Capítulo 6: Qué me llevo, qué se queda, qué tiro

La persona que les abrió la puerta les recibió con una sonrisa equiparable a la del recepcionista y el botones del ascensor. Sarah Milles era una mujer atractiva, de pelo largo y moreno, y dentadura perfecta. Gracias a las pequeñas arrugas que empezaban a nacer en las comisuras de sus ojos Castle pudo deducir que tenía entre 30 y 35 años. La señora Milles les guió hasta el salón donde les esperaba su marido, Paul Milles.

Invitándoles a ocupar uno de los sofás que ocupaban el centro de la estancia, Sarah les preguntó si les apetecía tomar algo, pero Beckett declinó la oferta hablando por ambos. La detective se tomó unos instantes para evaluar a sus entrevistados. Paul era algo mayor que Sarah, de porte sereno y mirada penetrante. Tenía las manos perfectamente cuidadas, pero surcada por callos. Se trataba pues de un hombre que gozaba de la buena posición que se había ganado a base de trabajar duro.

- Gracias por recibirnos a esta hora - dijo la detective, para romper el hielo.

- Descuide - respondió la mujer al instante.

- Estamos felices de poder ayudar a la Policía de Nueva York, aunque esperemos que no sea nada grave...

- ¿Qué le parece asesinato? - intervino Castle, ganándose la atención de todos los presentes.

- ¿Asesinato? ¿De quién? - preguntó el señor Milles, entrelazando los dedos mientras apoyaba los codos sobre sus rodillas.

- Martin Prince - dijo Kate sacando una foto de la víctima y enseñándosela a los entrevistados.

- Su cara me resulta familiar, pero no sabría decirle de qué detective. ¿A ti te suena Sarah? - la mujer de Paul negó lentamente con la cabeza, sin lograr apartar la vista de la fotografía.

- ¡Yo lo conozco! - Paul y Sarah se giraron al escuchar la voz de su hijo que acababa de asomar la cabeza por encima del respaldo del sofá en el que ambos estaban sentados.

- Tyler, ¿qué haces levantado? Vuelve a la cama de inmediato - le ordenó su madre, extrañamente alterada.

- Es que no tengo sueño y he oído voces y...

- Nada de excusas. ¡A la cama!

- ¡Pero yo lo conozco mamá! Es el árbitro tan simpático del que te he hablado, ¿le ha pasado algo? - el rostro del niño se ensombreció de repente.

- Tyler, no te lo volveré a repetir - dijo Sarah a lo que el niño respondió dirigiéndole una mirada suplicante a su padre

- Haz caso a tu madre Ty. - resignado, el niño dejó caer los brazos y dio media vuelta para volver a su habitación. Cuando su hijo cerró la puerta de su habitación, Paul cogió la fotografía de la víctima - ¿Así que este es el famoso árbitro?

- ¿Lo conocían?

- No exactamente

- Hace un dos meses - empezó la señora Miles, que parecía haber recuperado el habla tras varios minutos de silencio - Tyler empezó a hablarnos de un nuevo árbitro en su liga de beisbol. Que si era genial, que si le daba muy buenos consejos,...

- ¿No acompañaban a su hijo a los partidos?

- Somos personas ocupadas señor Castle. - respondió Paul - Uno de los inconvenientes de dirigir una gran empresa es que tengo que dedicarle gran parte de mi tiempo y eso incluye muchos sábados.

- ¿Y usted señora Milles? - preguntó la detective

- Dígame

- ¿No iba a los partidos con su hijo?

- Oh, sí... Pero debo confesar que no soy una gran aficionada al deporte nacional - dijo forzando una media sonrisa - así que no prestaba demasiada atención a lo que pasaba en el campo.

- Pero usted Paul ha dicho que le sonaba la cara de la víctima - intervino Castle, secundado por un leve asentimiento por parte de Beckett.

- Eso es porque ayer logré escabullirme para poder ir al partido, pero recibí una llamada de trabajo cuando estaban empezando la séptima entrada y tuve que irme.

- ¿Qué opinas?

Castle y Beckett estaban de vuelta en el coche de ella, rumbo a su apartamento para empezar a organizar sus cosas para la mudanza. Habían pasado varios minutos en silencio mientras avanzaban entre las tibias luces de la Nueva York nocturna.

- Opino que Sarah Milles sabe más de lo que nos ha dicho - respondió Kate, mientras se pasaba la mano izquierda por el pelo.

- Estoy de acuerdo. ¿Te has fijado en la cara que ha puesto al ver la fotografía? Era casi como si hubiera visto un fantasma...

- No empieces Castle.

- Por una vez, era una forma de hablar.

Cuando llegaron al apartamento de la detective, unas cajas de cartón sin montar les esperaban sobre el felpudo. Castle se las había apañado para hacer que una compañía de mudanzas las enviara hasta allí, a pesar de tratarse de un domingo. Una vez dentro, ella sirvió dos copas de vino mientras él pedía una pizza para la cena.

- Bueno, ¿por dónde quieres empezar?

- Lo primero será decidir qué me llevo a tu piso, qué se queda aquí y qué voy a tirar - dijo Kate colocándose ambas manos sobre la frente, consciente del trabajo que se le venía encima.

- Eh, eh tranquila, se supone que esto es algo bueno, ¿no? Además estoy aquí para ayudarte - dijo Castle, regalándole una sonrisa antes de abrazarla - Por ejemplo, sé de un par de cosas de las que podrías deshacerte ahora mismo.

La sonrisa y tono que Castle acababa de utilizar, acompañados por una mirada traviesa indicaron a Kate que lo que tenía en mente poco o nada tenía que ver con la mudanza.