Partió del comedor con una mirada serena. Si había algo que la relajaba un poco, algo que aplacaba su tristeza aunque escasamente, era desayunar con su amiga a solas; era, por unos momentos, como estar en "casa". Su mente divagaba estar en el mundo místico con alguien de su "especie", como en los viejos tiempos en su plena adolescencia, lejos de la realidad y de sentirse presa de su propio reinado. No es que los demás no fueran sus amigos o que no los quisiera, muy por el contrario, amaba Cefiro y a sus personas, y por sobre todas las cosas amaba a Ferio. Sin embargo, se había admitido a si misma, que jamás se hubiese imaginado que reinar en aquel mundo, era tener un gigante grillete atado a su pie, acompañándola a todos lados y negándole el derecho de tener un verdadera libertad.
No se dio cuenta lo rápido que habían sido sus pasos, hasta que llego a su cuarto en tan solo unos minutos. La placida mirada que había conservado desde el desayuno, desapareció fugazmente, cediéndole el lugar a un rostro lleno de tensión. Con la mirada cabizbaja, entró a su alcoba. No quería verlo, no quería que sus ojos encontraran la imagen de su amado, durmiendo placidamente, y que aquella sensación de vacío atacara su pecho otra vez. Pero la tentación de su corazón fue más veloz que el razonamiento de su cabeza, y su mirada terminó rindiéndose ante ella, inspeccionándolo al joven dormido frente suyo. Nuevamente, un sinfín de reproches comenzaron a castigarla interiormente. Nuevamente, sentía que todo esfuerzo que intentaba hacer para conseguir la felicidad, se desmoronaba completamente.
¿Qué clase de reina era ella? ¿Qué importaba el respeto y reputación ganada por todo su buen trabajo para con Cefiro y su bienestar, si ni siquiera era capaz de poder concebir vida, si ni siquiera era capaz de darle un hijo a Ferio? Definitivamente, se sentía, como la clase de persona que arruinaba la felicidad de los demás. Con su partida del mundo místico y sus escasas visitas hacia su hogar, había convertido la vida de su familia en una desdicha irreversible; cuántas lagrimas eran derramadas cada vez que tenía que volver a su mundo mágico. Pobre sus padres. Pobre de Kuu… su dulce y amada hermana Kuu. Y aquí, en Cefiro, le había dado el peor castigo a Ferio, el horrible infortunio de tenerla a ella a su lado sin poder darle la oportunidad de vivir la dicha de ser padres.
Llevo sus manos hacia su cara, refregándolas con fuerza contra sus ojos, obligándose a reprimir cualquier intención de comenzar a llorar. Es que con llorar no arreglaría nada. Solo empeoraría las cosas, y haría mas desgraciado a los demás por su tristeza egoísta. Por lo tanto, desde hacía rato, propiciaba para con el resto bellas sonrisas fingidas, mantenía buenas charlas para no levantar sospechas y seguía con su tan particular cordialidad; y es que así por lo menos no caería en papel de víctima.
-Te harás daño en tu bello rostro Fuu- le dijo Ferio interrumpiéndola de sus pensamientos torturadores mientras se reincorporaba de la cama para quedarse sentado sobre ella. Guardo algunos segundos de silencio -Por favor Fuu, no te castigues más y dime que es lo que te sucede. - le dijo afligido.
Fuu quitó sus manos bruscamente de su rostro, ya que no esperaba que el joven príncipe se despertara y la encontrara así, en ese estado tan delator, tan demostrativo y vulnerable.
Por otro lado, no importaba cuanto Fuu intentara esconder su verdadero y agonizante sufrimiento ante Ferio, él había sabido desde el comienzo de lo que se trataba. Pero nunca se había animado a hablar sobre el tema de esta manera tan directa. Siempre había sido algunas preguntas media tontas, con la cual intentaba dar pie para hablar sobre ello: "te noto más cansada ¿Has estado durmiendo bien?" O "¿Tienes los ojos colorados?¿será alergia a las flores de Cefiro?". Sin embargo, Fuu encontraba la forma de cambiar o desviarse del objetivo del joven. Ferio ya estaba cansado de esperar. Necesitaba que saliera de la boca de su amada, que se descargara que hablaran lo que les estaba haciendo daño, puesto que Ferio también vivía atormentado por la situación que ambos estaban atravesando.
-Dime Fuu, te lo ruego- le dijo acongojado -Todo esto me esta matando. Si es porque te sientes presa de este mundo, si es porque no podemos tener un hijo, seguiremos intentándolo, pero ya no finjas conmigo y dime lo que piensas-
Pero verlo allí, con aquellos penetrantes ojos color miel sobre ella, intentando consolarla, solo la hacían abrumarse más. Si él supiera toda la verdad, quizás comprendería por completo la pena que ella sentía en su vida. Él había acertado con sus palabras. Prisionera de un destino cruel y de un mundo que no era suyo. Así se sentía Fuu.
