Disclaimer: los personajes pertenecen a JK y aquellos a quienes ha cedido parte de sus derechos. A mí no me tocó nada cuando repartió, para mi eterna pena.

Y con esto termina el cuento. Mañana si tengo tiempo subiré el epílogo.

Se que el final no va a gustar. Pero antes de enviarme vociferadores, pus de bubotuberculo y maldiciones os ruego que esperéis. Porque las cosas no siempre son lo que parecen.

Estoy bloqueada con los lemmon dicho sea de paso. Aceptaré los tomates encantada. Me los merezco. Gracias por leer y dejar comentarios.

Y no sé que le pasa al formato que no me deja poner la letra de la canción de otra forma ¬¬

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Capitulo 5: Unreal Hero

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Había más de noventa mil magos de todo el mundo en ese estadio. Como siempre antes de un concierto, Draco sentía como la adrenalina crecía en su interior, muy parecido a cuando era adolescente y estaba a punto de jugar un partido decisivo de quidditch. Dio un par de saltos, respirando con profundidad para calmar los nervios. Se despeinó un poco más el cabello y ajustó los guantes sin dedos de piel de colacuerno húngaro. Eran su amuleto de la suerte para los conciertos y le quedaban terriblemente bien, como todo lo que se ponía. Se aseguró una vez más de que los pantalones y la camisa estaban perfectamente. Comprobada su apariencia, pasó de la anterior inquietud nerviosa a la calma más fría.

Cerró los ojos y disfrutó de los gritos. Gritos de gente que los admiraba. Lo amaban. Niñas que llegarían a Hogwarts el próximo mes y presumirían de haber estado en el concierto, magos de otras partes de Europa que hablarían de esa noche durante días. Y si tocaban como Draco quería que tocasen, sería el mejor concierto del año.

Theo fue el siguiente en llegar. El bajo al hombro, la camisa azul resaltando sus ojos y los pantalones azul más oscuro combinando perfectamente con todo.

-¿Listo?

-Siempre.

-Draco, déjame presentar 73 Oxford Street, quiero dedicársela a alguien.

-¿A Granger por casualidad?- inquirió el rubio sin el enfado de antes. Lo había meditado, y, si así tenían que ser las cosas así serían. Con ellos. El asunto Potter era diferente. Además, si Pansy quería dedicarle esa canción significaba que la había escrito por ella. Y si la había escrito por ella, entonces lo único que él podía hacer era aceptarlo.

-Sí, a Hermione.

-Pero no te pongas cursi que tenemos una imagen que mantener.

Pansy dejó de estrujar la tela de la falda cuando la broma-advertencia de su amigo le llegó. No se había dado cuenta hasta ese instante de que necesitaba la aprobación de Draco. Porque Draco había sido su primer amante y su mejor amigo durante toda su vida. El rubio la estrechó y posó un beso sobre su cabeza.

-¿Lista? Mira que es la primera vez que tu gatita te va a ver tocar…

-¿Te he fallado alguna vez, Draco?

-No, ninguno lo habéis hecho.

-¿Eso quiere decir que no me harás algo muy malo y doloroso por haberme acostado con Weasley?- preguntó Blaise acercándose a ellos.

Si no estuviese tan guapo con la camiseta blanca y los pantalones negros. Si la cadena que colgaba desde el cinturón plateado y enganchaba en la parte trasera del pantalón no brillase tanto; si no fuese tan condenadamente guapo y sus ojos dorados reluciesen con una felicidad y alegría que no podía ocultar. Si no fuese por todo eso, quizá, y sólo quizá, habría sentido el enfado de antes. Pero en ese momento, no podía enfadarse. Porque sus tres mejores amigos, sus compañeros, estaban felices como nunca los había visto. Miradas brillantes y sonrisas esplendorosas, energía brotando bajo cada poro de la piel de los tres. No, definitivamente, no podía estar enfadado.

-Me arrepentiré de esto, lo sé.- dijo con tono sombrío y media sonrisa traviesa que le restaba gravedad al asunto. Blaise lo estrujó en un abrazo de oso, con esos brazos musculosos de tanto tocar la batería.- Quita que me arrugas la ropa.

-¡Chicos, dos minutos!- les gritó el director de efectos mágicos especiales y escenógrafo de la banda.

Tomaron aire lentamente. Como siempre. Probablemente más nerviosos de lo habitual. Era Londres, su casa, con su público y conocían a muchos de los espectadores del concierto.

-Vamos a darle una lección a todos estos.

Fueron las últimas palabras de Draco antes de escuchar como aumentaban los gritos al desaparecer todas las luces. Blaise era el primero en entrar. Giró las batutas con maestría entre los dedos antes de cruzar la cortina negra. Y la batería empezó. La gente gritaba más pero ya no los escuchaban. Por que el espectáculo había comenzado. Theo fue el siguiente. Se ajustó la cinta del bajo antes de adentrarse en el mundo tras la cortina negra. Y el bajo se unió a la batería.

