Capítulo 8

En el gremio todo marchaba con normalidad: la gente entraba y salía si parar, de una misión u otra, y había un ambiente agradable, hasta que aparecieron por la entrada dos figuras con aires de muerto viviente. Eran Gray y Juvia.

Todo el mundo se acercó a recibirlos preocupados.

-¡¿Pero a qué misión habéis ido?! ¡Corre Wendy, trátales las heridas!- dijo Erza nada más verles.

Wendy se encargó primero de tratar las heridas de Gray, aunque este insistiera en que curase antes a Juvia, a lo que la sacerdotisa del cielo hizo caso omiso; Gray estaba en peores condiciones.

-Gray y Juvia fueron atacados por un grupo de bandidos, nos estaban esperado.- les iba contando Juvia.- El líder del grupo era el dragon slayer de agua, por lo que nos costó salir…

-¿¡Os habéis enfrentado a un dragon slayer!? Y lo habéis vencido, sois increíbles.-la cortó Natsu alucinado.

-En realidad Juvia hizo casi todo el trabajo.- interrumpió Gray una vez curado.

Juvia iba a replicarle, pero Wendy le indicó que se acomodara para que la tratase rápidamente.

Mientras Gray entraba en detalles, todos escuchaban boquiabiertos. Erza se sentía un poco mal, aunque no salía de su asombro, ella había prometido proteger a Gray, pero ¿qué podía hacer en esa situación? Ni siquiera se encontraba con él…

Luego apareció el maestro, disculpándose por haber caído en la trampa de haber aceptado una misión trampa, e indicándoles que se fueran a casa a descansar, así que le hicieron caso.

Ya había caído la noche, hacía un frío fuera de lo común, y Gray y Juvia seguían mostrándose distantes uno del otro, aunque lo hacían con tanta naturalidad que no creaban incomodidad. Sólo silencio.

Cuando llegaron a casa, Gray dejó que Juvia tomase un baño. Mientras lo hacía, cenó algo rápido y esperó a que saliera.

Cuando ella se bañó, entró Gray, y ella automáticamente hizo lo mismo que había hecho él antes, comió algo rápido como cena y se metió directamente en la cama.

Cuando Gray terminó de bañarse se acostó en el sofá.

-Buenas noches.- dijo Gray en voz alta.

-Hasta mañana.- respondió Juvia.

Habían pasado demasiadas cosas ese día como para andar ignorándose como si fuesen críos. Recapitulando, Juvia había dicho en voz alta y clara que estaba luchando para proteger al hombre que amaba, y Gray había dicho que él entendía también ese sentimiento. Los dos eran conscientes de eso, y puede que fuese el motivo de su frialdad. No podían atreverse a actuar tan a la ligera ahora que sus sentimientos habían sido expresados en voz alta, aunque estuviese muy lejos de ser una declaración formal. Tendrían que haber hablado sobre el tema, o por lo menos no actuar de ese modo. Así que dejando el orgullo y la timidez de lado, Juvia se levantó de la cama y caminó suavemente hacia el sofá donde estaba acostado Gray.

Él seguía despierto cuando Juvia se acostó a su lado, mirándola de frente, ambos con los ojos abiertos. Gray le pasó los brazos por la espalda para que no cayese al suelo, ya que estaba casi en el borde del mueble.

Ambos cerraron los ojos y juntaron sus frentes.

-Realmente, es una noche muy helada.- dijo simplemente ella.

-¿Tú crees?-respondió el mago de hielo, que para sorpresa de nadie, iba en ropa interior.- Yo creo que sólo sentiría frío en lo alto de una montaña en el polo norte.

Sí hacía mucho frío, y Juvia había abandonado la calidez que le proporcionaban las sábanas de la cama para meterse en el sofá, cubiertos únicamente por una fina manta.

Ante los temblores de ella, Gray la abrazó más fuerte, frotándole la espalda con sus manos, pero no se le ocurrió decirle que volviese a la cama si tenía tanto frío. Él quería que pasase frío si así podían estar así.

Juvia escondió su cara en el pecho de Gray, atrapándolo en un abrazo también.

-Siempre he temido que al tocarte te traspasase.- dijo Gray de la nada.

-Juvia sólo se convierte en agua cuando quiere. Sólo Juvia deja que la toque quien ella quiera…- dijo un poco avergonzada.

-Gracias por dejarme tocarte.- dijo él, paseando su palma de la mano por un brazo de ella, y luego lo mismo con su otro brazo, subiendo hasta su rostro. Cuando cogió a Juvia, con ambas manos en sus mejillas, la alejó unos centímetros para verle la cara. Los dos estaban rojos de la vergüenza, pero no apartaban sus miradas, sus corazones latían rápidamente, hasta parecía que iban a salirles por la boca.

Y esta vez, Gray acercó su cara al lado de la de Juvia, pasándola por encima de su hombro, ahora bajando de nuevo las manos acariciando la espalda de ella, a lo que Juvia respondió con un beso en el cuello.

Gray estaba empezando a excitarse, así que se obligó a parar de aspirar el aroma de Juvia y seguir bajando sus caricias, que volvieron a la mitad de la espalda.

-Deberíamos descansar, quién sabe qué misión haremos mañana…- dijo él, cortando un poco la situación.

-Tiene razón.- dijo ella avergonzada, dejando de pasar recorrer el cuello de Gray con su nariz.

Ella también se estaba excitando, y para qué engañarse, haría lo que fuese con Gray, pero no podían echarlo todo a perder en una noche como esa. Tenía que ser mucho más especial, así que quedó contenta de poder pasar la noche simplemente abrazada a él.

Él agradeció que ella parase, ya que unos minutos más y la situación se hubiese puesto algo… incómoda, y estaban demasiado cerca uno del otro como para disimularlo.

-Pero a Juvia no le apetece ir a una misión mañana.- dijo finalmente la maga.- Juvia quiere quedarse así todo el día.

-Me parece bien, aunque el sofá no es del todo cómodo.-respondió él.

A lo que Juvia reaccionó levantándose mientras cogía a Gray de las manos, conduciéndolo a la cama. Una vez dentro, el frío ya no era tan notable, aunque seguían abrazados, puede que con más fuerza incluso. También se molestaron en correr las cortinas, para quedar en completa oscuridad para cuando saliera el sol.

-Quiero quedarme aquí para siempre.- susurró Juvia sin saber si Gray la había escuchado o no.