Nota : Bueno, como lo prometido es deuda, aquí os dejo la segunda parte de lo que se podría considerar el capítulo especial. Y ahora que me lo he releído… Joer, que triste es todo… Pero en fin, no es mi culpa si la historia tuvo que ser así xD
Así que nada, sed buenos y dejad reviews ¿ok? Que quien sabe… Si recibo muchos tal vez tengáis otra recompensa…. (a)
O o o O
Un picoteo incesante en el cristal de la ventana fue lo que la despertó esa mañana. Se revolvió bajo las sabanas perezosamente esperando a que fuera Sirius el que fuera a abrir a esa lechuza tan mañanera. Al no notar movimiento alguno abrió un ojo, dispuesta a echarle la bronca a su novio. Se sorprendió cuando encontró su mitad de cama vacía. ¿No había ido a dormir? Miró hacia la ventana, donde una lechuza parda la miraba fijamente. Se levantó pensando que seguramente seria una nota de Sirius con la explicación de su ausencia.
Se equivocaba. Sólo era un trozo de pergamino escrito con prisas donde ponía : Nataly, la esperamos. Venga lo más rápido posible. Es importante. Estas palabras iban acompañadas de una dirección y la inconfundible firma del director de Hogwarts, Albus Dumbledore.
Nat arqueó las cejas. Normalmente Dumbledore se comunicaba con Sirius. Él era de la Orden del Fénix. A ella Sirius no la había dejado ni tan siquiera asistir a las reuniones. Por eso le extrañó tanto esa nota.
Se vistió rápidamente, dejando la nota en un lugar bien visible, por si volvía Sirius.
En veinte minutos se plantó delante de una casa que parecía abandonada en un callejón recóndito por el que a Nat jamás se le hubiera pasado por la cabeza andar. Sin saber muy bien que hacer, tocó el timbre.
Una mujer pelirroja no tardó en ir a abrirla, con una expresión compungida en el rostro. Nat cada vez entendía menos lo que estaba pasando.
- "Quizás todavía estoy soñando" – pensó.
- Hola cariño. Soy Molly Weasley. Creo que no nos conocemos.
- Nataly Watters, es un placer – la chica sonrió, pero el gesto no le fue devuelto.
Siguió a la mujer hasta lo que parecía el salón de la casa. Al primero que vio, de pie, en el centro de la sala, fue a Albus Dumbledore. Hacía tiempo que no le veía, pero estaba tal y como le recordaba... Solo faltaba su habitual sonrisa afable.
Luego se percató de una figura que lloraba encogida en un sillón.
- ¡Dawn! – exclamó - ¿Qué te pasa?
La chica levantó sus ojos azules, ahora vidriosos por las lágrimas hacia la recién llegada, y murmuró con voz rota : - Nat... – y sollozó con fuerza.
Por otra puerta entró Remus Lupin, con lo que parecía una infusión en las manos. Se la tendió a Dawn. Cuando el chico clavó su mirada dorada en Nat, ella se dio cuenta de que, aunque en ese momento no lloraba, lo había echo no hacía demasiado...
- ¿Qué está pasando aquí? – volvió a preguntar.
- Nataly... Tome asiento por favor.
Ella se dejó caer en el sillón de al lado del de Dawn, y le apretó afectivamente una mano para calmarla, aunque en realidad no sabía todavía que le ocurría... Y esperó expectante a que el anciano volviera a hablar.
- ¿Ha visto a Sirius Black esta mañana?
Le sorprendió la pregunta. ¿Qué tenía que ver la ausencia de Sirius en todo eso?
- No le he visto. Creo que no ha venido a dormir – contestó con cautela.
- ¿No se han comunicado? ¿No le dijo ayer nada acerca de que iba a llegar tarde o algo por el estilo?
Nat negó con la cabeza : - Se fue al Ministerio, como cada día... No me dijo nada que me hiciera pensar que llegaría tarde…
- Ya veo… - murmuró Dumbledore
- ¿¡Pero se puede saber a que viene todo esto? – exclamó la mujer, perdiendo la calma.
- Tranquilidad, antes que nada, es de suma importancia que nos cuente si Sirius le había contado algo acerca de sus planes.
- ¿Planes? ¿Qué planes?
Dumbledore la miró fijamente durante unos instantes, y Nat bajo aquella mirada se sintió juzgada, y todavía no sabía porque.
- ¿No le contó nada acerca de lo que pretendía hacer con James y Lily?
