— ¿Me llamaba, Low?— dijo Ewan entrando a un cuarto pobremente iluminado. Aún se hallaba en Dathomir, espiando para Ben, que se refería al Jedi como Viejo Kenobi.
— Me han llegado información del Imperio Kargano— dijo Furk Low, girando su silla detrás del escritorio— Quiere que todos se queden aquí, nadie salga.
— Señor, hoy debo salir para entregar un cargamento a mi jefe— dijo Ewan, frunciendo el ceño.
— Te quedas, aquí— dijo Furk Low, mirándolo con odio. Ewan resopló y salió del cuarto. Miró a ambos lados y avanzó a un pasadizo, donde en un pequeño cuarto salía una encapuchada, sus miradas se cruzaron. Ewan esperó perderla de vista para entrar al pequeño cuarto. Sacó su radio transmisor.
— ¿Nive?— susurró Ewan.
— Si, Ewan— escuchó la voz de su amiga zeltron, pausada.
— Anda encendiendo la nave. Nos escaparemos de aquí.— dijo Ewan y la zeltron colgó después de aceptar la orden. Ahora se comunicará con Ben, esperó varios minutos para escuchar la voz de su amigo.
— ¿Vienes a entrar el paquete, Ewan?— dijo Ben imitando un tono de viejo.
— Viejo Kenobi, me han ordenado quedarme aquí. Su paquete demorará.— dijo Ewan.
Tardó unos segundos hasta que el Jedi le contestó, entre alarmado y autoritario.
— ¡Vete, es una trampa, Ewan!
Ewan no necesitó escuchar dos veces, salió disparado del cuarto, escuchó disparos y golpes en la puerta donde estaba el cazarrecompensas. Corrió al hangar, donde los contrabandistas lo miraban incrédulos.
— ¡Lárguense, ya!— les gritó.
Minutos atrás, la encapuchada entró al cuarto poco iluminado donde estaba Furk Low, se quitó la capucha negra, revelando su identidad.
— ¿Qué desea esta vez el kargano?
— Su exterminio— dijo Vestara Khai encendiendo su sable de luz, el cazarrecompensas se levantó agitado y disparó. Vestara rechazó los disparos y saltó hacia la mesa y con el sable en alto lo bajó con violencia, partiendo la silla en dos. Furk Low había rodado por el suelo y volvió a disparar.
Vestara dio un gran salto hacia atrás y lo empujó con la Fuerza, Low se estrelló con la pared y cae al suelo, aturdido. La Sith se acerca lentamente y lo levanta con la Fuerza, Low se agita mirando con terror a la Sith, Vestara sonríe con maldad, levanta su sable y hunde su arma en el medio del pecho del hombre. Furk Low abre los ojos como platos, Vestara lo suelta, cayendo al suelo con estrépito.
La Sable Sith se retira del cuarto y se dirige al hangar. La puerta se abre y ve una nave abandonar el lugar. Frunce el ceño del disgusto, gira los ojos y ve otras naves moviéndose. Extendió los brazos, con la Fuerza los hizo estrellar entre si.
Los contrabandistas que no pudieron escapar a tiempo empezaron a disparar a Vestara Khai, ella se cubre con su sable de luz, y los electrocuta con los rayos de la Fuerza.
Da un gran salto, cae al medio y con una gran agilidad va matando a cada contrabandista y cada cazarrecompensas que le iban haciendo frente.
Después de varios minutos, con varios cuerpos en el suelo, se acerca a la salida de las naves.
— Está hecho— dijo Vestara, con los ojos amarillos— La traición hacia a mi, es inminente.
Los contrabandistas Ewan, Nive y Keth lograron escapar a tiempo, justo cuando Vestara entraba al hangar.
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— Esta es la misión, chicos— dijo el Maestro Katarn a los tres jóvenes Jedi. Ya habían llegado a Naboo, las tropas de asalto con sus trajes negros, estaban completamente listos para atacar a los karganos invasores. — Ellos esperan a un Jedi o dos, dirigiendo a un batallón. Yo iré adelante, dirigiendo a los soldados, así que la concentración de la mayoría kargana estará sobre mí. Ustedes tres, irán al Palacio Real de Theed para capturar al general kargano, nadie los estará esperando así que contamos con el factor sorpresa. Y procuren de capturarlo, si se escapa, regresará con mas tropas.
— ¿Si se resiste?— preguntó Allana.
— Usen la "fuerza"— dijo Katarn con doble sentido de la frase.
— Entendido, Maestro Katarn— dijo Shaula Draco, quitándose la túnica.
