Capítulo 17.- Últimos días de vacaciones
Fuera de un cine muggle, Lily, Dawn y Nat esperaban a Alex. La Slytherin llegaba tarde, cosa poco habitual en ella. Las chicas habían quedado para ir a ver Star Wars, estrenada el mes anterior, con tantísimo éxito que todavía no la habían quitado de las carteleras de los cines londinenses.
"¡Hola chicas! Perdón por el retraso" –oyeron por fin.
"¡Alex! Ya era ho..." –Lily se interrumpió a media frase al ver quien la acompañaba. Luego de una pausa añadió– "No sabía que vendrías con él..."
"Salimos juntos y lo más normal es que vaya al cine con él ¿no?" –respondió la chica en tono amenazador y cruzándose de brazos.
"¡No, no! Si no lo decía por eso" –se apresuró a aclarar Lily– "Es que... Como no lo sabía... He invitado a James y a los chicos."
"¡Qué?" –exclamaron dos voces a la vez. La de Severus y, sorprendentemente para las chicas, la de Nat.
"Si... Ayer con las confesiones y esas cosas se me olvidó comentároslo..." –se excusó Lily, dirigiéndose a sus amigas.
"¿Va a venir Sirius?" –preguntó esta con un tono de voz extraño. No estaba preparada todavía para un encuentro cara a cara con él.
"Pues si... Fue el primero de apuntarse por todo el morro cuando yo sólo había invitado a James..." –suspiró la pelirroja.
"Pero oye¿Qué me he perdido? Yo creía que ya no tenías ningún problema con Black" -intervino Dawn.
"Y no tiene ningún problema. Ahora nos llevamos muy bien ¿Verdad Nat?" –contestó la voz de Sirius por ella, al tiempo que la abrazaba por detrás. Ante el contacto la chica dio un bote y se apartó un poco bruscamente.
"Me has asustado" –inventó para justificarse.
Alex le dirigió una mirada que dejaba claro que luego seria sometida a un exhaustivo interrogatorio, y hubiera recibido dos más de no ser porque Dawn y Lily estaban demasiado ocupadas saludando a James y Remus.
"¡Vaya Snivellus! Si sabes lo que es divertirse y salir! Me dejas impresionado" –se burló Sirius.
"Cierra la boca Black" –dijo Alex simplemente. El merodeador le hizo caso instantáneamente.
"¡Venga¡Vamos a por las entradas!" –exclamó Lily, obligándolos a todos a entrar. – "¡Tengo muchísimas ganas de verla!"
"Pero si después de verla cinco veces te sabes hasta los diálogos..." –murmuró Dawn, tan bajito, que sólo la oyó Remus, que andaba a su lado.
"¡Cinco veces?" –exclamó el licántropo– "Me parece una exageración, aunque todavía no sé que es una... ¿Pedicula?"
"Película" –lo corrigió Dawn con una sonrisa.
"¡Pero es genial! Ya verás como te encanta el cine Remsie, es una pasada" –se metió Sirius en la conversación. Fue una suerte que Nat apareciera y lo agarrara por el brazo, para arrastrarlo un poco más allá, porque si no, posiblemente Dawn le hubiera arrancado la cabeza.
"Tienes menos sensibilidad que una piedra." –le dijo la chica dándole una colleja.
Pronto estuvieron todos instalados en las butacas, y todos los que todavía no habían estado en un cine quedaron impresionados con la pantalla; incluso Severus, aunque no quisiera reconocerlo, estaba deseando que empezara la película.
"Si te pierdes o no entiendes algo pregúntame" –le dijo Dawn a Remus, que estaba sentado a su lado con una bolsita llena de almendras recubiertas de chocolate. Mientras que a su lado, Lily le estaba explicando con todo lujo de detalles a James de que iba la película. Por fin las luces se apagaron y la película empezó.
"Que mareo de letras" –comentó Sirius mirando las letras que narraban el principio de la historia.
