Disclaimer: Me cansa repetirlo tanto, lo juro. ¿Si sólo pongo el nombre llega? Todos conocemos a JK
Como quiero colgarlo antes de volverme de estas mini vacaciones por enfermedad, subiré hoy dos capítulos y mañana otros dos. Las reviews las contestaré más tarde, que ahora tengo intención de irme a dormir, pero mucherrimas gracias por dejarlas.
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73 Oxford Street
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Leyó otra vez el informe. Levantó la vista, mortalmente aburrido, y sus ojos verdes se posaron en la chica pelirroja que seguía sumida en su lectura de la revista. Se fijó en la portada, en donde los miembros de The Silver Dragon posaban, sonreían y, Parkinson, específicamente, enviaba besos. Tras ella, Zabini le hacía la burla. Nott, como siempre, estaba serio, y, en una posición predominante destacaba Malfoy con su media sonrisa seductora, su ropa a la última, su cabello rubio casi blanco y sus ojos plateados.
Durante un instante, Harry deseó destrozar la fotografía. El maldito grupo de Malfoy estaba en todas partes. Y ahora, había perdido a Ginny. Por como sus ojos brillaban mientras leía resultaba evidente que estaba emocionada. Las serpientes habían dejado caer sobre ella su encanto.
Se quitó las gafas, molesto, y se frotó los ojos. Solo le quedaban dos personas en el mundo fieles a su desagrado visceral por Malfoy y compañía en particular y por Slytherin en general.
El primero en caer al lado oscuro había sido Neville. Si le hubiesen dicho en tercero que Neville Longbottom sería la feliz pareja de un Slytherin, lo habría considerado el chiste del año. Después de él cayeron Seamus y Dean. El primero trabajaba como cazador de animales peligrosos para el Ministerio. A veces, se pasaba por la oficina de Harry o se encontraban juntos por alguna misión compleja de la que tuviesen que encargarse. Dean, por su parte, había entrado en el Departamento de Relaciones Exteriores en la subdivisión de relaciones con los muggles. Siempre habían estado juntos, desde el colegio, y, hasta que The Silver Dragon apareció en escena tres años atrás, pensaban lo que todos los Gryffindor de todos los Slytherins. Pero la voz de Malfoy, las letras, la música y la apariencia del grupo los habían convertido en herejes, al igual que al resto de su casa. Y ahora, Ginny se había unido a ellos. Harry Potter tuvo ganas de sollozar.
Decidido, se puso en pie y salió de la oficina dispuesto a dirigirse al Departamento de Misterios, en donde Hermione trabajaba. Ella le contaría alguna cosa aburrida pero jamás estaría perdiendo el tiempo en leer una estúpida revista como Corazón de Bruja.
-¿Harry que haces por aquí?- le preguntó ella en cuanto lo vio. Estaba sentada frente a su escritorio, y, para frustración de Harry, lo que había estado leyendo hasta hacía un minuto era la misma revista que Ginny tenía. Aunque claro, la había ocultado a toda prisa.
-¿Tu también estás leyendo Corazón de Bruja?- preguntó incrédulo y decepcionado.
-Bueno... esto... ¡Como se te ocurre pensar que perdería mis horas laborables en ese tipo de actividades!- sin embargo, su sonrojo y la temblorosa e insegura voz hacían que sus palabras perdiesen toda la credibilidad que podían encerrar.
-Bueno, no me importa, con tal de que no estés leyendo el especial del grupo de Malfoy.- el joven se acercó a ella por encima de la mesa mirando que leía exactamente. Una de las paginas estaba presidida por una enorme foto de Parkinson. Miró a su mejor amiga con expresión de cachorro traicionado.- ¡No me lo puedo creer¿Qué haces leyendo la entrevista de Parkinson¿Has olvidado que fuiste tú la que dijo que se parecía a un mono?
-¡Eso fue en tercero!- se defendió ella poniéndose seria.- Además, yo puedo leer lo que quiera. Y me gusta mucho la música de The Silver Dragon. Solo porque tú y Ron seáis tan infantiles que no podéis ni verlos por haber sido compañeros de colegio...
