Capítulo 10
En el gremio estalló el júbilo, por fin podrían volver a sus dormitorios. Las chicas especialmente no podían contener su alegría. Volver a su territorio y convivir junto al resto de las inquilinas era lo mejor, y la apertura cara a los chicos era interesante también. Pero no todo eran risas y llantos de alegría, alguien salió del gremio sin poder contenerse dejando atrás al resto. Y empezó a llover. Llovía como hacía tiempo que no lo hacía, de la nada, y Juvia no pudo contener sus lágrimas nada más salir del gremio, tal era su tristeza que cayó de rodillas sin poder evitarlo, sin parar de llorar.
Dentro del gremio nadie le dio importancia al mal tiempo, nadie excepto Gray, que seguía buscando a Juvia, y al ver la tormenta que se había desatado no tuvo duda alguna, así que salió hacia fuera, y allí la encontró.
Ambos notaron la presencia del otro, pero no abrieron la boca, simplemente se miraban.
-Parece que Juvia podrá volver a su habitación…-dijo ella secándose las lágrimas.-Debería ir a hacer la maleta.
Gray seguía sin hablar, sólo asintió mientras la tristeza se apoderaba de él. Ayudó a Juvia a levantarse, y sin soltarla de la mano la acompañó a su apartamento. Pero no dejaba de llover.
Gray y Juvia llegaron empapados a casa.
-Juvia lo siente, no puede hacer para la lluvia. Ahora caerá enfermo…- se disculpó al ver que Gray estaba completamente empapado.
-No te preocupes por eso.- dijo mirando al suelo.
Gray no fue capaz de ayudar a Juvia a hacer la maleta, era como si la estuviese ayudando a marcharse y era incapaz de moverse.
Juvia por su parte recogía en silencio su ropa y el resto de sus pertenencias, y cuando vio en su maleta el colgante que había comprado para Gray empezó a llorar silenciosamente. No había tenido la ocasión de preparar nada y dárselo, y ahora temía que Gray pensara que era una desagradecida.
Gray se agachó y se puso a su altura para comprobar que estaba bien, y ella temblaba todavía con la caja del regalo entre las manos. Pero Juvia se decidió y se secó las lágrimas. Entonces se levantó de repente y miró a Gray, que también se levantó.
-Juvia no esperaba tener que marcharse tan pronto…-en realidad no era pronto, pero a ella se le había hecho corto.- Así que a Juvia no le ha dado tiempo a hacer lo que quería, pero… Gracias por todo.- y estiró sus brazos con la caja en sus manos, mientras miraba a Gray a los ojos.
Gray seguía sin articular sonido alguno, pero cogió la caja que le ofrecía Juvia.
-¿Puedo abrirlo?-pudo preguntar finalmente.
Juvia asintió, y él empezó a abrir la caja lentamente. Entonces vio el colgante en forma de agua. No podría ser de otro más aparte de Juvia.
-Es para que se acuerde del buen tiempo que Juvia pasó en su casa.- dijo ella en voz baja, mientras Gray no apartaba la vista del regalo.- Gracias por dejar que Juvia se quedara y hacer que sean los días más felices.
Sin pensarlo dos veces, Gray se abalanzó sobre Juvia tirándola al suelo mientras la abrazaba, quedando encima de ella. El chico colocó sus manos lentamente en el rostro de ella, sin poder contener las lágrimas ni un segundo más. Ahora ella también lloraba.
-¡Juvia no quiere irse!- gritó la maga a los cuatro vientos, mientras se tapaba la cara con el brazo.
A lo que Gray respondió acercándose a sus labios, dejando que los suyos entraran en contacto con los de ella. Juvia correspondió al beso con fuerza, mientras abrazaba a Gray.
No paraban de besarse, sin descanso, parecía que bebían uno del otro y las respiraciones y los latidos se aceleraban. La ropa empezó a sobrarles pronto, e iban desnudándose uno al otro, hasta que Gray cogió a Juvia en brazos y la llevo hasta la cama, sin dejar de apartarse de ella.