-Deslúmbralos, Dragón.

Pansy posó un casto beso sobre los labios de Draco antes de entrar ella también. Las notas agudas de la guitarra retumbaron como los truenos de la furia divina. Draco tomó aire y lo olvidó todo para convertirse en esa persona que era él sin serlo que aparecía cada vez que cantaba. Esa persona que era pasión y emoción y que en ningún otro lugar salía a la luz. Se apareció en el centro del escenario (y eran los únicos puntos habilitados para aparición). Su voz gritó el título de la canción con la que siempre abrían el show: Eat the Lion. Pero ese día, no pudo olvidar que los leones estaban en el palco principal, directamente frente a él, con un hechizo en los cristales que los separaban de los demás espectadores y que hacía parecer que estaban frente a ellos. Y no unos leones cualquiera, porque con ellos estaba EL Gryffindor. Potter. Sí, Draco iba a comérselo aún sin haber decidido cómo.

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En el palco, entre sus ex-compañeros de colegio, Harry observaba embelesado a Draco Malfoy. Había tratado de evitar centrar su atención en el rubio pero no podía. Canción tras canción, lo fascinado que se sentía por la serpiente aumentaba. Primero se apareció, con humo ocultando su cuerpo a pesar de que había empezado a cantar y su voz se alzaba por encima de gritos y llantos. Luego, se disipó el humo gris y quedó él. Iluminado por los potentes hechizos que copiaban los efectos de los focos muggles. Pantalones negros estratégicamente rotos. Botas negras de piel de dragón. Camisa verde Slytherin. Y corbata negra que le hizo recordar a Harry la dichosa foto. ¿Cuánto tendría que acercarse para saber si la parte de atrás de su camisa era lo suficientemente larga como para tapar el tatuaje? Le atrajeron especialmente los guantes negros que protegían sus manos. Estaba impresionante.

Pero lo que más impactaba a Harry eran las miradas. Nunca habría dicho que esos ojos gélidos podían expresar tanto, quemar tanto, como lo estaban haciendo. Porque lo quemaban por dentro. Ardía.

Y quería que Malfoy le prendiese fuego.

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Hermione, entre Harry y Ron, sonreía traviesa al ver como disfrutaban los dos del concierto. La noche estaba siendo un éxito. Sus dos amigos, saltaban al ritmo de Walk This World Alone, la canción que los había conducido ahí. Neville, Seamus, Dean y los demás, los acompañaban. Ella, sin aliento y a punto de quedarse ronca de cantar a gritos a coro con Malfoy, sentía orgullo de ver ahí, tan hermosa, tan impresionante, a su Pansy. Que tonta había sido al no haber entendido antes que la esperaba. Y que la esperaría siempre.

Ginny, bailando a saltos, se posó sobre sus hombros. Sonrisa conspiradora en su rostro también. Mirada disimulada hacia su hermano. Herm la entendía. Ron había llegado más tarde que los demás, había saludado y no había querido comentarles nada. Sin embargo, su sonrisa hablaba por si misma. Grande, satisfecha y llena de energía.

Cuando los acordes de esa canción terminaron, mientras aplausos y gritos hacían pensar que el estadio caería, Draco, en el escenario, se sentó tras el piano que acababa de aparecer. Iban a tocar la primera gran balada de la noche. Emocionados por ver a Draco tras el bello piano de cola, los espectadores empezaron a guardar silencio, como si algo demasiado intenso y especial se avecinase y las voces ajenas a la de Malfoy pudiesen romper el hechizo. Para sorpresa general, fue Pansy la que habló.

-Esta canción tiene dueña. Se escribió por ella y para ella. Habría seguido esperando, Herm.

-Lo sé.- musitó la Inefable con lágrimas en los ojos. Ron pasó un brazo sobre sus hombros, demostrándole que estaba ahí y estaba feliz por su felicidad. Harry la tomó por la cintura y posó un beso sobre su pelo.

-Esa serpiente te quiere, Hermione.- le murmuró al oído antes de volver a concentrarse en el escenario.

Las notas del piano rasgaron el aire. Lentas, tristes, melancólicas. La voz de Draco más suave que nunca, más triste de lo que se había escuchado en las canciones anteriores. Los solos de guitarra eternos y punzantes en las fibras sensibles del corazón. El virtuosismo de Pansy con el instrumento años luz por encima de lo que supondría quien no la había visto tocar nunca. Blaise había cambiado la batería por unos bombos y, junto al bajo, marcaban el ritmo. Hermione, en el palco de lujo del estadio, entre Ron y Harry, sentía como lloraba en medio de su gran sonrisa. De felicidad. Porque parecía que al fin, después de la guerra y todo lo malo, había llegado el momento. De los tres. Estiró los brazos y los tomó por la cintura. Jamás se fallarían entre ellos. Aunque se enamorasen de serpientes, estarían ahí. No se había dado cuenta de que necesitaba tantísimo que la cuidasen y mimasen y la apoyasen.

