El planeta Xargon parece una isla entera. Un gran continente cubierto de arena, árboles y pequeñas montañas adornaban el lugar, todo rodeado de mar. El paisaje y el clima favorable convertían al planeta, un lugar favorito por los turistas y parejas de recién casados. Pero ahora enfrentaban su hora mas critica, Estrella Negra, unida con los karganos, habían dado veinticuatro horas para atacar al planeta.
La Alianza Galáctica sabe muy bien que evacuar a toda la población en menos tiempo era una tarea imposible pero tenían que hacerlo. Dos Jedi: el Maestro Jedi Torm Catamar y su aplicado Aprendiz, Shaula Draco.

El Jefe de Estado había enviado grandes naves de transporte para la evacuación pero el tiempo se le iba.
Shaula Draco, un muchacho de dieciocho años, cabello lacio negro que le ocultaba las orejas y ojos pardos, ayudaba a la gente a ingresar a las grandes naves transportes. En el cielo se alejaban aquellas naves pero aun quedaban gente.
— Maestro ¿No hay forma de pedir ayuda a otros sistemas?— alzó la voz el joven Jedi a su anciano maestro Jedi, debido al barullo de los xarganitas, una especie de hombrecillos bajos y orejas largas, de piel bronceada por el sol.
— Recién la Alianza a mandado peticiones de ayuda pero ya conoces la "bendita" burocracia— dijo el Maestro Torm— ¡Mira, ahí vienen dos naves, mas!
Shaula alzó la vista, efectivamente llegaban dos. Se fijó en su cronometro, prácticamente faltaban diez minutos para que el Apocalipsis haga acto de presencia. Los habitantes estaban nerviosos y con miedo.
— Shaula— el mencionado se giró y vio a su maestro apoyando sus manos arrugadas en sus hombros. — Tú te subirás ahí, en ese segundo convoy, una vez que hayan subido todos.
— Hay suficiente espacio, Maestro— dijo Shaula Draco pero su maestro negaba con la cabeza.
— Cada convoy tiene de capacidad de 800 personas. Se llena uno y en el otro, uno de nosotros se debería quedar.
— Nos quedaremos, Maestro— exclamó Draco con seguridad.
— Tú eres joven, Shaula. — Dijo Torm mientras ayudaba a la gente a ingresar a mujeres niños y ancianos, en ese orden. — ¿Por qué deberías morir cuando aún deberías dar más de ti?.
Gritos aterradores. Los dos Jedi estaban confusos, pero varios de ellos señalaban al cielo. Alzaron la vista y vieron a la macabra estación espacial, el Apocalipsis. Torm bajó la vista a su alumno.
— No estoy capacitado para hacer esto pero lo haré— dijo el viejo maestro, Shaula lo miró intrigado. — Siempre quise verte convertido en Caballero Jedi. Arrodíllate, Shaula; tenemos poco tiempo. — el Aprendiz hizo caso a su maestro.
— Yo, Torm Catamar te nombró Caballero Jedi, Shaula Draco: Defensor de la Galaxia, lo cual protegerás a la Alianza Galáctica así como también lo hará tu descendencia.

Shaula se levantó, se llevó su antebrazo a los ojos, tratando de no llorar.
— Adiós, Maestro
— Hasta luego, Shaula. La Fuerza siempre te acompañará. Recuerda que siempre estaré contigo, fue un honor ser tu Maestro.
— El honor fue mío, Maestro— exclamó Shaula, dándose de la vuelta y empezó a correr hacia el convoy. Su Maestro moriría junto con los demás que no han podido embarcarse.
El convoy estaba ya atestado de gente. Observó por la ventana para ver la estación espacial, como si fuese una mortal satélite en forma de flecha. Todo empezó a temblar, el convoy alzó el vuelo, ladeando. Entendió el sacrificio de su maestro, usó la Fuerza para mantener a flote la nave, siendo el único Jedi que estaba en el convoy.
Los xargonitas gritaron de terror al ver las inundaciones que afectaban el planeta y como la tierra se agrietaba, Shaula mandó mensajes tranquilizadores mediante la Fuerza, usando toda su concentración.
A duras penas logró el convoy escapar del planeta, pero el otro convoy no tuvo tanta suerte, se terminó estrellando por las ondulaciones magnéticas del Apocalipsis.
Apocalipsis, nombre muy apropiado— pensó Shaula, de rodillas al suelo y con los ojos cerrados.

