Mientras Jaina y su familia llegaban a Anzant, Allana aterrizaba en el hangar del planeta Corellia. Los pilotos y otros trabajadores de Corellia miraron con curiosidad la nueva nave. Allana descendió de la nave, se sujetó con la barandilla, muy cansada.
— ¿Está bien, joven?— dijo un hombre mayor acercándose a Allana.
— Yo la conozco— dijo una voz femenina y Allana alzó la vista en dirección a la voz que había oído. Era Syal Antilles, hija del legendario piloto de la Rebelión, Wedge Antilles, colega y amigo de Luke y compañero de Han Solo. — ¿Deseas alguna ayuda?
Allana miró a la mujer de cabellos rubios, vestida con un mono de piloto azul.
— ¿Me buscaría algún transporte para ir a la casa de mis abuelos?— dijo Allana, poniéndose de pie.

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Han Solo estaba sentado en el sillón, en la sala de la casa donde vivía con Leia y el androide C3-PO. Lugar acogedor, la ventana abierta donde el aire entraba.

Han Solo se veía muy demacrado y con el rostro desencajado ¿No había ya soportado muchas pérdidas en esta vida? ¿Acaso era algún tipo de mala suerte o maldición que hace que pierda a cada miembro de su familia? Primero fue Chewie, su fiel y mejor amigo, lo consideraba como parte de su familia, luego fue Anakin, muerto joven en plena guerra con los Vong, luego fue Jacen, quien sucumbió al Lado Oscuro que para él ya estaba muerto y ahora, Allana, su nieta, muerta en esa misión suicida. Si tuviese cerca al Comandante Zawn o a cualquier responsable de esa misión, lo mataría con sus manos. Extrañaba a su nieta, su sonrisa, su cabellera roja, cuando se ponía testaruda, su voz, extrañaba el tono de voz que usaba cuando lo llamaba "abuelito", recordó cuando era pequeña y la llevaba en los hombros. No era justo, ¿Por qué tenia morir? ¡Era tan joven! Han levantó la mirada al techo, no quería que las lagrimas corriesen por sus mejillas pero lo hicieron.
Se levantó del sillón y se fue directo al estante donde se veía las holo fotografías de la familia, vio una donde salía una Allana muy pequeña, al lado de ella estaba él mismo y Leia donde se veían muy sonrientes; una mano pasó por su cintura, se giró y vio a Leia.
— No puedo creerlo…no quiero creerlo— dijo Han sin poder evitar las lágrimas mientras Leia se colocaba al frente de su marido y lo abrazó.— ¿Por qué lo hizo? No lo entiendo.
— Ella era valiente, Han. Tal vez quiso probarse a sí misma. Pero en mi opinión debió negarse. — decía Leia mientras limpiaba las lágrimas de su marido.
— Ya muchas pérdidas hemos sufrido en esta vida— decía Han mientras guardaba la foto en su sitio.— ¿Quién mas debe irse?.

Leia se alejó un poco de Han, podía sentir algo, una presencia conocida pero no estaba tan segura. Tal vez sea Allana queriéndose despedir.
— Extraño sus abrazos— dijo Han y Leia vuelve a dirigir su mirada al de su marido.
— Yo también, Han, yo también. Era una joven muy hermosa…

Alguien tocó la puerta, Leia se giró y volvió a sentir esa presencia. Tal vez esta confundida, tal vez no sea nada pero se acercó a la puerta y abrió. Han y Leia se quedaron sorprendidos.
— Hola, abuelitos— exclamó Allana, de pie con el brazo apoyado en el marco de la puerta, con el cabello desgreñado y con un olor terrible.— Creo que necesito un caf muy fuerte— esbozó una tímida sonrisa. Leia retrocedió y Han la agarró para evitar que cayese al suelo. Allana cayó de rodillas— Yo también los he extrañado.
— Vara de oro— dijo Han, muy lívido. El droide de protocolo se acerca, con su típico andar.
— ¿Qué desea, señor Solo?— dijo el droide dorado, con su voz mecánica
— Tres caf muy fuertes.— exclamó Han mientras Allana se acercaba para abrazarlos.

