Al mismo tiempo que Luke y Ben iban en dirección a Tattoine; Jaina y su aprendiz Jedi, Allana, se hallaban en el hangar de la nueva Academia Jedi en Ossus.
— ¿Crees que encontremos aquí después de encontrar nada en Coruscant?— dijo Allana Solo mientras bajaba de la nave.
— Aquí esta la Biblioteca Jedi, que tiene cerca de mil años. Confío que aquí al menos podamos sacar información.
Las dos Jedi caminaron en el hangar hasta donde estaba la Maestra Jedi, Tionne Solusar.
— Bienvenidas— dijo la Jedi de cabellos y ojos blanco perlados. La Jedi observó a Jaina y luego a su aprendiz. — ¿Qué les puedo ayudar?
— Buenos días, Maestra Solusar— dijo Jaina, inclinándose un poco, Allana la imitó. — Deseamos pasar a la biblioteca.
— Oh, claro— exclama la Maestra Jedi, sonriéndoles— Ya conocen el lugar. Cualquier cosa que necesitan, no duden en llamarme— Tionne les dirigió una sonrisa y se retiró del lugar.
— Bueno ¿A que estamos esperando?— dijo Jaina mirando a su aprendiz.
La biblioteca Jedi es un lugar amplio, con mesas rectangulares alargadas, el techo era tan alto que casi no se podía ver, al fondo se ubicaban los numerosos estantes, con incontables libros. Las dos Jedi estaban sentadas, con varios libros a su costado. Allana ojeaba un libro grueso que se salían las hojas.
— Aquí no hay nada— dijo Jaina, algo irritada, cerrando de un golpe el libro viejo, provocando que salga polvo. La Maestra Jedi estornudó.
— No está en los libros, tía Jaina— dijo Allana cerrando el suyo— Ya han pasado dos horas desde que llegamos y no hemos tenido suerte.
— Vayámonos de aquí. No vamos a encontrar nada, Allana.
Jaina se levantó y se dirige a la puerta pero se gira y ve a Allana dirigiéndose a los estantes, luego se sienta en el suelo. Jaina se acerca de ella y siente que la Fuerza fluye en su sobrina.
La Maestra Jedi sólo la observaba, sin interrumpirla. Allana se levanta y avanza a la derecha, hacia una puerta de madera vieja.
— Ahí están los archivos viejos— pensó Jaina siguiéndola.
Se sentía mucha humedad en aquel cuarto, había poca luz y las paredes era de piedra.
— ¿Crees que encuentres algo aquí, Allana?— dijo Jaina.
— La Fuerza me ha guiado hasta aquí. Una corazonada me dice que esta aquí, al menos un poco de información— exclamó Allana caminando hacia una vieja despensa. Abrió la puertecilla mohosa y sacó varias hojas sueltas, amarillentas y con roturas en los bordes, Jaina se acerca donde su sobrina y la ayuda a buscar.
— Creo que tengo algo— dijo Jaina después de un rato, sacando un papel arrugado y amarillento. Allana se acercó.
— Si que se parece al tipo de la foto— dijo Allana— Pero no tiene mucha información.
— Las letras no se pueden leer— exclama Jaina acercando el papel a sus ojos marrones— "Anzant"— leyó con los ojos entrecerrados— Menos mal que pone las coordenadas, no dice la especie pero si el planeta, al menos que aún vivan ahí.
— Normal que nadie los conozca. Prácticamente viven en las Regiones Desconocidas y el papel que da testimonio de su existencia es un papiro viejo que se cae a pedazos— dijo Allana.
— Andando, no hay que perder tiempo— habló Jaina mientras se guardaba el papel en un bolsillo.
La Dama Púrpura, una nave estelar mediana, regalo de Jagged Fel a su esposa dos años después de su boda. Con la proa de color púrpura que da el nombre de la nave, se eleva por los cielos de Ossus, saliendo al exterior del planeta.
— Colocando las coordenadas para Anzant— decía Jaina mientras toqueteaba algunos botones— Será un viaje largo, Allana.
Después de horas de viaje, a una alta velocidad de la nave, divisaron un planeta, grande y verdoso. Allana se acercó un poco a la ventana de la nave.
— ¿Sientes eso, tía?
— Si, hay vida— exclamó Jaina mientras la nave entraba a la atmosfera. El planeta es como un bosque entero, árboles altos y montañas llenas de vegetación. Al fondo podía ver la ciudad, donde ellas podían captar la población del planeta Anzant. De pronto se vieron rodeadas de naves vigilantes, colocándose a los costados de la Dama Púrpura. Una luz parpadeó en el tablero, Jaina lo presionó.
