Disclaimer: De nuevo, nada es mío… Si lo fuera, mi vida sería otra…
Leyenda: Este fic ha sido creado para los "Desafíos" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
El rasgo de hoy: Pasión (rasgo negativo). Sí, negativo…
Título:Así como eres
Resumen:"Pero lo soportas, porque amas a Rodolphus. Y él te ama a ti. Así como eres."
Personaje:Bellatrix & Rodolphus Lestrange
Rating: M
Así como eres
Sonríes. Sabes que lo que estás haciendo no es bueno, pero no podría importarte menos. Lo atas a la cama con tiras de seda. Te montas sobre él y comienzas a susurrar incoherencias a su oído. Restriegas tu cuerpo contra el de él, incitándolo, provocándolo. Sientes cómo se tensa, cómo su miembro se endurece contra tu plano abdomen.
—Eres hermosa —dice.
Te detienes. Sonríes de nuevo. Sabes que vas a disfrutar esto, mucho. Con un movimiento de varita, le pones una venda en los ojos. Bajas por su pecho, dándole besos cortos y calmados, sin prisa. Puedes sentir cómo se emociona, se excita. Llegas a su abdomen. Besas esa zona unas cuantas veces más y te encuentras con el primer obstáculo: el calzoncillo. Lo desvaneces con la varita y admiras el miembro de tu amante. Erguido, viril. Entierras la nariz en su vello, delicioso. Te encanta el olor a hombre. Diriges tus labios hacia la cabeza y comienzas a incitarlo. Sientes cómo él desea mover sus manos hacia tu cabeza, pero sigue atado. Así está bien por ahora.
Comienzas a succionar, un vaivén lento y tortuoso; arriba, abajo, arriba… Haces que llegue al clímax en poco tiempo. No importa. Eso sólo fue el preludio de lo que sigue. Por fin, subes hasta llegar a sus labios. Lo besas con pasión, con locura, y él responde de la misma manera. Te montas encima de él, encajando tus caderas con las de él, sintiendo cómo su miembro despierta de nuevo. Desapareces tu ropa interior y liberas sus manos. Él las dirige a tus curvas, tus senos. Acaricia como si la vida le fuera en ello y tú lo disfrutas. Oh, cuánto lo disfrutas. Comienzas a gemir y él imita el gesto.
Acercas la punta de su pene a tu entrada, mojada y lista para él. Comienza a entrar con facilidad, como si fuera un acto cotidiano. Por fin, está completamente dentro. Gimes aún más y él no hace otra cosa más que corresponder. Gemidos y gruñidos. Entra y sale. Arriba y abajo. Te mueves cada vez más rápido y puedes sentir cómo él empieza a llegar al máximo de nuevo. Te detienes y lo admiras. Es bastante guapo y atractivo. Lástima que lo que sigue no le vaya a gustar.
Retomas el movimiento de vaivén, mientras te recuestas sobre él una vez más. Diriges tu boca hacia su cuello y muerdes. Muerdes como si no hubiera un mañana. Muerdes hasta que sientes el sabor de la sangre fresca en tus labios.
—¿Qué diablos estás haciendo? —dice él. Trata de apartarte de él pero sus manos regresan a la cabecera. Esta vez, son cadenas las que las sujetan. Entre más se mueve, más se lastima. Sigues succionando mientras te sigue penetrando. Te enderezas y tomas tu varita, que se convierte en una fusta al instante. Comienzas a golpearlo sin piedad, una y otra vez. Sus gritos de dolor te excitan cada vez más, y sigues alzándote y sentándote sobre esa erección que, a pesar de todo, no disminuye.
Te cansas de golpear y vuelves a recostarte sobre él. Pones tu cabeza sobre su corazón y escuchas su latir. También escuchas su respiración agitada y eso te desconcentra. Es hora de terminar todo. Invocas un puñal, exquisitamente adornado con el escudo de armas de los Black. Le quitas la venda de los ojos y él te mira con reproche, hasta que ve el instrumento en tus manos. Su semblante cambia al instante y el terror es tan palpable que te encanta.
—¿Estás loca? —pregunta, atemorizado. Tú sonríes, una vez más. Aumentas la velocidad del movimiento, hasta sentir que estás fundida con él. Retomas los gemidos y gruñidos, pero esta vez él no te sigue. Vuelves a enderezarte y, de un solo movimiento, entierras el puñal en su corazón, mientras te pegas más a él. Tuerces el cuchillo una vez, mientras ves cómo la vida abandona sus ojos oscuros. Continúas con la penetración hasta que sientes cómo se deja ir dentro de ti.
Una vez que tu pulso se ha calmado, sacas el puñal y lo arrojas por la habitación. Recorres tus manos por su pecho y te ensucias de su sangre. Te parece apetitosa. Te lames los dedos mientras jugueteas un poco más con su miembro, ahora fláccido. Al cabo de rato, te quitas de encima y te recuestas en la cama, para descansar. Ha sido un muy buen polvo.
No notas cuando llega hasta la puerta, tranquilo y silencioso.
—¿Satisfecha, Bella? —Escuchas su voz desde la entrada.
—Como no tienes una idea, Rodolphus —le contestas—. Ahora, ayúdame a limpiar, ¿quieres?
El hombre agita la varita y el cadáver se desvanece. A la vez, te limpias con un hechizo y te vistes de nuevo. Rodolphus llega a tu lado y te besa.
—Sólo recuerda, cariño, que a mí me toca mañana —te dice.
Haces un puchero. Odias cuando Rodolphus trae extrañas a casa. Siempre suele conservarlas por más de un día, y a veces debes lidiar con ellas por un rato. Pero lo soportas, porque amas a Rodolphus. Y él te ama a ti. Así como eres.
Te recuestas sobre su pecho y cierras los ojos. Sí, mañana es día de Rodolphus.
—De acuerdo —dices, antes de que el sueño se apodere de ti.
Listo...
Los leo luego
Adigium21