"Como no te calles acabarás con el cartón de palomitas en la cabeza" –advirtió Nat, refiriéndose al cartón extragrande de palomitas que el merodeador había querido comprarse.
A partir de ahí, todos guardaron silencio y se dispusieron a ver la película. La cosa transcurrió más o menos tranquila: Nat iba soltando comentarios en voz baja cuando aparecían bichos extraños, y sin duda R2D2 le encantaba. Dawn y Lily volvían a sus quince años cuando salía Han Solo, y daban grititos, emocionadas. Sirius no pudo abstenerse de criticar el peinado de la princesa Leia.
"Por Merlín¿Dónde va esta chica con ese par de ensaimadas en la cabeza?"
James por su parte, había decidido que quería una nave espacial tipo el Halcón Milenario, o por lo menos, una espada láser de esas, 'para cortar cabezas a ciertos Slytherins' le había susurrado a Lily, para que los dos presentes de dicha casa no le oyeran. Aproximadamente hacía la mitad de la sesión, Alex ya estaba aburrida.
"A estos muggles se les va mucho la olla." –comentó en un susurro a Severus– "Vamonos, que esto no me gusta."
"Pero... No, espera, que está muy interesante" –se quejó el chico, sin despegar los ojos de la gran pantalla.– "Que ahora Luke está a punto de mandar a tomar por culo la Estrella de la Muerte."
"¿No me digas que te gusta esto!" –exclamó ella.
"Mucho" –asintió Severus, y no dijo nada más. La verdad es que le estaba encantando la película, por eso cuando se terminó se levantó exclamando– "¡Pero que...¡No pueden dejarlo ahí¡Darth Vader todavía está vivo!"
"¡Pues ya era hora!" –dijo Alex a su lado– "Ale, vamonos Severus. Chicas, os veo en el tren y vamos a tener que hablar muy seriamente" –apuntó a sus amigas con un dedo amenazador antes de marcharse con el Slytherin.
Los otros seis decidieron ir a tomar un chocolate caliente, a petición de Remus.
"¿Y porque el tío ese iba con casco?" –preguntó James, que no le había terminado de quedar clara la cosa.
"Porque seguro que es feo" –respondió Sirius encogiéndose de hombros. La respuesta hizo que todos soltaran una carcajada.
"Pues a mi me ha gustado Han Solo" –declaró Dawn.
"¡Ni te acerques a Han Solo que es mío!" –saltó Lily– "Aquí la friki de Star Wars soy yo y por eso tengo privilegio al escoger!"
"Pues me da igual, me quedo con Luke para estrujarlo un rato" -Dawn se cruzó de brazos.– "¿No creéis que dan esos instintos con ese chico?"
"Pues si" –asintió Nat– "Aunque a mi me ha gustado el bicho ese con pelo que conducía la nave. ¡Yo quiero uno de esos!. O el robot ese que suelta pitidos. ¡Es monisimo!."
Lily rió y Dawn puso los ojos en blanco; su amiga no tenía remedio. James, Sirius y Remus, por su parte, habían ido mirando alternativamente a las chicas y tras escucharlas llegaron a una conclusión: La película les había alterado las hormonas.
Mientras, Alex y Severus habían emprendido el camino de vuelta a casa.
"¡Las has visto? Te aseguro que ya no sé que hacer con estas chicas" –exclamó Alex negando con la cabeza. La chica estaba exasperada– "¡Me parece que ya no hay vuelta atrás, están embobadas perdidas con los merodeadores¿Tu que crees?"
"Mmmmmm" –Severus pareció meditarlo unos instantes– "Creo que hacer una de esas espadas láser podría ser factible."
"¡Es que no sé que hacer para hacerlas entrar en razón! Por Merlín que durante seis años las he podido mantener a raya y sus genes Gryffindor han quedado mínimamente ocultos... Pero ahora..."
"Claro que un robot de esos ya sería más difícil... Y la mecánica se me da bastante mal..."