— Que la Fuerza los acompañe— dijo el Maestro Kyle Katarn, dándose la media vuelta, dirigiéndose a las tropas para comandarlas.
Zaala ni miró a Allana, se dio la vuelta para dirigirse al speeder donde manejarían hasta una colina, de ahí descenderían sigilosamente.
— Zaala…
— ¿Es algo de la misión, Allana?— dijo Zaala, la Dama Jedi negó con la cabeza.
— Tu amistad es importante para mi— dijo Allana mientras los tres subían al speeder, Shaula era el que iba a conducir.
— No sé si hubo tal cosa, "princesa"— contestó de malas maneras.
— ¡Vamos! Te lo estás tomando muy personal, Zaala.— dijo Shaula, poniendo en marcha el móvil. Las dos Jedi se quedaron calladas.
Llegaron a la colina indicada, los tres bajaron y empezaron a caminar.
— Bien, vamos a bajar por esa pendiente y entraremos por la puerta de atrás.— dijo Allana.
— Hay poca gente. Lo puedo sentir— dijo Shaula— En marcha.
Los tres se deslizaron colina abajo, rodaron por el suelo verde hasta correr hacia una enorme roca ornamentada. Estaba desértico, al parecer Katarn tenía razón, la mayoría estaba concentrada en la guerra que ocurría en el campo de Naboo.
Caminaron sigilosamente hasta llegar a la pared. Deslizándose sobre la pared de mármol del Palacio Real, llegaron a una reja abierta en par en par, se escabulleron hasta llegar a una entrada en penumbras. Aprovechando la oscuridad, caminaron de forma sigilosa hasta llegar al Salón iluminado.
— No hay nadie— dijo Zaala, Allana le tiró de la manga de su túnica— ¿Qué quieres?— le dijo de malas maneras pero luego alzó la mirada hacia las escaleras. Ahí, arriba, estaba un grupo de karganos apuntándoles con armas.
— Somos demasiados listos para caer en esta trampa ¿Cómo no lo detectamos?— dijo Zaala llevándose su mano hacia su sable de luz.
— Porque yo los oculte, joven Jedi— dijo un kargano apareciéndose en el estrado del piso de arriba, con las manos en el corredor, mirándolos con desprecio. Era el general kargano, el que buscaban los jóvenes Jedi.
Los tres Jedi sacaron sus sables de luz, encendiéndolos. El general kargano levantó su mano y lo bajó, provocando que los soldados karganos empezasen a disparar. Los Jedi agitaron sus sables, repeliendo los disparos mientras corrían a cubrirse con las columnas.
Los soldados bajaron de las escaleras y seguían disparando, Shaula Draco saltó impulsándose mediante la Fuerza, con su sable azul en el aire lo bajó con fuerza, partiendo a los karganos, Allana rodó en el suelo y se levantó con fuerza, decapitando a varios soldados, Zaala empujó a varios mediante la Fuerza y hundió su sable a uno que se levantaba.
Los soldados fueron diezmados en cuestión de minutos. El general estaba entre sorprendido y molesto.
— Nada mal para un trío de jóvenes inexpertos.
— No somos inexpertos, general— dijo Allana, aun con el sable encendido, iluminando de verde al suelo.— Está arrestado bajo en nombre de la Alianza Galáctica.
El general kargano, se rió con malicia, se llevó sus cuatros dedos a su bolsillo, sacando un sable de luz; lo encendió donde una luz blanca centelló. Los tres Jedi levantaron sus sables de luz. El general kargano bajó lentamente de las escaleras, hasta llegar al piso donde estaban. Y atacó, lanzándole con su poder de Balavantam a Shaula contra una columna, Zaala y Allana se lanzaron contra él. Los sables de luz chocaron entre sí, centellando, luego Shaula entra al combate, donde el sonido de los sables, moviéndose entre el aire y al estrellarse contra otros, resonaban en la sala.
El general dio una voltereta, alejándose del grupo, Shaula se lanza contra él, el sensible al Balavantam, con extender una mano, le estrangula y lo lanza contra un gran espejo, cayendo con estrépito. Zaala agita su sable azul, chocando contra del general, la agarra del cuello y Allana aparece en un salto, donde el general se gira y le propina una patada en el vientre a la joven Jedi.
Allana rueda en el suelo, gruñendo del dolor, alza la vista y ve a su amiga en problemas; Zaala retrocede del embate agresivo del general, sin tener alguna idea de rechazar, Allana se levanta; el general kargano da una voltereta, cayendo a la espalda de la twi'lek azul, se gira y el kargano no esperó ni un segundo, hundió su sable en el pecho de Zaala.