- ¿Con James y Lily? ¿Qué tienen que ver ellos en eso? ¿Y Sirius? ¡Que alguien me lo explique de una vez porque me estoy poniendo nerviosa!
- Es una situación delicada, así que va a disculparme que se lo diga tan directamente : James y Lily Potter fueron entregados anoche a Voldemort. Esta noche han sido asesinados.
- ¿¡Como? – Nat abrió mucho los ojos, impactada por la magnitud de la noticia. A su lado, Dawn aun lloraba silenciosamente. Por alguna inexplicable razón, ella notó que las lágrimas no acudirían... Le costaba tantísimo creer que ya no vería a Lily nunca más que... - ¿Quién les delató? ¡Nadie sabía donde se escondían! Lily ni tan siquiera nos lo dijo a nosotras.
- Yo mismo les aconsejé un Guardián Secreto, que junto al hechizo Fidelio, les guardara el secreto de su ubicación. El mismo Guardián Secreto que les traicionó. Y la última vez que hablé con James Potter, me aseguró que haría de Sirius Black su Guardián Secreto.
La segunda sacudida con tan solo segundos de separación recorrió a Nat. ¿Sirius? ¿Su Sirius? ¿Traicionar a James y a Lily? Casi sin querer se le escapó una carcajada sarcástica.
- Esto es una broma ¿verdad?
- Nataly... Le aseguro que no es ninguna broma. Por mucho que le cueste creerlo, Sirius ha entregado a los Potter a Voldemort... Y no sólo eso... Ha matado a Peter Pettigrew hace tan solo unas horas, cuando él intentaba reducirle.
Ella se quedó en silencio unos instantes, intentando asimilar la magnitud de toda esa información. Lily, James y Peter muertos, Sirius un asesino...
- No fue él – dijo al final, convencida.
- ¿Perdón? – Dumbledore pareció no haber escuchado bien.
- No fue Sirius... ¡Por Merlín! ¿Es que os habéis vuelto todos locos? ¿Cómo se os ha podido pasar por la cabeza pensar que fue él? ¿Qué Sirius entregó a James?... ¿¡A James que era como su hermano? ¿Qué era uno de esos malditos mortífagos? ¡Sirius no es un traidor! ¡Y mucho menos un asesino!
- Sé que es duro de asumir pero...
- ¡No es duro de asumir! ¡Es completamente imposible, una absurdidad... Es mentira! ¡Sirius moriría antes de traicionar a sus amigos! – se giró hacia Remus y Dawn - ¡Vosotros le conocíais! ¡Decídselo! No ha podido ser él.
- Hay testigos – habló Remus, con la voz más dura que jamás nadie le hubiera oído – Hay testigos, Nat. Sirius hizo volar media calle por los aires. Ha matado a un montón de muggles, a parte de a Peter. Y se ha dejado capturar sin oponer resistencia. Voldemort está acabado, ha desaparecido... Y vio que no tenía otra opción.
- ¿Capturado? ¿¡A donde se lo han llevado!
- A Azkaban. Sin juicio – declaró el licántropo.
Nat se llevó una mano a la boca y sintió que se mareaba. A su alrededor todo daba vueltas. No podía ser, era totalmente imposible. Los testigos estaban equivocados. No era Sirius. Sólo alguien que se le parecía...
- A lo mejor también fue él quien mató a Alex – sollozó Dawn - ¡No hay derecho que la gente tenga que morir sin más!
Remus se acercó a abrazar a Dawn para reconfortarla. Mientras, Nat no sabía que pensar. Apenas se habían recuperado del duro golpe de perder a Alex... Aunque había sido distinto... Tenía a Sirius con ella... Y ahora...
Se levantó de un salto de su sillón y se encaminó hacia la puerta.
- ¿A dónde va? – preguntó Albus.
Pero ella no le respondió. Simplemente se fue. En menos de diez minutos se había plantado en el Ministerio de Magia, donde reinaba una atmósfera de histeria generalizada. Montones de magos corrían arriba y abajo.
- ¿El Departamento de Justicia? – preguntó a un mago que estaba tras un mostrador.
- Quinto piso, señorita.
Con el ascensor no tardó en llegar allí. Buscó hasta dar con él, el despacho que buscaba. Cuando abrió de golpe la puerta, Jack Madison se la quedó mirando, entre sorprendido y apenado.
- Tengo que hablar con él – dijo Nat simplemente.
- Nat... No puede ser, y lo sabes.
- Debo hablar con él. Hasta que no oiga de sus propios labios que entregó a James y a Lily, y que mató a Peter, no voy a creerlo.
