Diclaimer: los personajes pertenecen a JK Rowling y no hay beneficio lucrativo ninguno por escribir fanfics.
Gracias a todos los que leyeron. Sé que no gustará el final, pero es todo lo que me ha salido. Quizá, algún día, vuelva sobre la historia y responda a todas esas preguntas que seguramente tendréis cuando acabéis de leerlo.
Esta historia es de PerlaNegra, porque ella me revisó las letras y, además, es una de las mejores personas del mundo, por lo que se merece todo lo bueno y más, aunque a mi alcance sólo está regalarle cosillas insignificantes como las tonterías que escribo.
Respuestas a reviews al final y muchas gracias a todos por haber leído.
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Epílogo
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Allí estaba otra vez Harry. Tumbado en la cama que San Mungo reservaba para él. Sólo llevaba allí hora y media y ya estaba perfectamente. Bueno, eso era un decir. Tenía magulladuras y le costaba respirar debido al daño en los pulmones que tendría que tratar con la poción que Neville le había recetado. Puede que esa vez su amigo tuviese algo de razón al decir que era un insensato.
En realidad, tenía toda la razón. Y Harry lo sabía, pero no iba a reconocerlo. Ya bastante tenía con lo que decían todos. Si lo admitía, no lo dejarían en paz.
Unos toques en la puerta de su cuarto privado lo sorprendieron. No esperaba a nadie. La persona que fuese, no se dignó a esperar el "Adelante" de Potter. Lucius Malfoy, erguido y con ese bastón negro en la mano, entró y cerró la puerta a su espalda.
-¡Señor Malfoy!- exclamó Harry sorprendido. Lucius jamás dejaría de representar superioridad, y no sólo en edad, en la mente del auror.
-Potter.- el hombre cabeceó y dejó el bastón contra los pies de la cama. Elegante, como siempre, se sentó en el sillón que había frente a la cama.-Te lo advertí Potter.
-Señor Malfoy, no creo que sea el momento de amenazarme.
-Potter… Hace mucho tiempo, te aconsejé dejar de cometer insensateces. La salud de mi esposo es cada vez más delicada. Preocuparse por las locuras que cometes no lo ayuda. ¿Nunca piensas en las consecuencias que tiene para los demás tus heroicos actos?
Jamás la palabra heroicos había sonado de forma tan desdeñosa y desagradable como en esa habitación de hospital.
-Le pediré disculpas a Remus por la preocupación.- concedió Harry frunciendo el ceño.
Lucius observó al muchacho que estaba frente a él y suspiró. En realidad, ya no era un muchacho. Tres meses atrás habían celebrado el 43 cumpleaños del moreno por todo lo alto. Remus sabía, como disfrutaba de echarle en cara, que incluso Lucius había caído, de forma extraña e inexplicable, bajo el efecto del encanto Potter. La mirada de cachorro apaleado en los ojos verdes, el brillo travieso, fruncir el ceño de esa forma tan terriblemente infantil… No era su Potter favorito, pero no estaba mal. Y le debía eterna gratitud. Hacía diecisiete años, en uno de esos actos estúpidos que todos le recriminaban, ese niño, por aquel entonces de veintiséis años, había salvado de una muerte terrible a las tres personas más importantes para Lucius en aquella época. Desde entonces, no era Remus sólo el que se preocupaba cada vez que se enteraban de que el moreno estaba de nuevo en el hospital.
En esa ocasión, los ojos verdes estaban más apagados de lo habitual. Las heridas no le curaban como antes. La preocupación no abandonó de todo a Lucius, pero estaba demasiado enfadado. No iba a decirle que sólo había llegado un par de minutos después que él y la hora y media en la que lo estuvieron tratando la pasó angustiado en la sala de espera de esa planta.
-Potter, ahora no voy a darte consejos. Mírate, por Circe. Vas a tardar semanas en recuperarte. Semanas, en las que Remus vivirá constantemente preocupado. Y… ¿Qué crees que va a decir mi hijo cuando se entere?
-¡Mierda!- se le escapó a Harry mientras su expresión se tornaba sombría.
-Sabes que Draco se enfadará.
El moreno hizo amago de levantarse. Una mueca de dolor cruzó su expresión.
-No me obligues a atarte a la cama.- amenazó Lucius sin moverse pero trasmitiendo todo lo que quería con la mirada plateada.
-Tengo que avisar a la prensa para que no hagan eco de esto. Draco está de gira y no vuelve hasta dentro de un mes, si no se publica la noticia no se enterará. Y si no se entera, nadie tendrá que ir a mi funeral mañana.
