Capítulo 5

Gray se pasó la mayor parte de la noche despierto, las heridas no le dejaban conciliar el sueño. Maldijo al maestro y sus estúpidas ideas, podría haberles avisado antes sobre el torneo, si lo hubiese sabido no se habría pasado el día anterior yendo de misión en misión, terminando casi sin aliento. En realidad le fastidiaba más no poder dormir que las heridas en sí, tampoco era que le fuera a recriminar nada a Gajeel.

Seguía pensando en sus cosas mientras miraba cómo Juvia dormía a escasos centímetros de él. En ese momento se arrepintió de haber sido tan frío con ella desde que la conocía. Él realmente sabía lo que Juvia sentía por él, bueno, en realidad lo sabía todo el mundo, y hasta hace poco tiempo no la había tomado enserio. No se atrevería a decirlo en voz alta, pero la satisfacción le inundaba cada vez que Juvia se alejaba de Lyon durante el torneo, y cuando lucho junto a él para derrotarle junto a Chelia. Realmente no podía tener ninguna duda respecto a ella, pero por el contrario… Gray era consciente que tenía actitudes que podían molestar a Juvia, y más conociendo sus sentimientos, ¿pero y los suyos propios?

El chico no sabía qué pensar, no era del tipo romántico ni de tener parejas ni de pasar la noche con mujeres. Cuando se trataba de eso, había un vacío en Gray, en ese aspecto al menos.

De repente, Gray empezó a toser, lo que despertó al instante a Juvia, que seguía rodeando a su acompañante con sus brazos.

-Gray, ¿se encuentra bien?- dijo incorporándose ante él.

-Sí, no es nada por lo que preocuparse. Siento haberte despertado.-se excusó este.

-Juvia irá a prepararle un té, espere aquí.-dijo la chica algo preocupada.

A los pocos minutos ella regresó con una bandeja con dos tazas, que depositó en una mesilla cercana.

De repente dijo Gray, sin venir a tema.

-Cuéntame qué has hecho en tu vida.

Juvia se extrañó que le preguntara esas cosas. Mientras miraba a través de la ventana, reflexionó:

-Juvia no conoció a sus padres, se crió en un internado desde que nació hasta que pudo independizarse. Allí no pasé mis mejores años, ya que al atraer la lluvia, Juvia no pudo hacer amigos.-recordaba ella en voz alta.- Cuando Juvia se fue del internado, conoció a un hombre, Bora, que resultó ser un engaño para Juvia. Por lo visto fue detenido un tiempo después por traficar con esclavos, así que Juvia se alivió al no haber seguido con él. Aunque en realidad, fue Bora quien no pudo aguantar más al lado de Juvia. Fue entonces cuando el maestro Jose buscó a Juvia, mostrándose muy interesado en que me uniera a su gremio, así que acepté. No tenía ningún otro lugar a dónde ir…-Juvia dejó de hablar.

A ella se le rompió la voz y los labios le empezaban a temblar, a lo que Gray respondió acercándose a ella, todavía dolorido por sus lesiones, mientras la envolvía en un abrazo.

-Lo siento mucho, no debí haber preguntado.- dijo Gray intentando consolar a Juvia.- Realmente, parece que si no has tenido una vida difícil no puedes entrar a Fairy Tail.

Juvia sonrió a esto, era irónico.

Olvidándose de las bebidas que había preparado la maga, Gray acercó a Juvia y a él mismo hacia dentro de la cama de nuevo, y esta vez él se acercó a la frente de su amiga plantándole un tierno beso.

-Juvia está muy feliz de poder ser más cercana a Gray.-se atrevió a decir casi sin pestañear.

Gray no contestó a esto, pero atrapó a Juvia contra él mientras le acariciaba el pelo.

-Intentemos dormir un poco más.-dijo él finalmente.

Gray empezó a temer el día en que la reforma de Fairy Hills se completara, así Juvia volvería allí y no podrían pasar esos momentos tan especiales que nunca hubiese imaginado tener con ella.

Juvia pensaba lo mismo, no quería volver a tener la relación acosadora-acosado anterior. Ojalá la reforma durase por siempre.

Lo único que podían hacer era aprovechar el presente.

Gray y Juvia se despertaron casi al mismo tiempo, más tarde la lo habitual. Seguían abrazados, pero ya no estaban avergonzados por la situación. Simplemente se sonrieron. Gray debía seguir en reposo, y le dijo a Juvia que no se preocupara por él, que se fuera al gremio a hacer alguna misión.

Juvia se sintió mal, pero aceptó. Tenía algo pensado: el dinero que conseguiría en la misión de ese día sería para comprarle a Gray un presente como agradecimiento No podía seguir en su casa y no agradecerle como es debido, así que se animó.

La misión que realizó fue ofrecida por Mirajane, podría decirse que se la reservó. Era un problema bastante serio sobre el conducto de cañerías de la parte oeste de Magnolia, y requerían a alguien con conocimiento del tema.

-Pero Juvia no sabe nada acerca de… cañerías.-dijo ella algo confusa.

-Pensé que al ser una maga de agua te resultaría fácil. Podrías ir con alguien para que te ayude, si quieres.-dijo Mira sonriendo.

A Juvia sólo le vino a la cabeza ir con Gajeel, así que se acercó a él y a Lilly.

-Gazille-kun, ¿acompañaría a Juvia a esta misión?- le dijo ella.

-Bueno, me siento un poco mal por haber herido a tu amigo el stripper… Supongo que no nos llevará mucho tiempo, así que te acompañaré.-sentenció Gajeel.

Juvia y Gajeel eran muy buenos amigos, y no era la primera misión que realizaban los dos solos. Aunque no se lo admitiera a nadie, Gajeel le tenía mucho cariño a su compañera, ya que gracias a ella pudo unirse a Fairy Tail. Nunca le estaría lo suficientemente agradecido, así que siempre tenía tiempo para ayudarla.

La misión no les costó mucho tiempo, simplemente implantaron un desvío adicional en la red de cañerías gracias a los poderes de Juvia y Gajeel, así que les fue fácil, y la recompensa no estaba nada mal.

-Puedes quedarte con la recompensa entera, mujer de la lluvia.-dijo Gajeel mostrándose desinteresado.- Después de todo era una misión para ti.

-¡Juvia no puede hacer eso! Gazille-kun ha hecho posible el cumplimiento del trabajo.- respondió ella.

-No me hagas repetirlo. No quiero que dividas la recompensa, te la puedes quedar. Pero tendrás que ayudarme en algún trabajo algún día.- y sin dejarla contestar, se marchó.

Juvia puso cara de satisfacción y le agradeció en silencio, así el obsequio para Gray podría ser mayor.

La maga, una vez obtuvo el dinero de la misión, se acercó al centro de la ciudad en busca de algo para Gray.

Tardó más en decidir qué comprar que en hacer la misión, y al final, tras mucho pensar y darle vueltas, le regaló un colgante de oro blanco con una sencilla fina cadena, sosteniendo una lágrima. O puede que una gota de lluvia, así seguro que pasase lo que pasase, no se olvidaría de ella.