El atentado al Palacio Imperial causó revuelo en todo el planeta, saliendo incluso en las holo noticias.
Jaina estaba en las afueras del Palacio con Jag, donde había mucha gente entre curiosos, la Guardia de la Alianza Galáctica, bomberos que aun apagaban el fuego en los alrededores y la emergencia medica.
— ¿Desde cuando lo sabias, Jaina?— decía Jag, el tono de voz no era de reproche.
— Desde hace tres días, antes de ir a Anzant. Tengo que buscarlo, Jag— dijo Jaina levantándose de la camilla donde estaba sentada— Estoy bien, sólo es un golpe— dijo la Jedi al paramédico.
— ¿Lo estabas espiando?
— Desde que lo vi, sabia que algo se traía entre manos. ¿Recuerdas cuando te dije que deberíamos redoblar los esfuerzos en Shili? Pues, él iba a atacar ahí.
— Está bien. A mi no me importan si intentan agredirme, pero cuando intentan lastimar a mi familia, ahí es cuando me pongo malo— dijo Jag, molesto pero sin perder la compostura— Te daré dos guardias para te acompañen—Jag levantó un dedo para evitar que su esposa protestase— Sólo para acompañarte y detenerlo, siempre por si acaso. Nunca se sabe.
Jaina miró a Jag, lo agarró de la camisa y lo jaló hacia ella, para besarlo.
Jaina sacó su rastreador nuevamente. Cuando tuvo la oportunidad, lo colocó discretamente en su bolsillo de su chaleco, mediante la Fuerza, avanzaba sigilosamente, seguida por dos miembros de la GAG. Otra vez el mismo lugar donde ella lo encontró por primera vez. Se agazapó y los guardias hicieron lo mismo, ya conocían el plan de antemano.
Tawallese estaba parado, esperado al kargano, que al fin llegó.
— ¿Lo has hecho¡
— Si, coloqué la bomba. Con suerte, el Jefe de Estado debe estar muerto, ahora es cuando podemos invadir Corellia.
— Eso es perfecto— dijo el kargano— Sin el inútil del Jefe Fel, ahora es cuando tenemos el camino libre.
A Jaina no le gustó que se refirieran así de Jag. Salió del escondite, con su sable de luz morado encendido. Los dos estaban sorprendidos de verla, la Jedi empujó al kargano con la Fuerza, cayendo de espaldas, Tawallese sacó una pistola y apuntó a Jaina. La Jedi giró su muñeca, cortando la mano del traidor, el kargano se arrastraba por el suelo, Jaina lo atrajo hacia ella con la Fuerza. Estaba asustado y ella le cortó las manos.
Tallawase se llevaba algo a la boca, una pastilla gris, la Jedi reconoció y rápidamente, con el sable en alto, lo dejó manco, gritando del dolor.
— Puede entrar, capitán— dijo Jaina, apagando su sable de luz mientras los GAG, levantaban a los caídos.
— Ya hemos enviado un mensaje a Corellia. Ya están bajo aviso— dijo el anciano Kier Duty. En el nuevo despacho de Jagged Fel, un lugar más pequeño que el anterior, se encontraba el comandante Zawn y Jaina además del Jefe de Estado y el mismo anciano.
— Señores— dijo Jag caminando por la estancia con las manos en la espalda— Es cierto, hasta ahora no he usado la artillería pesada, porque no lo veía necesario. Pero lo que he vivido ahora, el hecho de ver como atentaban contra mi vida y lo peor; el hecho que mi propia familia estuvo en peligro…
— Haz sacado los "juguetes" que el Imperio legó ¿cierto Jag?— dijo Jaina, sentada en el escritorio, cruzada de brazos. Jag la miró y sonrió, asintiendo.
— He ordenado la salida de los Cruceros de la Alianza Galáctica, lo cual mi mujer prefiere llamarlos por su nombre: Destructores Imperiales. Aunque son similares a los que usaban el Imperio pero son diferentes. Los karganos no conocen la fuerza que tienen estas naves, ahora se arrepentirán de habernos desafiado.
— Así que señores, ha llegado el "reencuentro imperial"— dijo Jaina esbozando una sonrisa irónica.
— A mi me parece la idea mas perfecta, Jefe Fel— dijo el chiss Zawn, el comandante de piel azul va a dirigir un destructor imperial pero no podrá ejecutar ordenes por un castigo que le impuso Jag.
— Vayan a sus puestos, señores— Dejemos todo listo y he decidido a ayudar a los corellianos. — Se dirigió a Jaina— ¿Lista para poner a punto al Escuadrón Pícaro?— la Jedi asintió. El chiss se retiró del cuarto junto con el viejo Duty.
— ¿Sabes que, Jag? Palpatine lloraría de la emoción— dijo Jaina sarcásticamente. Jag sólo le sonrió.
— Haz vuelto, Jaina.
