La campaña había durado exactamente un mes. Se encontraba ansioso por llegar ya que a pesar que habia que resultado un viaje muy interesante junto a la tripulación de autozam, y eso que encima no era el primero, había sido también demasiado denso, puesto que habían estado conviviendo la mayoría de los días dentro de la nave. Nunca habia estado tanto tiempo fuera de su hogar, tan lejos de Cefiro. Pero hoy llegaría, y al fin podría descansar, podría reencontrarse con todos, y con ella.
Sus pensamientos se detuvieron en Hikaru. Suspiró. Aquella persona que ya no era más una niña pero que se había convertido en una hermosa e inteligente mujer, que había dejado su mundo para vivir en el de él. Y cada vez que llegaba, ella lo esperaba con una sonrisa, típico de Hikaru por más que estuviese preocupada por algo, siempre lo esperaba, era incondicional. Y Lantis la amaba por todo eso. Nadie había podido romper la armadura de hielo que rodeaba su corazón, nadie excepto esa inocente y enérgica pelirroja. Se le dibujó una dulce sonrisa en su rostro, raras en él, pero como dominar ese semejante y placentero impulso, si era por ella.
Algo lo distrajo. Alguien había golpeado su puerta. Se molestó levemente por el hecho de que lo habían despertado de semejantes pensamientos que lo tenía soñando despierto pero luego se dio cuenta de la tonta y sin importancia reacción suya. Cerró los ojos para volver a abrirlos a los segundos y se incorporó a abrir la puerta.
No esperaba encontrarse con esos ojos.
-Hola Lantis- dijo ella mientras jugueteaba con los dedos de sus manos timidamente- Espero no haber sido inoportuna.
No te preocupes.- contestó él, tan serio como siempre lo hacía. Rapidamente se corrió de la entrada y le hizo una seña con la mano para que pasara hacia la habitación.
-Se que no debería estar aquí- Dirigió su mirada en dirección a los ojos de Lantis- Sé que... Sé que puedo traernos problemas pero no puedo evitarlo-
Esos ojos color miel que lo miraban sin ninguna duda, que lo único que hacían era reafirmar el amor que aquella joven profesaba por él, lo estaban llenando de remordimiento. Pero le correspondía sentir ese sentimiento con él mismo. Ella había sido su error.
-Sabes que no es lo correcto Tomoyo- respondió en un tono seco- Sé que estar aquí, haciendo las campañas juntos, no es fácil pero tu sabes la decisión que he tomado, y nada la hará cambiar-
- ¿Y cómo estás seguro de qué es lo correcto?- dijo elevando su tono de voz. Quedó callada uno segundos y frunció su ceño, sintiendo una aguda molestia en su pecho - Eres un hipocrita Lantis. Si es por ella que me dices esto ¡Eres un hipocrita! Tú estuviste conmigo cuando también estabas con ella- Tomoyo estaba histerica, le dolía en el alma que él la hubiera "usado" en sus momentos de soledad, lo sabía perfectamente pero otra parte, su corazón negaba esa verdad, y solo mantenía la esperanza de que le diera una oportunidad para demostrarle quien era ella.
-Lo lamento mucho Tomoyo- Lantis sabía que el era el responsable en gran parte, de esta situación- No quiero que sufras pero sabías perfectamente que no yo no podía, ni podría darte nada. Nunca di una señal para que entendieras lo contrario. Te aprecio Tomoyo...- comenzó a caminar hacia la joven autozemita mientras no le quitaba su mirada de encima- pero no dejaré a Hikaru. Y deja de distorsionar las cosas, cuando estuve contigo, estuve distanciado de ella durante un largo tiempo-
Al oir esas palabras y tenerlo tan cerca, un cólera enorme la invadió. Sus manos comenzaron a temblar con rabia.
- ¡Te odio Lantis!- le gritaba mientras comenzaba a pegarle al espadachin. Y más se brotaba de enojo, al ver que él permanecía reacio ante su llanto, su dolor. Realmente lo detestaba.