El concierto siguió. Los músicos descansaron media hora antes de empezar con la segunda parte. Los admiradores gritaron y lloraron, a veces al mismo tiempo. La gente bailó, coreó a un Draco que estuvo más impresionante que nunca. Tanto, que hasta su padre, en uno de los palcos, creyó que su hijo había hecho lo correcto dejando los negocios y dedicándose a eso. No lo admitiría, por supuesto, pero lo creía. Todos los presentes amaron a Draco. Amaron su talento y su voz. Su apariencia de ángel caído. Amaron a Theo, a Pansy y a Blaise. Canción tras canción, el espectáculo llegó al final.

-Ahora viene lo mejor.- murmuró Lisa Turpin cuando Tell Me Lies, Baby estaba terminando. Los que la escucharon, en pleno palco la interrogaron con la mirada. Fue Millicent la que respondió.

-El concierto se cierra con Unreal Hero y es la mejor canción de todas.- afirmó tajante la manager.

-¡Ey!- gritó Draco con la respiración un poco agitada. El estadio correspondió con gritos histéricos que aumentaron su sonrisa.- Ha sido todo un placer tocar para vosotros. Sois un buen público, gente.- gritos y llantos y un gran "Te queremos, Draco" coreado por la multitud. Sonrisa Slytherin más mortífera del mundo en el rostro del rubio.- Yo también os quiero, chicos. Pero ahora, guardad silencio, que viene mi canción favorita¿si?

Harry pensó que si en ese instante, Malfoy les pedía que se lanzasen un Avada, todos lo harían sin dudar. Picado por la curiosidad, esperó impaciente. Las luces bajaron. Lo único que quedó iluminado fueron las cuatro siluetas. El piano volvió a aparecer y Draco se sentó tras él. La melodía que siguió era hermosa y triste, con un resquicio de esperanza y orgullo escondido tras las notas del piano. Era ese tipo de música indescriptible que a nadie deja indiferente, ese tipo de música que la escuchas una vez y te encanta pero a la segunda ya está bajo la piel, resonando fuerte y acompasando a su conveniencia los latidos del corazón de uno. Y si en las otras lentas había pensado que la voz de Malfoy era sublime, se quedó sin palabras y sin pensamientos coherentes cuando lo escuchó cantar esta última canción.

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Anyone can see beyond your face

Anyone can see the scares of your soul

How hard have you try to delete them?

They don't know

They don't understand

And this is true, you know it

All people taking you as a model

How can they pretend that know you?

They think you are a Hero

Where are your war sins?

Where are your revenge feelings?

Where your bloody hands?

Where is all your lost?

They don't know you, really they won't

It's easier to be a Hero

It's easier to forget

All you being through

Where are your war sins?

Where are your revenge feelings?

Where your bloody hands?

Where is all your lost?

I don't patronize you

I know you better

And, yeah, for me,

You are an Unreal Hero

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Cuando el piano puso fin a la canción, tan suavemente cómo había empezado Harry Potter supo dos cosas con más claridad de la que había sentido en ningún pensamiento anterior. La primera, que los muggles habían inventado la expresión "Con el corazón en un puño" para describir exactamente cual había sido su estado mientras escuchaba la canción. La segunda, y más trascendental, que podía enamorarse. De la persona que había compuesto una canción que, no sabía si lo pretendía o no, era para él. Tenía que serlo. Porque hablaba de él. Porque lo entendía mejor que nada ni nadie en todos esos años. Una canción escrita por Draco Malfoy que parecía un trozo del alma de Harry Potter cortado con delicada precisión quirúrgica.

Necesitó apoyarse en algo. Ron y Hermione, quizá los únicos que podían imaginar como acaba de golpearlo la canción, se apresuraron y se quedaron a su lado. La chica prendida de su cintura mientras lloraba por lo bello de la canción. El pelirrojo con un brazo sobre su hombro. Todo el estadio seguía en silencio, miles de personas llorando. Bulstrode, junto a ellos, fue la que lo rompió. También lloraba.

-Puedo escuchar esta canción mil veces y si los veo tocándola seguiré llorando. Es lo mejor que Draco ha compuesto en toda su vida.- más silencio durante unos momentos.- Tenemos una fiesta esperándonos y una banda a la que felicitar. Dirigíos todos a Ruido. Los chicos llegarán en cuanto se den una ducha y se cambien.- miró a Neville y a Hermione.- ¿Queréis venir conmigo? Potter y Weasley pueden acercarse también si quieren.

-Yo espero allí.- se adelanto Harry a Hermione. La chica frunció el ceño al mirarlo. Los desesperados ojos verdes debieron trasmitir que se sentía incapaz de enfrentar a Malfoy en ese momento, así que no insistió.

