Los días pasaban rápidamente. Nat, que ya se había recuperado completamente de las heridas sufridas por los dragones, seguía trabajando en las Tres Escobas, más contenta a cada día que pasaba de haber aceptado la propuesta de Rosmerta.
Dawn, por su parte, y casi sin quererlo, había establecido una rutina de hablar con Remus a través de la red flu. La mujer se autoexplicaba su comportamiento con la excusa que así sabía como estaba su hija en el colegio, pero la verdad es que aquellas charlas le resultaban agradables, y esperaba con impaciencia la aparición de la cara de Remus entre las llamas de su hogar.
Ese día, justo estaba terminando de desayunar cuando el licántropo la saludó desde los fogones.
"Feliz Halloween." – saludó la mujer con una sonrisa. Sin embargo la sonrisa no le fue devuelta. El licántropo la miraba con una seriedad que no era nada típica de él – "¿Qué pasa¿Ocurre algo?"
"Bueno… No quiero alarmarte, pero…"
"Remus por dios, habla." – dijo Dawn perdiendo los nervios.
"Estamos todos bien...pero ayer Sirius entro en Hogwarts."
Dawn se quedo helada, suponía que estaba tan pálida como Remus e igual de aterrorizada.
"Pero ¿Cómo?"- pregunto Dawn – "¿Ataco a Harry?"
"Por alguno de los pasadizos supongo pero están todos vigilados"- suspiro Remus – "Y Harry esta bien si, Sirius se equivoco de cama e intento atacar a Ron, un amigo de Harry."
"Pero ¿Por qué?"- pregunto Dawn
"¿Quién sabe como funciona la mente de un loco? Creo que cuando veas a Nat es mejor que se lo cuentes antes que lo lea en los periódicos."
"Lo haré"- suspiro Dawn- "aunque no será nada agradable. Nat se cierra en banda cada vez que oye algo de Sirius."
"Supongo que es normal, especialmente para ella. Fue un golpe muy duro."
Ambos se quedaron en silencio un rato, perdidos en sus recuerdos, inmersos en aquellos tiempos pasados que sin duda fueron mejores…
"¿Diana está bien?"
"Si, no te preocupes, ya te he dicho que no ha habido heridos."
Dawn dejó escapar un suspiro : - "Estoy tan cansada de todo esto… ¿Es que acaso nadie puede darme una buena noticia?"
"A mi no me mires." – dijo el hombre con una sonrisa divertida – "Mi vida es muy deprimente… Aunque, te conté la última que montó Diana?"
Dawn esbozó una sonrisa muy a su pesar, y pronto se reía con Remus ante las ocurrencias de la niña. Sirius Black apartado por unos momentos…
O.o.O.o.O.o.O
Nat estaba terminando de fregar unos vasos cuando la profesora McGonnagall entró ese día. Tenía mala cara, mezcla de cansancio y preocupación.
No dio muestras de reconocer a Nat y se fue directamente a sentarse a su mesa habitual, en un rincón del local. Rosmerta le dio un rápido vistazo antes de susurrarle a Nat :
"Trae mala cara. Mejor iré a ver que quiere tomar y a darle un poco de conversación." – se ajustó el delantal y dio la vuelta a la barra – "Oye, si tardo mucho, en la cocina hay un plato con comida, déjalo en el callejón de atrás, que es para un perrito abandonado."
"De acuerdo." – sonrió ella, que aprobaba de lleno el echo de ayudar a los animales abandonados.
Probablemente en otras circunstancias habría relacionado inmediatamente las palabras de Rosmerta con el perro negro que la había traído hasta aquella situación, pero por aquel entonces y por alguna razón, se había obligado a apartar a un rincón recóndito de su mente todo aquello, así que no dio mayor importancia al asunto y continuó con su trabajo, silbando distraídamente una canción.
O.o.O.o.O.o.O
Sirius se dejó caer al suelo de la cueva donde vivía, si es que a aquello se le podía llamar realmente vivir.
Todo lo que había podido salir mal, lo había echo. No solo no había podido echarle la mano encima a la rata traidora, si no que además todos creerían vete a saber que barbaridad.