- ¡Detente!¡Basta Tomoyo- le impusó y cruzó su brazo a través de su pecho como escudo antes esos golpes que para Lantis no lo lastimaban en lo más mínimo. Terminó por tomarla de las muñecas y sin poner mucha fuerza para no marcarla, le pidió con una voz mas serena aunque firme - Vete de aquí Tomoyo, lamento todo esto, todo tu dolor pero vete ahora-
La joven solo atinó a mirarlo una vez más con sus ojos llenos de lágrimas y salió corriendo de la habitación.
Lantis maldijo por dentro. Sabía que ella no se rendiría. Se sentó en los pies de su cama y comenzó a tomar conciencia. Tomoyo cada vez estaba más empecinada en estar con él, a pesar de que hacía varios meses que no le hacía un planteo de esta manera, y a estas alturas tenía la sensación de que podría ser capaz de cualquier cosa.
- ¿Y si se atreviera a decirle a Hikaru?- se le cruzó por su mente y le produjo una sensación de mucho temor. Sacudió su cabeza en forma de negación. No lo permitiría. Quizás lo más conveniente sería decirle la verdad a su amada pero también correría el riesgo de perderla. Cualquiera de las dos decisiones que tomara, iba a estar en desventaja... Se quedó helado ante el debate mental que estaba teniendo ¿Desde cuándo él era así de ventajero? Lo más honesto sería decirle la verdad. Ellos en algún momento, a lo largo de los 10 años de haberse conocido, se habían separado por lo difícil que era que Hikaru estuviera viviendo en los dos mundos. En esos tiempos no habían aprendido a sobrellevar la distancia, ni siquiera lo habían logrado ahora. Sin embargo sabía que no era excusa suficiente como para haber estado con otra mujer. Se dejó caer en su cama y puso sus manos atrás de la nuca. Sí, iba a decirle. Si había sido egoista y cobarde todo este tiempo escondiendo su secreto, era por temor a perderla. Se siguió sintiendo mucho peor con él mismo, porque caía en la cuenta que solo se lo confesaría porque sabía que tendría una mínima chance en que Hikaru lo perdonara, si el secreto salía de su boca, y no de la boca de Tomoyo. Cerró los ojos para escapar de semejantes pensamientos que parecía que ninguno tuviera salida. Primero era remordimiento por la joven autozemita y ahora le sumaba el miedo mezclado con culpa por haber hecho algo y haberlo mantenido en secreto de Hikaru. Faltaban unas horas para llegar a Cefiro, no iba a poder dormir. Se levantó de su cama, se dirigió a uno de sus muebles y de allí sustrajo un pequeño frasco con una solució que bebió. Volvió su lecho, solo que esta vez se acomodó bajo una delicada frasada. Una vez más cerró sus ojos, y al fin pudo conciliar su sueño.
Se despertó abruptamente. Miró la hora, y una sensación de no poder esperar más la invadió.
- ¡Al fin llegará Lantis!-
Se incorporó rápidamente de su cama, fue con paso veloz hacia su placard elegió su ropa y fue directó a darse un buen baño. Estaba tan contenta, no paraba de interpretar un gran repetorio de canciones para la ducha, no podía hacerlo, se sentía tan llena de dicha de poder verlo después de tanto tiempo que cantanba muy alto, y por sobre todas las cosas, cantaba muy feliz. Caldina quien había pasado por la puerta de la habitación de Hikaru, se había quedado escuchandola y reía, puesto que la joven pelirroja estaba dando un espectáculo de primera.
-Definitivamente esto se lo tengo que mostrar a Fuu- dijo para si misma con una sonrisa de burla en su cara y rapidamente la ilusionista fue a buscar a la joven al salón real.
Golpeó la puerta para entrar y un guardia que se encontraba del lado de adentro la hizo pasar. Cuando iba a llamarla a los gritos como ella solía hacer, se dio cuenta que Fuu estaba en plena reunión, en medio de Ferio y de Guruclef.
-Pobre mi niña- pensó para sus adentros. Caldina observó por unos momentos la situación. Ferio tenía una cara tan aburrida y agotada como la de Fuu pero él que parecía compenetrado en aquella reunión, que solo era para hablar sobre las festividades de Farhem, era Guruclef. Chistó en forma de prostesta -Guruclef se vuelto un viejo engreido, después de la partida de Umi, lo único que hacer es trabajar y encima arrastrá a estos jovenes con él- Pensó y puso sus brazos en la cintura y se acercó al guardia - Disculpa pero cuando la reunión termine, informale a la reina que quisiera hablar con ella-
El joven soldado asintió y luego retomó su posición. Firme y derecho.
