Dos semanas han pasado desde que la Alianza Galáctica esta en guerra contra los karganos-Estrella Negra. Ben estaba recostado en su cama en su habitación del Templo Jedi. Le parecía buena idea que Jagged Fel usase el espionaje bothan para buscar alguna debilidad de la fatídica estación espacial, el Apocalipsis, que ya se cobró otra victima y el temor del resto de habitantes de la galaxia de ver como su planeta y ellos mismos son destruidos. Estaba Ben muy tentado de ir a Dathomir, sabía que sus compañeros contrabandistas sólo podían escuchar comentarios en el hangar. Quería entrar, espiar a los "malotes" como los llamaba el Jedi.
Se levantó, iría en ese preciso momento. Agarró una bolsa donde colocó algunas prendas y salió de su habitación en dirección al hangar donde se llevaría la Sombra de Jade. En el camino se encontró con su padre.
— ¿Adonde vas, Ben?— preguntó el Gran Maestro Luke, mirando con interés a su hijo. Ben se giró y pensó un rato.
— No te voy a mentir papá. Ven aquí— Ben y Luke se metieron en un cuarto vacío.
— Tengo algunos informantes— Luke levantó una ceja— Iré a Dathomir a echar un vistazo de lo que me han dicho mis informantes.
— No te voy a preguntar más, Ben— Luke— ¿Por qué vas solo?
— Es un dato que quiero verificar yo vez sea algo sin importancia o algo que ayude a la Alianza— exclamó Ben. Luke lo miró y colocó sus manos en sus hombros.
— Está bien. Esto te lo digo como tu Maestro: muy bien que me informes, si deseas mantenerlo en secreto, lo acepto y es importante luego me digas que has encontrado. Y esto como tu padre: ten cuidado. Que la Fuerza te acompañe— exclamó Luke mientras Ben lo abrazaba. Salió y se fue directo al hangar sin ser interrumpido.
Dathomir, un planeta rico en el Lado Oscuro. Decidió no decirles nada a sus amigos contrabandistas, por si algún desliz los ponía en aprietos. La Sombra de Jade aterrizó en una zona alejada, Ben se subió a un escarpado y a lo lejos vio una especie de templo. Podía sentirlo, ahí había gente. ¿Extremistas? ¿Karganos? Ya lo descubriría. Si escuchaba un dato de su próximo ataque en una reunión, ese seria un puntazo. Se consiguió otro speeder, el anterior lo había dejado en Tattoine, se detuvo en la espalda del edificio, en lo alto de un valle. No había ningún sensible del Balavantam, así que en teoría seria sencillo. Se arrastró colina abajo, hasta detenerse en unos barriles de dos metros.
Agazapado, ladeó un poco para observar si "había banthas en la arena". Nadie. Alzó la vista y ve una ventana abierta. Usando la Fuerza, no había nadie ahí. Corrió y se apoyó en la pared. Saltó con la ayuda de la Fuerza, se trepó y rodó por el suelo, con los sentidos en alto.
Observó que había una rendija de ventilación, sonrió. "Cómo en esas holo dramas de acción" pensó el Jedi. Usó la fuerza para quitar la rejilla y se coló. "Típico de espías" pensó divertido Ben, se arrastraba por los ductos, el grosor de su túnica no le ayudaba, lamentó no haberlo dejado en la nave. Escuchaba voces, con el corazón palpitante se acercaba a una rendija con un resplandor claro. En una distancia prudencial se acercó para echar un vistazo.
Ahí en una sala, muy iluminada, de paredes de piedra y suelo de tierra, habían tres personas: el líder de Estrella Negra, el que parecía ser el rey de los karganos debido a sus ropajes de joyas y una encapuchada.
Algo dentro de él, le decía que conocía a la de capucha, no podía verle la cara. Le resultaba muy familiar y se dio cuenta que también es sensible a la Fuerza. Disminuyó su presencia pero parecía que la encapuchada se dio cuenta porque giró a ambos lados, como si buscase a alguien. Ben apretaba los dientes.
