Han pasado horas desde que Allana regresó a Coruscant. Su tía le había informado que se acercase al templo pero no dio mas detalles. ¿Le mandarán a una misión? ¿Será lo que esta pensando? Dejó de pensar en las posibilidades y se enfocó en llegar al Consejo.

Ahí estaba su tía Jaina, sonriente y orgullosa. Allana se colocó al frente de ella, con la interrogante en su rostro.
— ¿Estas lista, Allana? Yo pienso que ya es el momento. Ya te enseñé lo suficiente sobre la Fuerza, es hora de dar el siguiente paso— dijo Jaina y Allana no tardó en darse cuenta lo que está sucediendo— Yo entraré primero y te llamarán.— exclamó Jaina mientras tocaba los hombros de su sobrina, sonrió y entró. Allana se quedó en las puertas, con su corazón latiendo a mil por hora hasta que escuchó su nombre: "Aprendiz Allana Solo". Entró a la sala del Consejo Jedi, estaba oscuro, se encendieron los sables láser en forma vertical, las luces iluminaban los rostros de los Maestros Jedi, todos cubiertos con las capuchas marrones sobre sus cabezas.
Ahí estaba Jaina, con la luz púrpura iluminando su rostro, al lado de ella, al centro estaba Luke Skywalker, la luz verde iluminaba su serio rostro.
— Acércate, Aprendiz Allana Solo— dijo Luke, Allana se colocó al frente de su tío abuelo, el Gran Maestro Luke Skywalker, hincando una rodilla al suelo. Los Maestros Jedi Kyle Katarn, Cilghal, Octa Ramis, Kyp Durron, Corran Horn y Jaina Solo bajaron sus sables de luz, formando una línea recta en dirección a Allana.
— Yo, Gran Maestro Luke Skywalker con el poder que me confiere la Orden Jedi, en vista de tu desempeño y habilidades, te nombro Dama Jedi Allana Solo— Luke bajó su sable de luz hacia el hombro de Allana, acercándose a su trenza de aprendiz y lo cortó de un tajo. Los Maestros volvieron a levantar sus sables de luz hacia sus rostros. Allana se levantó y miró el rostro de Jaina, feliz y orgullosa. Sonrió.

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Instalación Correccional "Armand Isard"
El Maestro Jedi ingresó al Correccional donde estaba internados los cuatro karganos capturados; los tres de Anoth y uno que fue capturado en Coruscant. Pasaba por un pasadizo, a ambos lados estaban las rejas donde los presos estaban viendo pasar al maestro Jedi. Se detuvo y acercó sus ojos a un lector visual, dicho aparato confirmó su identidad, lo cual la entrada se abre. Kyp ingresa donde el capitán de la GAG lo esperaba.
— Maestro Durron, ya lo estábamos esperando. Ahí están los prisioneros para interrogarlos.

Una celda espaciosa, no había rejas metálicas sino una mampara con una pantalla electrificada, ahí adentro, estaban los cuatro karganos, sentados y con la cabezas gachas. Kyp se acercó a la electrificada mampara, sonrió.
— Me han dado una tarea, tengo que interrogar a cada uno de ustedes, grises. La verdad, no me hace mucha gracia estar hablando con cada lacra, así que seré rápido y conciso: ¿Quién esta dispuesto a venderse?— dijo Kyp Durron con los brazos en jarras, nadie respondió. El Maestro Jedi entornó sus ojos y eligió a uno al azar— Tú, el sin manos.— dijo Durron y los guardias de la Alianza entraron al cuarto, sujetaron con violencia de los brazos al kargano y lo arrastraron hasta una mesa con dos sillas. Lo sentaron con fuerza. Kyp volteó la silla y se sentó, con los brazos en el espaldar.
— Tú, gris, según este fichero; eres el responsable del atentado contra el Jefe Fel. Obviamente fracasaste, mi compañera y vieja amiga fue la que te dejó sin manos.
— No te diré nada, humano. No traicionaré a mi pueblo.— dijo el kargano levantando su mirada, sus ojos rojos sin párpados centellaron de odio.
— No tengo mucho tiempo, gris. Quiero saber las coordenadas de tu planeta y los tipos de armamento que tienen.
— No te diré nada, Jedi. ¡Piérdete!