-¿Compañeros de colegio¡Por el amor de Merlín¡Es Malfoy¿Tengo que recordártelo?
-Madura Harry.
-¿Qué madure¿YO¡Hay que joderse!- y, dando un portazo, salió como quien lleva el diablo de allí.
Hermione observó un rato la puerta, dudando si salir o no tras él. Consideró que era mejor que se le pasase el enfado que tenía antes de abordarlo, además, nadie podía prohibirle leer eso. Y menos, la parte de Pansy. Cerró los ojos un momento para contener las lágrimas antes de proseguir leyendo la entrevista.
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Nombre: Pansy Parkinson
Alias: Pans por la gente con la que me relaciono, los demás solo se dirigen a mí por el apellido.
Edad: 24
Estas enamorada: Todos estamos enamorados de algo.
Cerveza de mantequilla o zumo de calabaza: Ninguno de los dos, prefiero el Chardonnay.
Casa de Hogwarts: Slytherin.
Asignatura favorita: Runas Antiguas, la profesora era realmente adorable.
Canción: Dear Merlin, de las Brujas de Macbeth.
Algo que tienes siempre y nunca te quitas: Mi colgante con las letras P&H.
Tu posesión más preciada: Mi guitarra.
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Bien Pansy, es un honor poder entrevistarte en exclusiva para todo Gran Bretaña. Llevas casi dos años sin una semana de descanso... ¿qué se siente al volver a casa con intención de tomarse un tiempo para ti?
En cierto sentido, alivio. La gira americana ha sido cansada. Repleta de entrevistas, firmas, programas y conciertos. Llevábamos años aguardando una racha así, pero, en cierto sentido, no puedo negar que necesito un descanso. El concierto del próximo fin de semana va a ser el último de Unreal Hero. Y tenemos preparado un show por todo lo alto. Va a ser en Londres, y, al fin y al cabo, no deja de ser nuestra casa, por lo que se merece algo especial. Y después, vacaciones, sí.
¿Cómo lleva tu familia tu profesión?
Bien. Al principio no estaban demasiado convencidos del asunto. En realidad fue divertido. No aceptaron que formase parte del grupo hasta que Draco los convenció de que era lo mejor para mí.
¿Eso significa que Draco Malfoy es el líder?
¿Draco? Yo no diría líder. Es un gran amigo, ese que tus padres siempre consideran la compañía perfecta para ti y cuya apariencia de ángel difiere mucho de la realidad.
Hace unos meses, un escándalo se asoció con tu nombre. Una tal Alicia Clatter, bruja de Indiana, EEUU, saltó a las portadas de los tabloides por ser una antigua novia tuya. A pesar de los rumores que corrían, no la denunciaste por difamación... ¿por qué?
Me gustaría poder evitar el tema. Sé que no puedo hacerlo si quiero tranquilidad, así que ahí va toda la verdad: no dejé a Alicia por otra, ni le fui infiel, ni la maltraté ni amenacé ni torturé con cruciatus mientras follaba con ella. Soy Slytherin, pero no tan sádica. La verdad del asunto, fue que Alicia estaba tan obsesionada con nuestra fama, que quiso llegar a una relación mucho más seria de lo que yo quería, y, por eso, consideré que era mejor que lo dejásemos. No queríamos lo mismo. No la denuncié porque de verdad me da pena. Es muy triste que pretenda vivir así. Ni siquiera tiene clase (en ese punto, pone los ojos en blanco con exasperación) un Slytherin de primer año sería capaz de tramar una venganza mucho mejor que eso.
Hablas bastante del colegio. ¿Lo recuerdas como una buena época?