El joven rey, se puso de pie y con un paso apurado camino hacia ella para abrazarla dulcemente, para que supiera que estaría a su lado pase lo que pase.
Tardo en reaccionar pero le correspondió su abrazo. Inhaló aire con cierta intensidad, inflando su pecho de una manera exagerada, como si estuviera armándose de valor para no quebrar. Pero fue en vano. Las lagrimas comenzaron a caer sin remedio a través de sus preciosos ojos verdes.
-Lo lamento tanto Ferio.- dijo con el llanto acompañándola- Yo no puedo ser capaz de darte un hijo. Perdóname- los sollozos le impidieron seguir hablando y se dejó caer rendida sobre sus rodillas.
Esto, toda esta situación… estos meses no ha sido una buena racha para nosotros- dijo el joven tratando de convencerse a si mismo.-Pero no nos daremos por vencidos.- se agacho junto a ella para seguir abrazándola.
-No Ferio, ocho meses no es solo "una racha"- habló totalmente quebrada -Mi madre…- suspiró y trató de serenar un poco su voz, sin obtener un buen resultado, y continúo -Sabes, mi madre tuvo muchísimos problemas para concebir hijos; tenerla a Kuu le costó varios años y muchísimo dinero en tratamientos. Quizás, tal vez yo tenga el mismo problema.-
Ese comentario hizo estremecer su cuerpo. Ahora Ferio lo recordaba: era la segunda vez, después de tantos años, que Fuu le volvía mencionar este tema. Sabía que la verdad en esa explicación podía ser la razón de su problema. Sin embargo, no podía demostrar el miedo que sentía, ni tampoco la gran decepción y frustración que sentiría de saber que algo así podría se verdad. Se sintió culpable por esta última sensación que no pudo evitar sentir.
Pasaron algunos segundos, y dejando de lado por unos momentos lo que sería el inicio de ciertos sentimientos oscuros en su corazón, concentró sus pensamientos en apoyar a la joven reina.
-Disculpa Fuu- le dijo mientras tomaba cierta distancia para observarla a los ojos -Pero tiempo atrás cuando me contaste esto, y no teníamos ni idea de que estaríamos atravesando esta situación, me dijiste que ella no te esperaba a ti, tú no estabas prevista y sin embargo, viniste a este mundo sin ninguna ayuda, sin ningún tratamiento…
Fuu lo miró a los ojos escuchando atentamente cada una de sus palabras.
Él la tomo por sus hombros -… Tu fuiste su regalo, su milagro mas inesperado y hermoso-
Las lágrimas comenzaron a caer con fuerza de los ojos de Fuu. Con tanta fuerza, que hasta impresionó al joven Rey. Toda la amargura y tristeza escondida en su corazón, todo el dolor que había reprimiendo durante meses, estaba saliendo a la superficie.
Ferio se acercó a ella y la agarró de su mano -Ten fe y esperanza en que las cosas buenas y los milagros existen. Si sientes que en algún momento vas a caer, recuerda que tengo mi mano para sostener la tuya. No te rindas Fuu, y yo no me rendiré- Y así la hizo levantar del suelo para rodearla con sus brazos.
Fuu lo abrazó con muchísima fuerza. Se sintió protegida, bajo el calor del cuerpo de su amado.
-Gracias Ferio .-
Luego de unos momentos, ambos se separaron. Fuu, aun con los ojos rojos y algo hinchados se sentó en el borde la cama mientras Ferio comenzaba a preparar las cosas para su baño. Ambos hubiesen deseado quedarse juntos en aquella habitación durante mucho tiempo más, pero lamentablemente era día de reunión con Guruclef, "el anciano amargado", según Ferio. Sin embargo mucha razón tenía ese apodo, ya que con el pasar de los años el gran mago cada vez parecía más gruñón y solitario.
-He escuchado a Hikaru que pronto haría una visita al Mundo Místico- le habló mientras se dirigía hacia el baño que se encontraba dentro de su habitación -Sería muy bueno si tú fueras con ella.
-Pero ferio…- le contestó la joven alarmada- pronto serán las festividades de…-
Fue interrumpida - Fuu, ¿que hemos hablado hace un rato? Yo me ocuparé de las cosas, falta un mes todavía; además le diré a Caldina y ella encantada me ayudará.
-Pero…-
-Nada de peros. Ve con Hikaru y relájate. Te lo mereces- y al terminar de decir esto abrió el agua de la ducha y se metió rapidamente.
"Gracias Ferio. Gracias" pensó Fuu y sonrió.