Coruscant, Palacio Imperial de la Alianza Galáctica.
Jagged Fel estaba reunido con sus comandantes Zawn, un hombre chiss de piel azul y ojos rojos, Kier Duty, un anciano con un bigote ancho blanco y Tarry Tawallese, un hombre de mediana edad. El comandante chiss Zawn estaba de pie, dirigiéndose a sus colegas.
— Naboo y Fondor han sido una perdida para la Alianza. El primero no cuenta con un ejército personal y el segundo, fue más de error estratégico de Corellia…
— No culpes a Corellia. Ya demasiado hace con ayudarnos después de la ultima guerra ¿Recuerdas? Si ellos nos hubieran dado la espalda ahora, no me hubiera extrañado sinceramente. Agradezcamos su ayuda. Si, salió mal, pero nos ayudó al menos— dijo Kier Duty, visiblemente enojado. El chiss arrugó la frente, no le gustaba que lo interrumpieran.
— No culpo a Corellia. La principal amenaza es esa estación espacial al que llaman Apocalipsis. Si nuestras tropas están en un planeta y viene esa nave infernal, ¡adiós a nuestros mejores soldados!
— Debe haber una manera de detener esa estación. — Dijo Jagged Fel alzando la vista— me acaba de llegar un mensaje: Xargon esta completamente inundado y con terremotos continuos. No todos han logrado salir. — el resto de la gente han fijado la vista en otros lados, tratándose de no mirar entre si— Discutir no nos lleva a nada ni muchos menos buscar culpas. Zawn tiene razón, debemos al menos capturar a Apocalipsis. El problema es que es cuando nos avisan, ya es demasiado tarde— Jagged Fel se levantó y frunció el ceño. — No voy a permitir otro "yuuzhan vong", no mientras esté en el gobierno.

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Mientras tanto en el Templo Jedi, Ben estaba en el comedor de dicho lugar, sentado en una banqueta mientras tenia su brazo apoyada en la mesa rectangular mientras se bebía su taza de caf y miraba las holonoticias con el ceño fruncido. ¿Qué esperaba la Alianza Galáctica para una gran ofensiva? ¿Acaso espera que pierda la mayoría de planetas para recién ponerse en ello? Ben volvió a dar otro sorbo a su caf, pasó por su lado Valin Horn, lo cual lo saludó.
— ¿Cómo estás, Ben?— dijo Valin cruzando hacia la puerta.
— No puedo quejarme, Valin— exclamó Ben mirando a compañero Jedi salir del lugar. Su transmisor sonó. Extrañado y preguntándose quien seria se lo llevó al oído.
— ¿Diga?
— ¿Ben? Soy Ewan— Ben se enderezó y dejó su taza de caf y se fue a un rincón más apartado. — Mira chico, tengo algo que te interesará mucho
— Si me estás tratando de vender chucherías, pues lo siento.
— No, No. Es sobre Estrella Negra. ¿Estás en Coruscant?— preguntó Ewan y Ben afirmó. — Bien, ¿Dónde crees que podríamos encontrarnos? Tengo cosas que contarte, amigo Jedi.
— La antigua fábrica de tejido textil. Es más apartado de la ciudad. Te mandaré las coordenadas— dijo Ben y pulsó unos botones. — Nos vemos mas tarde, si estas aquí.
— Estoy en un bar del mundo bajo de Coruscant. Nos vemos en ¿veinte?
— Ahí estaré— Ben cortó el mensaje y quedó bastante intrigado. En fin, tenía poco tiempo y era hora de empezar a caminar. Se acercó a la mesa para beber las últimas gotas de su caf y salió rumbo al hangar.

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En el hangar, en unas cajas de madera estaba sentada Allana con su mejor amiga twi'lek llamada Zaala Daf. El hangar estaba ocupado de grandes naves, la mayoría eran las naves transportes donde bajaban los xargonitas exiliados y el Halcón Milenario estaba ahí, bastante alejado. Allana lo había visto y no sabe que no hay nadie adentro de dicha nave. Sus abuelos iban a pasar unos días más en Coruscant
— Esta tardando Shaula— dijo Allana, mirando la entrada del Hangar. Shaula Draco es otro de sus amigos que junto con Zaala, fueron estudiantes de la Academia Jedi en Ossus.
— Ya llegará, Zaala— dijo Allana con una sonrisa. Una nave transporte aterrizó, las dos jóvenes aprendices Jedi se levantaron. Efectivamente su mejor amigo ya había llegado. Shaula salió de la nave cabizbajo y al levantar la mirada, vio a sus dos amigas y avanzó más deprisa. Al llegar a ellas, las abrazó. No necesitaron preguntar que había sucedido, ya se imaginaban lo que había pasado.
— Los karganos han matado a mi Maestro y han destruido el planeta— susurró Shaula Draco, separándose de ellas. — Estoy muy cansado.

