Nat llegó puntual como cada mañana al trabajo. Y tal y como siempre pasaba, Charlie Weasley, su ayudante, un muchacho pelirrojo muy trabajador, siempre con la sonrisa en los labios, ya estaba allí.

"Buenos días, Charlie." – saludó, sentándose a su lado para echarse un poco de café antes de empezar.

"Buenas, Nat." – contestó él sonriendo, pero si apartar su mirada del periódico. – "¿Te has enterado?"

"¿Enterado¿De que?" – dijo ella mientras soplaba al café para enfriarlo.

Charlie levantó la vista, alucinado : - "Debes ser el único ser vivo que no lo sabe. Se ha escapado un preso de Azkaban."

"De Azkaban? Pero si decían que era imposible…" – comentó ella, sin prestar demasiada atención, mientras se levantaba a por una cucharilla para remover un poco el café.

"Pues si, y no se trata de uno cualquiera. Es Sirius Black."

La taza se estrelló contra el suelo, haciéndose añicos y esparciendo el contenido por el suelo.

"Hay que ver lo torpe que estas por las mañan…" – empezó a decir Charlie en tono de broma, pero cuando vio que su compañera había palidecido notablemente y estaba como ausente – "Nat… ¿Estás bien¿Pasa algo?"

"Estas… Estas seguro de esto?"

"Bueno, es lo que dice el periódico…" – contestó el pelirrojo con cautela, todavía sin entender la extraña reacción de ella. Y para que lo comprobara se lo tendió.

Nat lo agarró con manos temblorosas, todavía sin decidir si quería leerlo o no. Pero la necesidad de saber, de entender lo que había pasado, venció a su miedo, y cuando quiso darse cuenta, su mirada volaba sobre la noticia que ocupaba la primera página.

"SIRIUS BLACK SE ESCAPA DE AZKABAN" decían las grandes letras del titular. No tuvo valor para leer la noticia entera. No después de ver la foto que acompañaba el reportaje. Ahí estaba Sirius, en la foto oficial que hacían a los presos al encerrarlos en Azkaban, mirándola con sus intensos ojos grises… Tuvo que dejar el periódico a un lado, incapaz de mirarlo por más tiempo.

Sólo reaccionó al notar la mano del pelirrojo agarrándole con firmeza un brazo, reclamando su atención. Giró lentamente la cabeza para encarar a Charlie.

"¿Qué ocurre Nat?" – inquirió el chico, con semblante serio.

"Na… Nada." – balbuceó ella – "Voy a trabajar, que hay muchas cosas que hacer."

Charlie miró con preocupación como la mujer se iba con paso vacilante hacía donde estaban los dragones, y sin pensárselo dos veces la siguió, dejando sus obligaciones para ir a vigilar de cerca de Nat.

O.o.O.o.O

Dawn se seco una lagrima que corría por su mejilla. No sabia porque seguía llorando; el horror que veía todos los días debería haber secado su alma, hacerla dura como el hierro... pero no era así. En el fondo sabia que ella no era la mas dura, esa era Alex, ni la mas valiente...esa era Lily, ella solo había aprendido a esconderse detrás de una mascara, para impedir que sus pacientes vieran sus emociones.

¿Y donde estaban ellas?

Muertas...

Aun le dolía pensarlo, era como si le arrancaran parte de su alma. Sus amigas... mas que amigas, hermanas. Una muerta a manos de mortifagos, otra al dar la vida por su hijo... No podía evitar volver la vista atrás sobretodo cuando veía en San Mungo a antiguos compañeros de colegio y le partía el alma hacerlo. Todas sus ilusiones, sueños, la idea de envejecer las cuatro juntas y mimar a sus nietos hasta la saciedad...todo se había desvanecido.

