Capítulo 8: Unas curvas perfectas y una mala noticia
La resaca estaba haciendo estragos en los nervios de Scott, que había empezado a sudar de forma considerable, mientras se apretaba las sienes con sendas manos. Beckett sonrió satisfecha, estaba a punto de venirse abajo, podía notarlo. A su lado, sin embargo, Castle no parecía estar seguro, ya que observaba las manos del interrogado con el ceño fruncido. El escritor se giró hacia Beckett pidiéndole permiso para intervenir con la mirada y ella asintió.
- Oye Scott, esa guitarra parece muy especial. ¿Podrías describírmela?
- Oh tío, no es especial. Es perfecta, ¿sabes? La caja está hecha de madera de roble perfectamente pulida, recubierta de una capa de pintura negra antioxidante, lo que impide que pierda su brillo. El mango tiene la anchura perfecta y cada traste está pulido al milímetro...
Scott hablaba de su guitarra con la misma pasión que cualquier hombre hablaría de su novia supermodelo. Pero Castle no le prestaba demasiada atención, ya que, en el fondo, no estaba interesado en su respuesta.
- Suena increíble - dijo el escritor cuando Scott hubo terminado su oda a la guitarra -, el problema es que tengo muy poca y oxidada imaginación. - dijo Castle, a lo que Beckett respondió alzando una ceja con todo el escepticismo y sarcasmo que le fue posible - Así que si pudieras dibujarla...
Castle le tendió una hoja y un bolígrafo a Scott. El músico aceptó la petición con más entusiasmo del que cabía esperar, teniendo en cuenta el estado resacoso en el que se encontraba. Así, se acercó la hoja con la mano izquierda, mientras que con la derecha empezó a dibujar. Castle y Beckett compartieron una mirada significativa. Scott no podía ser el asesino, aunque más tarde Castle sugiriera que podían meterlo en la celda de retención porque dibujar tan mal debería ser delito.
- Señor Cox, ¿vio usted a la víctima después de la pelea? - preguntó Beckett retomando el interrogatorio, pero usando un tono mucho más suave. Ahora que lo habían descartado como sospechoso, quizás podría servirles como testigo.
- Pues ahora que lo dice sí. Cuando nos echaron fui a por la furgo y la aparqué en la parte trasera para poder recoger todo nuestro equipo. Los chicos y yo estábamos cargando todo el material, cuando vi al camarero discutiendo con tío en la esquina. Le digo que no era la mejor noche de aquel capullo...
- ¿Podría identificar a la persona con la que hablaba?
- Que va, estaba oscuro y llevaba capucha.
...
Beckett estaba pasando la fotografía de Scott Cox de la columna de sospechosos a la de testigos, cuando Castle apareció ofreciéndole una humeante taza de café recién hecho.
- Gracias - dijo la detective aceptándola de buen grado.
- ¿Cuál es nuestro siguiente paso?
- Iremos al Bitter End a hablar con la encargada, a ver qué puede decirnos de Martin Prince. No hace falta que disimules Castle, ya sé que te estás muriendo de ganas de ir desde que el nombre del local ha salido por primera vez a la luz.
- ¡Es que ese sitio es una leyenda de Nueva York!
- Lo que tú digas. ¡Esposito, Ryan! ¿Por qué no investigáis las cámaras de tráfico cercanas al Bitter End? A ver si podemos descubrir la identidad del misterioso hombre con el que se reunió Prince en la boca del callejón. ¡Ah! Y repasar las llamadas y los movimientos bancarios de la víctima. Quiero saberlo todo sobre él.
- Está hecho - respondió Ryan desde su escritorio.
- ¿Sabías que The Bitter End abrió las puertas por primera vez en el año 1961? Y desde el primer momento se convirtió en un gran propulsor de músicos y comediantes. - decía Castle mientras se metían en el ascensor - ¡Neil Diamond, Billy Crystal, incluso Woody Allen empezaron allí!
- Castle.
- ¿Sí?
- Me da igual.
...
Las calles de Green Village estaban bastante concurridas. Beckett decidió aparcar el coche oficial a un par de manzanas del local, para poder estirar las piernas. Pero pronto se arrepintió de su decisión.
- El 23 de julio de 1992 la ciudad de Nueva York le otorgó el estatus de Edificio Histórico', y Paul Colby's, su dueño actual...
- Castle.
- Perdón.
Cuando llegaron a la entrada principal del local se encontraron con que ésta estaba cerrada, así que decidieron rodear el edificio en busca de la parte trasera. Cuando llegaron al callejón en el que, supuestamente, Scott había visto a la víctima discutiendo con un desconocido, vieron a una mujer descargando cajas de cerveza de un camión de reparto. Cuando vio que se acercaban dejó lo que estaba haciendo y se les acercó.
- Lo siento, no abrimos hasta las 8, tendréis que volver más tarde parejita.
Castle sonrió por el comentario, pero a Beckett no pareció hacerle demasiada gracia el trato que les había dado la mujer. De manera que sacó la placa, siendo aquel gesto respuesta suficiente para que la actitud de la mujer cambiara por completo.
- Policía de Nueva York, ¿es usted Johnanna Campbell? - inquirió la detective, consultando sus notas para recordar el nombre de la encargada del local.
- La misma.
- Me gustaría hacerle unas preguntas sobre Martin Prince.
- ¿Se ha metido en algún lío?
- Está muerto - dijo Castle, logrando que Johanna palideciera al instante.
Detective y escritor esperaron pacientemente sentados en una de las mesas del local a que Johanna despachara al repartidor. Cuando se les acercó los efectos de la noticia de la muerte de Prince todavía eran muy visibles en su rostro.
- Disculpen que les haya hecho esperar - dijo ocupando una tercera silla alrededor de la mesa - Y disculpe por lo de antes detective. No sabe cuántas veces a la semana tengo que espantar a los listillos que quieren colarse en el local por la puerta de atrás.
- No se preocupe. Dígame, ¿qué puede contarme de Martin Prince?
- Un excelente camarero. Le contraté yo misma hará unos cuatro años. Era una persona llena de energía y con muchas ganas de trabajar.
- Tenemos entendido que había estado saliendo con otro miembro de su personal, ¿fue eso un problema?
- En absoluto - respondió Johanna con una sonrisa irónica -, era conmigo con quién había estado saliendo.
Aquella respuesta pilló por sorpresa tanto a Castle como a Beckett, que tuvo que reorganizar la entrevista que había preparado por adelantado en su cabeza.
- ¿Por qué cortaron?
- No cortamos, él cortó - aclaró la camarera - Todo iba genial, y de repente, hace dos meses, me dijo que lo nuestro no podía seguir adelante.
- ¿Le dio algún motivo?
- No. Y tampoco se lo pregunté. Debe entender detective que no se trataba de una relación seria. Nos acostábamos de vez en cuando, eso era todo. Por eso nos iba tan bien, era sólo algo físico. Mezclar los sentimientos con el trabajo nunca sale bien.
- Discrepo - intervino Castle.
- ¿En serio? Póngame un ejemplo en el que una relación entre dos compañeros de trabajo haya salido bien y le daré dos entradas para esta noche.