-Yo voy con él, Hermione. Nos vemos más tarde, y felicita a Parkinson de mi parte. Es buena.

Los dos amigos echaron a caminar en silencio. Cuando salieron del estadio, ignorando todas las voces que se escuchaban y que comentaban lo magnífico que había sido el concierto, echaron a caminar hacia la zona de apariciones.

-¿Te importa si caminamos un par de calles?- pidió Harry a su mejor amigo. Sin decir nada, pues no era el momento, el guardián siguió los pasos del moreno.

-¿Estás bien, Harry?- preguntó cuando ya estaba lejos del estadio Ron.

-Sí, claro. Sólo necesitaba un poco de aire.

-Mira, si no quieres ir, nos vamos a casa y tomamos unas cervezas juntos.

-Gracias Ron, pero estoy bien. Sólo ha sido un reajuste de planes. Y cuéntame ¿Qué tal Zabini?

-Bien, tío.- a pesar de que Weasley sabía que la pregunta sólo era para distraerlo y distraerse, no insistió más en Harry. Esas cicatrices de las que hablaba Unreal Hero eran más numerosas de lo que nadie ajeno a Harry durante la guerra imaginaría.- Muy bien. Fue genial. Quiero repetir.

-Para que digas que quieres repetir sí que ha tenido que serlo. Es comprensible. Zabini es como un puto dios griego.

-¿Qué tienen que ver los dioses griegos?

-Es un dicho muggle, da igual. Me alegro tío. Es genial veros felices.

-Es lo que nosotros queremos para ti Harry.

-Lo sé. Tanto, que hasta Herm y Neville han conspirado con Slytherins para buscarme novio.

-Supongo que después de ver actuar a Malfoy tus ganas de acostarte con él son enormes, y joder, no te lo reprocho. En la cama tiene que ser… ¡Merlín! Aunque no es mi tipo, demasiado rubio.

-No. No voy a acostarme con Malfoy.

-¿Por?

-No. No hay porqués.

-¿Estás seguro?- Harry asintió firmemente.- Pues si estás seguro, haz como veas. Sólo… un consejo de amigo. Ten cuidado de no arrepentirte de esta decisión.

-Tranquilo Ron.

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Habían pasado dos semanas desde el concierto. Blaise y Weasley se veían a diario. Parecía que lo suyo, que había empezado como un calentón, evolucionaba a algo tan intenso que provocaba que los ojos del amigo de Draco brillasen. Pansy y Theo, por su parte, estaban asquerosamente felices. Y él, frustrado. Muy frustrado. Aquel día había pensado que Potter iría a por él. No lo hizo. Los felicitó por el concierto, pero mantuvo muy claras las distancias con él. Draco había sentido ganas de estrujar y retorcer el cuello de Blaise cuando empezó a charlar con Cara rajada y terminaron riéndose y llevándose bien. Se enfadó con Pansy cuando Harry bailó con ella. Odió a Granger y a la Comadreja por intercambiar besos y abrazos. Y se lo comió todo, porque un Malfoy no demostraba esas cosas.

Después de eso, habían empezado a quedar en el Londres muggle para ir a tomar algo todas las tardes. Los ocho, a veces con más gente. El auror siempre tan cerca de Draco que si alargase una mano podría tocarlo pero terriblemente distante. De nuevo sábado, habían quedado en el piso de Pansy en Oxford Street para cenar, los ocho, y luego salir de parranda por la zona muggle de la ciudad. Frente a su armario en su apartamento frente a la estación Victoria, Draco estaba decidido a quitarse la frustración llevando a su cama al moreno. Su fase de "no puede gustarme Potter" se había muerto en el momento en el que, tras el concierto, lo había visto besando a otro. Desde entonces, casi cada día, Harry terminaba con alguien que no era Draco, lo que no era más que combustible para la posesividad y los celos innatos en los genes Black y Malfoy.

Cuando terminó de arreglarse estaba impresionante. Lo confirmaron todos los demás. Cenaron sumidos en una conversación amigable, Draco derrochando encanto por cada poro de su piel. Incluso se llevaba bien con Weasley, ver para creer. Potter, cordial y cercano con los demás, (incluidos Theo y Blaise) seguía terriblemente frío con él.

-¿Es por que soy un Malfoy?- le preguntó medio borracho horas después. Lo había arrinconado contra la pared y no pensaba dejarlo escapar. Había usado todos sus trucos: bailes incitantes, miradas que quemaban, más guapo y arreglado de lo normal, voz sinuosa. Nada. Absolutamente nada. Pero si tenía que ir a buscarlo por las malas, lo haría.

Harry tragó saliva. No soportaba la cercanía de Draco. Menos ese día, que el mundo parecía confabulado a gritar que ardía cada vez que veía al rubio. Que deseaba bailar con él toda la noche. Y no en el sentido literal de bailar.