-La idea de tu funeral… uhm… no resulta del todo desagradable.- bromeó Lucius sonriendo siniestramente. Harry rió quedamente. Sabía que su suegro estaba bromeando.- Ya me encargaré yo de ellos.
En realidad, había sido lo primero que había hecho al llegar al hospital. Podría decírselo, si Remus estuviese ahí lo obligaría a aliviar a Potter. Para él, era demasiado divertido verlo sufrir por el temor a la reacción de Draco.
-Gracias.
-No me lo agradezcas tan rápido. Lo hago por que quiero verte lidiar con Narcissa, James y Sirius. Te quedan muchas torturas que sufrir a manos de tus hijos adolescentes.
-Gracias de todas formas, Lucius.
-Es hora de que me vaya. Enviaré a tu elfo aquí para que te acompañe a casa cuando Longbottom te dé el alta. Y supongo que ni un desastre impedirá que Remus vaya a malcriarte durante la tarde.
Sin más palabras, Lucius abandonó el hospital y dejó de nuevo a Harry en la cama. Esperando, como siempre, que Neville se rindiese a sus pucheros y lo dejase marchar. Contratar a Dobby y entrenarlo en cuidado de enfermos había sido una de las mejores ideas de Harry en toda su vida.
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El castillo milenario acogía cada nuevo curso con igual cariño que al anterior. Ofrecía lo mismo a todos. Una pena que sólo unos pocos fuesen capaz de descubrir a tiempo eso que era lo realmente bueno de los siete años que allí vivían.
Los alumnos, de tercero en adelante, tenían la primera oportunidad del año para ir a Hogsmeade. Cuando regresasen, el banquete de Halloween los esperaba. Cientos de alumnos se agolpaban en el vestíbulo esperando a salir. Entre un grupo de Slytherin de séptimo, iba una chica que destacaba por su belleza física. Los muchachos con los que iba, la trataban como si fuese la princesa del reino.
Gracias a la algarabía reinante, ninguna conversación era escuchada por más que aquellos que participaban en ellas. Hasta que la paz relativa fue rota por el grupo de delincuentes más terribles de la historia del colegio.
-¡Mira, mira!- gritó una niña de Hufflepuff de tercero a sus amigas. Todas ellas observaron, sin perder detalle, al grupo que bajaba las escaleras. Llevaban uniformes con el escudo de Gryffindor en la pechera de la capa.- ¡Los Merodeadores!
Así eran conocidos. Así habían decidido que serían conocidos. Los primeros merodeadores quedaban lejos, y alguien tenía que heredar su espíritu. Nadie mejor que ellos, que se sabían sus hazañas (aunque el resto del mundo pensase que eran gamberradas, ellos estaban seguros de que eran mitos a tomar como ejemplo) y tenían contacto directo con el Merodeador Honorífico.
Sólo un grupo reducido de estudiantes era indiferente a ellos. La mayoría los amaba. Una minoría de envidiosos los odiaba. Pero nadie, ni siquiera cuando eran unos alumnos de primero en su primera semana, se metía con ellos. Las altas esferas de Slytherin los protegían. A pesar de ser Gryffindor.
Eran cinco, cada uno con un papel que cumplir dentro de la organización. Dante Goldstein, el bueno y responsable, futuro prefecto de Gryffindor de su curso. Daniel Thurdson, estudiante medio, con resultados académicos comunes y enterado de todo lo que ocurría en el colegio. Fabian Zabini, la estrella deportiva del colegio y capitán de quidditch desde tercero, ídolo de masas. James Malfoy-Potter, estudiante sobresaliente, buscador talentoso y el gran ejecutor del grupo. Sirius Malfoy-Potter, el rebelde del colegio cuya presencia levantaba suspiros a su alrededor y el genio de los merodeadores.
-¡Diana!
El grito de James se escuchó en todo el vestíbulo. La muchacha a la que llamaba, vestida con uniforme azul, serpenteó entre la gente hacia el exterior, tratando de escapar de él.
-¡Olvídate de mí, Potter!
-James… ¿Cuándo dejarás de babear detrás de la estirada de Diana?
-Sirius… tú no lo entiendes. Diana es la mujer de mi vida.
-Ay que raro eres, por dios… como se nota que fuiste un fallo de planificación de papá.
James le dedicó una mirada asesina y le echó la lengua antes de subirse a la barandilla de las escaleras y bajar corriendo. Se sumergió entre la multitud de un saltó y serpenteó, a codazos si era necesario, hasta llegar a las escaleras. Allí, vio como la cabellera ondulada y negra de su Diana se perdía en el interior de un carruaje.
