varias voces, el sonido de armas cargadas y pasos entre la basura.
-¡Al suelo!- susurró la Quimera pegándose a la pared para luego tirarse al suelo –Sal por la puerta de atrás. Nos encontraremos junto al globo gigante. ¡Ya!- lo apremió gateando hasta su preciosa caja, donde sólo Dios sabía qué había, pero parecía ser lo más importante para ella. Zeo no dudó en obedecer. Tan silenciosamente como pudo salió de la casa. Yuli pegó su oreja a la puerta y puedo escuchar las voces de los policías.
-Esta vez pescaremos a esa mocosa insolente. Sólo espero que ese idiota no nos haya mentido- decía uno de ellos
Yuli palideció. Sintió una opresión terrible en su pecho. La habían traicionado. ¿Pero quién? Ni sus colegas sabían donde vivía. Sólo… pero no, el Alfeñique no la delataría. Se conocían desde hacía un año. Si de echarla de cabeza se trataba, lo hubiera hecho desde la primera vez. Haciendo el menor ruido posible siguió los pasos de Zeo. Echó una última mirada a su hogar, al lugar al que nunca volvería. Una lágrima se deslizó por sus mejillas. Sus labios articularon una palabra "Perdón". Casi pudo sentir las voces de los niños mientras el fuego los consumía.
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El policía al mando tiró la puerta de una patada. La casa estaba vacía. El olor a madera quemada llegó a su nariz desde la habitación contigua. Grande fue su sorpresa al ver que la casa se estaba quemando. -¡Maldición! ¡Se escapó!-. Por un breve momento, el oficial creyó escuchar voces viniendo del suelo y las paredes, gritos desgarradores, voces infantiles y el crepitar de las llamas acabando con todo. Dio la señal a sus hombres y se retiraron de inmediato
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-¿Estás bien?- preguntó Zeo tímidamente. Se encontraba junto a la Quimera, los dos de pie sobre un montón de basura desde donde se apreciaba el antiguo orfanato, ahora ardiendo en llamas. Los ojos de la niña reflejaban la danza de las llamas devorando el que había sido su único hogar. No dijo nada, mantuvo la vista fija. Zeo entendió que no quería hablar, así que se quedó callado.
Yuli se quedó mirando el fuego un rato más. Finalmente suspiró con resignación, apretando la caja contra su cuerpo. Dio media vuelta –Ven, Cerbero-ordenó con voz fría. Zeo la siguió por entre esas callejuelas hasta casi el otro lado de ese horrible barrio, a una casita como de ladrillo viejo con techo de tela raída. Sin ningún miramiento, la Quimera tiró la puerta y entró armando toda una revolución. –Los quiero a todos, en la alcantarilla, en 30 segundos- dijo demandante a la silueta del Anciano
-Pero Alteza…
-Dije todos en la alcantarilla en 30 segundos. Te quedan 25- la Reina dio media vuelta y se fue de ahí dando grandes zancadas. Zeo la siguió casi corriendo para alcanzarla hasta la alcantarilla. Fue extraño ver que ya todos estaban ahí, cuchicheando y murmurando a ver si alguno sabía qué pasaba. En cuanto la Reina puso pie en la sala, todas las voces callaron y con mucha razón. Esos ojos violetas que hacía poco derramaban tristeza, ahora chispeaban furia.
-¿Quién fue…?- preguntó tratando de contener su rabia apretando los puños y temblando sin poder controlarlo -¡¿Quién fue…?!- comenzaba a perder el control. La vena en su frente palpitaba con fuerza -¡¡¿Quién fue…?!!- peligro inminente, granada sin seguro, mecha encendida. PELIGRO -¡¡¡¡¡¡¿QUIÉN DE USTEDES, SUCIAS RATAS DE ALCANTARILLA, FUE CORRIENDO A LLORARLE A LA POLICÍA PARA QUE ME CALLERAN ENCIMA?!!!!!!- ¡BUM! La bomba había explotado, la Reina había alcanzado el límite de su paciencia. Todos los recuerdos y todo lo que había pasado ese día habían despertado en ella su más profunda ira, hasta ahora desconocida por todos, incluyendo a Zeo, que prácticamente vivía con ella.