-No sé de que hablas.

-¡Potter!- siseó el Slytherin enfadado.- ¡No insultes mi inteligencia!

-No, no es por eso.

-¿No te parezco guapo?

-Estás borracho, Malfoy. Voy a avisar a Pansy para que te lleve a tu casa.

-No estoy tan borracho, Potter.

-Sí lo estás.- intentó empujarlo para llamar a Pansy. Malfoy no cedió.

-Llévame tú, entonces.

-Estás muy, muy borracho Malfoy.

-Pues entonces voy a lanzarte un hechizo paralizante y te quedarás así hasta que me respondas, Potter.

-¿Dónde vives?- preguntó sabiendo que cualquier opción era mejor que tener que responder a las preguntas de Malfoy.

-Frente a Victoria Station. ¿Nos apareces a los dos?

-Que remedio.

Un segundo después, estaban frente a la conocida estación. Draco echó a caminar hasta su portal. Se detuvo cuando vio que Harry no lo seguía.

-¿Por qué no quieres acostarte conmigo?- preguntó a bocajarro.

-¿Era para mí?

-¿De que coño hablas, Potter?

-No insultes mi inteligencia, Malfoy.- amenazó Harry. Durante un momento, volvieron a ser esos niños de colegio que se peleaban día sí y día también.- La canción, Unreal Hero. ¿Pensabas en mí mientras escribías?

-¿En ti?- mintió Draco descaradamente. Por supuesto que había pensado en él. ¿Qué otro héroe había en el puto mundo mágico? Era más seguro mentirle.- Que se dediquen a lamerte el culo no quiere decir que yo piense en ti. Ni por un segundo pensaba en ti, y no entiendo que coño te ha hecho pensar que podías haber sido mi fuente de inspiración.

-Ya veo. Malfoy… mira, estás demasiado borracho. Déjalo. Ve a casa y duérmete.

-Supongo que es culpa mía por haber pensado que querrías.- le gritó el rubio. Un par de ventanas se encendieron con luces. Si seguían así, iban a meterse en un lío con la policía. Harry dudó.- El gran Harry Potter acostándose con alguien tan poco célebre como Draco Malfoy.

-Malfoy, deja de gritar.

-¡Malfoy es mi padre, Potter¡Me llamo Draco!

-Draco… esto… mira, ve a casa y hablamos mañana¿si?

-Tienes razón vamos a casa. Te invito a un whisky de fuego. Y podemos brindar porque no quieres acostarte conmigo.

En silencio y dando gracias, el moreno siguió al rubio al interior del edificio y entró en el que era su apartamento. Lujoso, decorado con gusto y mucho mejor y más ordenado de lo que se vería el de Harry mientras el moreno siguiese viviendo allí.

-No te quedes en la puerta, Harry. Pasa, pasa y nos tomamos otra copa.

Incómodo, siguió al rubio hasta el salón, en dónde Malfoy empleó magia para servirles dos copas. El rubio alzó el vaso.

-A mi salud, que soy demasiado poco para que Harry Potter, el Niño que vivió, el Elegido y el puto Héroe; quiera acostarse conmigo.

-Mal… Draco, no es para tanto.

-Bueno, si no es para tanto, explícame por qué es que yo no tengo ni puta idea. ¿Quieres que haga algo más? Me he vestido para que no te resistieses. Joder, eres la primera persona para la que tengo que "vestirme" de una forma especial si quiero conquistarla. Bailé para que me vieses, canté para que me escuchases, me deshice de amabilidad y sensualidad y empleé todos los trucos que conozco para que llegado este punto, en vez de estar bebiendo una puta copa de whisky de fuego estuviésemos en mi cama. Y después dicen que son las serpientes las que tienen la sangre fría.

-¿Y qué coño es lo que quieres, Draco¿Un polvo?

-¡Sí¡No me parece que sea tanto! Mírame, Harry. Mírame y dime que eres completamente inmune. Y te dejaré en paz.

Harry, a pesar de que su parte racional le gritaba que le mintiese, no pudo. No pudo, porque Draco estaba frente a él, medio borracho, con esa camiseta negra y esos pantalones vaqueros que enviaban a la mente de Harry el deseo de ser esos pantalones. Su entrepierna no había escuchado más que cuando confesó que había empleado todos los trucos a su alcance para llevarlo a la cama porque lo deseaba más que a nada. Dejó caer el vaso al suelo y en dos zancadas estaba sobre Draco. Lo besó. Nada de suavidad en el contacto, fue directo a recorrer con su lengua la boca del otro. Malfoy reaccionó a una velocidad demasiado rápida para la supuesta borrachera que tenía. Llevó las manos al cuello de Harry y enredó los dedos en los mechones de cabello negro. Dejaron que sus lenguas se rozasen, se acariciasen y lamiesen. Todo saliva y ganas y calor.