-¿Dejarás algún día a mi hermana en paz?
James se giró y vio tras él al grupo de alumnos mayores de Slytherin. La chica que había hablado era de Ravenclaw, pero su novio, que la agarraba por la cintura, uno de los grandes Slytherin de esa generación.
-Es una de las grandes verdades del mundo que Diana es mi alma gemela, Atenea.
-James, si quieres conquistarla, déjale espacio. A mí me ha funcionado.
-¡Theo!- protestó con una sonrisa la chica. James puso los ojos en blanco.
-Diana es mucho más Gryffindor que Atenea, así que los métodos Slytherin no van a funcionar.
-¿Y tu que sabes de métodos Slytherin, enano?
El que acababa de hablar era considerado el chico más guapo del colegio. Tenía la edad que a Fabian, James y Sirius les faltaba para poseer un cuerpo como el suyo. Lo tendrían, pero el rey actual era Gideon Zabini con su metro noventa de estatura, sus intensos ojos dorados y el cabello del color del fuego.
-¡Que no me llames enano, pesado!
-Cariño,- dijo divertido girándose hacia su novia. La chica de cabello platino y ojos aguamarina los había estado observando todo el rato sin decir palabra.- tu hermano pequeño acaba de llamarme pesado.
-A mí no me metáis en peleas de niños.- la expresión de altivo desden era mejor que la de cualquiera de sus hermanos.
Ignorándolos, fue hasta un carruaje, segura de que Atenea y Theo la seguirían. Sólo cuando Gideon no logró llegar a tiempo se permitió la sonrisa divertida que la situación le provocaba. No podía evitarlo. Decían que ella tenía mucho más de Malfoy que de Potter, y que Sirius había heredado lo mejor de ambos padres pero… si es que James era clavadito a Harry.
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Draco llevaba esperando impaciente ese día toda la semana. Por fin, la gira que habían hecho para presentar el nuevo álbum había terminado. Podía volver a casa. A Harry.
Se despidió de Theo, Blaise y Pansy, los tres, con la misma prisa por volver a sus gatitos que la del rubio. Sin malgastar un segundo, se apareció en su habitación. En Gales era más de medianoche. Se sorprendió cuando encontró la cama vacía, sin deshacer. Con el ceño fruncido, abrió la puerta y fue hacia el despacho de Harry. Seguro que se había quedado trabajando y revisando informes hasta las tantas y se había dormido sobre la mesa. No tendría remedio.
Una flecha luminosa, conjurada por magia en la pared, le indicaba un camino contrario al que pretendía seguir. Dividido entre la curiosidad y la sospecha, siguió las indicaciones que lo condujeron, ni más ni menos, a la ducha del segundo piso. Abrió la puerta con cuidado y la varita en la mano. Demasiados años entrenando para sospechar lo volvían incapaz de no tomar precauciones. Suspiró de alivio cuando no ocurrió nada. Simplemente, unas letras doradas sobre los azulejos blancos.
Dúchate.
Tras unos instantes de duda, decidió seguirle el juego a su marido. Se sacó la ropa lentamente, dejando caer una capa de cansancio tras otra mientras las prendas tocaban sigilosamente el suelo. El agua, gracias a la magia, salía siempre a la temperatura que la persona quisiese, nunca más caliente o más fría. El único bote con jabón era esa marca que Draco usaba y que volvía a loco a Harry. Sonriendo pícaro, el rubio se tomó su tiempo en enjabonarse y aclararse. Iba a tardar todo lo necesario. Probablemente, Potter se moriría de impaciencia y terminaría yendo a buscarlo y cayendo en sus garras.
Se equivocó. Tras media hora, Harry seguía sin aparecer. Tomó una de las toallas de algodón egipcio que Blaise y Ron les habían regalado dos navidades atrás, y se envolvió en ella, llevando la varita en la mano por si acaso.
De nuevo, flechas doradas le indicaban el camino que debía seguir. Esa vez, conducía al ático. Cuando traspasó el umbral y la puerta se cerró tras él, su varita resonó contra el suelo mientras los ojos y la boca de Draco se abrían de la impresión.
Su marido, tan guapo como siempre, cuya única muestra del paso del tiempo eran las pequeñas arrugas alrededor de los ojos, lo esperaba sumergido en lo que parecía uno de esos baños termales que los muggles consideraban terapéuticos. Decenas de velas aromáticas, que desprendían la fragancia favorita de Draco, iluminaban la zona, revelando un elegante baño blanco y con matices oro y plata. Se daba un aire al baño de prefectos de Hogwarts, aunque más elegante y con más clase. Tras Harry, una gran estatua de un león y una serpiente destacaba en la decoración.
