Ben Skywalker y Tahiri Veila se hallaban en Shili, el planeta de origen de los togrutas. Si, sabían que en cualquier momento tropas karganas iban a ir en contra de ese planeta. Ben fue el primer en saberlo gracias a su contacto y también por Jaina, ella informó a su padre. No sabe como Jaina consiguió esa información pero no insistió, tendrá sus fuentes, como lo tiene Ben.
La principal tarea de los Jedi era quedarse en el pueblo de Shili, para proteger a los togrutas indefensos. Ben se sorprendió de ver togrutas armados acompañando a las tropas de asalto de AG y algunos soldados chiss.
Tahiri llevaba a los togrutas a lugares seguros pero Ben sintió algo. Cerca de una cabaña escuchó risas de pequeños togrutas, intrigado entró la cabaña. Una mujer de cabellos castaños claros, rodeada de pequeños togrutas, les leía lo que parecía un cuento. La mujer alzó la vista hacia Ben y el Jedi tardó segundos en reconocer, era Vestara Khai sin su singular marca vor'shandi en su rostro y tenia el cabello atado, vistiendo una túnica verde.
— ¿Qué haces aquí, Ves?— dijo Ben, intrigado. Tuvo que reconocer que la Sith se veía guapa.
— Animando a los pequeños, Ben— dijo Vestara mirando a Ben con cara de inocente.
— Están aquí ¿cierto?— dijo el Jedi y Vestara asintió segundos después se escuchó explosiones en las afueras, los pequeños se angustiaron, entró Tahiri y se sorprendió de ver a la intrusa.
— ¿Quién eres?
— Ella es Vestara Khai— dijo Ben llevándose una mano a su sable de luz. Vestara se levantó y caminó en dirección a los Jedi.
— Te lo prometí, Ben. Te voy a ayudar en esta.
— Eres una Sith ¿cierto?— dijo Tahiri sacando su sable de luz— Te parece si salimos. No vaya a ser que asustemos a los pequeños.— los tres salieron fuera de la cabaña. Se escuchaba las explosiones, los karganos ya habían llegado al planeta y luchaban contra las tropas de asalto.— Dime una razón para no dejarte sin manos— dijo Tahiri levantando el sable de luz aun sin encender.
— Ellos me van a traicionar. Es obvio que tengo que defenderme— dijo Vestara levantando una ceja. Tahiri se quedó viéndola un rato más.
— Está bien, puedes estar de nuestro lado pero estaré observándote— dijo Tahiri dándole la espalda en dirección al conflicto.
— ¿Estarás bien?— dijo Ben y ella lo vio y le sonrió.
— Si, Ben. Ellos no tienen idea de mis sospechas— dijo Vestara— ¡Vamos!
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Jaina Solo caminaba sobre los verdes prados de Anzant, había una hilera de hierba quemada. No estaba sola, la acompañaban su esposo Jagged Fel y sus pequeños hijos.
Habían encontrado la nave siniestrada de Allana.
— ¿Puedes sentir a Allana?— dijo Jag acercándose al Ala Y, totalmente destrozado. Jaina negó con la cabeza y se giró para ver a sus hijos.
— No se alejen mucho, chicos. Manténgasen cerca de nosotros. — dijo Jaina y volvió la vista al Ala Y.
— Ya casi no se fabrican estas Alas Y. Las que quedan son modificadas— Jag se metió en la nave— Es evidente que han removido los controles.
Jaina se había quedado inmóvil, alguien los observaba; se giró lentamente y ve a alguien acercándose donde estaban ellos, reconoció al anzantiliano. Han que se hallaba examinando pequeños roedores saltarines mientras Tyler recogía las piedritas de curiosas formas, ambos se giraron y vieron al extraño con su piel celeste, cabeza redonda donde podía ver los ojos blancos y boca abultada. Les dieron temor y corrieron hacia sus padres, Han abrazó la cintura de Jaina mientras Tyler se colocaba a la espalda de Jag; Jag cargó al pequeño y ve al extraño acercarse y camina hasta ponerse a la altura de su esposa.
— ¿Lo conoces?— dijo Jag.
— Si. Es el Gran Maestro del balavantam— dijo Jaina mientras acariciaba la cabeza del pequeño Han, tranquilizándolo.
El anzantiliano se colocó al frente de la Maestra Jedi. Se inclinó un poco y el pequeño Han captó amistad y paz así que dejó el temor atrás, adoptando una curiosidad infantil al igual que su hermano gemelo.
— ¿Le puedo ayudar en algo, Maestra Jedi?— dijo el anzantiliano, mirando con curiosidad a los tres extraños para él. Jaina se percató de eso.