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Ya era muy tarde en Corellia, Allana estaba sentada en el sillón viendo un holo drama sin prestar mucha atención, con las piernas encima de un cojín, pensaba en su padre, recordarlo como el Jedi que fue, no como el Sith que terminó. Tan sólo había pasado una hora desde que se había comunicado con sus abuelos, que viajaban a Ossus, llevándose a su primo Han, para su entrenamiento como Jedi. Una hora después, ya los echaba de menos, sola en la casa. También había hablado con sus mejores amigos, les había dicho que pasaría sólo un par de días donde sus abuelos, luego regresaría a Coruscant, al Templo Jedi. Extrañaba a Deckel pero tenia que seguir adelante, dio un gran bostezo, olvídanse por un momento de sus modales reales hapanos, al fin al cabo, estaba sola. Y pensar en la realeza hapana le hizo preguntarse ¿Por qué la Reina Madre, su mamá, no participaba en la guerra? Solían ayudar a la Alianza.
Ya se aprestaba a apagar el holo red para irse a dormir cuando la programación es interrumpida por un programa de holo noticias, Allana frunció el ceño.
— Lamentamos interrumpir la programación. Hemos recibido una noticia muy grave, al parecer tropas karganas están muy cerca del planeta. Y…— decía el conductor periodista, muy sudoroso y nervioso. Allana apagó el holo red. "Que ganas de molestar tienen los karganos" pensó Allana. ¿Iría a ayudar a los corellianos? Está en el planeta de origen de su abuelo, tiene algo de corelliana, sintió la necesidad de ayudarlos. No iba a permitir que esos destruyan el planeta, no iba a permitir que ganasen la guerra.
Se levantó y se fue a la habitación, rebuscó en algunos cajones, algún traje de piloto debe estar ahí. Lo encontró, un traje naranja, viejo y desgastado. Leyó en la etiqueta "J. Solo", ¿serán de su tía Jaina?.
— ¿Me quedará?— pensó Allana y se lo puso. Le quedaba muy alto, los pantalones se le caían y las mangas eran largas. No eran de Jaina, eran de su padre.— Interesante— pensó Allana.
El principal hangar de Corellia, todos los pilotos corrían a sus naves y otros dan los últimos retoques. Syal Antilles, la Teniente del Escuadrón Corellia, caminaba a zancadas por el lugar, con el casco bajo el brazo.
— ¡Vamos, demostremos a esos karganos que meterse con Corellia es el peor error de la galaxia!— alentó Syal, provocando que los pilotos con sus monos azules, se motiven aún mas.
— ¿Antilles?— dijo Allana, con su traje de piloto naranja, ligeramente modificada para poder moverse cómodamente y un cinto negro enroscado en su brazo derecho. Syal se giró para verla, alzando ambas cejas.
— ¿Solo? ¿Quieres unirte a la defensa?— preguntó muy dubitativa Syal. No tenía mucho tiempo, ya la habían informado que los karganos estaban a cinco minutos del planeta.
— Si, necesito una nave. Quiero…
— Si estás dispuesta y sabes pilotear una nave, busca un casco y súbete. — dijo Syal, con una sonrisa que le subió el ánimo a Allana.
— ¿Cuánto llegará la Alianza?— preguntó Syal a un hombre del centro de control, el hombre se giró.
— En pocos minutos, llegarán a bordo de un destructor estelar donde estará acoplado el Escuadrón Pícaro.— dijo el hombre. Syal agradeció y se fue a su nave.
El Escuadrón Corellia salió al espacio, donde varias Alas iban a defender el planeta. Allana miraba el espacio, controlando sus nervios, dio un suspiro y ve una gran nave ovalada, con varias torretas: era un crucero kargano, tan grande y se veía amenazador.
— Líder Corellia, desplegando Alas— dijo Syal Antilles.
Todos los pilotos confirmaron sus posiciones.
— Por Deckel— murmuró Allana. La nave kargana desplegó sus amenazadores cazas, a la joven Jedi se estremeció un poco, le eran tan familiares desde la última vez que lo vio.
El crucero kargano dejó de moverse pero soltó varios cazas y empezó la batalla espacial, con el planeta Corellia, muy cerca de ellos. Allana viró su nave y apuntó a uno, disparó, pulverizándolo. Los cazas karganas eran veloces, Syal ordenó desplegarse a los costados, para evitar más pérdidas.
El destructor de la AG llegó al lugar del conflicto, después de veinte minutos.
— A la hora que llegan— dijo Syal viendo al destructor, tan parecido al del Imperio. El destructor se detuvo, la parte inferior se abrió una especie de boquete donde salieron los míticos Alas X.
— Líder Pícaro, desplegar Alas— dijo Jaina Solo. Una Ala X, símbolo de la Alianza Rebelde saliendo de un destructor Imperial, le parecía tan irónico.
— Pícaro 3, totalmente listo— dijo Jagged Fel en su clawcraft chiss, siendo el único que no usaba un Ala X. El resto de pilotos informaron sus posiciones.