Caldina se retiró algo molesta de aquel salón. Demasiada seriedad, no importaba las cosas con las que debían cumplir, los reyes parecían sufrir la historia del pilar: vivir para Cefiro. Ya hablaría con ellos, y también con el terco y amargado de Clef. Respiró hondo para calmarse. Se dirigió al cuarto de Hikaru. La pelirroja ya había terminado su actuación y su baño también pero se escuchaba un leve tarareo. La ilusionista golpeó su puerta
- Hikaru soy yo, Caldina ¿Puedo pasar?-
- Caldina, si pasa- le respondió mientras seguía peinando su pelo.
- Mi niña pero que contenta te ves...- apenas pudo decir cuando vio a la joven pelirroja con ese hermoso vestido -No lo puedo creer Hikaru!¡Estás hermosa!
- ¿Tú... crees eso?- le respondió sonrojandose levemente mientras dirigía su mirada hacía abajo, buscando ver como le quedaba aquel vestido.
- Obviamente. Ven, ven aquí y mirate- Caldina la empujo suavemente hasta pararla frente el espejo de su habitación.- Si tu idea es infartar a Lantis, lo vas a lograr- le decía mientras le guiñaba el ojo.
-Caldina...- protestó timidamente Hikaru. Pero era verdad, por primera vez ella misma se veía hermosa con ese vestido blanco que tenía unos finos breteles adornados con una cadenitas plateadas, señido hasta la cintura y luego caia de forma suelta hasta llegar por arriba de sus rodillas. Y su pelo suelto de ese color rojizo tan intenso, resaltada sus ojos de una manera muy profunda. Hikaru se tildó en su imagen, no creía lo que veía. Pensaba lo que era el amor capaz de lograr en alguien, y si había tanto amor para dar ella sería capaz también de hacer feliz a su futuro hijo con este sentimiento. Y fue tal sensación de bienestar que la invadió, tan a gusto se sintio con ese pensamiento, que comenzó a acariciarse el vientre de una manera muy maternal, muy dulce, muy ...
Y cuando se percató de lo que hacía, sintió una mirada muy curiosa que la estaba observando. Miró de reojo y se encontró con una ilusionista que seguramente la iba a comenzar a atacar con preguntas sobre lo que acababa de pasar, con ese nuevo "espectáculo" que acaba de dar.
- Oye, mi niña...-
- Ehh... yo...- se rascó la cabeza- se estaba dejando al descubierto así misma, no servía para mentir, se ponía nerviosa y Caldina la estaba intimidando más con las caras que estaba poniendo.
-Hikaru ¿Hay algo que me estás ocultando?- la ilusionista le regañaba con una sonrisa en la cara mientras se acercaba a la joven.
- ¿De... de qué hablas Caldina?- lo estaba echando a perder, no lo podría ocultar más.
-Sí, entonces sí- le decía con una enorme expresión de felicidad en su rostro- ¡Tú estás embarazada!- Y al terminar de decir eso, fue corriendo a abrazarla.- ¡Te felicito mi niña! ¡Que noticia! ¡Esto merece una celebración!
-Caldina espera, espera- le dijo Hikaru apenas pudo librarse del abrazo sincero pero algo asfixiante de su amiga. - Te agradezco todas tus intenciones pero todavía no quiero decir nada. No quiero decirlo. Ni siquiera se lo he dicho a Lantis. Pero principalmente todavia no quiero contarlo por Fuu
La ilusionista la observó por unos segundos - Lo entiendo mi niña, no diré ni una palabra hasta que tú te sientas lista. Sabes que puedes contar conmigo.
Los ruidos provenientes de que alguien golpeaba la puerta interrumpieron su charla.
-Hikaru ¿Estás ahí? soy yo Larfaga, la nave de Autozam estará arrivando dentro de unos minutos- Le avisó el guardia-
Caldina miró a la joven y con una sonrisa en su cara le agarró la mano- Vamos Hikaru, todo saldrá bien. Es hora-
La futura madre suspiró intensamente, y una sonrisa también se dibujó en su rostro- Vamos Caldina-
Y ambas partieron hacia el encuentro.