Kyp esbozó una sonrisa despectiva. Miró al Capitán de la GAG y asintió. El capitán se retiró del lugar y regresó segundos después con una especie de casco, con hebras en la parte inferior.
— ¿Sabes que es esto?— dijo Kyp mientras el capitán se colocaba al costado del kargano. El alienígena gris negó con la cabeza, Durron asintió al capitán y éste se lo coloca al kargano. Segundos después, el kargano empieza a gritar y chillar.— Esta cosa se llama "Sombrero del Dolor", muy popular entre los criminales y asesinos. Con tan sólo ponérselas por unos minutos confiesan a la GAG hasta la cena que comieron la semana pasada.— dijo Kyp mirando con desprecio al kargano.— La prensa los comparan con los vong, pero para mi están lejos de serlo. Dime ¿Coordenadas?
El kargano miró al Jedi mientras se retorcía. Las hebras del casco entraban al cerebro, provocando ondas eléctricas.
— ¡No lo diré!— gritó entre jadeos el kargano mientras chillaba del dolor. Kyp, decepcionado, ordenó que lo quitasen.
— Menudo inútil. Pero míralo por el lado positivo, has durado más que el último asesino capturado.— dijo Kyp mientras se llevaban al kargano a la celda. Kyp Durron se levantó de la silla y se volvió a acercarse a la celda. No tenía tiempo ¿o era que no quería hacerlo? Miró a los que quedaban, estudiando sus emociones y captó a uno. Señaló al guardia para que lo llevase a interrogar.

Nuevamente frente a frente, Durron miro al kargano, que levantaba la vista, captó temor, angustia y…decisión.
— ¿Estás dispuesto a morir por tu planeta?— dijo Kyp, el kargano miró a Durron.
— Pregúntame lo que quieras si eso provoca que regrese a mi planeta para abrazar a mi familia y besar a mi prometida.— dijo el kargano, la mirada del alienígena era de decisión.
— Tú lo sabes, kargano. Coordenadas y tipos de armas, donde están ubicados y demás basura.— dijo Kyp, triunfal. El kargano estaba dispuesto a traicionar a su gente con tal de ver a sus seres queridos. Tal vez sea éste el que Ben suplantó.
El kargano miró a Kyp y contó todo, el planeta donde vivía se llama Kargan, el tipo de gobierno, el nombre de su rey, el armamento, los lugares estratégicos. Los otros tres karganos lo miraban con odio y resentimiento.
— Haz sido muy útil, gris— dijo Durron— Capitán, haga lo que le plazca con estos invasores.— dijo Kyp Durron, retirándose del lugar.