— Él es mi esposo, el Jefe de Estado de la Alianza Galáctica, Jagged Fel y los pequeños son mis hijos, Han y Tyler.— el anzantiliano extendió sus cuatro dedos para saludar al Jefe de Estado y Jag le devuelve el saludo— Hemos venido en busca de Allana, nuestra sobrina y prima de mis pequeños. Sé que estuvo aquí.
El anzantiliano la miró con atención y esbozo lo que parecía una sonrisa en su abultado hocico.
— Permítame invitarles al Templo Kira, donde podamos hablar más cómodamente.
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Vestara, Ben y Tahiri se arrastraban por una pendiente. Mientras las tropas de asalto luchaban, Ben recibió un mensaje del capitán del escuadrón sobre el secuestro de un patriarca de una tribu importante del planeta.
— ¿Alcanzas ver algo?— dijo Tahiri echada sobre la hierba alta, que cubría perfectamente a los tres.
— Sólo veo guardias karganos. Posiblemente ahí lo tengan, encerrado aquella cabaña.
— ¿Irrumpimos?— dijo Vestara.
— Yo estaba pensando en que tú nos hagas entrar.— dijo Ben mirando a Vestara. Ella se quedó viéndolo.
— Bien, me subiré la capucha y comprobaré si tienen la mente débil— exclamo Vestara levantándose mientras se ponía la capucha sobre la cabeza.
Vestara dio una vuelta sobre el terreno. Los dos Jedi esperaron pacientemente hasta ver a la Sith acercarse a los guardias, observaron que ella ladeó la mano y ellos se hicieron a un lado y entró.
— Creo que está confirmado. Son débiles mentales— dijo Tahiri levantándose con Ben luego los dos se deslizaron por la pendiente.
Rodaron por el suelo, se levantaron y corrieron a la cabaña. Ahí estaba el patriarca de la tribu, un togruta anciano, Vestara Khai le sacó las ataduras.
— No sé como agradecérselo— murmuró el anciano. Y salieron al exterior, pero no se esperaba que un grupo de karganos se regresaban a la cabaña, Ambos grupos se quedaron frente a frente.
— Vaya, si que nos metimos en un buen lío— dijo Ben mientras sacaba su sable de luz al igual que Tahiri y Vestara.
Los karganos levantaron las armas y los tres se metieron a la cabaña.
— ¡Quédate aquí!— alzó la voz Vestara Khai al togruta anciano y salió de la cabaña. Ben se alarmó por la actitud intempestiva.
— ¿Qué hace esa mujer?— preguntó Tahiri detrás de la pared.
— Al parecer se quiere matar— dijo Ben.
Los karganos disparaban mientras Vestara devolvía los disparos con su sable de luz, algunos caían y otros se movilizaban.
— ¿Se van a quedar viendo o que?— gritó Vestara y Ben encendió su sable de luz y se colocó al lado de Vestara donde repelía los disparos. Los karganos se dieron la media vuelta y huyeron.
— Llévate al anciano. Yo me encargo de ellos— dijo la Sith dejándolo después. Ben se giró y ve a Tahiri con el togruta, ella asiente.
— Creo que ahora en adelante, tendré que confiar en esa mujer. Básicamente se juega el pellejo— dijo Tahiri sin sorprenderse.
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Jaina estaba sorprendida por las construcciones del Templo Kira. Las paredes parecían hechas de piedras rectangulares alzándose en forma trapezoidal.
La sala era amplia con bancos de piedra intercaladas en forma vertical. El Gran Maestro invitó a sentarse a los invitados.
— Señor, deseo saber sobre mi sobrina— dijo Jaina mientras se sentaba en el asiento de piedra, al igual que Jag, el pequeño Han y su hermano Tyler.
— Tu prima ¿Allana Solo?— Jaina asintió— Nosotros vimos el Apocalipsis bajo nuestras cabezas. La estación se destruyó y ella se estrella en nuestros bosques. La encontramos…viva— Jaina y Jag se miraron.
— Lo sabia— dijo Jaina, muy contenta.
— Curamos sus heridas. Pasó casi todo un día en cama, murmurando en sueños y sollozando.— dijo el anzantiliano, Jaina y Jag se preocuparon.
— Ella al despertar, me dijo que fue su padre, el que le salvó la vida.
Jaina frunció el ceño. ¿Jacen? ¿Jacen intervino?
— ¿Jacen?— dijo Jag y el anzantiliano abrió los ojos.