Los primeros años sí. No puedo evitar recordarlos sorprendiéndome a mí misma de lo diferente que era en relación a la persona en que me he convertido. Pero al final de mi cuarto año... todo cambió. Fue duro crecer de golpe en plena guerra. Muy duro. Parece que después de cuatro años todos lo hemos olvidado, pero, y a mi orgullo Slytherin le duele reconocerlo, le debemos mucho a Harry Potter y a todos aquellos que lucharon a su lado.
La guerra es otro tema delicado de tu pasado. Se os ha acusado de mortífagos en numerosas ocasiones. Vuestra postura al respecto es siempre inflexible. ¿Qué es lo que recuerdas con más claridad de esos años?
El miedo.
73 Oxford Street está ambientada en esos años. Es una canción de amor triste y melancólica. Habla de miedo. ¿En que te inspiraste para componerla?
Tenía pareja durante los tres últimos años de la guerra. Ha sido mi relación más larga (añade con una sonrisa amarga) y estaba muy enamorada. Es la dirección de un piso que tenía en Londres. Era el lugar en el que nos reuníamos. Ella estaba implicada en la guerra y todo era muy complicado. Tanto, que un mes antes de la batalla final, nos dijimos adiós.
¿Has vuelto a verla?
No. Nuestras profesiones nos llevan por caminos diferentes. Además, no tenemos mucho en común a parte de lo que sentíamos la una por la otra.
¿Si pudieses verla de nuevo... lo harías?
No lo sé. Quizá sí, pero no creo que ella esté dispuesta a dar el paso.
¿Se dará por aludida cuando lea esta entrevista?
¿Ella? (se ríe divertida) Nunca lee la prensa, de ningún tipo. Hace años que dejó de estar suscrita a cualquiera publicación mediática del país.
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Hermione cerró la revista de golpe. No iba a seguir leyendo. No podía. Una vez más, estaba en ese piso secreto, el 73 Oxford Street, decorado con el buen gusto de Pans a pesar de que la guerra había afectado a sus fondos. La entrada, con la cocina y el salón separados por un tabique. El sillón frente a la falsa chimenea, la estantería llena de libros, dos puertas al fondo, la del baño y la del cuarto. Sobre la mesa del salón, como siempre, un montón de pergaminos y composiciones musicales. Sobre una silla, su guitarra. La guitarra que Hermione le había regalado por su cumpleaños y para la que había ahorrado dos años enteros, además de pedirle dinero a Harry.
Casi sintió como si volviese a ser espectador de la pelea. De esos momentos finales en los que ya no gritaban, ni lloraban. Sólo frialdad y calma Slytherin frente a determinación y lealtad Gryffindor.
/Flash back/
-¿Por qué tienes que seguir en la guerra? Estoy harta de tener miedo a que no vuelva a verte mañana. Harta de no poder dormir abrazándote todas las noches porque tú y la maldita orden tenéis que luchar en una batalla que no te pertenece.
-Nos pertenece a todos.
-No. Es la guerra de Potter. Siempre lo ha sido.
-Harry es mi amigo. Nunca permitiré que vaya sólo.
-¿Es más importante que yo¿Te importa la guerra más que nosotras?
-Si perdemos no habrá ningún nosotras Pansy. Y Harry no es más importante que tú, es TAN importante como tú.
-Entonces no queda más que decir, Hermione. Me enfrenté a mi familia, evité que los mortífagos me reclutasen, logré que mis padres se pusiesen de vuestro bando para huir de todo eso. No quiero sufrirlo por ti. Ve a tu batalla y venced. Yo me quedaré aquí.
/Fin flash back/
No fue un final melodramático. No hubo sexo apasionado de despedida. Solamente esa frase derrotada de Pansy, la mirada rota de Hermione. Pero la primera se quedó, sentada frente a sus partituras y con la guitarra entre los brazos. Fría dignidad y pragmatismo Slytherin. Y la segunda, se marchó. Caminó hacia Grimmauld Place, cruzando Londres. Sin llorar. Demasiada guerra para llorar. Concentrada en ganar. Porque aunque Pansy no quisiese hacerlo, ella iba a salvar el mundo para que la morena pudiese tener el grupo que soñaba tener, tocar, componer y vivir como quería vivir. Además, jamás dejaría que los insensatos de Harry y Ron fuesen solos. ¿Qué sería de ellos sin ella?