A tientas, Harry caminó hacia atrás, cayendo los dos sobre el sofá. Con el contacto, Draco gimió. Era un sonido diferente a cualquier otro que Harry hubiese escuchado. Profundo y proveniente del fondo de su garganta, como el ronroneo grave de un león. El moreno, fascinado por el sonido, se movió contra él para que sus erecciones se rozasen. Otra vez el ronroneo. Ya analizaría después el sonido, pensó mientras sus manos ascendían acariciando los costados del chico que estaba bajo él. Sus labios dejaron la boca de Draco y se fueron a su cuello. Le encantaba ese cuello largo y blanco. Lo saboreó despacio, marcando al propietario como suyo antes incluso de ser consciente de lo que hacía.

-Vamos a mi cama, Harry.- suplicó el rubio.

Las palabras rompieron el hechizo. Como si descargasen electricidad sobre él, Harry se levantó y se apartó de Draco. Parecía un dios con la ropa desordenada, los labios hinchados y la erección marcada.

-¿Harry?

-Esto es un error tremendo, Malfoy. Lo siento. Tengo que irme.

Harry Potter, a las dos de la madrugada, huyó de Draco Malfoy. Salió y corrió escaleras abajo hasta la calle. Necesitaba aire. Necesitaba concentrarse en las buenas razones por las que no podía darle sólo una noche. Por mucho que lo desease en el momento, si sucumbía, después sería peor. Mucho peor, porque ya estaba medio enamorado de Draco y podía enamorarse del todo de un Malfoy.

Draco, desmadejado en el sillón, no podía creérselo. Se puso furioso. Muy furioso. Se levantó, explotó todas las botellas del mueble-bar con su magia descontrolada, los cristales temblaron y se rompieron, llegando al suelo en una explosión de ruido. Pensando en que los muggles se enterarían, trato de calmarse. Ahora entendía el motivo por el cual no vivían entre ellos. Apretando las mandíbulas, conjuró un reparo que devolvió a su apartamento la anterior pulcritud. Incluso desaparecieron los signos de haber estado en el sillón a punto de follar por fin con Harry. Se maldijo durante todo el proceso. Estaba seguro de que si no hubiese hablado… lágrimas de rabia estaban a un paso de descender por su rostro cuando sonó el timbre. Suponiendo que sería algún vecino idiota, fue a abrir dispuesto a lanzar un obliviate.

-Mierda.

Y justo cuando procesaba a quien pertenecía la voz, un cuerpo estaba sobre él, besándolo como si lo necesitase para respirar. Fue consciente de que Potter cerraba la puerta con magia sin varita. No tuvo tiempo a pensar nada más porque de nuevo sus lenguas estaban en contacto, quemándose y aliviándose al mismo tiempo.

-Esta noche.- propuso Potter. Draco, entre el demoledor efecto del beso y la intensidad de esos enormes ojos verdes tardó momentos en asentir.- Sólo esta noche. ¿Es eso lo que quieres?

-Sí.

-¿Dónde está la habitación?

Llegaron tropezando con cada pared y cada esquina de la casa, demasiado ocupados en besarse y acariciarse. Cuando por fin cayeron sobre ella, las camisetas perdidas en el trayecto, Harry fue directo a los botones del pantalón de Malfoy. Los abrió y acarició por encima de la tela la erección. El ronroneo de la serpiente le hizo sonreír. Quien le diría a él que las serpientes ronroneaban, ver para creer. Una de sus manos fue hacia la boca del otro chico, que chupó los dedos para acallar los gemidos. Cuando la liberó, aprovechó el momento para quitarle pantalones y ropa interior de un tirón. Sonrió como un niño goloso cuando pudo disfrutar de Draco Malfoy desnudo y todo para él en la cama. Por impulso, mientras aprovechaba sus manos para masajearle los pezones, lamió con la punta de su lengua la punta del miembro del otro chico. El ronroneo ya parecía el de una leona en celo.

No siguió atendiendo a esa parte de la fisonomía de su compañero de cama y su lengua ascendió más rápido que despacio hacia los labios. Y volvió al cuello, que conservaba sus marcas. Jugueteaba con el lóbulo de la oreja cuando empezó a pedir.

-Desnúdame, Draco.

Obediente, el rubio giró hasta quedarse encima de Harry. Sus manos de dedos largos y esbeltos desabrocharon el vaquero, mientras el moreno, encendiéndose hasta límites imposibles bajo la mirada de apreciación que le dirigía a cierta parte de su anatomía que nunca antes había visto, supo que a ese ritmo no iba a aguantar como era debido. Una vez libre de sus pantalones, volvió a colocarse encima. Forcejearon un poco para conseguir que Draco le diese la espalda. Y fue directo a lo que le había llamado la atención cual snitch que capturar. Mientras el rubio se movía bajo él, Harry saboreaba el tatuaje, jugueteando con la lengua sobre la espina dorsal del chico.