— Nave desconocida ¡Identifíquese!— bramó una voz áspera.
— Nave Estelar Dama Púrpura de la Federación Galáctica de Alianzas Libres. Nuestro motivo de llegada es una visita protocolar.
Silencio. Las Jedi se miraron entre si.
— Desconocemos el gobierno de que nos está hablando. Pero pueden continuar con su vuelo hasta el hangar. Nuestro embajador los recibirá. — se cortó el mensaje.
— ¡OH!— dijo Allana— deben pensar que somos unos viejos barrigudos con ganas de molestar.
Jaina sonrió. La Dama Púrpura al fin llegó al hangar, un espacio muy grande, donde descansaba las naves de los anzantilanos.
La nave se detuvo, bajó la rampa y las Jedi descendieron de ella. Ahí, cerca de la nave, estaba de pie un humanoide, tan parecido al que buscaban pero con diferencias, su piel no era gris ni tenían ojos rojos. Los anzantilanos son seres de piel celeste claro y ojos blancos como las perlas sin parpados cuyo iris son líneas rectas negras. Alto y cuatro dedos muy largos.
— Bienvenidas, embajadoras— dijo el anzantiliano haciéndoles una reverencia. Las dos Jedi estaban algo confundidas. — Soy el embajador Hiir Ad'aj.
— Soy la Maestra Jedi Jaina Solo Fel y ella es mi Aprendiz Jedi, Allana Solo— las dos se inclinaron levemente.— Quisiéramos hablar con su mayor representante. — dijo Jaina.
— ¿La razón por la cual desean hablar con nuestro Líder Supremo?
Jaina sacó el generador de imágenes y se lo mostró. Hiir Ad'aj miró y sin mostrar expresión alguna, indicó a las Jedi que lo sigan.
Caminaron por varios minutos. Se subieron a un speeder y las llevaron al Palacio Real donde residía el líder de los anzantilianos. El edificio era enormes, varios anzantilianos, salían y entraban. Entraron y caminaron por largos pasadillos, lujosamente ornamentados y cuadros de paisajes. El embajador tocó la puerta y entró. Las Jedi esperaron unos segundos cuando salió Hiir.
— Pueden entrar— exclamó y las Jedi entran a un cuarto amplio, las paredes parecían de mármol, un gran ventanal proveía una vista espectacular del paisaje del planeta. El Líder estaba sentado detrás de su escritorio de metalizado y muy brillante. Físicamente igual al del embajador.
— Soy Guur Ad'a, Líder Supremo de Anzant. — dijo el anzantiliano poniéndose de pie, las Jedi se acercaron con una leve inclinación.
— Siéntense por favor, estén cómodas. — los tres se sentaron en mullidos asientos. — ¿De donde vienen?
— Venimos de Coruscant del Sistema del mismo nombre. — explayó Jaina mientras sacaba el generador de imágenes.
— ¿Por qué razón han venido desde lejos?
Jaina le mostró la imagen del supuesto anzantiliano de la foto. El Líder miró la imagen holografiaza con gravedad.
— Umm— el Líder levantó la vista, visiblemente molesto, Jaina temió haberlo enfadado. Sintió el nerviosismo de Allana.
— Ese es un kargano— dijo el Líder— ¿Que desastres hicieron esta vez?
— Atacaron Kessel, donde la Alianza Galáctica tiene presencia ahí. Sólo queríamos saber la especie agresora porque no figura en nuestra base de datos.— dijo Jaina mirando de reojo a Allana.
El Líder relajó las facciones, se reclinó y juntó las yemas de sus cuatro largos dedos.
— Hace milenios, nosotros los anzantilianos y karganos vivíamos en este planeta. Nosotros sólo nos interesaba la naturaleza y los misterios de nuestra energía mística llamada Balavantam— Allana y Jaina se quedaron perplejas.
— ¿Balavantam? ¿Me podría explicar eso?— dijo Allana, adelantándose a su maestra. El líder miró con amabilidad a las Jedi.
— Oh, no sé como explicarle eso. Yo no poseo tal poder. En fin, nosotros éramos los estudiosos y los que preferían vivir en paz sin molestar a nadie. Pero los karganos tienen una naturaleza conflictiva, les apasiona conquistar y destruir. No podíamos tolerar tanta violencia, así que nos tardamos cien años en construir una nave para que ellos se largasen. Y sorpresivamente aceptaron irse del planeta, mucho tiempo paso hasta que el ultimo se fue. No sabemos en que planeta se han asentado, fue algo que nunca nos importó.
Todo encajaba, se habían unido a la Estrella Negra tal vez para tener mejores armamentos para luchar contra la Alianza. Jaina pasó una mano sobre su cabeza.