Cuatro años después, con esa entrevista, Hermione lloraba lo que no había llorado en su momento. Porque seguía tan enamorada como antes. Y algo le decía que Pansy también. Nunca se quitaba su colgante. Igual al que siempre colgaba del cuello de Hermione.
Tras media hora de autocompasión, se levantó, anunciando que se tomaba el resto del día libre, y salió al Londres muggle. Caminó, tomó el metro, y se bajó frente al 73 Oxford Street. Una miríada de recuerdos la asaltó. Todavía tenía la llave. En la misma cadena que el colgante. Sus deseos de entrar crecieron tanto que se adelantó hacia el interior del portal y metió la llave mágica en la cerradura, que se abrió al instante. Un aleteo de esperanza, que cierta parte de ella no quería creer para no llevarse un disgusto que podría destrozarla, voló por su pecho, llevando un brillo más hermoso que la luz a sus ojos.
El mismo salón de siempre. Los mismos muebles. La misma mesa llena de pergaminos con partituras. Al fondo, recortada contra la ventana, la figura esbelta de una mujer joven de cabello negro y ojos oscuros, casi negros. Mirándola. Y, como la banda sonora para el momento, una canción sonaba en todo el apartamento. Una canción cuya letra triste tenía de principal acompañamiento a la guitarra.
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It's an old town, an old town always new
Grey streets, grey clouds
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Do you remember?
73 Oxford Street
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Lovely home, lovely night
Nevertheless, they kidnap you
Multicoloured light
Green death, red bravery
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73 Oxford Street
Do you remember?
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A un movimiento de mano de la joven mujer de ojos negros, la música se extinguió, cortando el solo de guitarra que entrelazaba el principio con la parte final de la canción. Hermione se quedó sin saber como terminaba la que, ahora estaba segura, era su canción. De ambas.
-Pans...
-Herm. ¿Por qué estás aquí?- había dolor en su voz. Fragilidad en su postura habitualmente orgullosa.
-Dijiste que estarías aquí.- musitó la Gryffindor. Valiente en medio de su nerviosismo.
-Sí, lo dije.
Hermione dio dos pasos, comprendiendo al fin, que para la serpiente, aquella despedida sólo había sido temporal. Que, durante los meses siguientes a su victoria, había estado allí, seguramente frente a la ventana, esperándola, hasta que al fin supo que la leona no iría. Se detuvo frente a ella. Tan hermosa como siempre, tan elegante. Una valiosa muñeca de porcelana creada por el mejor de los artesanos.
-¿Me perdonas por haber tardado tanto?
-No tengo nada que perdonar.- y esa sonrisa que Hermione Granger tanto había anhelado apareció en el rostro de Pansy Parkinson. Esa sonrisa gamberra, seductora y tan... Slytherin que conquistaba el corazón hasta del más fiero león.- Al fin y al cabo, aunque muy superior que la media, sigues siendo una Gryffindor. La sutileza nunca ha sido lo vuestro.
La besó como si los años separadas hubiesen creado una tremenda sequía de la que era consciente en ese preciso momento, cuando tenía frente a sí un manantial de agua cristalina y pura. Bueno, todo lo pura que un Slytherin podría ser. Pronto se convirtieron en dos cuerpos trémulos, necesitados y desesperados por más contacto, más piel, más profundidad en el toque. Se dedicaron, todo ellas, a saciar esa sed acuciante. No necesitaron más palabras. Hablarían después. Tenían mucho tiempo para hablar. Más tarde. Mucho más tarde.
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Más tarde, tendidas en la cama que las había visto amarse antes, miraban al techo mientras se compartían en un abrazo. La cabeza de Pansy sobre el hombro de Hermione. Habían hablado de muchas cosas. Pansy se había fumado ya tres cigarrillos. Hermione la había regañado como en los viejos tiempos "Es terrible que de todo lo muggle sólo te hayas quedado con el tabaco". Tras la risa, la mujer de cabello negro respondía lo de siempre "Y la música, cariño. Los muggles hacen música condenadamente buena".