Renegó entre diente pensando donde diablos se había metido su suerte desde hacía doce años. A este paso tendría que pasarse el resto de sus días como perro, dando pena a uno y otro para intentar conseguir algo de comida… Una perspectiva poco atractiva incluso para alguien recién fugado de la cárcel.
"No se puede pensar con la barriga vacía." – dijo en voz alta.
El hablar solo era una costumbre que había adquirido los últimos días. Así, de alguna manera, se obligaba a usar su voz, pues no tenía muchas esperanzas de volverla a usar con nadie nunca más.
Se levantó del suelo decidido, se transformó en perro y salió de la cueva meneando la cola ante la perspectiva de la comida que muy probablemente Rosmerta ya le tendría preparada.
Sin embargo, cuando llegó al callejón, no era Rosmerta quien, en ese momento, le estaba dejando el plato en el suelo, sino alguien diferente. Sonrió mentalmente, pensando que seguramente se trataba de la chica a quien había contratado Rosmerta, así que soltó un ladrido alegre y se acercó corriendo a la chica, que seguía de espaldas, esperando, tal vez, obtener alguna caricia.
Pero su carrera se vio interrumpida bruscamente cuando ella se giró, alertada por el ladrido.
Otra vez ella. Que le arrancaran las orejas si no era Nat. El otro día, cuando la vio hablando con Rosmerta quiso convencerse que solo era alguien que se le parecía, pero en esos instantes, viéndola como le miraba con los ojos bien abiertos, no tenía ninguna duda. Era ella. Y su corazón desbocado dentro de su pecho, parecía confirmarlo.
Nat, por su lado, tenía la sensación de haberse quedado de piedra. No hubiera podido moverse aún de haber querido. Se sentía completamente perdida en la mirada gris del inmenso perro negro. No había duda que era él. Lo hubiera reconocido entre un millón. Sabía que debía echarle un hechizo paralizador y entregarlo a los aurores, pero estaba completamente paralizada.
No fue hasta que el perro dio un par de pasos hacia ella cuando reaccionó. Se dio la vuelta rápidamente y volvió a entrar en la trastienda de las Tres Escobas, cerrando de un portazo la puerta tras ella. Una vez se sintió a salvo dentro soltó todo el aire que había estado reteniendo desde que estableció contacto visual con el perro, y sintiéndose repentinamente sin fuerzas, se agarró con fuerza en el marco de la puerta.
Allí permaneció lo que le pareció una eternidad, intentando controlar su respiración y el ritmo desbocado de su corazón. Y en realidad nunca supo cuanto tiempo pasó hasta que tuvo el valor de volver a abrir la puerta, muy lentamente. Sin embargo se encontró el callejón vacío. No quedaba ni rastro de él.
Bajó la vista hasta el plato de comida que había dejado. No quedaba ni rastro de los restos de pollo que le había traído, sin embargo el plato no estaba vacío. Había un trozo de pergamino doblado con mucho cuidado.
Lo cogió con una temblorosa mano, aún sin estar del todo segura de querer leer lo que fuera que hubiese escrito en ese papel. Sin embargo sus manos parecían tener vida propia y abrieron el pergamino con sumo cuidado. El labio inferior le tembló ligeramente al reconocer la inconfundible caligrafía de Sirius.
Querida Nat,
Me gustaría mucho que pudiéramos vernos y hablar. Estaré esperándote en las afueras del pueblo, frente a la Casa de los Gritos, a medianoche.
Padfoot.
Pero antes de que la mujer pudiera tener cualquier reacción frente a la nota, la puerta de la trastienda se volvió a abrir.
"¡Vaya! Así que el perrito tenía hambre hoy eh?" – comentó Rosmerta con su habitual alegría.
Nat arrugó la nota y se la metió deprisa en uno de los bolsillos, antes de girarse con una sonrisa forzada para encarar a la mujer.
"Eso parece."
"¿Llegaste a verlo? Es una monada."
"No… No lo vi."
"Oye, tienes mala cara. Estás muy pálida. ¿Te encuentras bien?"
"Es…. El brazo." – inventó Nat – "Me duele un poco por los rasguños todavía…"
"Oye, porque no te vas a casa? Creo que hoy no vamos a tener mucha gente…"
"No hace falta Rosmerta, estoy bien." – respondió forzando una sonrisa.