— ¡Oh! ¿Ese es el nombre de su padre? Nada más ingresar a su habitación, sentí su energía, el Guardián que siempre acompaña al sensible del Balavantam. Y ella me informó que era su padre.
— Eso es interesante— dijo Jaina— Su padre fue mi hermano mellizo. ¿Lo puedes sentir ahora?
— No, Jedi, no puedo sentir a nadie mas que a mi propio Guardián.— dijo el anzantiliano.
— ¿Adonde se fue?— dijo Jag
— Tomo una nave que le regalamos, le pusimos los controles de su nave siniestrada. Dice que fue a casa.— dijo el anzantiliano, Jaina se puso de pie.
— Me alegra que esté viva. Pero me preocupa que esté algo confundida respecto a mi hermano. Agradezco que la haya rescatado.
— Somos un pueblo que ayudamos al necesitado, la joven Jedi necesitaba ayuda. Nos gustaría que se quede a presenciar la belleza de nuestro planeta.
— A mi también. Me gustaría regresar en circunstancias no tan apremiantes.— dijo Jaina— Pero igual, mis agradecimientos.
El anzantiliano se puso de pie al igual que Jag y los gemelos. El Gran Maestro extendió la mano para despedirse de sus invitados.
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— Eso ha sido temerario, Ves— dijo Ben mientras caminaba en dirección al campamento de las tropas junto con la Sith y Tahiri. Shili ya estaba a salvo de los karganos.— ¿Esto es una forma de demostrar que tus intenciones no son traicionarnos?
— Me gusta el peligro, Ben— dijo Vestara esbozando una sonrisa. Se detuvieron, muy de cerca estaba el campamento pero Vestara no podía acercarse a ellos.
— ¿No sospecharán que atacaste a los karganos?— dijo Tahiri.
— No— dijo Vestara— Ellos nunca vieron mi rostro, no tengo mis marcas vor'shandi y mi sable de luz, como pudieron observar, es azul. A lo mucho pensarán que era una Jedi.
— ¿Ese sable no es…— preguntó Ben.
— Si, Ben. Guardé el sable de luz cuando empecé a entrenarme como Jedi— dijo sonriente— Ha sido bueno trabajar contigo, Jedi Veila— le extendió la mano a la rubia Jedi. Ella la miró y extendió su mano para devolverle el gesto.
— Esto sólo es una tregua, Sith Khai. Pero no tendré problemas en trabajar contigo sólo para sabotear planes karganas— dijo Tahiri. Vestara sonrió y se acercó a Ben, que extendió la mano pero ella le besó en la mejilla.
— Nos vemos otro día, Ben— dijo Vestara retirándose del lugar, dejando a Ben, sorprendido. Miró a Tahiri, que alzaba una ceja.
— No es nada, Tahiri— dijo Ben sonrojándose.
— No dije nada, Ben— dijo Tahiri, con una sonrisa burlona.
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La Dama Púrpura alzaba vuelo, dejando atrás el planeta Anzant. Jaina acostaba al pequeño Han en el segundo camarote de la nave, le tapó con la sábana, besó en la frente de su hijo y luego se levantó para despedirse de su hijo Tyler, que ya dormia en el primer camarote, apagó la pequeña luz y cerró la puertecilla.
La Jedi se dirigió a un pequeño congelador donde sacó un refresco y se fue a la cabina donde Jag manejaba la nave.
— ¿A dónde crees que irá Allana?
— Tal vez Corellia— dijo Jaina sentándose en el asiento del copiloto— Mis padres ya deben estar ahí. — Calculo que ya debe haber llegado si el anzantiliano nos dijo que hace cuatro horas ella salió.
— ¿Hablarás con ella?
— Si, Jag.— dijo Jaina, visiblemente cansada— Ese no es un tema que me entusiasme mucho, prefiero recordar al Jacen de antes de la guerra Vong.— dijo Jaina con pesadez. Jag decidió cambiar de tema.
— ¿Ya llevarás a los gemelos a Ossus?— preguntó Jag y Jaina se enderezó.
— Cierto. En estos días los llevaré o si no Winter con mi mamá se encargaran de ello.— dijo Jaina mirando a su marido mientras daba un sorbo a su refresco. Una luz roja empezó a parpadear. Jag presionó el botón y una figura holográfica pequeña apareció dando la figura azul de Leia, se veía algo agitada
— ¿Jaina? ¡Buenas noticias, Allana esta viva y ha regresado a casa!
— Vayamos a Corellia, Jag. — dijo Jaina, sonriendo.
La Dama Púrpura seguía viajando a toda velocidad, rumbo a Corellia
Soffy: Gracias por el review. Saludos