— ¿Pasa algo, Dama Sith?— dijo Jefe Dawe, el líder de Estrella Negra. Otra pista para Ben, es una Sith.
— Nada, señor Dawe— dijo la Dama Sith volviendo su vista al líder de Estrella Negra. Ella también lo sintió, una presencia familiar. Ya lo había conocido hace diez años y sospechaba de alguien.
— En fin— terminaba de hablar el rey kargano— Será cuestión de tiempo que la Alianza caiga e instauraremos nuestro imperio, el Imperio Kargan. Eso es todo lo que tenia que decir, la reunión ha terminado. — Jefe Dawe y el rey se retiraron de la habitación menos la Dama Sith. Ben la miró curioso y con atención hasta que cayó la cuenta quién podía ser. Meneando la cabeza se arrastró hacia atrás.
La Dama Sith seguía parada en el lugar, buscando el intruso que había sentido. No lo encontró. Salió de la habitación rauda, caminó rápidamente por los pasillos hasta llegar al patio donde volvió a sentir esa presencia. Se subió a su speeder y se dirigió colinas arriba.
Llegó a una explanada, lejos del lugar donde había estado. La presencia parecía haberse ido pero escuchó un sable de luz encendiéndose, se giró lentamente.
— A los tiempos, Ves— dijo Ben, serio, sin la túnica y con la luz azul del sable apuntándola al corazón. La mujer se bajó la capucha, revelando su rostro femenino, con una cicatriz en la comisura de su labio, la marca vor'shandi pintada en su rostro mientras el aire movía su cabellera castaña oscura. Sonrió, lo cual su cicatriz en el labio acentuaba más esa sonrisa.
— Mentiría si dijera que no me alegro de verte, Ben— dijo Vestara Khai. Ben la observó, no entendía porque su corazón se alegraba de verla. Ella había traicionado a todos, reveló la verdadera identidad de Allana lo cual casi provoca que la maten. Pero ahí estaba, con su traje negro y más guapa de lo que recordaba.
— ¿Qué haces con ellos, Vestara?— dijo Ben, aun con el sable encendido. Trataba de eliminar esos sentimientos. Si bien es cierto que sintió algo por ella, pero eso ya lo había enterrado. Al parecer no lo suficiente.
— ¿Vamos a tu nave o la mía? No quiero que me vean platicando con un Jedi— dijo Vestara.
— En mi nave…y avanzas tú primero.
La nave de Ben quedaba cerca donde estaban. Vestara caminaba con los brazos en la espalda, subió a la rampa primero y luego Ben. El Caballero Jedi apagó su sable de luz pero no lo guardó.
— ¿Qué haces aquí, Vestara?
— Yo también te extrañé, Ben— Vestara Khai lo miró con atención— Sabes que puedo sentir esos sentimientos que tienes ahora.
No cambies de tema, Ves— Ben se sentó en el asiento del piloto, mientras ella lo hacia en el copiloto donde cruzó las piernas. Soltó un suspiro.
— Empezaré. Después de irme en la Nave, decidí volver a Dathomir, ese planeta rico en el Lado Oscuro, lo cual me ayuda mucho cuando medito. Lo sentí llegar, ellos me encontraron, los karganos. Algunos de ellos también tenían el poder de la Fuerza pero lo llamaban de otra forma. Se interesaron por mis habilidades. El Superior de Balavantam quiso que sea la maestra de varios de sus caballeros lo cual acepté para ver que es lo que tramaban. Un buen día regresaron con un sable de luz, reconocí de algún Jedi. Sinceramente Ben, temí que ese sable fuese el tuyo, pero lo supe que no era así. Les enseñé a construir su propios sables de luz a los portadores de Balavantam.
— ¿Qué haces con ellos? ¿Eres una aliada?— dijo Ben pero ella negó con la cabeza.