"Si que hace falta. Largate de aquí, vamos. ¡A casa!"
Nat asintió con una sonrisa cansada. Le vendría bien volver a casa dando un paseo para aclarar las ideas. Esa tarde los acontecimientos se habían precipitado más de lo previsto…
O.O.O.O
Y en efecto, cuando un rato más tarde llegó a casa de Dawn ya había tomado una firme decisión : Ignorar completamente la nota, como si nunca la hubiera leído. No pensaba acudir a la cita, y sin embargo tampoco se sentía con fuerzas para entregar a Sirius a los aurores, cosa que la cabreaba y entristecía al mismo tiempo.
"Ya estoy en casa." – anunció con voz apagada, cerrando tras de si la puerta de casa de su amiga.
Dawno no tardó ni dos segundos en plantarse en el recibidor : - "¿Qué haces tan pronto aquí¿Qué ha pasado?"
Nat la miró con sorpresa. ¿A que venía aquel tono preocupado?
"No ha pasado nada… No me encontraba muy bien y Rosmerta me ha dejado marchar… ¿Qué tendría que haber pasado?"
"¿Te encontrabas mal¿Qué te pasa?" – intentó cambiar de tema su amiga, pensando que si Nat no se había enterado de lo de Sirius, tal vez lo mejor seria que así continuara.
"No me cambies de tema." – la advirtió Nat – "Que ya nos conocemos. ¿Qué ocurre?"
Dawn se mordió dubitativamente el labio inferior, intentando encontrar las mejores palabras para darle la delicada notícia.
"Es…. Sirius." – dijo con cautela, y casi de inmediato vio como su amiga se tensaba – "Remus me ha dicho que ha entrado en Hogwarts."
"En Hogwarts?" – repitió Nat con un hilillo de voz, incapaz de dar crédito a las palabras de Dawn – "No me digas que iba a…"
"A por Harry, si." – asintió Dawn – "Pero se equivocó de cama y atacó a un amigo suyo."
Nat se tambaleó y tuvo que sujetarse a la pared para no caerse : - "Merlín…" – murmuró.
"Lo siento mucho Nat… No te lo quería contar… Pero te hubiera echo más daño si te hubieras enterado por ahí…"
"No te preocupes… "
"Pero Nat, te he hecho recordarle…"
La mujer negó con la cabeza : - "Aún sin tu ayuda le hubiese recordado… Porque ¿sabes? Todavía pienso en él… Lo hago cada día desde que alcanzo recordar… No sirvió para nada. Ni dejar Londres, ni casi perder el contacto con todo el mundo…"
"Deberías olvidarle"- dijo Dawn tomándole una mano – "Se que no es fácil, para ti menos que nadie pero no dejes que ocupe todos tus pensamientos. Ese desgraciado asesino no lo merece."
Nataly soltó una risa seca, sin humor.
"¿Sabes que es lo peor de todo? Que una parte de mi cree que es inocente, que todo fue un error..."
Dawn miro horrorizada a su amiga, pero antes de que pudiera decir nada ella continuo:
"He intentado convencerme a mi misma que Sirius es un asesino, un fiel seguidor de Voldemort... Pero en el fondo sé que él no pudo hacerlo. No el Sirius al que yo conocía ni al que llegué a querer. No creo que pudiera llegar a engañarnos hasta tales extremos..."
"Quizás no le conocíamos Nat"- Dawn suspiro- "Yo también pensé que era imposible pero había pruebas, también pensaba que era imposible que Peter se enfrentara a el en medio de una calle, nunca le creí valiente y mira lo que hizo...quizás en el fondo no conocíamos a Sirius Black si no el personaje que había creado. Créeme a mi también me duele aun tras tantos años"
"Pero yo le conocía mejor que tu Dawn, se que no pudo hacerlo. Es imposible"
Dawn inspiro, empezaba a enfadarse un poco, pero no era momento de perder los papeles. Nataly estaba en estado de negación y necesitaba ver la verdad.
"¿El Sirius Black que tu conocías habría matado a James y Lily? No ¿El Sirius que tu conocías habría matado a 13 muggles con un solo hechizo? Tampoco. Si no me crees a mi cree las pruebas Nat"
"¡Lo sé! Pero y si... ¿Y si las cosas no son lo que parecen? Quizá haya otra explicación a parte de la lógica para todo..."