"¡Es que parecen masocas! Tendré que dejar que esos retrasados mentales les hagan sufrir para que se den cuenta de que tengo razón!"
"Y claro, tendré que ir a pasearme por el mundo muggle a ver si puedo enterarme de cómo continua la historia, porque yo ahora no me quedo tranquilo."
"¡Severus no me estás escuchando!" –exclamó Alex al final, perdiendo la paciencia.
"¡Ni tu a mi tampoco!" –se defendió el Slytherin.
Alex lo miró unos instantes antes de poner los ojos en blanco: - "Por Merlín... Como si no tuviera suficiente friki de Star Wars con Lily..."
Y dicho esto la chica se desapareció, dejando a Severus en medio de la calle.
O o o O"Uf, que tarde se ha hecho..." –suspiró Dawn mirando el reloj– "Tengo que volver a casa porque le he prometido a Víctor que haría la cena." –acabó con una mueca.
"Te acompaño, porque mis padres también van a preocuparse si llego muy tarde." –dijo Remus, levantándose y poniéndose el abrigo.
"¡Eh Remsie¿Al final vas a venir a casa los últimos dos días de vacaciones?" –interrumpió Sirius antes de que el licántropo pudiera marcharse.
Remus asintió: - "Mi madre se va y así te hago compañía." -La pareja se despidió y salió de la cafetería. Cuando los otros cuatro quedaron solos, Sirius tuvo una idea.
"¿Tu no querías que te acompañara con la moto a comprar no sé que, Nat?" –preguntó en voz alta.
"¿Eh?" –la chica se giró confundida hacía el animago. ¿Qué diablos estaba diciendo? Pero de repente recibió un pisotón por debajo de la mesa y al mirar a Sirius vio que le guiñaba disimuladamente un ojo. Entonces lo comprendió, quería dejar solos a Lily y James– "¡Ah si! Es verdad. ¿Me acompañas ahora?"
"Claro. Anda vamos." –se giró hacía su mejor amigo y la pelirroja y les guiñó un ojo– "No hagáis nada que yo no haría. Adiós!"
"Disculpa a Sirius... A veces..." –James se interrumpió, sin saber muy bien como terminar la frase.
"Sirius es un caso aparte, dejémoslo así." –sonrió Lily. James asintió, completamente de acuerdo con ella.- "Oye ¿tu crees que va a venir alguien a interrumpirnos ahora?"
"Pues no creo..." –contestó James dando un vistazo alrededor.– "¿Por?"
"Porque quiero agradecerte sin interrupciones todo lo que hiciste por mi." –sonrió la pelirroja. James no pudo evitar sonreír. Ese tono tan insinuador le gustaba, alimentaba mucho a su ego, al que últimamente tenía bastante abandonado. Aún así prefirió mantenerlo enterrado al menos un rato más, sólo por si acaso...
"Pero si realmente no hice nada, al contrario, transformando a ese par en payasos me lo pasé gen…" –no pudo continuar, porque los labios de Lily se habían posado sobre los suyos. James reaccionó inmediatamente, devolviéndole el beso con todas sus ganas, pensando en que lo había conseguido. ¡Por fin lo había conseguido! Cuando por fin se separaron, ambos tenían sonrisas bobaliconas pintadas en el rostro.
"Pues eso, que gracias..." –susurró Lily.
"Mmmmm... Creo que todavía no me ha quedado claro el concepto... ¿Me lo puedes volver a repetir?" –sonrió James. Lily no se hizo de rogar. Cuando se separaron James la miró fijamente.- "Oye Lily... ¿Eso significa que ya no me odias?"
"Punto para el merodeador." –contestó la pelirroja con una sonrisa.
"¿Y en que situación nos deja esto ahora?" –volvió a preguntar el merodeador.
"Vamos a tomárnoslo con calma ¿Vale? Por ahora no quiero compromisos"
"Lo que su señoría diga." –contestó el chico. Lily rió antes de acercarse para volver a besarlo.