- Sé que es duro Nat... Te dije que no era de fiar... Era un Black, y ya sabes como son todos los de esa familia...
- No... Él no era así... ¡No era como el resto de su familia! – Nat sintió como las lágrimas le inundaban los ojos – Él era una buena persona... No era como su familia.. Él no fue... Él no lo hizo... No ha podido ser él... Es imposible... – pero por alguna extraña razón, cuanto más lo repetía en voz alta, menos convencida estaba de ello.
Cerró los ojos con fuerza al tiempo que las lágrimas empezaban a brotar con fuerza; las noticias que le acababan de dar en tan corto plazo de tiempo le retumbaban en la cabeza como un eco : Hay testigos... A Azkaban. Sin juicio ...James Potter, me aseguró que haría de Sirius Black su Guardián Secreto... matado a Peter Pettigrew... Ha matado a un montón de muggles... entregó a James y a Lily... Asesino.., fiel a Voldemort... asesino...mortifago... asesino... Azkaban...
Y Nat lloró; lloró por Lily, lloró por James, por todos los que se habían ido y ya no volverían... pero sobretodo lloró por lo ilusa que había sido al amar a Sirius Black.
O o o O
Y la puerta se cerró. Su vida había terminado. Sirius lo sabía. Miró a su alrededor, estaba solo en una fría celda de piedra gris, con solo un colchón y un trapo sucio a un lado. Ni tan siquiera una mísera ventana... No volvería a ver el cielo, ni el sol, ni las estrellas... Pronto ya no sabría la sensación que producía el viento a acariciar las mejillas, la sensación de una caricia, de un beso... Se percató que delante de la celda se alargaba una sombra. Probablemente hubiera una ventana cerca... Se pegó a los barrotes pero no alcanzó a verla. Sólo dementores y más barrotes. Y gritos de desesperación...
Descargó una patada llena de frustración contra la puerta que ya nunca más volvería a abrirse. ¡Era inocente! ¿Qué hacía allí rodeado de asesinos?
Se hundió en uno de los rincones y dejó vagar su mente. Cada vez que los dedos de sus recuerdos rozaban algo que pudiera hacerle esbozar una sonrisa, sentía como los dementores se lo arrebataban. No se resistía. ¿Para que iba a necesitar ya esos recuerdos? Se quedaría en esa vieja celda hasta que los dementores le consumieran. Enloquecería y pronto ya no sufriría... Nada le importaría y nada recordaría... Olvidaría todo, incluso el sonido de su propia voz...
Entonces, casi sin quererlo, pensó en ella. Y de nuevo esa sensación, como si le aspiraran la felicidad, al tiempo que el recuerdo empezaba a desvanecerse. Pero esta vez se resistió, opuso resistencia.
"¡A ella no me la vais a quitar!" – gritó al tiempo que conseguía guardar su recuerdo en el lugar más recóndito y oscuro de su mente. Allí lo conservaría... junto a los recuerdos de James y de Remus, de Lily y de Dawn, junto a todos sus recuerdos de Hogwarts... ¿Pero de que le serviría guardarlos? ¿Llegaría un día en que podría volver a disfrutar de ellos sin miedo a que los dementores se los arrebataran? ¿Hasta cuando tendría que aguantar? 'Hasta que salgas para vengarte...' le contestó una voz en su mente.
Venganza... Él era inocente... Debía vengarse. Vengarse de Peter, de Voldemort... Venganza por James, por todos aquellos que habían sufrido, venganza por Lily y Harry... Y venganza por él mismo, que estaba allí sin motivo, y por hacer que todos sus seres queridos pensaran que era un asesino. Venganza...
Escaparía. Buscaría venganza. Les demostraría a todos quien era el verdadero culpable. Él no debía estar ahí dentro... Escaparía. Tarde o temprano lo haría. No se rendiría. Ni los dementores ni Azkaban podrían acabar con él.
Su nublada mente pareció despejarse, tal era la fuerza de ese pensamiento. Los dementores no podían arrebatárselo, pues no era algo feliz, era más bien una obsesión. Vengarse, escaparse, vengarse...
Se levantó con decisión, y con un trozo de piedra del suelo trazó una pequeña línea en la pared. Contaría así los días, fiándose del paso de una sombra procedente de una ventana próxima por delante de la puerta de su celda... Y volvió a sentarse a esperar... Todo lo que podía hacer era esperar... Llegaría el momento oportuno para llevar a cabo su venganza... Pero por el momento, había que esperar...