"¡Ya se que no hay lógica para todo pero esta era evidente¡. ¡Se estaba riendo Nat¡Riendo eso es lo peor! Una persona normal no reiría tras haber matado 13 personas lo único que se me ocurre es un imperio pero ¿y por que ataco Hogwarts? Ningún imperio aguanta tanto sin volver a ser lanzado, lo se"
"Pero en Hogwarts nadie lo vio... Tal vez no fue él... O tal vez alguien que se le parecía.."
"¡Si le vieron Nat! Se metió en el dormitorio de Gryffindor ¡¡CON UN CUCHILLO!! claro que le vieron"
"¿Con un cuchillo?!" – se escandalizó Nat, y no tardó en romper a llorar.
Dawn la estrechó entre sus brazos, intentando reconfortarla en vano.
"Dios... Está loco... Dawn... Tengo que olvidarlo... ¡No puedo ni quiero seguir enamorada de un asesino!"- dijo antes de volver a ser presa del llanto
Dawn no dijo nada mientras abrazaba a su amiga, pero ella también derramo lagrimas, por los que no estaban, por Nataly que sufría, por el Sirius que habían creído conocer, por lo que pudo ser y no fue y por lo que era...
"Te juro que yo misma acabaría con él… Le mataría si tuviera la oportunidad de tenerlo delante... Si supiera donde se esconde este desgraciado, acabaría con todo esto de una vez por todas."
Nat se separó a mirar a Dawn, quien había pronunciado estas palabras con dureza. ¡Tenía razón! Miró el reloj. Era pronto todavía. Podía volver Hogsmeade… Acudir a la cita y acabar con la maldad de Sirius Black de una vez por todas… Y hacerle pagar todo el sufrimiento infligido a sus seres queridos.
Descolgó su abrigo del perchero de la entrada que hacía pocos minutos había colgado, al llegar ante la mirada atónita de su amiga.
"¿Qué haces¿A dónde vas?"
"Lo había olvidado… Le prometí a mi madre que pasaría a verles."
"Pero Nat… Creo que no estás en condiciones… Puedes llamarla y aplazarlo."
"Esto no se puede aplazar… Tengo que hacerlo esta noche, Dawn." – se puso el abrigo y dio media vuelta para salir – "No me esperes despierta."
"¡Nat!" – llamó Dawn, pero ya era demasiado tarde, la mujer se había ido.
O.O.O.O
Estaba claro porque Sirius había escogido esa hora y ese lugar. Hogsmeade estaba del todo desierto, y por eso enseguida detectó al enorme perro negro de pie sobre sus patas traseras y con las delanteras apoyadas en el cercado que rodeaba la casa de los gritos.
Respiró hondo y palpó su varita por encima de la ropa, solo para asegurarse que seguía allí. Dio un par de pasos más y después lo saludó en voz alta.
"Buenas noches."
El perro se giró a mirarla, y casi al instante empezó a menear la cola. Se puso en el suelo con sus cuatro patas y empezó a andar en una dirección muy concreta. Nat supo que quería que lo siguiera, y así lo hizo.
Llegaron a una pequeña cueva, situada en las montañas de las afueras del pueblo. Nat echó un vistazo a su alrededor, para asegurarse que realmente estaban solos, y para cuando quiso volver a mirar el perro negro, en su lugar ya se encontraba alguien a quien conocía muy bien… O a quien creía haber conocido. El corazón le dio un vuelco al notar esos ojos grises fijos en los suyos y empezó a temblar. Sin embargo intentó no demostrar que estaba muerta de miedo.
"Me alegro de que no ignoraras mi nota." – habló Sirius con una voz tan ronca que se hubiera dicho que hacía mucho tiempo que no la usaba, al tiempo que daba un par de pasos en dirección a ella.
Nat reaccionó casi de inmediato; sacó su varita y apuntó directamente al hombre : - "No te atrevas a dar ni un paso más, asesino."