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Hangar de Coruscant
Allana tiene su primera misión como Dama Jedi, lo cual Jaina la acompañaba hacia la nave que le iba a enviar: Naboo, la misión era liberar Naboo, pero acompañada de sus dos amigos y el Maestro Kyle Katarn. Las dos Jedi llevaban sólo un bolso a la espalda.
— Ahora, Allana, esta es tu primera salida como Dama Jedi— dijo Jaina, sonriente— Por cierto, he recogido la trenza para enviar a mi mamá. Se pondrá contenta.
— ¿Lo va a guardar?
— Si, Dama Solo— dijo Jaina resaltando el titulo de su sobrina.— Supongo que debe tener un recuerdo mío cuando me ordenaron Dama.— exclama Jaina, recordando. Las dos Jedi llegaron a la nave donde Allana se iría. Al costado estaba el destructor galáctico.
— ¿Tía, es cierto que esa nave tiene pasado imperial?
— No esa nave, Allana. Si no el modelo está inspirado en los "juguetes" favoritos del Imperio.— dijo Jaina mientras su sobrina miraba, impresionada de la arquitectura imperial. Jagged Fel se acerca donde las Jedi, acompañado de un joven, tan alto como el Jefe de Estado, de espaldas anchas y cabello castaño, cortado al estilo militar.
— Jag— dijo Jaina abrazando a su marido, al acercarse.— ¿Listo para partir?— dijo Jaina mientras Jag asentía.
— Antes tendré una palabras con Zawn— dijo Jag y levantó una mano para señalar al joven que estaba a su lado— Disculpa…ella es mi esposa, la Maestra Jedi Jaina Solo y su sobrina, Dama Jedi Allana Solo. Por cierto felicitaciones— dijo Jag sonriendo a su sobrina, ella le agradeció el saludo. El joven saludó con la mano a las presentadas.— Él es el alférez Zach Duty.
Zawn bajaba del Destructor Galáctico, con su semblante serio, sus ojos rojos centellaron al ver a los presentes.
— He visto que se acercaba Jefe Fel. Supongo que ya tiene mi castigo— dijo el Comandante Zawn.
— Comandante Zawn— dijo Jag acercándose al chiss junto con el joven alférez.— En vista de su insubordinación en el ataque ilegal contra el Apocalipis, provocando la muerte de un escuadrón completo y de dos Jedi.— exclamó Jag, con los brazos en la espalda— Mientras dure la guerra, comandarás la nave de la AG, planearás estrategias pero no la ejecutarás—dijo Jag.
— ¿Y quién va a ordenar los ataques?— dijo el chiss mirando a Jag.
— Ahí es cuando entra el alférez Zach Duty. Las ordenes las dirás a él y él las ejecutará.— exclamó Jag, Zawn entornó sus ojos rojos al joven, que tenia las orejas rojas.
— ¿De casualidad no estás relacionado con Kier Duty?— preguntó Zawn, aumentando sus ojos.
— Él es mi abuelo, señor Comandante. Por él es que me decidí ser militar.— dijo el joven.
— El alférez Zach Duty ya ha demostrado que tiene capacidades y tiene un futuro prometedor. Además de eso, cuando termine la guerra; él será mi brazo derecho. Gracias por el tiempo que estuvo con nosotros, Comandante Zawn, cuando finalice la guerra, podrá regresar a su planeta o tener un bajo rango.— Zawn miró a Jag, levemente molesto y aceptó el castigo impuesto. Se dio la media vuelta y entró a la nave.
— Buena suerte, alférez Zach Duty— dijo Jag extendiendo la mano al joven. Él le devuelve el gesto y luego extiende la mano para despedirse la Maestra Jedi, luego a Allana, dirigiéndola una fugaz sonrisa con los labios. Allana sintió las orejas arder, no supo si ofenderse o no. El alférez entró a la nave, Jag se volteó para ver a su esposa.
— Que la Fuerza te acompañe, Jag— dijo Jaina. Jag le sonrió a su mujer y la besó, Allana miró hacia otro lado. Luego Jag se acerca a su sobrina y se despide de ella.
— Me alegra tenerte de vuelta, Allana— dijo Jag.
— Gracias, tío Jag. Que la Fuerza siempre te acompañe— dijo la joven Jedi sonriendo. Jag se alejó agitando la mano. Jaina se giró para ver a su sobrina.
— Creo que ya es hora que partas, Allana— dijo Jaina y Allana se gira para ver su transporte siendo ocupado por los últimos soldados de asalto.
— ¿Irás a algún lado, tía?
— Iré a Fondor, tengo que encontrarme ahí con Ben y Tahiri. Por cierto, Ben se alegra de saber que estás viva, arde en deseos de verte— dijo Jaina— Que la Fuerza te acompañe, Dama Allana— dijo Jaina, sonriendo a su sobrina mientras acomodaba el bolso a su espalda. La joven Jedi se despidió de su tía y se enrumbó a la nave que le tenia asignado.

