Han pasado un día de la victoria contra los karganos. Esa noche, importantes líderes de Corellia, Ascendencia Chiss y la Alianza Galáctica había organizado un gran evento de victoria, incluyendo senadores de diferentes lugares de la galaxia.

Allana Solo caminaba por los pasillos del Templo Jedi, hasta llegar a una habitación vacía, donde los Jedi solían meditar. Allana caminó lentamente hasta detenerse en el centro, se concentró en la Fuerza, hasta sentir una presencia familiar. Se sentó en cuclillas, cerró los ojos y respiró hondamente, dejó que la Fuerza fluyese en ella.
Abrió los ojos, al frente de ella, en una sombra azul, el fantasma de la Fuerza de Jacen Solo, con las manos en la espalda, cabello castaño y con una sonrisa hacia su hija. A Allana le sorprendió ver a su padre tan joven.
— Allana— dijo Jacen acercándose a su hija, luego se sentó a su lado.— La última vez que te vi, eras sólo una niña.
— Papá, te ves joven— dijo Allana provocando la sonrisa de Jacen.
— Así me veía antes de caer al Lado Oscuro— dijo Jacen suspirando— Por cierto, me alegra que seas una Dama Jedi…me hubiera gustado estar ahí.— Allana lo miró y asintió.
— Papá ¿Por qué lo hiciste?
— Cuando acabó la guerra Vong, yo cambié mucho. Me interesó la Fuerza Viva, viajé por toda la galaxia, estudiando, investigando. Hasta que conocí a dos personas, que tenían ideas interesantes de la Fuerza.
— ¿Vergere y Lumiya?
— Si. Poco a poco fui corrompido sin saberlo, cuando atentaron contra ti, siendo tan pequeña e indefensa, fue el detonante. Me convertí en el Sith que conoces.— dijo Jacen con cierta tristeza— Lo hice para traer paz a la galaxia…para salvarte.
— Mi tía…
— Mi hermana hizo lo que tenia que hacer. Era la única forma de detenerme, no podía detenerme…Volví a ser yo antes de morir. Ella lo sabe— dijo Jacen pasando su mano sobre el cabello rojo de su hija, sin poder tocarla— Me hubiera gustado estar ahí, verte crecer, ver como mi hermana se hacia cargo de tu entrenamiento, ser ordenada Dama Jedi….
— ¿No dirás "espantar a los chicos que se te acerquen"?— dijo Allana alzando la cejas, Jacen rió.
— De eso se encarga mi papá— dijo Jacen, Allana sonrió melancólicamente.
— Yo sé de Deckel, Allana— dijo Jacen, Allana lo miró— Lo siento mucho, en serio. Me dolió verte sufrir, de no poder abrazarte fuerte…ser un padre para ti.
— Lo hiciste papá— dijo Allana— Me salvaste la vida en Anzant, me guiaste en la batalla de Naboo, te sacrificaste por mi. Eres mi papá

Jacen la miró con tristeza.
— Hablando de Naboo…— dijo Allana
— Si, estuviste un paso de irte al Lado Oscuro— dijo Jacen, serio— Podía sentir el odio salir de tu alma, no podía soportarlo. Te lancé una advertencia. Allana, nunca cometas el error que cometí.
— Lo vi a tiempo, me acordé lo que me dijo mi tía.
— Con el tiempo, aprenderás a controlar tus emociones. Serás una gran Jedi, Allana.
— Soy hija de dos Jedi— dijo Allana sonriendo orgullosa.
— Mi tiempo se acaba, Allana. Sólo quiero decirte que siempre te querré.
— No te vayas, papá— dijo Allana, sus ojos se humedecieron.— Te echo de menos.
— Allana— dijo Jacen, dulcemente, pasando su mano azul sobre el rostro de su hija— Siempre voy a estar a tu lado. Aunque no me veas, aunque no me sientas, estaré ahí; cuidándote, guiándote.
— ¿Cómo un guardián anzantiliano, papá?— dijo Allana, pasando una mano sobre sus ojos.
—Si, como un anzantiliano— Jacen sonrió.— Dile a mi papá, tu abuelo, que a pesar de todo lo que pasó anteriormente, no hay rencillas. Es mi papá, no quiero que siga resentido conmigo.
— Lo diré. Te amo, papá— dijo Allana mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.
— Allana, yo también te amo, dile a tu madre…que también la amo. Dile a tu tía, que siempre le voy a querer. — dijo Jacen poniéndose de pie— Ya lo sabes, Allana. Soy tu guardián, adiós mi pequeña Dama Jedi
— Adiós papá— dijo Allana con un nudo en la garganta. Jacen se fue a la pared pero giró antes de desaparecer.
No existe muerte…
Sólo existe la Fuerza— dijo Allana, Jacen sonrió a su hija y se dio la vuelta, desapareciendo detrás del muro. Allana se levantó, se limpió las lágrimas con la manga de su túnica y se fue del lugar.