"Nat… Espera, escúchame antes de hacer nada, por favor… No te precipites"
"¿Qué no me precipite¡Llevo doce años sufriendo por tu culpa y viendo toda mi vida rota por lo que hiciste! Te aseguro que no me estoy precipitando."
La mujer iba avanzando, al tiempo que Sirius retrocedía, sorprendido por la reacción de la mujer. Había tenido la esperanza de que si acudía a la cita, seria porque siempre había creído en él, y que en el fondo sabía que él nunca podría haber cometido todos aquellos horribles crímenes de los que se le acusaba.
"Creo que me merezco ser yo quien te atrape y te entregue de nuevo a los aurores." – continuó hablando ella – "Al menos me daré este gusto."
"Pero…" – aunque Nat no le dejó hablar.
"Y que sepas que podría haberte atacado viniendo hacía aquí, por la espalda… A traición… Pero yo no traiciono a nadie. Ni siquiera a alguien tan miserable como tu. Así que saca tu varita y acabemos con esto. Voy a darte la oportunidad de un enfrentamiento justo."
Las palabras de Nat le estaban haciendo más daño que cualquier hechizo que le fuera a lanzar, más duras que todos aquellos años en Azkaban…
Justo en ese momento, dio con la espalda contra una de las paredes de la cueva, y dándose por vencido bajó la cabeza.
"Ya veo que me equivoqué pensando que serías la única persona capaz de creer en mi… Así que ahora que sé que no tengo el apoyo de nadie… No sé si vale la pena seguir." – hizo una pausa y sacó su propia varita de entre los pliegues de su túnica. Nat se tensó, esperando el primer ataque, sin embargo, lo que hizo Sirius a continuación la descolocó por completo. El animago se agachó lentamente, evitando los movimientos bruscos para que la mujer no se alterase. Dejó la varita en el suelo y luego de un puntapié la envió lejos, fuera de su abasto. – "No pienso enfrentarme a ti. "
"Oh vaya, que considerado… Pero que yo sepa no tuviste la misma condescendencia con ese montón de muggles, ni con Peter, ni lo hubieses tenido con el pobre Harry de no haberte equivocado de cama ayer, verdad?"
"¿En serio me crees capaz de todo eso? De entregar a James… De matar a su hijo?"
Y la mujer dudó. Había cometido el error de mirarlo directamente a los ojos, y esa mirada gris la había desarmado por completo.
"El Sirius que yo conocía jamás lo hubiera echo pero…"
"No hay ningún otro a parte del que tu conocías."
Sintiéndose de repente débil y sin fuerzas, dejó caer la varita al suelo, cosa que le dio la suficiente confianza al hombre como para despegarse un poco de la pared contra la que había sido acorralado.
"Si quieres… Puedo contarte lo que sucedió de verdad…"
"No sé si quiero oírlo." – reconoció la mujer, dejándose caer hasta el suelo y enterrando la cara entre las manos. – "No quiero saber que todo el sufrimiento de estos años ha sido por nada… Por una confusión."
"No fue una confusión." – Sirius se sentó un poco apartado de ella, sin el valor necesario para sentarse a su lado, que es lo que realmente le hubiese gustado. – "Fue una trampa que nos tendió el traidor de Peter a todos."
"¿¡Peter!?" – se sobresaltó ella – "¡Peter está muerto Sirius! Tu le mataste."
"No Nat, eso es lo que quiso hacer creer a todo el mundo, pero te juro que está tan vivo como tu y como yo."
La mujer suspiró, y muy a su pesar reconoció que Sirius parecía sincero. Nunca había creído en su culpabilidad por mucho que hubiese querido convencerse de ello, y ahora teniéndole delante y oyendo sus palabras, todavía le costaba más creer que fuera un asesino.
"Cuéntamelo todo. Luego decidiré si creerte o no."
O.O.O.O
Ala aquí os quedáis mwahahahahahaha. Tengo la continuación escrita, así que si me dejais bastantes reviews no tardare mucho en actualizar. Sep, chantaje emocional xD Tb hay que decir que si he tardado tanto en actualizar ha sido unica y exclusivamente culpa de Sirius, que se negaba a colaborar xD
En fin, pues eso, que espero que os haya gustado, que después de las largas esperas sigais leyendo y… bueno, que os de un poco de pena y sigais dejando reviews xD