Parte de ella siempre había sabido que esos sueños no se harían realidad, que con una guerra puede que alguna fuera herida o muriera, pero una cosa es saberlo y otra muy distinta experimentarlo y aun le dolía pensar en sus amigas. Por no hablar del pequeño Harry. ¿qué habría sido de el? Sin padres, sin madrina, con su padrino en la cárcel, había acabado en casa de Petunia, de la horrible e inaguantable Petunia y el gordo seboso de su marido. Ella quiso impedirlo pero Dumbledore dijo que el necesitaba la protección de los de su sangre. Y por mucho que Lily fuera una hermana para ella nunca habían tenido la misma sangre.

¿Y Nat¿Cómo se encontraría? Hacia muchísimo tiempo, años para ser exacta, que no la veía. Si se comunicaban por cartas... pero es tan fácil mentir a un papel y decir que te encuentras bien aunque no sea cierto que Dawn no podía evitar preocuparse. Tras la muerte de Lily las dos se habían hundido en el dolor, evitando verse para no recordar a las dos ausentes... Nat se fue a Rumania a trabajar como siempre había deseado y no miro atrás mientras que ella se volcaba en sus estudios de medimagia intentando ahogar el dolor. Al principio lo encontró natural. El golpe de las muertes sumado a la traición de Sirius había dolido a Dawn pero había debido doler cien veces mas a Nat. Ella aun tenia a Remus por arisco y cegado por el dolor que estuviera... Después las cosas se complicaron y Dawn hubiera dado lo que fuera por tener a la ultima de sus hermanas con ella. Aun lo deseaba, la echaba muchísimo de menos, pero respetaba los deseos de Nat de no volver a pisar las Islas, al menos tenia sus cartas. El primer año sin ningún tipo de noticias de ella, fue aterrador...No creía que después de todo lo que había pasado hubiera podido soportar perder también a Nat.

Dawn bufo. Alex la mataría si la viera ponerse así de sentimental. Una Slytherin, porque Alex decía que Dawn había acabado en la casa equivocada, nunca se comportaría así. El recuerdo la hizo sonreír. Alex había tenido razón.

Un golpe la sacó de sus pensamientos y volvió a colocar la mascara que ocultaba todas sus emociones detrás de un aire frío y profesional.

"Doctora Caddel" - se asomó una enfermera – "Su hija y su madre están aquí. Además me pidió que le recordara que tiene una visita dentro de cuarenta minutos."

"Gracias Lisa" - sonrió Dawn. - "Ven a buscarme en veinte minutos ¿quieres? Y diles que pasen."

La enfermera sonrió y cerro la puerta. La muchacha acababa de salir de Hogwarts y aun no estaba acostumbrada ni a que sus jefes la llamaran por su nombre ni a que la familia de dichos jefes pulularan por el hospital como si vivieran allí. Claro que Dawn tenia que admitir que ella era la única que lo hacia. Llevaba poco tiempo trabajando en San Mungo, menos de un año, y en su anterior trabajo era la única medimaga así que podía perfectamente tener a media familia dando vueltas por la clínica si así lo quería.

En ese momento se volvió a abrir la puerta y Dawn vio con una amplia sonrisa como entraba su hija seguida de su madre.

"Mamá! Llego la carta!"- Diana grito y dio un abrazo a su madre sin dejar de agitar un sobre con letras verdes, haciendo que Dawn riera-

"¿Ves como no tenias que preocuparte?"- contesto dándole un beso en el cabello castaño claro como el de su padre- "Pero ¿No podías esperar a que llegara a casa?"

Su hija la miro fijamente con unos ojos azules como los suyos mientras negaba, lo que hizo que Dawn volviera a reír seguida de su propia madre. Dawn alzo la vista para mirarla. Mary Caddel seguía igual que cuando Dawn había ido al colegio y pensar que justo ahora su propia hija empezaría Hogwarts. En momentos como este lamentaba no poder compartirlo con nadie, pero por otra parte tenia a ese trasto para ella solita.

"¿Podemos ir a comprar las cosas de la lista mamá?"-dijo con mirada suplicante.