— Llamaré a nuestro Gran Señor, maestro del Balavantam— dijo el Líder, presionando un botón de un extraño aparato. — él les explicará que es el Balavantam
Minutos después, apareció un anzantiliano con una gran tunica negra. Jaina y Allana se levantaron para mostrar sus respetos.
— ¿Qué desea nuestro Líder?— dijo el anzantiliano de piel celeste muy claro.
— Nuestras invitadas desean saber que es el Balavantam.
El Gran Señor las miró con curiosidad y luego levantó una mano lo cual una silla levitó lentamente y se acercó a él. Las dos Jedi se miraron entre si y comprendieron que se trataba de la Fuerza, con otro nombre.
— El Balavantam crea la vida, rodea a la naturaleza y nos rodea a todos nosotros pero sólo los elegidos por el Balavantam puede manipular la energía mística.
— ¿Uno puede ser portador y otro puede no tenerla?— preguntó Jaina
— Si. El Balavantam se le manifiesta a uno a los dos años de nacer. Tenemos nuestro Templo Kira donde estudiamos y usamos el Balavantam.
— Oh, es tan parecido a la Fuerza.— dijo Allana, al ver el Gran Señor la miraba con curiosidad, continúo— Nosotros usamos la Fuerza, un campo de energía creada por los seres vivos, nos rodea y mantiene unida a la Galaxia.
— Somos Jedi. La Fuerza es nuestra aliada— dijo Jaina. — Yo soy Maestra Jedi y ella es mi aprendiz— luego miró a Allana con una sonrisa.
— Nosotros llamamos Kiro a los que usan el Balavantam. — luego se ensombreció— No se confíen, no puedo negarlo ni confirmarlo pero los karganos posiblemente sean también sensibles al Balavantam.
— Lo tendremos en cuenta— Jaina se levantó de su asiento junto con su sobrina— Gracias por su hospitalidad, debemos regresar a nuestro planeta para informar a nuestro Gran Maestro.
— Déjenme acompañarlas hasta el hangar— dijo el Líder.
Llegaron al hangar, donde unos anzantilianos les otorgaron regalos alimenticios. Las Jedi subieron a la Dama Púrpura.
— ¡Que hambre tengo!— exclama Allana abriendo un paquete de carne con avidez.
La Dama Púrpura salió del planeta Anzant, sobrevolando sobre el espacio de la galaxia.
— Saltaremos al hiperespacio— y miró a Allana— cierra el paquete o me ensuciarás todo el tablero de carne. — dijo Jaina volviendo su mirada a la ventana, mientras Allana cerraba el paquete presurosa mientras masticaba rápido.
Tattoine, Cuartel secreto de Estrella Negra
El cuartel esta en un lugar apartado de Tattoine. Nadie, a excepción de sus miembros, sabe su ubicación. El cuartel es una casa de arena, custodiado por dos mercenarios miembros del grupo extremista. Furk Low, el cazarrecompensas que falló en capturar a Ben Skywalker, caminaba a zancadas por los pasillos del cuartel hasta llegar a una puerta, la tocó.
— Pase— una voz glacial se escuchó, Furk Low entró con nerviosismo. El lugar estaba medio iluminado, ahí sentado estaba el líder de Estrella Negra, Jefe Dawe con los karganos.
— ¿Ha muerto el espía?— dijo el kargano de piel gris, momentos antes él había ordenado la muerte de Ben en aquella casa abandonada.
— No…ha huido— dijo Low, visiblemente molesto.
Jefe Dawe y el kargano no estaban solos, una figura encapuchada los acompañaba.
— ¿Cómo ha escapado?— bramó contrariado Jefe Dawe.
— Una nave apareció y saltó muy alto.
— Es evidente que usado la Fuerza— dijo la voz femenina bajo la capucha, levantó la cabeza, revelando solo los labios formando una sonrisa.— Ustedes karganos ignoran que no sólo ustedes usan esa habilidad, él es un Jedi y sabe usarlo— dijo la encapuchada, sonriéndole de forma desagradable.
— ¿Quién es ella?— dijo Low.
— Una aliada, también usuaria del Balavantam. — dijo el kargano.
— Yo prefería llamarla La Fuerza— dijo la encapuchada mirando al cazarrecompensas.
— Bueno, da igual. — dijo Jefe Dawe— Es hora de usar el regalo que le ofrecimos, la súper arma que será la perdición de la Alianza Galáctica.
— Mi señor le agradece el regalo— dijo el kargano con un tono de diversión y maldad.
Soffy: Gracias de nuevo por tu review. Allana tendrá participación mas adelante, como dicen los Jedi "paciencia" xD. Saludos