Nada de eso resultaba verdaderamente impactante para Draco. Estaba acostumbrado a la opulencia desde su más tierna infancia. Jamás le habían faltado lujos. Lo que lo había sorprendido, era la mirada traviesa cargada de ganas de diversión en los ojos verdes. Nada más fue necesario para que la erección de Draco se despertase. Pero lo que convertía el momento en algo que recordaría toda su vida, era que la bañera no estaba llena de agua. El cuerpo de Harry estaba sumergido en el chocolate blanco favorito de Draco.
-¿A qué esperas?- la voz del moreno lo sacó de su estupefacción.- Supuse que te apetecería tomar algo cuando llegases. Y nunca dices que no al chocolate blanco.
-No tienes que repetírmelo.- en un pestañeó, Draco se encontraba frente a Harry, besándolo con todo lo que su alma era capaz de entregar. Una melodía empezó a sonar para acompañar su reencuentro.- ¿Unreal Hero?
-Es la mejor canción del mundo.
-¿Sí? .¿Por qué? He compuesto otras tan buenas como esta.
-La primera vez que la escuché, supe que me enamoraría de ti.- confesó. Habían hablado de aquella época cuando necesitaron hacerlo para estabilizar lo suyo, pero jamás Harry le había confesado una verdad tan enorme.
-Y escapaste.
-Y escapé. Mira que era tonto.
-Sí. Incluso a mí me sorprenden los grados de tontería que puedes alcanzar.
-Yo te preparo una gran sorpresa, y tú me lo pagas llamándome tonto.- Cuando Draco vio el puchero que siguió a la protesta, no pudo evitar envolver a su marido en un abrazo y besarlo. Cada vez que su cara mostraba esa expresión enfurruñada parecía un crío de once años.- Menos mal que sé que me quieres.
-Sí, menos mal que lo sabes.- suspiró el rubio. No pudo resistir más la tentación y dio un lametón al pecho de Harry por donde el chocolate lo cubría. Gimió de placer.- Y menos mal que me quieres tanto como para prepararme algo así a la una de la madrugada.
Mientras en el ático transformado en sala de baños sonaba Unreal Hero y los señores de la casa disfrutaban, jugaban y se demostraban lo mucho que se amaban, en el salón, la flecha que había iluminado la estancia en caso de que Draco se apareciese ahí, se extinguió. El moreno estaba demasiado concentrado en su marido como para seguir controlando su magia. Los últimos resquicios de luz fueron para la foto enmarcada sobre la librería.
Una foto de revista, de un especial de la prensa del corazón. Una foto que mostraba a dos muchachos de veinticuatro años, posando semidesnudos. Juntos gracias a una combinación de artes fotográficas muggles y magia.
El especial de Corazón de Bruja todavía estaba en la casa. Escondido para el mundo en un falso fondo del primer álbum de fotos que habían llenado como pareja.
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Tam Black: Sé que tu review es de hace un milenio, pero más vale tarde que nunca¿no? Muchas gracias por leer y espero que hayas llegado hasta aquí.
Nia: Gracias!. Hasta aquí ha llegado la historia. Ojalá lo hayas disfrutado.
Emily delacur: Muchas gracias por el comentario. Y perdón por angustiarte xDDD
Naiko: Un gracias doble por haberlo leído dos veces!!! Wow!! Todo lo que me preguntas anda dando vueltas por mi cabeza, y, quizá, si me siento inspirada, escriba otro mini-fic contando lo que ocurre durante esos años. A ver si me viene la musa. Si lo hace, seréis los primeros en saberlo xDDD
LittleSweet Malfoy Oh: como la pagina no me deja responderte directamente, pues lo hago por aquí. Supongo que el epílogo no es lo que esperabas, pero bueno… fue lo que salió en su momento. Millones de gracias por dejar review (incluso con tu ordenador estropeado O.O) Y gracias por lo de la canción. Es una pena no haber podido ponerle el formato adecuado, pero para mí, también es la mejor. PD: Me estoy muriendo de envidia…¡¡Tienes la Play3!! Yo también quiero…!!!
Blackmoonlady: Gracias!! - Me alegra mucho que te guste la canción. Creo que escribí el fic por ella. Hasta aquí ha llegado la historia, y seguramente no sea el final que esperas, pero ha sido el que he logrado. No me importará pedir disculpas por lo mal que queda xDDD
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