"Ahora estoy trabajando, pero mañana sin falta iremos ¿vale?"-Dawn rió ante el grito de alegría- "Y además podrás elegir que quieres de regalo ¿O se te ha olvidado que mañana es tu cumpleaños?"

"NUNCA!"-negó la niña- "¿Vas a tener el día libre?"

Dawn tenia la costumbre de tomarse el 2 de Agosto como libre y que ahora trabajara en San Mungo en vez de en una clínica que atendía a criaturas oscuras con pocos recursos no iba a cambiarlo.

"Por nada del mundo me perdería tu cumpleaños"- Dawn la miro con seriedad- "Ya lo sabes"

"Diana vamonos"-sugirió Mary Caddel- "Te invito a un helado para celebrarlo"

Diana sonrió y dio un beso a su madre antes de ir con su abuela.

"Pasároslo bien"

Abuela y nieta asintieron antes de salir por la puerta, dejando a Dawn sonriendo. Si no se equivocaba ahí dos generaciones de slytherins, no sabia si la casa de la serpiente estaba preparada para esa niña.

Dawn sabia que nunca podría ser imparcial con su hija pero pensaba que para criarla ella sola no había ido mal la cosa. Diana era una preciosa niña con el pelo castaño como su padre y los ojos azules de su madre e igual de cabezota que los dos juntos. O al menos Remus había sido un cabezota la última vez que le había visto y de eso hacia casi 12 años...El licántropo desapareció un día sin dejar rastro y nunca llego a saber de la existencia de su hija y eso era algo que Dawn nunca le perdonaría.

"Doctora Caddel"- Lisa asomó la cabeza.

"Estoy lista"- sonrió Dawn – "Vamos nos espera un paciente."

Pero apenas se habían alejado unos pasos del despacho de la doctora cuando un grito al otro lado del pasillo llamo su atención y rapidamente se acercaron a ver que pasaba. Había una gran conmoción.

"¿Qué pasa?"- preguntó Dawn, parando a un aprendiz de medimago que pasaba por allí a toda velocidad.

"Un accidente en la Reserva de Dragones de Rumania" – explicó brevemente el joven- "Parece que un dragón se ha vuelto loco y ha mordido a un par de cuidadores y ha intentado quemar a otro, además de atacar a otros dragones. Es un caos. Nos mandan a los mas graves."

Dawn asintió y miró a Lisa : - "Vas a tener que encontrar a alguien que se ocupe de mi visita. Me necesitan aquí."

La joven enfermera asintió y sin decir nada desapareció por uno de los pasillo. Dawn, mientras se dirigía a la sala de curas. Ella era la especialista en heridas causadas por criaturas mágicas, así que sabia que la necesitarían. Cuando llego allí se encontró con un gran revuelo, había varios pacientes y los medimagos y enfermeras corrían de un lado a otro. Tuvo que gritar para poner orden.

"Turpin, Séller" - dijo a dos jóvenes medimagos – "Ocupaos de las heridas. Ya sabéis que hacer para que la infección no afecte a todo el cuerpo."

"El resto colocar a los pacientes por gravedad" – ordenó – "Y por favor que alguien me traiga al resto de aprendices y medimagos de esta especialidad. Vamos a tener mucho trabajo."

En quince minutos el caos tenía cierto sentido y pudo a atender a los pacientes. Estaba terminando de atender a un joven pelirrojo con varios mordiscos y una quemadura en el brazo, cuando alguien le dio un golpe en el hombro. Al girarse se encontró con David Zéller, uno de los medimagos más prometedores que tenia ahora San Mungo. Lástima que no le interesara su especialidad.

"Dime David" - dijo mientras terminaba con el pelirrojo.

"Doctora acaba de llegar una paciente bastante grave, tiene muchas quemaduras."

"De acuerdo guíame" - dijo saliendo de la sala – "¿Se sabe algo de ella¿Alergia a alguna sustancia¿Algo que pueda hacer mas complicada regenerar la piel?"

