Disclaimer: De nuevo, nada es mío… Me gustaría no ser redundante, pero qué se le va a hacer.

Leyenda: Este fic ha sido creado para los "Desafíos" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".

El rasgo de hoy: Empatía (rasgo positivo).

Título:Desde el otro lado

Resumen:Lo miraba desde el otro lado de la mesa, y lo comprendía por completo. Parecía que solo yo lo entendía…

Personaje:Albus Severus Potter & Scorpius Hyperion Malfoy

Rating: PG-13


Desde el otro lado

Lo miraba desde el otro lado de la mesa. Yo escuchaba todo lo que los demás decían de él: escoria, hijo del mortífago, mago oscuro. Scorpius era el objeto de muchas burlas y molestias, y sin embargo, las soportaba con calma y sin alterarse. O al menos, así se veía.

Me sorprendía que alguien pudiera ser capaz de no alterarse cuando lo llamaban de esa manera. A mí, afortunadamente, no habían comenzado a llamarme "hijo del Elegido". Posiblemente tenía mucho que ver el que me quedara en Slytherin, cuando todos habían esperado que fuera un león. Casi nadie me hacía caso en mi casa, pero podía escuchar los susurros de los demás a mis espaldas. Al menos, tenían la decencia de hacerlo a mis espaldas. Con Scorpius no era así.

Sólo llevábamos dos meses en Hogwarts y ya había sufrido por varias maldiciones. No nos hablábamos, a pesar de que compartíamos habitación. No me parecía que tuviera ganas de entablar conversación conmigo, entonces yo no intentaba nada. Hasta que, un día, mientras iba caminando por la tarde hacia la biblioteca, escuché un sollozo.

Me acerqué y vi la cabeza rubia. Estaba encorvado y se apretaba los brazos. Parecía que estaba llorando.

—Malfoy, ¿estás bien? —pregunté.

El chico alzó la cabeza por un segundo y luego la bajó, con aspecto avergonzado.

—Déjame en paz, Potter. ¿Qué, acaso vienes a terminar conmigo?

Retuve el comentario mordaz y, en vez de eso, lo revisé con la mirada. Al parecer, sus brazos tenían algo, porque los apretaba con fuerza. Estiré la mano y tomé su muñeca, forzándolo a separarlos. Al instante, comenzaron a temblar a más no poder, y el gesto de Scorpius se tornó a uno de enfado.

—¿Podrías dejarme en paz? —gritó, y se fue corriendo. Yo no podía dejar que anduviera así por todo el castillo, así que lo perseguí hasta encontrarlo en un recoveco, cerca de la enfermería. Con fastidio, lo empujé hacia la puerta y entré con él.

La señora Pomfrey lo llevó a una cama y lo acomodó. Luego, realizó un movimiento fluido con la varita y Scorpius pudo dejar de agarrarse los brazos. La señora le indicó que se recostara y que descansara un poco, antes de poder irse. Una vez que estuvo acomodado, me senté en la silla más cercana y lo miré.

—¿Qué? —preguntó un poco brusco.

—Nada. Es sólo que no entiendo por qué te pasó esto. —Mentira. Claro que lo entendía. Pero eso habría significado admitir que lo veía con frecuencia.

—¿Es un chiste? Todos me odian. Me detestan por ser hijo de quien soy. Hijo de un Malfoy. Odio esto. Odio ser quien soy. Odio ser hijo de mi padre.

Sonreí.

—¿Te parece gracioso? ¿Por qué diablos crees que es gracioso lo que digo?

—Oye, tranquilo. Es sólo que me sorprende no ser el único que sienta eso.

—¿Cómo?

—Te digo que yo también odio ser hijo de mi padre. Todos tratan de alabarme sólo porque mi padre mató al tipo malo hace muchos años. Pero por detrás, sé que no piensan eso. Nadie entiende por qué soy de Slytherin, si todos los Potter han sido Gryffindors. Todos hablan de mí, tanto como hablan de ti. Y lo odio. Sé lo que sientes.

Scorpius sonrió de lado.

—Sí, creo entender tu punto.

En ese momento, la señora Pomfrey me indicó que debía retirarme, para dejar de incomodar a Scorpius.

Me puse de pie y me incliné un poco.

—¿Te sientes mejor? ¿Te duele?

—Tranquilo. Soy un hueso difícil de roer.

—Vale. Bueno, ya me voy. Suerte, Scorpius.

—Gracias, Albus.

Me ofreció la mano y yo la estreché con cuidado. Salí de la enfermería y me dirigí a la sala común. Bueno, tal vez Scorpius y yo no seríamos amigos, o a lo mejor seríamos los mejores. Pero por ahora, así estaba bien.


Hasta la próxima

Adigium21