Ninguno de los dos sentía vergüenza, ya que estaban haciendo lo que tanto deseaban tras tanto tiempo. Las caricias se aceleraban y los besos se expandieron por todo el cuerpo, dejando que sus lenguas jugasen con la piel del otro.
Gray pasó sus manos por encima de los pechos de Juvia mientras ella emitía débiles gemidos, para continuar besándole con pasión. Hasta que Juvia pudo dar la vuelta a la situación y se sentó encima de Gray. Su sexualidad estaba en contacto y podían sentir la humedad y la excitación uno del otro, pero no les importó. Ahora Juvia tomó el control y pasaba sus manos por la espalda de Gray con ansia. Luego acarició su firme pecho y posó sus labios encima de su marca del gremio, dándole un suave beso.
-Te quiero.- dijo finalmente Gray, y sin tiempo a que ella reaccionara, volvió a ponerse encima de ella.- Te quiero.-repitió.
Ella no se dio cuenta hasta ese momento, pero Gray llevaba puesto el colgando en que ella le había regalado. Sin decir palabra, bajó su mano hasta el miembro de Gray y lo masajeó, dándole la señal que continuase. Así que Gray se acomodó entre las piernas de Juvia y entró poco a poco dentro de ella, sin dejar de gemir y respirar todo lo hondo que podían.
Hicieron el amor de la manera más delicada imaginable, y no sólo una vez. Tras llegar al primer clímax, siguieron con los besos y las caricias hasta estar repuestos para volver a alcanzar otro. Cada vez de una forma diferente, hasta perder la cuenta, descubriendo partes que quedaban por besar y acariciar de sus cuerpos.
Cuando sus energías llegaron al límite, Juvia se recostó sobre el pecho de Gray, sin dejar de acariciarlo.
-Juvia también lo quiere, desde el primer momento.- contestó ella tras varias horas.
Podría decirse que Gray ya lo sabía, pero escucharlo de su boca le alegró profundamente. Se volvieron a besar. Estaban más sincronizados que en las ocasiones en las que hacían los ataques combinados. Realmente eran compatibles en todos los sentidos y se complementaban a la perfección.
-Quiero que te quedes conmigo.- le dijo Gray suavemente al oído.- De momento podemos vivir aquí, y si conseguimos reunir algo de dinero, podremos mudarnos a una casa más grande.
Escuchar a Gray hablar sobre proyectos de futuro a largo plazo alegraba a Juvia infinitamente. Jamás hubiera imaginado llegar a esa situación, pero no perder nunca la esperanza la había llevado a acabar allí, con él.
-Juvia viviría con usted hasta debajo de un puente.-le dijo ella acariciándole.- Te quiero y te querré siempre.
Disclamair: Los personajes utilizados en este fic perteneces a Hiro Mashima, autor de la obra original Fairy Tail.
Nota del autor: Hasta aquí el primer fic que he escrito en mi vida. He de decir que me ha quedado más dulce de lo que pretendía en un principio, pero el resultado final no me desagrada, y eso que quería hacerlo mucho más dramático, con alguna muerte y escenas trágicas por el estilo, pero esta historia se ha desarrollado sola y no me ha dejado incluir eso.
En verdad la he escrito toda en menos de dos días, pero estoy intentando dejar márgenes (no muy largo, como podéis ver) de tiempo para darle más emoción.
He disfrutado mucho escribiendo y siendo absorbido por la magia de la ficción.
Para mi próximo fic me esforzaré todavía más e incluiré más escenas de batallas, más tragedias e intentaré centrarme un poco más en el resto de gente del gremio. O lo intentaré al menos.
Y por último agradecer infinitamente a quien haya leído mi historia, los reviews, los favoritos y los follows. No tengo palabras para agradeceros vuestra acogida.
Espero que estéis atentos a mi perfil tras leer este fic, y manteneros pacientes a mi próxima historia, si queréis, claro.
Un beso,
William Egret