En el pasillo vio a su amigo Shaula con dos emparedados.
— Hola Allana, ¿ves algo diferente?
Allana lo vio y abrió los ojos.
— ¿Te han nombrado Caballero? ¿Oficialmente?— dijo Allana, Shaula asintió, lo cual la joven Jedi lo abrazó.
— Pensé festejar con estos emparedados de nerf ¿Hambre?
— Claro que tengo hambre— dijo Allana recibiendo su emparedado.

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Ben llegó al umbral de la puerta del Consejo Jedi, no avanzó puesto que su padre, el Gran Maestro Luke se dirigía hacia él.
— ¿Me llamabas, papá?
— Si— dijo Luke colocando su brazo por encima del hombro de su hijo, comenzando a andar por los pasillos— ¿Estás bien de tu pierna?
— Cambió los tejidos y una crema, está como nueva ¡Cilghal es fantástica, papá!— dijo Ben sonriendo, lo cual Luke lo imitó.— Pero no me llamaste para preguntarme como está mi pierna ¿cierto?
— Claro que no. Te he llamado por que en vista de los últimos acontecimientos, yo no tengo dudas en pedirte que te unas al Consejo Jedi— Ben se detuvo para observar a su padre.
— ¿Yo sentado, en esos mullidos sillones? — preguntó Ben sorprendiéndose, Luke asintió— Pensé que tenias que ser Maestro y ser un viejo…a excepción de Jaina…y de ti por supuesto, eres joven y lozano— dijo Ben, lo cual Luke se rió.
— No necesariamente, Jaina se unió al Consejo sin entrenar a ningún Aprendiz, por aquel entonces.
— Esta bien papá, me uniré al Consejo, es un honor— dijo Ben, esta vez, muy serio. Ambos empezaron a caminar por los pasillos. Sonó un pitido lo cual Ben contesta su radio transmisor, luego de unos minutos, colgó.
— Papá, nos vemos mañana— dijo Ben girándose para ver a su padre.
— ¿Vas a ver a una "amiga especial"?— dijo Luke alzando las cejas, bromeando con su hijo. Ben sonrió tímidamente.— Vestara Khai ¿cierto?— dijo Luke muy serio.
— Si, papá, tengo cosas que hablar con ella.
— Ten cuidado. Mañana tenemos reunión del Consejo.— dijo Luke, Ben asintió y se fue por el pasillo.

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Jagged Fel, con una copa en mano, semivacía, saludaba a cada político, cada senador, que pasaba por su lado, felicitándole por el triunfo. Bebió lo que quedaba de su bebida y lo dejó en la bandeja que llevaba un androide camarero. Entre las multitudes vio al joven alférez Zach Duty, con su uniforme gris, Jag se acercó a saludarlo.
— Buenas noches, señor Fel— dijo Zach Duty, adoptando una posición de firmes.
— ¿Cómo te va en este evento?
— Algo nervioso, señor. Los senadores no han dejado de felicitarme.
— Bueno, has hecho un buen trabajo con el Comandante Zawn en Mon Calamari— dijo Jagged Fel, con las manos en la espalda.
— Señor he leído en las holonoticias las comparaciones con los vong.
— Duty, las holonoticias exageran en algunas cosas ¿Sabes cuanto ha durado la invasión vong?
— Cinco años señor.
— Exacto, con los karganos han sido dos meses. Alferez Duty, la guerra Vong ha sido terrible, cada paso de ellos, perdíamos un planeta, la Nueva Republica de aquel entonces estaba muy dividida para hacerles frente. Yo perdí dos hermanos y mi esposa a su hermano menor, sólo en el ultimo año, logramos una victoria sufrida pero ha dejado muchas secuelas en las personas— dijo Jag— Si bien es cierto que los karganos nos han zarandeado en los primeros días. Cuando traicionaron a sus aliados; fue cuando pudimos controlarlos y llegar a derrotarlos.
— Tiene razón, señor. No tienen nada que ver.— dijo Zach Duty mientras daba un sorbo a su bebida. Jagged Fel se fijó en su crono.
— Me tengo retirar, alférez Duty. Adiós— dijo Jag mientras le extendía la mano al joven, correspondiéndole.
— Adiós, señor Fel.

Jagged Fel se acomodó su capa y caminó entre el mar de multitudes, hasta llegar a la salida, donde estaba su chofer y el deslizador.
— ¿Se retira, señor?— preguntó su chófer
— Si, lléveme a mi residencia—dijo Jag, mientras se dirigía a su deslizador personal, alargado y techado con lunas negras. Entró a su transporte mientras el chofer encendía.

Llegó a su residencia, el chófer estacionó el deslizador y se bajó del transporte.
— No se retire, señor. Espéreme un momento— dijo Jag mientras el chofer asentía.
En la puerta había dos guardias de la Alianza Galáctica. Ellos asintieron al verlo.
— Buenas noches, Jefe Fel— dijo un guardia, haciéndose a un lado; Jag lo miró.
— ¿Han cenado?— preguntó.
— No, señor— contestó el otro guardia, muy extrañado.
— Tome esto y cómprense algo para cenar— dijo Jag entregándole créditos de la Alianza. Ellos sorprendidos, le agradecieron el gesto, Jag se cubrió con su capa, entró al edificio.