Los tres se hallaban sentados en la mesa, ya había pasado una hora desde que Allana llegó. La joven Jedi contó todo: desde cuando la reclutaron hasta cuando salió del planeta Anzant. Han no dejaba de abrazar a su nieta mientras daba un ultimo sorbo de su caf, Leia acariciaba la mano de Allana.
— Siento mucho sobre Deckel— dijo Leia, apesadumbrada— No puedo imaginarme el dolor que debes sentir.
Allana dio otro sorbo de su caf, aún le dolía la muerte de su novio.
— No debí ir, no debimos haber aceptado eso.
— Él era piloto…

— ¡Debió haberse negado! ¡Y yo debí haberme negado!— Allana nuevamente dio otro sorbo de su caf. Se hizo un nudo en su garganta.
— No me gusta verte sufrir, Allana— dijo Han— No…te agobies, eres fuerte, lo vas a superar…eres una Solo
— Lo amaba…
— Lo sé, Allana.

Nuevamente todos en silencio, sólo se escuchaba el sonido del liquido del caf chocando con los vasos al ser servidos nuevamente.
— Mi tía se subió a un Ala X durante la guerra Vong, ¡con sólo dieciséis años! Dos años menos que el mío, quise emularla.
— Jaina lo hizo en un momento de necesidad, era un momento crítico. Allana, no has vivido en esa guerra, no te puedes imaginar lo que pasamos todos en ese momento. Ella no tenía elección.
— Quiero hablar con mi tía Jaina— dijo Allana dejando la taza en la mesa— Me alegra verlos de nuevo— exclamó la joven Jedi.
— Nosotros agradecemos tenerte de vuelta— dijo Han— Leia ya avisó a Jaina, vendrá en cualquier momento.

Tocaron la puerta, el droide de protocolo se acercó para abrirla. Jaina Solo estaba ahí, se acercó al comedor donde Leia, Han y Allana se pusieron de pie. La Maestra Jedi, después de saludar a sus padres, se acercó a su sobrina y la abrazó muy fuerte.
— Quiero hablar contigo, tía— dijo Allana separándose de Jaina. Ella asintió y se fueron a una habitación.

Allana se sentó en la cama, Jaina se sentó al lado de ella, ambas se giraron para verse frente a frente.
— Cuando me estrellaba contra el planeta…sentí a alguien, que me ayudaba a controlar la nave.— decía Allana mientras miraba los ojos marrones de Jaina.— Me salvó la vida y estoy segura, que fue mi padre.

Jaina observó a su sobrina y luego soltó un suspiro.
— No hay dudas…que fue tu padre. Lo último que pensó Jacen antes de morir fue protegerte y lo ha hecho ahora.
— Soy hija de Darth Caedus, el Sith que mató a mucha gente incluyendo a la madre de mi tío Ben, la mujer que nunca conocí.
— ¿Por qué recuerdas así a tu padre?— dijo Jaina algo dolida.
— No me han contado mucho de él. Yo tuve que averiguar por mi cuenta, lo he investigado, he leído lo que hizo lo cual me avergüenza ser su hija. ¡Fue un hombre malvado!
— Has leído a Darth Caedus, no a Jacen.— dijo Jaina.
— ¿No es la misma persona? Tú lo mataste.— dijo Allana y se dio cuenta que tal vez haya herido a su tía. Jaina cerró los ojos y volvió a abrirlos, estaba muy apenada.
— No maté a tu padre, fue a Caedus. Allana, no recuerdes así a tu padre. Él desde luego, quiso protegerte. Darth Caedus mató a Jacen Solo, yo me enfrenté a alguien que se parecía a mi hermano mellizo, sólo al final supe que había vuelto a ser él.
— ¿Por qué se fue al Lado Oscuro?
— Jacen no lo hizo por ambición ni por egoísmo. Por lo que sé, él buscaba la paz para la galaxia, de manera equivocada. Él se sacrificó, volvió a ser Jacen cuando murió para avisar a Tenel Ka, tu madre, para salvarte, Allana. Se sacrificó para salvarte.— exclamó Jaina mientras agarraba las manos de su sobrina— Recuerda a mi hermano como Jacen no como Caedus. Jacen fue un hombre bueno, valiente, un gran Jedi.