O o o ORemus estaba esperando frente a una salida del metro. Paseaba la mirada intentando encontrar a alguien en concreto entre toda la gente que salía de la boca. Y De repente la vio: Dawn llevaba un gorro azul del mismo color que la bufanda y un abrigo marrón. La chica paseó la mirada buscándole mientras se ponía los guantes. Pronto le vio y una pequeña sonrisa apareció en su cara.
"Hola, perdón por el retraso. Tuve que matar a mi hermano antes de salir."
"No pasa nada" -sonrió Remus– "Espero que no le hayas hecho nada grave a tu hermano. Si no puede jugar al quidditch James se enfadará." -Dawn rió entre dientes, haciendo que Remus sonriera aún más. No sabia lo que había echado de menos su risa, estaba empezando a ser algo raro oírla.
"No te preocupes, no ha habido sangre" -bromeó Dawn– "Más que nada porque luego mi madre se queja de que no sale del suelo. Pero aunque así fuera, James no le diría nada a mi hermano, puede salir muy malparado..." -Viendo la cara de Dawn, Remus apunto mentalmente nunca meterse con los hermanos Caddel. Podía no ser bueno para su salud, visto lo sobreprotectores que eran entre ellos.
"Se lo diré" -rió Remus- "¿A dónde vamos? Yo no conozco muy bien la zona muggle..." -Dawn se quedó pensando.
"Hay una cafetería por aquí cerca donde tienen unas tartas riquísimas" -sugirió tras un rato– "Por lo que dicen, la de chocolate es genial."
"¿Chocolate? No hace falta que me lo repitas dos veces" -exclamó Remus. Dawn sacudió la cabeza. Y ella que pensaba que no había nadie tan adicto al chocolate como Nat...
Un rato después estaban en la cafetería, Remus comiendo tarta de chocolate y bebiendo chocolate caliente y Dawn bebiendo coca-cola. Remus nunca había probado el refresco y la cara que había puesto al probarlo, había hecho que Dawn rompiera a reír. Aun tenía una pequeña sonrisa en la cara. Hacia mucho que no reía así y la verdad es que se sentía mejor.
"¿Cómo te encuentras?" -preguntó Remus una vez hubo dado un trago de chocolate para quitarse el sabor del refresco. La sonrisa de Dawn desapareció.
"Un poco mejor" -se encogió de hombros– "Es algo difícil de conciliar y de entender. Supongo que cuesta asumirlo."
"Dímelo a mi" -suspiró Remus– "Era muy pequeño cuando ocurrió y aun así, a veces me cuesta separar esas noches, de lo que soy el resto del mes."
"No, eso no es tan difícil por lo menos para mi" -Dawn apoyó los codos en la mesa y le miró– "Para mi lo difícil es entender que el lobo y tu sois el mismo ser y que tu no puedes dominarle esa noche ni él a ti el resto del tiempo."
"Es difícil y muy duro" -admitió Remus, mirando fijamente su tarta– "No tener control, no saber muy bien que pasa y no poder actuar como lo harías normalmente porque estas dominado por los instintos."
Dawn vio como le costaba hablar de ello. Era algo que llevaba ocultando toda su vida, que muy poca gente sabia y Dawn no podía evitar sentirse un poco especial porque se lo estaba contando, explicando como era, intentando hacerla entender. Conmovida estiro el brazo y le apretó la mano. Remus alzó la mirada sorprendido, para encontrarse con una sonrisa triste.
"Gracias por intentar explicármelo. Sé que te cuesta hacerlo." -Remus sintió un nudo en la garganta. Allí estaba ella, que se merecía y necesitaba las explicaciones, dándole las gracias por algo que tenia que haber hecho hace tiempo. Ella, que estaba saliendo de una depresión, animándole. Le respondió con un apretón de la mano que tenía cogida.