Abrió la puerta levadiza, se quitó la capa, tirándola a un sillón. El lugar estaba levemente iluminado.
— ¿Jag? Te iba a dar el alcance en el evento—dijo Jaina, con un vestido de noche, largo y sin tirantes, de color negro con un chal del mismo color sobre su espalda y una pequeña cartera negra bajo su mano derecha, donde evidentemente guardaba su sable de luz. Jag se giró para verla y sonrió.
— Yo sólo te dije que te vistieras elegante para una reunión.— dijo Jagged Fel mientras se acercaba a su esposa Jaina.
— Entonces ¿No iremos al evento?— preguntó la Maestra Jedi, Jag asintió— Que bien, no estaba de ánimos fingir mi "simpatía" a los políticos. ¿A dónde iremos, Jag?
— ¿No recuerdas que dia es hoy?— preguntó Jag mientras abrazaba a Jaina. Ella lo miró fijamente y se llevó una mano a la sien.
— ¡Como me pude olvidar! Es nuestro décimo aniversario.— se lamentó Jaina pero Jag seguía sonriendo.
— No te puedes culpar, la guerra nos mantuvo ocupados. He hecho una reservación en la Torre Indigo.— dijo Jag. La Torre Indigo es un restaurante de lujo y famoso en Coruscant.
— Me parece bien. Vayamos a cenar por nuestro aniversario— dijo Jaina dándole un beso a su esposo. Luego se alejó un poco para ver el rostro del Jefe de Estado.
— ¿Qué te preocupa, Jag?— preguntó Jaina.
— ¿Qué si me juzgas por haber atacado Kargan con una táctica muy agresiva?
— Jag— dijo Jaina, colocando su mano sobre el cabello de su marido— Haz hecho lo que te parece correcto. No a mi, si no a ti.
— Sinceramente, me pareció lo correcto. ¿Tú estás de acuerdo o no?
— Como Jedi, no. Pero no te juzgo, Jag, fue tu decisión. Y esto para que veas que no estoy molesta contigo— dijo Jaina, volviéndolo a besar.
— Jaina— susurró Jag— ¿Nos ponemos en camino?— exclamó Jag elevando su brazo derecho, Jaina colocó el suyo y juntos se dirigieron a la puerta.— Por cierto, te ves hermosa esta noche.

Jaina sonrió y juntos salieron de su residencia.

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Ben caminaba por las calles pocas transitadas de Coruscant, con la capucha de la túnica cubriendo su cabeza. Hasta llegar a un callejón donde giró para entrar. Ahí, sentada en el suelo, estaba Vestara Khai. Ella se levantó y se bajó la capucha, Ben se acercó a ella, bajándose la capucha también.
— Pensé que no vendrías.— dijo la Sith, acercándose al Jedi.
— Te vas ¿cierto?— preguntó Ben, Vestara asintió.— Ves, gracias por la ayuda que nos has ofrecido.
— Gracias por confiar en mi, Ben. A pesar de todo— dijo Vestara.
— Me gustaría que te quedaras.
— ¿Estás obsesionado conmigo, Ben?— dijo Vestara, colocando sus manos sobre la espalda de Ben.
— No. Estoy enamorado…de ti— dijo Ben, Vestara le sonrió, luego sus manos se colocaron en el cabello del Jedi mientras Ben enroscaba sus brazos en la cintura de la Sith, dándose un apasionado beso.
— Yo sólo intento seguir la tradición familiar… — dijo Ben de forma teatral, lo cual Vestara rió.
— Hasta luego, Ben. Yo pienso que esta no es la ultima vez nos veamos— dijo Vestara mientras agarraba las manos del Jedi.
— ¿Lo vas a pensar?

Vestara Khai lo miró mientras lo pensaba hasta dar un suspiro.
— Tal vez pero no te hagas ilusiones, Skywalker.
— Lo sé— dijo Ben mientras Vestara se dio la vuelta pero Ben no la soltó, Vestara volvió su mirada al Jedi.— Ves, antes de irte…debemos probar ese nuevo bar de caf.
— ¿Es una cita?
— Tal vez, pero nadie niega una taza de caf caliente en la mañana.
— Esta bien, me vendría bien una taza de caf— dijo Vestara después de pensarlo.
— Una taza de caf siempre viene bien, Ves.


Soffy: Allana y Shaula no llegan a estar juntos, sólo les une una amistad. Gracias por tus comentarios, saludos y que la Fuerza te acompañe.

N/A: Y la historia ya llegó a su fin. Muchas gracias a todos los que se pasaron a leerla y tambien a los que dejaron los comentarios. Si en algunas escenas de romance les han parecido pastelosas, me disculpo por ello. Y ojalá que la Fuerza ilumine a JJ Abrams para un episodio VII digno y a la altura de la saga.

!Que la Fuerza los acompañe!