O o o O
Sentada en un vagón de tren, con destinación a ninguna parte... Así se encontró Nat cuando volvió en si, después de haber seguido sus impulsos, cegada por el dolor. Apoyó la cabeza contra el frío cristal de la ventana y fijó su mirada perdida en lo que había al otro lado del cristal mojado por la lluvia. En su pecho, un dolor punzante cerca del corazón le hacía complicado el respirar, al tiempo que lágrimas silenciosas le bajaban por las mejillas.
Notaba la mirada de los muggles sobre ella, pero poco le importaba... En realidad no le importaba nada en esos momentos, ni lo que pensaran de ella, ni a donde se dirigía, ni que sería de ella... Todo había dejado de tener sentido. Su vida yacía a pedazos a su alrededor, y no tenia fuerza para recogerlos ni nadie que le ayudara a hacerlo.
Dos de sus mejores amigas muertas con apenas un mes de diferencia, James, al que también apreciaba, muerto de igual manera... Y por egoísta que sonara decirlo... Lo que más le dolía era que Sirius la hubiera engañado. Había sido un duro golpe el enterarse de que el hombre al que quería, al que hubiera seguido hasta el fin del mundo no existía... que había jugado con ella y sus sentimientos para traicionarla después y dejarla tirada como un viejo trapo usado sin ni siquiera mirar atrás...
Nunca creyó posible que todo su mundo podría venirse abajo en tan pocas horas... Que todo dejaría de tener sentido. Que llegaría un momento en que nada le importaría...
"El billete por favor?"
La voz del revisor la sacó de sus pensamientos. Fijó su mirada nublada por las lagrimas en el hombre de mediana edad, se pasó el dorso de las manos por las mejillas para intentar secar las lágrimas y le tendió su billete.
El hombre lo miró unos instantes con el ceño fruncido antes de volver la vista otra vez a la joven.
"Este tren no se detiene en esta estación señorita."
En realidad no le sorprendía. Había comprado el primer billete que había encontrado, y del mismo modo, subido al primer tren que había pasado por la vía. No se había fijado en el destino porque solo quería alejarse y le daba igual donde...
"¿A dónde se dirige?" – volvió a preguntar el revisor con gentileza.
"A ninguna parte en realidad..." – contestó ella con un susurro.
"¿Necesita ayuda, señorita?"
"Nadie puede ayudarme..." – dijo en voz muy baja ella, más para si misma que para el hombre. Luego pareció reaccionar y se levantó de su asiento – "No se preocupe, voy a bajar en la próxima."
Northampton. Eso indicaba el letrero de la estación cuando Nat abandonó ese tren. La mujer ahogó un suspiro... Estaba lejos de casa... Lejos de todo lo que conocía... Pero no lo suficiente. En lo más hondo de su corazón sabía que no podría seguir viviendo en Inglaterra. Incluso el aire le recordaba a Sirius, no podría seguir allí, pensando en el y en el dolor que su recuerdo provocaba, en su traición... Seria como desgarrarse el alma una y otra vez...
Se secó las lágrimas. No quería llorar más. No le quedaban fuerzas para hacerlo. Sacó valor del lugar más recóndito de su alma, y con expresión decidida se desapareció, para instantes más tarde aparecer delante de la casa de Dawn. Tocó el timbre.
Cuando su amiga le abrió la puerta, Nat pudo comprobar que tenía los ojos hinchados y enrojecidos de llorar, igual a los suyos.
"¡Nat! Me tenías preocupadísima! Temía que... Que hubieras echo una tontería... Cuando te fuiste de ese modo... yo..." – Dawn la abrazó fuerte.
"Sólo necesitaba estar sola... Lejos de todo... Necesitaba tiempo para digerir todo lo ocurrido...aunque creo que nunca terminare de aceptarlo del todo..." – murmuró ella.
"Oh, Nat... Ha sido tan terrible todo... ¿Cómo estás?"
Nataly se encogió de hombros. Su alma se había secado... En un día creía haber vertido toda una vida de lágrimas...
"Lo que no te mata te hace más fuerte, supongo..."
"Pero aún así..."
"Me voy a ir, Dawn."
"¿A dónde?" – la chica ya se temía alguna cosa así.
"Me iré a Rumania. Ha sido mi sueño desde siempre. Y ahora que Sir..." – hizo una pausa y dejó escapar un suspiro, incluso decir su nombre era como una puñalada en su alma – "En fin... Que me marcharé a trabajar allí."