"A cambio espero que duermas y comas mejor" -dijo con una sonrisa aunque la voz seria desmentía la broma– "Si no, dejaré de contarte cosas."
"Si mamá" -Dawn puso los ojos en blanco– "¿Sabes que eres un chantajista?"
"Por supuesto" -replicó Remus inflando el pecho– "Soy un merodeador." -Por toda respuesta Dawn le saco la lengua. A lo que Remus respondió tirándole migas de pastel.
"¿Nunca te dijeron que con la comida no se juega?" -sonrió Dawn cuando un trozo de chocolate acabó en la nariz de Remus.
"Ese día no debía estar atento" -respondió Remus mientras bizqueaba intentando ver el chocolate y llegar a él con la lengua. Dawn soltó una carcajada.
"Eres un payaso" -dijo con un poco de cariño.
"Pero te he hecho reír" -respondió Remus, con orgullo– "Y dos veces."
"No, si en el fondo eres un encanto y yo no me he dado cuenta" -bromeó Dawn.
"Mentirosa" -sonrió Remus.
"¿A que te refieres?" -Dawn alzó las cejas.
"A que si te has dado cuenta de que soy un encanto." -Remus usó la sonrisa "sé que te gusto nena" patentada por Sirius. Dawn le tiro una servilleta a la cara.
"Deja el egocentrismo para Black que es el experto. A ti no se te da nada bien."
"¿Y que se me da bien?" -preguntó Remus con cara de pena. Dawn no pudo evitar pensar lo mono que estaba cuando ponía esa cara. Se inclino sobre la mesa hasta que sus labios casi se rozaron con los de Remus y le miró a los ojos. A esos preciosos ojos dorados en los que podía perderse.
"Las caras de niño bueno" -susurró Dawn antes de besarle.
A Dawn el sabor del chocolate nunca le había encantado especialmente, pero ahora mismo estaba a punto de cambiar de opinión. El beso era muy dulce, y no solo porque la boca de Remus supiera a chocolate, sino porque por una vez era un beso sin prisas, sin alcohol de por medio al que echarle la culpa. Eran ellos dos solos, sabiendo lo que hacían y disfrutándolo al máximo. Al final la camarera al dejarles la cuenta, les hizo volver a la realidad y se despegaron.
"Quizás sea mejor que nos vayamos de aquí" -sugirió Dawn una vez hubo recuperado la respiración.
Remus asintió y vio como Dawn pagaba y le arrastraba fuera de la cafetería aun un poco desconcertado. Sabia que habían estado tonteando, hasta allí llegaba, pero algo se debía haber perdido porque de repente se había encontrado disfrutando del mejor beso de su vida y viendo como Dawn tomaba el control de todo. Fuera de la cafetería vio como ella miraba alrededor con cara de esperar una catástrofe, mientras le arrastraba hasta la calle lateral. Era una calle estrecha por la que no pasaba nadie, pero aun así Dawn miraba a su alrededor.
"¿Qué pasa?" -preguntó preocupado.
"Nada, tonterías mías, supongo" -se encogió de hombros Dawn– "Pero estoy esperando que llegue la catástrofe."
"¿A que te refieres?" -Remus alzó las cejas.
"A que en las veces que me has besado, ha pasado algo. O has huido, cosa que no vas a hacer ahora" -Dawn miró la mano del licántropo que aun tenia agarrada– "O ha venido alguien a incordiar así que estoy esperando..." -Remus rió y con la mano libre le alzó la barbilla y la besó.
"Dos besos y ninguna catástrofe" -dijo después de un rato– "¿Crees que se ha roto el gafe?" -Por toda respuesta Dawn se acerco a el hasta que Remus estuvo apoyado contra la pared y ella podría arroparse con el abrigo del chico, aunque él lo llevara puesto.
"Habrá que seguir probando para estar seguros" -respondió Dawn susurrándole al oído antes de morderle ligeramente la oreja.