-Harry… por favor… por favor…

La hermosa voz de Malfoy no era más que un gemido de súplica por eso que faltaba. Un "más" que parecía un sollozo salio de sus labios cuando notó como mordisqueaban la piel del tatuaje. La lengua de Harry subió hasta su cuello. Empezó a lamerle la nuca y una de sus manos fue hacia la olvidada, pulsante y dolorosa erección del rubio. Apretó cuando se introdujo en él de un empujón. Mantuvo un ritmo lento todo el tiempo que fue capaz. Muy poco en realidad, porque Draco empezó a pedirle mas, más, MÁS. Harry le dio más.

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Las calles transmitían alegría. Miles de luces de colores adornaban la ciudad consumiendo unos recursos por los que había protestas de los universitarios todas las mañanas. El sonido de villancicos entraba a través de las ventanas abiertas. Al fin y al cabo, no hacía nada de frío.

Navidad estaba a menos de una semana y Harry estaba haciendo limpieza de su casa. The Silver Dragon había presentado su tercer álbum, Fénix, la semana anterior. La gran y esperada presentación había sido en Londres. Miembros de la prensa de todo el mundo se habían aparecido en la capital inglesa con el objetivo de tener la mejor información posible para los fans de su país. Hermione le había contado que había sido multitudinaria.

A él le pillaba lejos. Dejó de pensar en su Londres y siguió reajustando cosas. En el salón, tras una estantería, encontró un par de cajas que no había tocado cuando cinco meses antes se había mudado ahí. El programa de intercambio de aurores entre los países europeos fue el billete perfecto de salida hacia un lugar en dónde poder vivir sin recordar y sin ver. Por eso, disfrutaba del sol un 22 de diciembre en manga corta y suspirando. Había tardado dos meses en defenderse con el idioma, pero por suerte, casi todos sus compañeros hablaban inglés con fluidez. Lo trataban muy bien. Al fin y al cabo, el Héroe había elegido ir a trabajar con ellos, al Sur de España, a la central de aurores de Sevilla. Sol, calor, talante español (que era como Harry definía ese cansancio para hacer cosas y buena disposición para las fiestas, o el tapeo, o estar en la calle con los amigos, simplemente), toda la gente con la que se cruzaba a diario era morena, de cabello y piel, una compañera llevaba el pelo teñido a lo muggle con mechas castañas claras. Ningún rubio. Nadie con los ojos grises. Y daba gracias por ello cada mañana, mientras se decía, que estaba haciendo lo correcto.

Curioso, pues no recordaba que había en esas cajas, las abrió, sacando un puñado de viejas revistas y periódicos. Seguramente habrían llegado por error. Deberían estar en la basura. Una foto de cuatro personas conocidas le llamó la atención. El especial que en verano Corazón de Bruja había sacado para conmemorar el regreso y el concierto de The Silver Dragon. Sonrió mientras leía las entrevistas de Theodore, Pansy y Blaise. En seis meses habían cambiado mucho las cosas para ellos. Theo le había pedido a Neville que se casase con él en Navidad. Pansy y Hermione habían llegado un día diciendo que estaban casadas y que el sábado celebraban una fiesta. Blaise y Ron mantenían una relación intensa. Ninguno de los dos quería dar el paso de comprometerse oficialmente, pero se sentían comprometidos y se comportaban como tales. Dudó cuando llegó a las páginas de la entrevista a Malfoy. Nunca las había leído.

Había pasado tiempo y creía que lo tenía superado, así que pensó que no iba a matarlo. Ni a dolerle.

Se equivocaba, por supuesto.

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Nombre: Draco Malfoy

Alias: Draco, Dragón, Drake.

Edad: 24

Estas enamorado: Los dementores no lo permitan.

Cerveza de mantequilla o zumo de calabaza: Es una pregunta absurda, pero mi bebida favorita es el whisky de fuego.

Casa de Hogwarts: Slytherin.

Asignatura favorita: Pociones, como buen Slytherin.

Canción: del mundo mágico, Te cuello mucho de Logan D'Earth y del muggle cualquiera del último CD de My Chemical Romance

Algo que tienes siempre y nunca te quitas: mi tatuaje de un dragón plateado.

Tu posesión más preciada: mi talento.

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Llegamos al último miembro del grupo. Draco Malfoy, compositor y cantante. Considerado el líder y el rostro más visible de la banda. ¿Te molesta que carguen sobre ti ese peso?

No. Todos sabemos que somos igual de importantes. Si no estuviésemos los cuatro, no habría grupo.

Hablemos de tu música. Tienes más letras de tu autoría que cualquiera de los demás. Entre ellas, destacan tres: Walk This World Alone, Hate y Unreal Hero. ¿Qué nos dices de cada una?