"Nat..."-susurró Dawn abrazándola
"No puedo seguir aquí Dawn"- murmuro Nat con un sollozo mientras los ojos volvían a empañarse con las lagrimas- "Es demasiado doloroso... No"
La voz de Nat se quebró mientras volvía a llorar. Dawn la abrazo con fuerza sin decir nada mientras las lagrimas también corrían por sus mejillas. No había nada que decir, no había nada que pudieran decir que pudiera si quiera mitigar el dolor que sentían. Ninguna de las dos supo cuanto tiempo estuvieron así abrazadas hasta que Dawn reunió un poco de coraje y se separo secándose las lagrimas.
"Hazlo"-dijo inspirando-"Vete y no mires atrás..."
Nat intento sonreír entre las lágrimas sin conseguirlo
"Lo entiendo Nat, de verdad"-sonrió Dawn tristemente-"Solo pido que escribas. Hemos perdido a Alex y Lily... no soportaría perderte a ti también..."
"Claro que te escribiré." – Nataly por fin pudo esbozar una sonrisa, pero probablemente la más triste que jamás en su vida habían perfilado sus labios – "Sé que no será lo mismo que si estuviéramos juntas pero... Será bueno para ambas. El vernos nos traería demasiados recuerdos."
Y así fue como Nat abandonó Inglaterra, huyendo de los recuerdos, del dolor, del sufrimiento, aunque en lo más profundo de su alma sabía que nunca jamás podría abandonarlos del todo... Que en el rincón más profundo de su alma seguiría llorando por Lily y por Alex para siempre... Y que su corazón recordaría a Sirius durante toda su vida...
O o o O
No muy lejos de ahí, Remus había visto toda la escena. Inevitablemente unas palabras se le habían quedado grabadas en la mente, y por mucho que lo intentaba no lograba quitárselas de la cabeza.
"El vernos nos traería demasiados recuerdos"
La frase se le repetía una y otra vez dentro de su cabeza, y cada vez que la oía, lo tenía más claro… Él también debía irse. Si… Tenía que ser consciente que solo le traería que problemas a Dawn… Problemas y sufrimiento, pues que consuelo podía ofrecerle un hombre lobo? Si, se iría, y sería lo suficientemente cobarde para ni tan siquiera despedirse. Confiaba en que ella lo entendería. Si, pronto se olvidaría de él y encontraría a un hombre mucho mejor…
Con un suspiro dejó las llaves de casa de Dawn en una de las macetas del jardín de atrás, giró sobre sus talones y se alejó para siempre de la única chica que verdaderamente le había querido tal y como era…
O o o O
En Azkaban todos los días eran iguales. Grises, deprimentes, oscuros... Sirius pronto perdió la noción del tiempo. Sólo se limitaba a hacer rayas en la pared, pero no las contaba... Había demasiadas... Durante el día, el estar ahí se le hacía mínimamente soportable, pero por la noche, cuando las luces se apagaban, la oscuridad parecía trastornar más que los propios dementores a los presos. Los gritos de desesperación, de puro terror de los demás presos le perforaban los oídos. Ahí era cuando se transformaba en perro, cuando creía no poder soportarlo más... Al final todo quedaba en silencio, y él podía dormir algunas horas. Por la mañana, a primera hora, un dementor le pasaba un plato con un trozo de pan reseco y un poco de agua. Eso era todo.
La esperanza de poder escapar algún día menguaba a diario y por ese entonces ya casi le había abandonado. No se sentía ni capaz ni con fuerzas para hacerlo... Y así habría muerto esa esperanza de no ser por lo que sucedió ese día...
El día había empezado exactamente como todos los demás. Sirius se incorporó en su colchón, si es que realmente podía llegar a llamarse así, pues con el paso de los años se había vuelto tan duro como el propio suelo. Fue a acercarse a la puerta para recoger su ración diaria, pero allí no había nada. Se acercó a la puerta y dio un golpe furioso.
"¡Mi comida!" – gruñó, y por primera vez en muchos años usó su voz, que salió áspera, grave, casi inhumana.
Por su sorpresa, el que se acercó a la puerta de su celda no fue un dementor, sino un hombre de ropas elegantes. Hacía tanto tiempo que no veía a nadie humano que casi le pareció raro...
"Vaya, Sirius Black supongo" – dijo el hombre, mirándolo con interés. Sirius se sintió como un mono de feria y se apartó un poco de los barrotes sin contestar. – "Es usted toda una leyenda, señor Black."