"Dawn..." -Dawn estaba muy ocupada jugando con su cuello como para responder. Remus estaba un poco confuso, no es que no le gustara lo que estaba haciendo la chica, todo lo contrario. Sabía que mañana iba a tener un chupetón del tamaño de un estadio de quidditch pero le daba lo mismo. Lo que quería saber era en que iba a acabar esto. Haciendo un gran esfuerzo la separó de él.- "Dawn, escúchame por favor" -suplicó Remus– "¿Qué te propones?"
"Creía que era evidente Remus" -sonrió Dawn– "Por la pinta parece que te estoy marcando el cuello y bastante bien si puedo decirlo."
"Pero ¿Por qué?" -suspiró el licántropo– "Perdona que lo cuestione todo, pero me gustas mucho Dawn y no quiero que esto sea algo de una tarde."
"Si no fueras tan puñeteramente inseguro, me habría ofendido por ese comentario" -suspiró Dawn antes de acercarse a él.– "Por si no te has dado cuenta, me gustas Remus Lupin y mucho, si me permites decirlo" -Dawn sonrió de forma peligrosa. Remus no pudo evitar pensar que así debía sonreír un lobo a su presa antes de cazarla– "Así que he decidido quedarme contigo y esa marca de tu cuello va avisar a las demás chicas que como se acerquen a ti tendrán que vérselas conmigo." -Con esto Dawn volvió a besarle, esta vez con pasión. Una pasión que el hombre lobo no dudó en igualar. Cuando Dawn quiso darse cuenta era ella la que estaba apoyada contra la pared con los brazos rodeando el cuello de Remus. Un buen rato después despegaron sus labios pero no sus cuerpos. Dawn se acurruco mas contra el licántropo si era posible, sus brazos rodeaban su cintura por debajo del jersey negro que llevaba el chico. Remus, mientras tanto estaba jugando con el cuello alto de su jersey, haciéndole cosquillas.
"¿Sabes?" -le susurro al oído– "No me parece justo que yo tenga el cuello de colores y tu no." -Dawn se separo ligeramente para verle la cara. Le brillaban los ojos y tenia una expresión feroz en el rostro. En ese momento Dawn no tenía ninguna duda de que Remus era un licántropo, podía ver al lobo tras la superficie de sus ojos dorados, mirándola como si quisiera comérsela entera. Y ella estaba encantada. Apartándose ligeramente, dejó espacio a Remus para que pudiera llegar a su cuello.
"¿Vas a remediar esa tremenda injusticia?"
"En un segundo" -Remus le rozó los labios con los suyos antes de volver al cuello.
Cuando llegó la hora de que volviera a casa, Dawn tuvo que admitir que debía parecer boba con la enorme sonrisa que llevaba pero no podía evitarlo. Suponía que tenía que admitirlo, estaba completamente enamorada de Remus y había llegado a la conclusión de que el que fuera un licántropo, le importaba un pimiento.
"¿En qué piensas?" -preguntó Remus abrazándola por detrás– "Has estado callada todo el camino hasta el metro."
"Ni me había dado cuenta de que ya habíamos llegado" -admitió la chica girándose para mirarle.
"¿En que pensabas?" -volvió a preguntar el licántropo.
"En que me gustas mucho y el resto me da lo mismo" -sonrió la chica. Ante esa confesión, lo único que pudo hacer Remus fue besarla.- "Me voy o llegaré tarde" -se separó Dawn a regañadientes– "Nos vemos en dos días."
Remus se quedó mirando como desaparecía entre la gente que iba a coger el metro y después se fue silbando. De repente se paró en seco: Acababa de acordarse de que iba a pasar los próximos dos días con Sirius y no pudo evitar soltar un gemido. ¡Sirius no le iba a dejar en paz hasta que supiera todos los detalles!
O o o OSirius estaba aburrido en casa. Estaba harto de mirar por la ventana a ver si veía a Nat, pero no había suerte. La chica parecía haber desaparecido de la faz de la tierra. Estaba tan aburrido que estaba pensando en ponerse a hacer los deberes, cuando por suerte sonó el timbre.