La nave porta tropas era grande, en el piso inferior estaba las tropas de asalto, sentadas frente a frente. En el piso superior, estaban los Jedi: el Maestro Kyle Katarn, con su tunica marrón y crema, con el cabello y barba gris, sentado al frente de tres jóvenes Jedi, Zaala, la twi'lek azul, Shaula Draco, el caballero Jedi no oficial y Allana Solo, flamante Dama Jedi. Ya dicha nave se encontraba en el espacio, escoltada por otro porta tropas y un destructor galactico.
— En otras circunstancias, Amelia, te hubiéramos hecho una fiesta— bromeó Shaula con una sonrisa. Allana los miró; era tonto seguir con su nombre antiguo. Ya dudaba que alguien intentase atentar contra ella ¿Acaso ya era una Jedi que puede defenderse? ¿Acaso era la costumbre que hizo mantener ese nombre falso? Shaula la miró entrecerrando los ojos.
— ¿Nos quieres decir algo, Amelia?— dijo Shaula Draco, Zaala la miró con interés. Allana se sentó al frente de ellos, al costado de Kyle Katarn.
— Chicos, no me llamo Amelia— abrieron los ojos con sorpresa— Me llamo Allana, soy heredera al trono de Consorcio de Hapes lo cual mi mamá es la Reina Madre Tenel Ka Djo. Cuando era pequeña, hubo muchos intentos de asesinato contra mi persona, para protegerme, me cambiaron de nombre a Amelia, me tintaron el cabello a marrón y me hice pasar como una huérfana refugiada lo cual los Solo me "adoptaron" cuando en realidad ellos son también mi verdadera familia, en la intimidad me llamaban por mi verdadero nombre.— dijo Allana— Lo siento, chicos. Nunca quise mentirles, es sólo…que me quedé con la costumbre de presentarme como Amelia cuando el peligro de morir en un atentado ya casi es imposible, más que llevo mi cabello rojo.
— Entiendo, Allana. No hay problema, yo te entiendo bien— dijo Shaula, comprensivo mientras le agarraba de las manos a su amiga.— Amelia o Allana; eres mi mejor amiga.

Allana sonrió a su amigo pero Zaala, frunció el seño.
— Nos has mentido, Am...Allana— dijo la twi'lek.
— ¡Vamos, Zaala! Es sólo un apodo— dijo Shaula Draco mirando a sus amigas.
— Pero igual, no ha confiado en nosotros— exclamó Zaala Daf, con los brazos juntos y mirando desdeñosamente a Allana. Katarn rodó los ojos.
— Yo la comprendo y no me ha molestado nada.— dijo Shaula Draco, la twi'lek giró la vista hacia el otro lado. El joven Jedi la miró apenado.
— Está bien, yo no voy a rogarte, Zaala; pero quiero que sepas que siempre has sido mi amiga y no es justo que rea…
— Silencio los tres— dijo Katarn mirándolos con el ceño fruncido— Ahora no es el momento para sus discusiones de adolescentes. Si quieren pelearse, háganlo pero no ahora. Estamos muy cerca de Naboo; la cuestión es que no debe haber rencillas entre nuestro equipo o tendremos problemas.— dijo Katarn, luego dirigió su mirada a la joven twi'lek— ¿No le vas hablar a tu amiga pelirroja? Bien, pero en Naboo tendrás que hacerlo. En Coruscant, ya puedes enfuruñarte en eso, jovencita.— la twi'le miró al Maestro Katarn, avergonzada. Luego se dirigió a los otros dos— Por favor, concéntrense en el ahora, sus "conflictos existenciales" adolescentes déjenlos más tarde.— terminó de decir Katarn antes de recostarse en su asiento. Shaula Draco se subió la capucha de la túnica mientras Allana miraba con tristeza a su amiga azul.


Soffy: Hola de nuevo, gracias por el comentario. Saludos