Zaala Daf le sonrió, lo cual le llenó de ánimo al joven Jedi.
— Vayamos al comedor. Necesitas una taza de caf— dijo la twi'lek Zaala, llevándose al Jedi, luego se giró para ver a Allana— ¿No vienes con nosotros?
— Ya les daré el encuentro— dijo Allana, sonriéndoles. La twi'lek entendió el mensaje— Salúdalo de mi parte.
Y mis saludos también— dijo Shaula, con una débil sonrisa. Allana se sentó en la caja, pasaron algunos minutos.
— Amelia— se levantó y ve a Deckel, con su uniforme de piloto negro. Ella se acercó y él colocó sus manos en la cintura de la joven Jedi, luego se besaron. Alguien tosió fuerte, Allana y Deckel se separaron. Han Solo estaba ahí, muy cerca de ellos, con dos cajas bajo los brazos.
— Hola, abuelo Han— saludó alegremente— ¿Arreglando el Halcón?— dijo Allana, ligeramente ruborizada y Deckel extendió su mano.
— Gusto en volver a verlo, señor Solo— Han alzó una ceja, colocó una caja al suelo y apretó con fuerza la mano de Deckel. Le hubiera gustado destrozarle los huesos.
— ¿Me podrías llevar esto a la nave, pequeña?— dijo Han mirando fijamente al muchacho— De paso converso con tu amigo, ya sabes, cosas de hombres.
Allana levantó la caja y se dirigió la nave
— No lo hostigues, abuelito— dijo la joven pelirroja de espaldas.
— Oh, claro que no— Han sonrió a su nieta y volvió la mirada al chico. — ¿Estás jugando con ella?
— No, señor— dijo el muchacho con los brazos a la espalda, muy seguro— Mis intenciones con ella son sinceras, señor Solo. Realmente amo a su nieta.

Han lo miró ceñudo.
— ¿Te habló de mi?—exclamó Han mientras sacaba su pistola Blaster y lo daba vueltas en su misma mano y lo guardó con una gran agilidad.
— Si, señor. Dijo que usted luchó contra el Imperio, siendo una pieza importante en la Alianza Rebelde.— Deckel estaba sorprendido de ver la agilidad que demostró Han.
—Ajá. — Han se colocó muy de cerca de Deckel— ¿Te puedo decir un consejo?— el muchacho asintió con seguridad y eso le molestó un poco a Han— Si un día veo a mi pequeña nieta con los ojos llorosos, te juro que no habrá ningún sistema que conozcas para esconderte. Así que mas te vale tratarla bien, chico o te usaré como polígono de tiro. — el muchacho se estremeció y Han le gustó un poco— ¿Haz visto la cicatriz que tiene el Jefe Fel?— Deckel asintió— Yo se la hice la primera vez que le habló a Jaina— mintió Han para ver cómo Deckel esbozaba una timorata sonrisa. Se volteó para irse y ve a Allana con los brazos cruzados y con los labios fruncidos.
— ¡Abuelo! Te dije que no lo hostigues— dijo Allana acercándose a su novio— He colocado la caja cerca de la cabina— dijo Allana colocándose de frente a su abuelo.
— No lo he hostigado, cariño. Sólo es una conversación de hombre a hombre— dijo Han con una sonrisa y volvió con una mirada seria a Deckel. — ¡Ya lo sabes!

Han Solo se fue en dirección al mítico Halcón Milenario para continuar con las reparaciones.
— ¿Qué te dijo mi abuelo?— dijo Allana volteándose a ver a su novio muy nervioso.
— ¿Es cierto que le hizo una cicatriz en la frente al Jefe Fel?— dijo Deckel sacando un pañuelo para limpiarse el sudor.
— ¡Oh! Eso no es cierto— dijo Allana sonriente— Lo único que hizo a Jag fue derribarlo de su nave— exclamó Allana distraídamente, y al ver a su novio abrir los ojos como platos— Lo siento, no quise incomodarte— lo abrazó y Deckel hizo lo mismo.

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Ben caminaba en la fábrica textil, derruida. Se colocó en una columna y empezó a buscar si había intrusos en el lugar, nadie, excepto él mismo y tres personas que eran los contrabandistas que ya lo estaban esperando.
La nave tenia la rampa en el suelo, en unos cubos viejos estaban sentados Nive la zeltron y Ewan. Ben se presentó ante ellos, bajándose la capucha de su tunica.
— Hola, amor— dijo Ben haciéndose el coqueto, la zeltron le sonrió de forma coqueta. Ewan se levantó para saludar al Jedi.
— ¿Qué es lo que me querías decir, Ewan?— dijo Ben después de saludar al contrabandista.
— Estuvimos en Tattoine. ¿Sabes quien nos contactó ahí para un negocio?— Ben negó con la cabeza— Nada menos que Furk Low— Ben abrió los ojos, sorprendido— ¿Lo conoces?
— Me encontré con él cuando hice mi papel de cazarrecompensas. Trabaja con los karganos y Estrella Negra.
— Bueno, este cazarrecompensa me ha ofrecido un trabajo en Estrella Negra para contrabando. En Dathomir.
—Eso es un buen dato, Ewan— dijo Ben— ¿Estas dispuesto a informarme cada movimiento en ese planeta?.
— A eso iba, estamos muy dispuestos.— exclamo Ewan, cruzándose de brazos.
— Bien— dijo Ben— Hagamos algo, si se van a referir a mí, háganlo con un nombre clave: Viejo Kenobi me gusta.
— ¿Kenobi? ¿viejo Kenobi?
— Kenobi fue un Jedi de la Antigua República, fue Maestro de mi padre. Pero en esta historia, es tu principal cliente ¿Estamos de acuerdo?— exclamó el Caballero Jedi, extendiendo la mano.
— Si, de acuerdo Viejo Kenobi— dijo Ewan, devolviéndole el trato que le ofrecía Ben.