Allana sonrió débilmente.
— Entonces ¿Fue bueno alguna vez?
— Cuando éramos jóvenes y estudiábamos en el Praxeum Jedi; tu padre le gustaba estudiar los animales silvestres que capturaba. A mi me pedía que les construya una celda de alambres lo cual lo hacia. Recuerdo que él tenia una serpiente de cristal como mascota, que siempre se le escapaba— dijo Jaina mientras esbozaba una sonrisa— Un día se escapó, pero luego lo encontramos y Jacen lo encerró en su celda; cuando fuimos al comedor, sentados en la mesa con tu madre Tenel Ka, Lowie y tu padre, fue cuando la serpiente de cristal volvió a escaparse; provocando un alboroto en el comedor— dijo Jaina y Allana sonrió.— Recuerda a tu padre como un gran Jedi, dispuesto a ayudarte, a ayudar a los demás.
— ¿Los anzantilianos han dicho que es como mi guardián?
— Por lo que he entendido, son algo así como "almas que guían a los que consideraban importantes en vida". Aunque no lo veas físicamente, ni lo sientas mediante la Fuerza, él esta ahí— dijo Jaina colocando su palma en el corazón de Allana.
— Me gustaría verlo de nuevo.
— A mi también, Allana. Extraño a mi hermano…a mis dos hermanos— Jaina y Allana se dieron un gran abrazo.
— Me hubiera gustado conocer al tío Anakin.
— Estoy segura que Anakin hubiera estado encantado de conocerte.
— ¿Me cuentas más anécdotas de mi papá?— dijo Allana, Jaina sonrió.

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Jaina miraba la ventana desde el despacho de Jag, donde había una gran mesa rectangular en la espaciosa oficina, ya habían pasado dos días desde que había hablado con Allana, conversado hasta quedarse dormidas en la habitación. Sintió una presencia familiar, ya sabia quien era, la habitación estaba vacía pero no podía ver esa entidad de la Fuerza. "Gracias, Jaina" escuchó la voz de su hermano mellizo, sonar en su cabeza, ella sonrió de forma triste.
— De nada, Jacen— murmuró Jaina— Ya puedes estar en paz.— La Fuerza de Jacen desapareció luego de decir esas palabras.
— ¡Mamá!
— !Mamá!— Jaina se giró y vio a sus pequeños en la puerta con Leia y Winter Celchu, la mujer que crió a los mellizos Solo y a Anakin. La Maestra Jedi se acercó al grupo con una sonrisa. Llegó el día en que sus hijos tenian que irse al Templo Jedi en Ossus. Ella no podía llevárselos, no tenía tiempo para hacerlo.
— Te quiero, Han— dijo Jaina, hincando la rodilla derecha en el suelo— Y a ti también Ty— y empezó a darle besos a ambos. Jag se acercó a la escena con su capa gris.
— ¡Papá! Me voy a Ossus— dijo Han entre feliz y triste mientras Tyler se frotaba los ojos.
— Lo sé, Han. Los vamos a extrañar— exclamó Jag mirando a su hijo y luego levantó la mirada a las mujeres.— ¿Se irán en la Dama Púrpura? Les podemos prestar nuestra nave.
— Han nos llevará en el Halcón, Jag. Gracias por tu amabilidad.— dijo Leia mientras Jag sonreía.
— Suerte muchachos, lo vans a hacer bien— exclamó Jag mientras revolvía los cabellos castaños de los gemelos. El pequeño Han se pasaba la mano sobre su cabellera.
— Hasta luego, mis bebés— Jaina abrazó a sus hijos mientras los besaba, los pequeños abrazaron fuerte a su madre, al mismo tiempo.— Que la Fuerza te acompañe.