-¿Qué ha sido de Weasley y Potter?- preguntó la serpiente encendiendo otro cigarrillo.
-Ron es guardián de los Cannons y Harry es auror.
-Era de esperar en Potter, pero la Comadreja... Vale, vale. Weasley.
-No sé porque habéis dudado siempre de él. Supongo que por culpa de Malfoy.- Hermione puso los ojos en blanco.- Pero realmente, Ron siempre ha sido un gran mago. Es fuerte y poderoso. Moriría sin dudarlo ni un segundo por todos aquellos que tienen un lugar en su corazón. Y es brillante jugando al quidditch ahora que ha perdido el miedo al público.
-Me extraña que Potter no haya elegido dedicarse profesionalmente al deporte.
-Lo cierto es que después de la guerra, no sabía muy bien que hacer. Una parte de él siempre había creído que se iba a morir en la batalla contra Voldemort. Se encontró perdido. Hasta que los mortífagos que quedaban sueltos empezaron a dar la lata y buscar venganza. Entre eso, los juicios y todo lo demás, tuvo claro que quería, realmente, ser auror. La emoción del trabajo. Aunque no se ha librado de la prensa ni los fans.
-¿Sigue odiando la fama?
-La lleva tan mal como siempre. Sobre todo, porque ahora lo persiguen por sus conquistas. Y claro, Ron no ayuda demasiado.
-¿No?
-Debe ser porque llevas un año sin pasar más de dos semanas por aquí, pero Ron es oficialmente el Playboy del país. No tan guapo como los sex-symbols más emblemáticos, o sea, Harry y Malfoy, pero sí un seductor, un deportista admirado, cuyas conquistas siempre son sonadas en la prensa. Por supuesto, Harry le está tremendamente agradecido, porque dice que así tienen menos tiempo de darle la lata a él.
-Es lo que peor lleva Draco. Nunca ha soportado la fama de Potter. Y ahora, que al parecer, Weasley es una estrella, estará más insoportable de lo habitual.
-Llámame loca, pero siempre he pensado que lo que Harry siente hacia Malfoy no es la típica rivalidad entre un Gryffindor y un Slytherin, ni siquiera entre sangres puras, como entre los Weasley y los Malfoy.
-¡Claro que no! La rivalidad se convirtió en quinto en TSR.
-¿TSR?
-Tensión Sexual Reprimida.- Hermione puso su expresión pensativa un momento, antes de que una gran sonrisa iluminase su rostro.
-Te doy toda la razón.
-Es obvio que lo que Draco quiere desde que cumplió los 15 es tirarse a Potter.
-Y Malfoy es la pareja perfecta para Harry. Fuerte y con voluntad, pero de aspecto frágil. Y sé que lo pierden los rubios de ojos grises.
-Hablaré con Theo. Entre tú y Neville tenéis que arrastrarlo al concierto. Ya arreglaremos algo para ponerlos en contacto. No pueden resolver el TSR con peleas a puñetazos toda su vida¿no? El contacto físico tiene que hacer mella en ellos.
Ambas, maquinando un plan en el que iban a actuar de celestinas de sus mejores amigos, se quedaron en silencio, compartiendo aire viciado de humo y sexo, reflejando la misma sonrisa. Hasta que Hermione lo interrumpió.
-¿Qué tal crees que se llevarían Ron y Zabini?
-¿Por?
-Ya que vamos a emparejarlos, mejor el lote completo ¿verdad?
-Ahora que lo mencionas... tienen posibilidades. Mañana podemos quedar para comer con Theo y Neville. Entre los cuatro algo tiene que ocurrírsenos.
-Slytherins y Gryffindors trabajando juntos...- una sonrisa de placer se extendió por la expresión de la Inefable.- Siempre resulta algo interesante.
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