Bien. Walk This World Alone me encanta. Es un rock de mucha guitarra, mucha batería y un bajo fuerte que grita: "no necesitamos nada más porque somos fuertes" aunque la letra dice que no es cierto, que siempre se necesita a alguien. El punto de contradicción entre letra y música me atrajo desde el primer momento. Hate… el título lo dice todo. Habla de alguien que tiene una posición inmerecida y todos se portan mejor con él por pura hipocresía y eso es realmente algo que odio. La canción lo recoge. Y bueno, Unreal Hero es lo mejor que he hecho nunca. La música es brillante hasta para mí (sonríe con picardía y guiña un ojo) y la letra transmite lo que quería que transmitiese.

Se rumorea que la escribiste pensando en Harry Potter, el afamado y reconocido como Héroe del mundo mágico.

Te aseguro que si lo escribiese pensando en el Elegido se parecería mucho más a Hate. Muchísimo más.

¿Eso quiere decir que Hate sí se inspira en Harry Potter?

El mundo terminaría de decir que soy un mortífago si reconozco que odio a su salvador (vuelve a sonreír travieso). Me llegan los rumores, y, antes de que preguntes más sobre el tema: no. No fui mortífago. Y no, mi padre tampoco. Siempre ha sido espía para la Orden del Fénix.

Tus compañeros dicen que la guerra fue más dura para ti que para ellos…

Fue dura para todos. La diferencia es que yo la viví de cerca. Dado el papel que se requería de mi padre como espía, el Señor Tenebroso insistía constantemente en que me uniese a sus filas. Por supuesto, mi progenitor no iba a permitir que me hiciesen entrar por la fuerza. El último año tuve que fingir que me desheredaban y desahuciaban para que Voldemort no matase a mi padre. Pasé los últimos meses incomunicado y escondido por las amenazas de ambos bandos a mi cabeza.

Los testigos principales de tu juicio fueron Remus Lupin, actual esposo de tu padre y reconocido miembro de la Orden del Fénix, y Harry Potter. ¿Cómo te sentiste cuando se demostró que eras inocente?

Aliviado. Era una carga muy grande el nerviosismo. Y no me lo merecía.

Volvamos al presente. Eres considerado el hombre más guapo del mundo. ¿Sientes acoso por parte de tus fans?

Para nada. Me gusta tener fans. Gracias a ellos estoy hoy aquí, haciendo una entrevista. Gracias a ellos doy conciertos maravillosos en los que me siento yo por completo. The Silver Dagon no sería lo que es sin ellos y lo único que puedo hacer es dar las gracias.

¿Qué harás en tus vacaciones?

Descansar. Preparar nuevas canciones y atender a los negocios que siguen siendo parte importante de mi vida. Coincido plenamente con mi padre en el hecho de que a pesar de que ame cantar y lo haga profesionalmente, tengo otras obligaciones, como mago y como Malfoy, que requieren de mí otro tipo de actividades en campos diferentes al que escogí como propio.

El mundo está deseando verte con pareja. Tus fans quieren que te enamores y seas feliz. ¿Lo ves posible en un futuro cercano?

Estoy bien y feliz tal y como estoy. Me gusta disfrutar de mi juventud. Todavía soy muy joven y dentro de diez años, seguiría estando a tiempo suficiente de enamorarme, tener una familia y todas esas cosas que un día quiero tener. Un día lejano, hoy por hoy, pero forman parte de lo que quiero que mis nietos recuerden de mí. (Sonríe con arrogancia) Un abuelo guapo y famoso que se dedicará a malcriarlos.

Se rumorea que tienes una relación secreta con un personaje importante de América…

No, para nada. Sigo libre y soltero. Sin compromisos con nadie, y tampoco los quiero hasta dentro de unos años.

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-Así que me asocias con Hate…- musitó el moreno ligeramente deprimido mientras el Draco de la foto, más guapo de lo que lo recordaba, le sonreía y guiñaba un ojo. Cerró la revista con furia y le prendió fuego con un incendio hasta que quedó reducida a cenizas.- Seré gilipollas… Y yo pensando que Unreal Hero la habías compuesto para mí.

Se puso en pie y dio un par de zancadas por el salón.

-Pues no pensaba aceptar la invitación a cenar en navidad en casa de Herm para no encontrarme contigo, pero ¿sabes? Te voy a dar motivos para que me odies a la cara.

No pensó que hablar sólo era de locos. Fue a hacer las maletas. Pasaría las navidades en su país, en SU casa y luego volvería a España y seguiría trabajando en la caza de magos tenebrosos y personajes corruptos. No iba a dejar de ver a sus amigos sólo por querer evitar al rubio. Ya no tenía tres años. No había sido para él la canción. No podía hacer nada. Tampoco quería. Las cicatrices eran más profundas y dolían más de lo que nadie imaginaba. El destino de los Héroes siempre era la soledad, y si no, que se lo preguntasen a Heracles.

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