— No. Aunque no lo creas, me uní a ellos para buscar una debilidad y destruirlos.
— Ajá— dijo Ben— Las traiciones son tu especialidad ¿no?
Vestara Khai giró ladeó la cabeza, dolida. Eso le sorprendió a Ben.
— Eso es una mala costumbre que tengo— exclamó ácidamente. — No me caen los karganos, Ben. Menos Estrella Negra. Ellos quieren dominar la galaxia, quieren destruirlas, yo quiero detenerlos.
— ¿Quieres salvar la galaxia, Ves? Eso es raro viniendo de una Sith. — exclamó Ben poniéndose de pie. — ¿Deseas algo de mi?
—Quiero aliarme a ti. Ayúdame a derrotarlos, sé que ellos también les están causando muchos problemas, especialmente el Apocalipsis.
Ben la miró, estaba muy tentado de aceptar ese pacto pero temía que lo traicionase, que volviese a romper su corazón. Recordaba que se había decepcionado de ella, que se había olvidado lo que sentía pero ahora todo vuelve a salir a flote. Ben lo pensó. Si, seria una buena aliada, una buena aliada pero tenia que mantenerlo en secreto. Tal vez contarle a su padre o quizás a Jaina pero lo dudaba. Lo más seguro que su prima intente matarla.
— Está bien. Acepto tu alianza…si me dices que estás arrepentida de habernos traicionado y haber revelado la identidad de mi sobrina. — exclamó Ben con la mano extendida. Vestara Khai se puso de pie, extendió la mano hacia la de Ben.
— Te prometo que seré tu gran aliada. Te ayudaré y espero que eso ayude a limar asperezas.
— ¿Sabes alguna debilidad del Apocalipsis?— exclamó el Jedi mientras ambos se dirigían a la rampa. Ella lo miró y sonrió para su sorpresa.
— OH, Ben. Claro que lo sé, está en los planos de la estación espacial. — exclamó Vestara con un brillo en los ojos.
— ¿Dónde está?
— Está en una nave porta tropas, en algún lugar de la galaxia. Lamentablemente no sé sus coordenadas. — Ben se decepcionó— pero lo puedes intentar buscarlas en Anoth, ahí una base de Karganos, donde suelen guardar sus datos importantes.— dijo Vestara, esbozando una sonrisa.
— Bien, algo es algo. Informaré eso a mi padre. ¿Puedo hablar de ti con mi padre?
— Si lo deseas— Vestara bajó la rampa y se subió la capucha. — Fue un gusto hablar contigo de nuevo, Ben.
— Hasta luego, Ves— exclamó Ben mientras se iba al asiento del piloto. Cerró la rampa y emprendió el vuelo hacia Coruscant.
En el espacio decidió hablarle a su padre, no podía perder tiempo hasta llegar a Coruscant. Sacó su radio transmisor y esperó a que su padre contestase.
— ¿Si?— la voz de Luke sonó muy lejana.
— Papá, tengo una buena pista. — dijo Ben con una sonrisa.
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Luke había logrado reunir en un lugar privado a Jagged Fel, la Maestra Jaina Solo, el Maestro Jo Felluci, el Caballero Jedi Valin Horn, la Dama Jedi reformada Tahiri Veila y el Comandante chiss Zawn. El Gran Maestro ha contado los presentes lo que le contó su hijo Ben: los planos para buscar la debilidad de la estación espacial se ubicaban en una nave porta tropas, anclada en algún lugar de la galaxia. Posiblemente las coordenadas de aquella nave estén en Anoth y en aquel frío planeta está un grupo de karganos.
— Lo curioso es que los mismos bothan espías nos han dicho lo mismo, en Anoth posiblemente estén las respuestas. — dijo Jag.
— Enviaremos un grupo de soldados de la Alianza con los Jedi— dijo el comandante Zawn con los ojos centellantes.