Jaina vio una Ala y sintió la presencia de su sobrina e igualmente Allana sintió a su tía, pero estaban bastante lejanos para acercarse mejor.
— ¿Cómo vas, Teniente Solo? Bonito destructor, eh— dijo Syal a Jaina mediante un comunicador en su casco.
— Igual de siempre. Esperamos no haber llegado tarde a la fiesta— dijo Jaina. Un caza empezó a perseguirla. Ella maniobró lanzándose en picada y el caza le siguó, Jaina luego elevó su nave repentinamente, colocándose a la espalda del caza y lo pulverizó.
— Odio cuando haces eso— dijo Jag, pulverizando a otro caza.
— No te puedo prometer si lo vuelvo hacerlo, Jag— dijo Jaina. — Pícaro 2 y Pícaro 7, cúbranme; iré de frente a ese destructor kargano— dijo Jaina.
— Yo te acompaño— dijo Syal.
— Afirmativo, Syal— dijo Jaina. Enrumbó su nave hacia el crucero kargano. El navío enrumbó sus torretas, donde empezó a disparar láser, uno de ellos destruyó al Pícaro 7, Pícaro 2 destruyó una torreta, pero había más.
— Tengo una idea, Syal—dijo Jaina— Sobrevuelen con cuidado, como si fuesen unas molestas moscas.
— Afirmativo, Jaina— Syal giró su Ala y empezó a volar por encima de las torretas al igual que el Pícaro 2— Pícaro 2, destruyamos esas torretas.
Jaina enrumbó por la superficie inferior del crucero buscando algo sensible y varios cazas empezaron a perseguirla. Jaina, tuvo que volar en zigzag, tratando de sacarse de encima, hasta que un Ala pasó y destruyó dos cazas. Supo que era Allana.
— Terminemos con esto de una vez, tía— dijo Allana.
— Cuando termínenos; voy a hablar contigo, niña— dijo Jaina con un tono de voz grave. Allana no supo si estaba molesta o preocupada, Jaina rara vez se molestaba con ella. Tal vez sea la radio, pensó la joven Jedi.
— Torretas destruidas— dijo Syal— Buen trabajo, Pícaro 2. Vayamos por esos cazas que aun quedan— terminó de decir Syal Antilles, la hija de Wedge Antilles.
Allana destruyó los cazas que seguían a su tía, Jaina encontró los motores que movilizaba el crucero. Disparó dos disparos de plasma y estalló.
Jaina giró su Ala al igual que su sobrina, siguiéndola hacia el campo de batalla. El crucero se partió en dos, en llamas y explosiones pequeñas.
La batalla terminó con una gran victoria de ambos escuadrones. El destructor de la AG se quedó, estacionado en el espacio, al frente del planeta. El escuadrón Picaron decidió aterrizar en la nave, para darles descanso y combustible para volver al destructor.
Allana se bajó de su Ala, se quitó su casco y ve a su tía, con su traje naranja y su casco bajo el brazo.
— Tía Jaina— dijo Allana mientras Jaina se colocaba frente a ella— Me uní a la defensa de Corellia, porque quise defender. Estoy bien, no tuve problemas en manejar el Ala, tampoco es que esté traumada o algo así.
— Yo no creo que estés traumada, Allana. Sólo…me preocupé por un momento, has pasado por una terrible experiencia ¿No era mas recomendable quedarse en casa de tus abuelos?
— Soy una Jedi, los Jedi son los guardianes de la galaxia; era mi responsabilidad como Jedi, defender Corellia. Además es el planeta natal de mi abuelo, tengo algo de sangre corelliana.
— Eso es cierto— dijo Jaina, sonriendo lo cual contagió a Allana. Observó el traje de piloto de Allana donde leyó el nombre— ¿Cómo lograste ponerte ese traje de tu papá?
— Sólo arremangué las mangas y he cortado un poco los pantalones. No sabia que mi papá era tan alto— dijo Allana.
—Cuando frunces el ceño o te ríes, te pareces a él—dijo Jaina, abrazando a su sobrina— ¿Te quedas o te vienes conmigo?
— Mañana regresan mis abuelos. Quisiera despedirme de ellos antes de regresar a Coruscant— dijo Allana
— Está bien. Envíale mis besos a ellos. — Exclamó Jaina— Lo has hecho bien, Allana; buen trabajo— La joven Jedi sonrió, en ese momento se acercaba Jag, no estaba feliz de la victoria.
— ¿Pasa algo, Jag?—preguntó Jaina, mirando a su marido que se acercaba a ellas.
— Malas noticias. He estado en el Centro de Control, Corellia no fue el único planeta que fue atacada, otros dos planetas estuvieron bajo ataque mientras defendíamos Corellia.
— ¿A quienes perdimos?
— Mon Calamari fue asediada y se rindieron y Dantooine fue invadido.— dijo Jag con pesar.— Ahora he dado la orden de regresar a Coruscant.
Soffy: Gracias por tu comentario, saludos.