"No sabemos absolutamente nada, ni tan siquiera su nombre."

Cuando Dawn llegó a la sala noto que se quedaba sin respiración y se llevó inconscientemente una mano a la boca. En la camilla estaba alguien a quien no veía desde hacia 12 años. Mas mayor, con alguna cicatriz mas, pero no había ninguna duda de que era ella.

"Nat…" – murmuró, pero no tardó en reaccionar. Lo primero era lo primero. Y era salvarle la vida.

"David, parece que esta muy grave" - dijo Dawn – "necesitare tu ayuda."

El joven asintió. Estuvieron durante dos horas aplicando hechizo tras hechizo hasta que consiguieron disminuir las quemaduras y recuperar los músculos y para cuando acabaron todos los medimagos estaban agotados. Dawn se apoyo en una pared mientras veía como una enfermera le vendaba las heridas.

"Creo que ya esta" – suspiró – "En cuanto terminéis mandarla a una habitación y mañana comprobaremos como evoluciona."

O.o.O.o.O

Ya no se acordaba que Londres fuera así. En sus recuerdos no era ni tan ruidosa ni tan grande.

Sirius paseaba feliz por las calles, bajo su forma perruna, admirándolo todo, empapándose de vida.

Le había costado algunos días llegar hasta la ciudad, pues para viajar solo contaba con su condición de animago ilegal que tan pocos conocían.

Completamente sin quererlo, sus pasos le condujeron a la que había sido su casa… Bueno, suya y de Nat, y por primera vez en muchos años pensó libremente en ella, sin temor de que nadie le arrebatara sus recuerdos… Se sorprendió recordándola con todo lujo de detalles. Los dementotes no habían podido con aquellos recuerdos. Parecía como si hubiera sido ayer cuando la había visto por ultima vez; su pelo, su sonrisa, su mirada cálida… De haber sido humano habría empezado a sonreír.

Su mirada gris cambió a la casa contigua¿seguirían viviendo allí sus padres? Se acercó unos pasos más, y ya iba a levantarse sobre sus patas traseras para mirar por una de las ventanas cuando notó una cuerda firme que se le apretaba alrededor del cuello.

"Me han pillado." – fue lo primero que pensó – "De vuelta a Azkaban."

Y ya iba a transformarse de nuevo en humano para plantar cara cuando oyó las palabras de su captor.

"Bueno chico, no eres especialmente inteligente para ponerte a vagabundear delante de mi casa."

Uh? No parecían las palabras de un auror… Se giró para encarar a quien le había apresado. ¡Era el padre de Nat! Eso si, bastante más viejo de lo que le recordaba.

"No te preocupes chico." – continuó hablando el hombre – "La perrera va a tratarte bastante mejor que la calle."

¡La perrera¡Pero que diablos le pasaba a ese hombre con él¿Qué problema tenía¿No encontraba a más perros para torturar? Recordaba con toda claridad como un día había estado a punto de castrarle, cuando le pilló haciendo el tonto en casa de la vecina, una chica guapísima que tenía un caniche. Suerte que Nat le había salvado.

"¿Pero quien me salvara esta vez?" – pensó. – "Genial Sirius, no hace ni dos días que eres libre y ya andas metiéndote en líos." - tuvo ganas de transformarse y gritarle – "No tuviste suficiente con casi caparme una vez ¿verdad¡Ahora pretendes encerrarme en una perrera¡Y tu se supone que eres veterinario! Un maldito maltratador de perros! Eso es lo que eres!"

Pero no lo hizo, claro. Sin duda una perrera sería mucho mejor que ir de vuelta a Azkaban; así que con resignación dejó que el hombre le arrastrara hasta una vieja furgoneta muggle.

Cuando llegaron a su destino, Sirius descubrió que la perrera era un edificio gris, muy deprimente, del interior del cual salían todo un coro de alaridos y ladridos varios.