"¡Moony!" -exclamó al abrir la puerta– "Menos mal que has venido. Estaba aburridísimo."
"No será para tanto Padfoot." -comento el licántropo entrando y quitándose el abrigo.
"Estaba a punto de ponerme a hacer los deberes…" -Remus se volvió con los ojos como platos.
"Vale, si, estabas muy aburrido."
"¿Y tu que tal?" -preguntó Sirius fijándose en su amigo– La última vez que nos vimos te dejamos en muy buena compañía... -Al oír la mención a Dawn, Remus se removió inquieto, lo que hizo que Sirius alzara las cejas.
"Bien ¿Y tu¿Qué tal el trabajo con la vecina?" -preguntó Remus intentando cambiar de tema.
"No cambies de tema Moony. Noto que tienes que contarme algo acerca de esa chica." -El licántropo intento negarlo, pero Sirius le cogió del jersey y le arrastró hasta el salón. Iba a empujarle contra el sofá cuando algo le hizo detenerse.- "¿Qué es eso que tienes en el cuello?" -preguntó el animago acercándose a inspeccionar. Remus intento separarse pero Sirius fue mas rápido y le bajo el cuello del jersey, revelando un enorme chupetón. Sirius soltó un silbido.– "Moony, amigo creo que tienes que contarme algo" -dijo empujándole hacia el sofá– "¿Quién ha sido la fiera?" -Remus le miró fijamente y cuando vio que Sirius no iba a dejar el tema, suspiró y respondió.
"Dawn"
"Vaya, vaya" -rió el animago– "Con lo buena que parecía ¿Quién lo hubiera pensado? –se quedó unos instantes riéndose mirando a Remus hasta que se decidió a volver a hablar– "¿Y bien?" -preguntó, subiendo y bajando las cejas de forma insinuante– "¿Qué tal¿Le demostraste de que es capaz un merodeador?".- Remus suspiró y miró al techo con cara de sufrimiento
"No todos somos unos obsesos sexuales como tu, Sirius."
"Venga Remsie…" -soltó el animago– "No me vas a decir que no hiciste nada."
"Algo si hice" -respondió el licántropo con una sonrisa de satisfacción– "Si crees que mi chupetón es grande tendrías que ver el suyo…"
"Ese es mi Moony" -replico Sirius dándole palmaditas en la espalda– "Pero quiero todos los detalles. ¿Qué tal besa¿Qué le gusta?"
"¿Sabes lo que significa la palabra intimidad, Padfoot?" -preguntó Remus un poco exasperado– "No voy a contarte nada de eso."
"Bah…" -se quejó Sirius– "Eres un aguafiestas. ¿Me vas a hacer descubrirlo por mi mismo?"- Sirius lo había dicho en broma, pero Remus no se lo tomó así. El licántropo fijó una mirada dorada llena de furia en su amigo.
"Amigo o no, como te acerques a ella, te mato Padfoot."
"Uooh calma" -dijo Sirius levantando las manos– "Era una broma Remus. No sabia que te gustaba tanto la chica."
"Pues me gusta mucho Sirius" -replicó el licántropo extremadamente serio– "Así que deja de hacer bromas que no tienen ni pizca de gracia."
"Ais nuestro lobito se hace mayor" -dijo Sirius secándose una lagrima invisible– "Al momento están en pañales y al siguiente te amenazan con matarte si tocas a su chica."- Remus no pudo evitar reír ante la payasada.
"Nunca te tomarás nada en serio" -rió el hombre lobo.
"Ese soy yo" -respondió Sirius– "Pero bueno ya que no puedo averiguarlo por mi mismo... Cuéntamelo ¿no?" -Remus suspiró y puso los ojos en blanco, pero al final accedió a darle la versión corta y censurada de los hechos…
O o o O