— Yo he elegido a la Maestra Jaina Solo para dirigir la misión— dijo Luke mirando a su sobrina, mientras ella asentía— La acompañarán la Dama Jedi Tahiri Veila y el Caballero Valin Horn— los mencionados asintieron.
— Quiero aclararles que su misión principal es conseguir datos de las coordenadas de la porta tropas. Si algunos se rinden, serán nuestros prisioneros ¿entendido?— dijo Jagged Fel, ellos asintieron.
— Entonces, que la Fuerza los acompañe— dijo Luke mientras los Jedi y todos los presentes se levantaban de sus asientos.
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Anoth es un planeta frío, pequeño y montañoso. Las tropas de la Alianza Galáctica con las de Ascendencia Chiss estaban en el planeta, llegados sin ser detectados. Valin Horn, Caballero Jedi de cabellos marrones, hijo del Maestro Jedi Corran Horn estaba junto con la Dama Jedi Tahiri Veila, Jedi reformada y readmitida a la Orden años después. Los dos estaban escondidos en un matorral, esperando la llegada de Jaina Solo. Llegó acompañada del capitán del escuadrón Chiss-AG.
— Todos están en una casa grande, en el centro del lugar, rodeado de árboles. Una zona estratégica— susurró Jaina a los dos Jedi— Capté a un par de sensibles al Balavantam de ahora en adelante la Fuerza. Capitán, iremos después de ustedes.
— Que la Fuerza esté con nosotros— dijo Valin sacando su sable sin encender aún.
Los soldados Chiss-AG rodeaban la casa, Jaina, Valin y Tahiri caminaron sigilosamente, ocultando su presencia. La casa tenia las luces encendidas y era evidente que los karganos había organizado una fiesta. Tahiri sonrió.
— ¿Pelearán borrachos con sus sables?— dijo la rubia Jedi.
— Eso quiero verlo— dijo Valin Horn, Jaina se llevó un dedo a los labios, pidiendo silencio. Luego levantó tres dedos, luego dos, luego uno y tiraron abajo la puerta.
Los karganos estaban confundidos y alarmados, los Jedi con sus sables de luz encendidos golpeaban a los que oponían resistencia, llegaron las tropas y empezaron a disparar. Algunos karganos sacaron sus pistolas Blaster pero fueron sucumbidos.
Dos karganos con sus sables de luz blanco, se lanzaron contra Valin donde ágilmente les cortó sus manos. Un kargano se tiró al suelo, temblando, Jaina lo vio y lo agarró de la nuca y lo arrastró a las afueras.
— ¡Tahiri, busca las coordenadas!— gritó Valin entre los disparos y sonidos de sables. Tahiri empujó una puerta y entró a una iluminada pero sucia habitación. Empezó a rebuscar el lugar, usando el sentido de la Fuerza para encontrarla. Estaba en un tacho de basura, lo rebuscó y se guardó una especie papel azulado cuadrangular.
El jaleo parece haber terminado, fue a la sala, donde todo estaba destruido, mesas volcadas, sillas destrozadas, paredes ennegrecidas por los disparos.
— ¿Lo encontraste, Tahiri?— dijo Valin sentado encima de un taburete. Ella asintió con una sonrisa. Jaina entró a la estancia.
— Ninguna baja en nuestro bando— se acercaba a los dos Jedi— pero tenemos tres prisioneros karganos. Serán llevados a la Prisión Galáctica de Coruscant desde luego.
— Eso es lo mejor. Quién sabe si vuelven a atacar Kessel— dijo Valin.
— ¿Alguien encontró las coordenadas?— preguntó la Maestra Jedi.
— Yo los tengo.
Jaina sonrió.
Y los soldados Chiss-AG festejaban la pequeña victoria con las bebidas de los karganos. Los prisioneros eran llevados, con cintos de energía en sus manos hacia a las naves.
Soffy: Gracias por tu review. Saludos