"¿No es maravilloso cuando todo el mundo te conoce?" – contestó el preso con la misma voz que antes, pero ahora con cierto sarcasmo.
"Según por que cosas señor Black."
Sirius soltó un gruñido, pero no dejó escapar la oportunidad de continuar con la conversación, hacía demasiado que no hablaba con nadie... : - "Yo sin embargo todavía no sé con quien trato..."
"Cornellius Fudge, Ministro de Magia."
"¿Fudge? ¿Ya no es el viejo Crouch el ministro? Que lastima, con lo condescendiente que fue conmigo, enviándome aquí sin juicio..." – dijo Sirius en tono de burla – "Fíjese, aquí encerrado me he perdido el cambio de ministro..." - fue entonces cuando se dio cuenta de lo que Fudge llevaba en una mano - "¿Sabe Fudge? Para compensarme las molestias de haber venido hasta mi celda solo a incordiar podría regalarme su periódico. Estoy muy falto de noticias y llega un momento que me canso de contar los dementores que pasan por delante de mi puerta. Además como ministro le deben salir los galeones por las orejas, seguro que no le arruino yo por esto." – era increible, pensó Sirius. El sólo echo de la presencia humana había echo que se sintiera mejor. Hacía tanto que no hablaba con nadie...
"Está usted loco, señor Black." – fue todo lo que dijo Fudge, pero aún así, dejó caer el periódico por entre los barrotes de la puerta.
"Menuda novedad..." – contestó a media voz Sirius mientras recogía el periódico – "¡Oiga Fudge!" – gritó una última vez – "Dígales a esos malditos bichos sin ojos que todavía espero mi comida."
Luego Sirius se fue a sentar en uno de los rincones de la celda, con el periódico. Lo primero que miró fue la fecha. Abrió los ojos sorprendido 24 de Julio de 1993 ¡Había pasado 12 malditos años encerrado en ese agujero! Dentro de poco cumpliría los 35...
Sintiéndose viejo, frustrado y lleno de ira empezó a hojear las páginas del Profeta, intentando encontrar algún nombre conocido, de algún viejo amigo, compañero de Hogwarts... Vio un artículo firmado por Rita Skeeter. La recordaba. Habían coincidido en Hogwarts. Una Ravenclaw que siempre estaba enterada de todos los rumores. La chica había intentando salir con él un par de veces... Siguió pasando páginas, y ya iba a lanzar el periódico a un lado cuando vio esa foto... Se la acercó más, hasta que su nariz casi tocó el papel. Quería asegurarse de que no era un error... Pero no, esa rata se le hacía inconfundible. ¡La había visto transformada demasiadas veces.! ¡Era la rata traidora y asquerosa de Peter! El periódico se arrugó entre las manos de Black, crispadas ante el descubrimiento. Su mirada gris volaba por encima de las letras que acompañaban la foto... Weasley, Egipto... Hogwarts. Se detuvo ante la palabra y leyó con atención... Sintió que se enfurecía más. ¡Peter era la mascota de un alumno de Hogwarts! Casi podía adivinar los planes de la rata traidora... Si Voldemort volvía al poder estaría en Hogwarts, listo para entregarle el último de los Potter...
Su mente hacía años que no trabajaba a tanta velocidad. Se sintió con energías renovadas, dispuesto a todo. Debía escapar. Tenía que hacerlo. ¡Era el único que sabía donde estaba Peter! Tenía que ayudar a Harry. ¡Era su padrino y tenía la obligación de cuidar de él!
Pasó los siguientes días fijándose con atención en la rutina de los dementores. Por las noches casi no podía dormir, y cuando lo hacía miles de sueños acerca de Peter, en Hogwarts le acechaban. Le veía junto a la cama de Harry, con un cuchillo.. En Hogwarts... Estaba en Hogwarts... Estaba en Hogwarts... Estas tres palabras retumbaban en su mente tanto de día como de noche. No le abandonaban y en cierto modo le daban fuerza.
Diez días después de ver aquella foto en el periódico, Sirius Black escapó, aunque nunca supo exactamente como lo consiguió. Sólo supo que actuó movido por la sed de venganza y el instinto protector hacía Harry. Cuando notó el viento sobre su piel, que el pelo se le revolvía, vio el brillo del sol, el azul del cielo... Se sintió vivo de nuevo.
O o o O
Snif... Pobre Siri mío, lo mal que lo pasó en la cárcel... En fin, pues esto es todo por ahora. Dejad reviews vaaaaa! xD