Un murmullo general siguió a la explosión de la Reina, todos mirándose entre todos, buscando un rostro culpable o alegre, algo que denotara quién había sido el responsable -¡¡¡¡¡¡¡SILENCIO!!!!!!- ella no estaba de humor para juegos, chismes ni cuchicheos –En serio, ¿por quién me toman? ¿En serio creen… que enviando policías a mi casa me van a pescar? ¿Quién creen que soy? ¿Creen que es tan simple atraparme? ¿Creen que me he ganado mi puesto y mi fama comiendo castañas? Debo recordarles… que fueron ustedes y no otros quiénes me nombraron Reina hace ya dos años. ¿Creen que ganan algo traicionándome? ¿Han pensado que si me pescan a mí, nos pescan a todos? ¿Lo han considerado siquiera? Pero no, no confiaré en su honradez, porque sé que no la tienen. No esperaré como niñera a que el responsable sea una buena persona y se delate frente a todos. Saben que tengo formas de averiguar las cosas. Saben que no me pueden esconder nada. Cuando descubra al responsable… será felizmente encerrado junto con los que se atrevieron a desobedecerme… ¡HASTA QUE ENVIDIE EL DESTINO DE LAS CUCARACHAS!- la Reina lanzó una mirada llameante a todos sus "súbditos" para luego girarse hacia Zeo –¡¡VÁMONOS CERBERO!!- ni siquiera midió el volumen de su voz, ni la fuerza que usó para jalar a Zeo fuera de ahí, hasta otro lugar de la ciudad, cerca del tiradero de basura.
-¿Estás bien?- preguntó el niño tímidamente, acuclillándose junto a ella.
La niña miró al cielo-¡¡NO TENGO A DÓNDE IR!!- gritó con toda el alma colmada de rabia, decepción y tristeza.
Zeo suspiró y le puso una mano en el hombro. Permaneció en silencio por un buen rato. No encontraba algo útil que decir. Sí, había pasado todo un año con la Quimera, un año en el que las lágrimas no se habían asomado en esos ojos violetas. Pocas veces había visto en ese rostro una expresión que no fuera un ceño fruncido, tal vez una sonrisa esporádica, pero nada más. A lo largo de ese año, la Reina de los Ladrones le había parecido un ser inalcanzable, casi una diosa; pero ahora, su visión cambiaba, ahora la Reina volvía a ser Yuli, una niña de once años, tan vulnerable como él mismo, tal vez más. Fue entonces que se le ocurrió una idea, que si no era brillante, al menos les ayudaría a ganar tiempo.
-Quédate en mi casa, Yuli- dijo de pronto.
Ella alzó la vista paralizada. Nunca, en todos sus años le habían llamado por su nombre. Casi lo había olvidado. Aún en el orfanato ella no era más que "tú", así le decían las encargadas, y entre los demás niños… ni se hablaban, tenían prohibido abrir la boca. -¿Qué… dijiste…?- balbuceó con las pupilas encogidas.
-Que te quedes en mi casa. Es grande, y no tendrías que preocuparte por nada. Mi padre ni siquiera lo notará- propuso con una inusual alegría
Ella parpadeó con perplejidad -¡¿Estás loco?! ¡¿Qué se supone que haga en un caserononón como el tuyo?!
-E-era… una sugerencia- se retractó Zeo dando un paso atrás.
Ella suspiró con resignación –Supongo que es lo único que tenemos por ahora, ¿cierto?- una ligera sonrisa asomó el blanco rostro de la Quimera.
Zeo no pudo más que sonreír con emoción. Tener a esa niña a tan solo unos pasos le parecía un sueño. Había pasado un año con ella, un año en el que su corazón infantil se había reorganizado de formas impensables, un año en el que sus emociones habían madurado de cierta forma, un año que había sido suficiente para que Zeo Zagart se enamorara de Yuli.
CONTINUARÁ
Cortito y muy tardado GOMEN!!!!!
Reviews plis!!!!