Jaina se levantó mientras Leia se llevaba al pequeño Han agarrado de la mano mientras Winter Celchu hacia los mismo con Tyler. Ambas se despidieron de la pareja.
— Lo volveremos a ver, Jaina— dijo Jag mientras los tres daban la vuelta a la esquina, desapareciendo.
— Lo sé Jag, lo sé— dijo Jaina mientras entraba al despacho donde se fue a mirar la ventana mientras Jag sacaba unos papeles.
— Jaina, tengo una reunión con algunos senadores. ¿Deseas quedarte?— dijo Jag mientras seguía sacando papeles.
— Si, Jag. — dijo Jaina, ella sabía que Tawallese estaría en la reunión. Quería saber que más cosas escondía.

Jaina se reclinó en el marco de la ventana, mirando hacia la puerta, donde senadores importantes llegaban y se sentaban en el asiento. La puerta seguía abierta y parecía que nadie mas iba a entrar, no estaba Tawallese, él siempre iba a estos tipos de reuniones. Jag cerró la puerta y se sentó, algo iba mal, frunció el ceño y se dio cuenta que Jag le hablaba, le estaba presentando a los senadores y ella no lo escuchaba.
— Oh, lo siento.— dijo Jaina, con cierto embarazo.
— Puede sentarse, Maestra Solo— dijo un senador Chandra-fan. Jaina educadamente rechazó la petición, el senador no se ofendió.

Algo iba mal, evidentemente. Los senadores y Jag concertaban sobre la guerra contra los karganos y el rumor que Estrella Negra ya no participaba. Tuvo un mal presentimiento, miraba la puerta, algo feo iba a ocurrir. Jaina abrió los ojos como platos y corrió hacia la puerta, saltando hacia la mesa, pisando los papeles, los senadores estaban confundidos por el repentino movimiento de la Jedi.
— ¿Qué pasa, Jaina?— preguntó Jag, con el ceño fruncido por la incredulidad.

Jaina extendió sus manos por encima de la puerta de metal, concentró la Fuerza, dejando que fluyera dentro de ella.
El edificio tembló, se escuchó el sonido de una explosión mientras los senadores veían aterrados como el fuego sobresalían por los costados de la puerta mientras Jaina retenía la onda expansiva con la Fuerza. La puerta se dobló como papel, Jaina empleó toda su energía, toda su fuerza mental.

Aguantó un poco más hasta salir disparada por los aires hasta caer en la mesa de madera, tumbándola. Jaina abrió los ojos y ve como la puerta de metal va cayendo en su dirección, nuevamente usó la Fuerza para lanzarla hacia la ventana.

El edificio ya no temblaba pero los senadores estaban aterrados y confundidos.
— ¿Estas bien, Jaina?— la voz preocupada de su marido le llegó a los oídos de la aturdida y confundida Jaina. Se enderezó y sintió un dolor puntiagudo en la espalda.

Ahí, en la entrada estaba negra, los alrededores de la puerta, chamuscados y destrozados.
— Nos salvó la vida, Maestra Solo— dijo un senador, al borde los nervios.
— Yo sé quien ha sido— dijo Jaina, jadeando y sintió una punzada de dolor, minutos antes se había despedido de su hijo. Lo cerca que estuvo del atentado, la irritó.
— ¿Sabes quien fue, Jaina?— dijo Jag, visiblemente molesto y confundido. Él también era conciente que su hijo estuvo cerca, sólo hace unos minutos, eso lo ponía mal.
— Tawallese. Y lo voy a atrapar, Jag.
— Hazlo, Jaina. Puso en peligro a nuestros niños.


Soffy: Hola de nuevo, gracias por el comentario, Ben y Vestara saldrán más adelante. Saludos

Edu: Hola, gracias por el comentario. Lamentablemente, no. Lando no saldrá en este fic :(