Casi sin darse cuenta, se encontró encerrado en una gran jaula, compartiendo espacio con otros perros grandes, que pronto mostraron cierto interés por el gran perro negro recién llegado.

Sirius se apresuró a pegar su trasero contra la pared, pues le era bien conocida la extraña afición de los chuchos de olerse el trasero unos a otros, y no quería sumar a su lista de traumas el de un hocico perruno pegado a su culo.

Cuando estuvo seguro que el padre de Nat se había ido, se transformó. Los perros que estaba con él dieron un bote para atrás, asustados, y empezaron a gruñir.

"A ver quien tiene ganas de olerme el trasero ahora." – dijo él con sorna, antes de acercarse a los barrotes, pasar una mano entre ellos y abrir la simple cerradura.

Sin mayores problemas salió de la jaula, y cuando estaba a punto de abandonar el edificio se cruzó con uno de los cuidadores, que se acercaba con un carrito lleno de comida para perros.

Sirius soltó una carcajada al ver la cara que se le quedaba al hombre cuando le vio.

"Buenos días." – le saludó al pasar por su lado, con una sonrisa maliciosa.

Cuando el animago llegó a la calle, el cuidador todavía no había reaccionado. El hombre se permitió otra leve carcajada antes de volver a su forma perruna y continuar su camino.

Al día siguiente todos los periódicos llevarían la noticia de que el peligroso asesino fugado de la cárcel había sido visto. Pero para cuando todos se enteraron, Sirius ya estaba lejos de ahí.

O.o.O.o.O

Nat abrió lentamente los ojos mientras poco a poco iba siendo consciente del dolor latente que le invadía todo el cuerpo.

Lo primero que vio fue un techo blanco que no era el de su casa de Rumania. Entornó los ojos intentando recordar, pero todo se confundía entre escenas de dragones furiosos y llamaradas potentes que la rodeaban.

Tuvo la ligera sensación de que alguien entraba en la habitación, pero todo lo que ocurría le llegaba lejano y distante, como si lo estuviera viendo desde detrás de un cristal. Notaba la boca seca y pastosa, igual que el cuello.

Apenas fue consciente de cómo una figura vestida con una bata blanca entraba a toda velocidad, se acercaba a la cama y le tomaba una mano.

"Nat… Nat." – oyó una voz que la llamaba, lejana. – "¿Me oyes?"

Con dificultad giró levemente la cabeza para ver quien le hablaba. De haber tenido fuerzas se habría sorprendido, pues era Dawn, la única amiga que le quedaba, que la miraba con preocupación.

"Da… Dawn…" – consiguió articular.

Su amiga perfiló una sonrisa de alivio al ver que la reconocía y que podía hablar.

"Shh, no intentes hablar. No ahora." – Dawn le acarició suavemente el pelo – "Te pondrás bien y luego tendremos todo el tiempo del mundo para hablar." – al ver la mirada confundida y perdida de su amiga consideró que debía explicarle algo – "Tuviste un accidente con los dragones en Rumanía. Estás en San Mungo, Nat."

¡En San Mungo? Volvía a estar en Inglaterra. No podía ser! No podía haber ningún momento pero para volver a las Islas que aquel. Justo cuando Sirius se había escapado.

Empezó a negar lentamente con la cabeza, incapaz de hablar, queriendo dar a entender a Dawn que no podía ni quería seguir ahí. Que debía marcharse.

"Aquí estás a salvo de todo y de todos Nat, no te preocupes." – le dijo su amiga dándole una poción, que poco a poco tranquilizó a Nat y la volvió a sumir en un sueño tranquilo y profundo.

O.o.O.o.O

Remus Lupin miro el Gran Comedor con nostalgia. Hacia muchísimos años que no estaba allí y los recuerdos se hacían casi tangibles. Había pasado allí muchos momentos, tanto malos como buenos, pero nunca había pensado que volvería como profesor. Probablemente sus amigos se reirían si lo supieran, nunca lo hubieran imaginado...Bueno tal vez Dawn.