— ¡No!— gritó Allana con rabia, atrajo su sable de luz, encendiéndola de nuevo, Zaala cayó de espaldas con los ojos abiertos de la sorpresa. Shaula jadeaba, tratando de recuperar la respiración. El general se burló de Allana, moviendo sus sable como invitándola a pelear. Allana se lanzó con rabia, chocando su sable con la de él, el kargano esquivaba sin dificultad hasta que usando el balavantam, la hizo estrellar contra una columna. Shaula se levanta y va contra el general kargano.
Allana se levanta del suelo, sangrándole la nariz, gatea hasta su amiga caída. La levanta y la coloca en su regazo. La twi'lek abre los ojos lentamente y sonríe.
— Lo sie..nto, Allan…a
— No, no…lo siento yo mucho. Aguanta, pronto te sacaremos de aquí, Zaala— dijo la joven Jedi, sintiendo sus ojos arder.
— Tarde….adiós…hermana—la twi'lek cerró sus ojos. Allana colocó su frente en el pecho de su amiga, donde empezó a lamentarse. Alzó la vista y ve como Shaula cae al piso, sintiendo el odio y la cólera pasar por sus venas, se levantó. El kargano levantaba su sable, dispuesto a rematar a Shaula, demasiado adolorido para ponerse de pie. El sable del kargano bajó con velocidad hasta chocar contra la de Allana.
El kargano miró sorprendido a la joven Jedi, que lo miraba con rabia.
— Odio a tu especie pestilente— dijo Allana fuera de si. Levantó su sable y atacó con furia. El kargano parecía disfrutar de la cólera de la Jedi.
— Sólo tu odio me vencerá, sucia Jedi— dijo el general bloqueando los embates agresivos de la Jedi.
"Allana, ¡NO!" escuchó la voz de su padre en su cabeza, se detuvo pero se lanzó a un costado para evitar un ataque del kargano. "Calma, siente la Fuerza" nuevamente la voz de su padre resonó en su cabeza. Allana retrocedió sin perder de vista al kargano, levantó el sable hasta la altura de su rostro, respiró lentamente, recordó lo que le dijo su Maestra Jaina "El odio, el temor y la agresión llevan al Lado Oscuro". El kargano se acercaba, muy seguro de sí mismo.
— ¿Tienes miedo, Jedi?— dijo el general kargano. Se lanzó al ataque y Allana lo bloqueó. El kargano levantó su mano para usar el Balavantam pero Allana lo bloqueó con la Fuerza y provocó una onda expansiva, lanzándolo por los aires. El kargano se levantó muy molesto, y se lanzó contra la Jedi.
Allana se agachó y bloqueó el golpe, sus espadas chocaban provocando chispazos, Shaula recobró el sentido y se arrastró hasta el cuerpo de Zaala, observando el duelo de su amiga Allana, que parecía tener todo bajo control. El kargano perdía la paciencia contra la Jedi.
— Te voy a matar, Jedi— dijo el kargano cuando sus sables nuevamente chocaron entre si. Allana torció los labios como una sonrisa.
— Lo dudo, soy hija de dos Jedi— y saltó, dándole un puntapié en la cara del kargano, Allana dio una voltereta. "La Fuerza es tu aliada" nuevamente la voz de su padre resonó en su cabeza, de pie en el suelo, esperó al kargano levantarse. Estaba totalmente fuera de si el alienígena. El kargano dio un gran salto, impulsado por el Balavantam y los sables chocaron en el aire, el kargano cae de pie, Allana bloqueó el sable del kargano de espaldas y dio un rápido giro, agachándose mientras el sable del kargano cortaba el aire y Allana se levantó tan rápidamente que hundió su sable verde en el pecho del kargano.
El kargano abrió sus ojos rojos, Allana retira su sable de luz y le corta la cabeza de un tajo limpio.
Shaula estaba sorprendido, veía a Allana, de pie, con el sable aun encendido. Se giró lentamente. Apagó su sable de luz y se acercó donde estaba su amigo.
— Eso…fue impresionante— dijo Shaula.
— No fue nada— dijo Allana mirando con pena el cuerpo de su amiga.
— Regresemos al campamento. Posiblemente hayan terminado todo.
Allana asintió mientras Shaula levantaba el cuerpo de la twi'lek. La joven Jedi decidió irse al Consorcio de Hapes, si nadie podía convencer a la Reina Madre, entonces iría ella, la hija de Tenel Ka Djo.