Remus intento apartar a la joven de sus pensamientos. No se avergonzaba de haberla dejado, lo había hecho por su bien, pero si lo hacia de haberse ido sin despedirse...claro que si lo hubiera intentado Dawn habría conseguido que se quedase. Y era demasiado peligroso. No hubiera podido soportar que la pasara algo a ella también.

El licántropo paso la vista por los alumnos de Hogwarts...¿El había sido tan pequeño e inocente? Casi le costaba creerlo, pero no más que ver a Severus de profesor...Si alguien no pegaba como docente era el jefe de la casa Slytherin.

En ese momento entro McGonnagal con los nuevos alumnos y Remus no pudo evitar una sonrisa, ellos si que eran jóvenes e inocentes...Una chica en medio de la fila llamo su atención, estaba seria y casi aburría pero sus ojos demostraban que estaba atenta hasta el ultimo detalle...

McGonnagal empezó a pasar lista y Remus desconecto un poco, aplaudiendo de forma casi automática. Hasta que un apellido llamo su atención:

"Caddel, Diana"

Remus se giro para ver y vio que la chica que le había llamado antes la atención salía de la fila y caminaba con la vista fija en el sombrero, como si mirar a otro lado pudiera intimidarla y ella se negara a que la vieran tener miedo. Remus la miro fijamente mientras se sentaba en el taburete y se ponía el sombrero. Le recordaba a Dawn, los ojos eran iguales, pero había algo familiar que no terminaba de ubicar. Y su olor...olía a Dawn pero también a algo más...El licántropo no podía estar más confuso ¿Era esta niña hija de Dawn?

En ese momento el sombrero abrió la abertura y habló:

SLYTHERIN!

Toda la casa de la serpiente aplaudió mientras la chica se levantaba e iba a su nueva casa. Remus vio por el rabillo del ojo como Severus ponía cara de asco...El hombre debía haber llegado a la misma conclusión sobre quien era la madre de esa niña.

Tras ella, la verdad es que Remus perdió el interés en la selección y solo volvió en si cuando el profesor Dumbledore le presento y tuvo que saludar. Estaba mirando a todos por eso vio el pequeño respingo de sorpresa en la que parecía ser la hija de Dawn y sintió su mirada durante el resto de la cena.

"¿Por qué la miraba así¿Sabia lo que era y estaba asustada?"

Pero no le miraba con cara asustada sino como si estuviera en guardia...¿Qué había pasado con Dawn en todos estos años?"

Remus no pudo evitar pensar que quizás tendría que haber hablado con ella alguna vez en lugar de ignorar todas sus cartas...Quizás así ahora no tendría tantas dudas.

O.o.O.o.O

Hola gente! Cuanto tiempo eh? La verdad es que me había distanciado un poco de todo este mundo, pero ahora, recién terminados mis examenes de septiembre, he experimentado una extraña necesidad de volver a retomar esta historia… Tenia mono de Sirius! Jajajaja

En fin, ya no me acuerdo mucho de cómo se hacen estos comentarios de fin de capítulo. Pero a ver que tal sale : Esto va dedicado a toda aquella gente que quería que continuara y que han esperado tan pacientemente por la continuación. ¡Espero que os guste y me recompenseis con algunos reviews!

También decir que hay bastante de esto que no es escrito mio, sino de Mereth, una de mis preciadas coautoras (no es peloteo, eh? xD), básicamente todo lo de Dawn y de Remus. O sea, que el copyright es suyo xD. Y el resto es mio (si, incluida la parida de la perrera xD aunque la idea de esto tb fue de mer. Juer, visto asi casi medio capitulo es suyo xDDD).

Bueno, y ya me callo pq esto me está quedando eterno. Solo decir que espero seguir pronto con esto ahora que lo he retomado… Y que me mandeis muchos reviews!