Respuestas a reviews:

Rebeca 18: Sí, jajaja.. es que bueno, Ciel tenía que parecer que moriría hasta el último momento.. XDD Pero al final quedó vivo después del "reto" jajaja. Gracias por el review! :DD

Katha phantomhive: Lo que Ciel experimenta es muchas veces la verdad de la vida, ¿no? porque uno a veces cree que no tiene nada y tal vez, tiene algo que los demás no podrán tener o que no obtendrán fácilmente.. :DD Y, a la vez, Ciel no es malo. En el fondo, le preocupaba que Elizabeth fuera feliz, aunque sí le provoca gran dolor el imaginarse lejos de Sebastián.. DD: Y Sebastián Uke! jajaja.. XDD Fue algo que se me ocurrió, viendo que cada vez que Ciel le castigaba le hacía algo sexual y que era él quien siempre comenzaba.. XDD Pues, hoy le deje ser el seme pero, solo hoy! XDD Vincent quiere matar a Ciel por varias razones. Una, porque siente que le avergüenza con su forma de ser, otra porque alguien lo ama, a alguien le importa. En cambio Vincent jamás era querido por nadie, ni siquiera la gente de sociedad le saludaba siquiera. Solo Ciel les importaba.. :DD De ahí, la trama de Vincent, que pensaba que podría asesinar a Ciel y, como todo plan. (Tal como el de Ciel) tuvo su falla y al final fue él quien murió.. Yo también me sentí triste cuando Sebastián encontró a Ciel tirado. No imagino lo que ha de ser perder a la persona que amas cuando ya antes te han arrancado al amor de tu vida.. DD: Y en fin, muchísimas gracias por este extenso review! Me encantó.. :DD

Guest: Jajaja, Sí.. XDD Gracias por el review!

Mizaki: Exacto! :DD Vincent murió creyendo que despertaría.. DD: Gracias por el review! :DD


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Y la jaula les separaba. Les separaba porque era enorme, fuerte y había un cuervo dentro de ella. Sebastián la miraba desde el lado en el que no tenía más que una pequeña abertura enrejada desde la cual se podía mirar al pájaro en su interior. Difícil el escape. Ciel la miraba desde el otro ángulo. El lado que veían todos y en el que parecía que el cuervo podría largarse cuando se le antojara. Sin embargo, la jaula seguía siendo lo que era. Una prisión. Un mundo de donde su pequeño habitante no podía escapar porque era eso, su mundo.

Esa era la existencia de Sebastián Michaelis. Desde el punto de vista suyo y de su pequeño y posible contratista nuevo. Porque todo en su "vida" se remitía a una cosa: Comer.

Y el demonio podría estar enamorado del menor pero, aún así, tendría que comer alguna vez. Cazar una presa y, Ciel se preguntaba si lo más correcto era ofrecerse a sí mismo para dicha fortuna.

Por eso cuando Ciel le llamó y le dijo, "Tenemos que hablar." Sebastián comprendió que sería la plática más complicada de su existencia. En su fuero interno el ojiazul había dicho "Tenemos que hablar, amor mío." Pero, jamás decía exactamente lo que pensaba.

Se dirigió a su oficina y tomó asiento tras el enorme escritorio de madera. Nuevo y recién pulido porque no pensaba usar el mismo que su padre. No. Y no era que le odiara o pensara guardarle rencor eternamente pero, tenerlo ahí, habría sido una tortura para él. No a su padre, sino al escritorio o, eso creía Ciel.

-Amo… - El moreno estaba de pie al lado de la puerta, llevaba la caja que el ojiazul le había dado hacía unos días. La carta no, probablemente Sebastián no creía que él fuera a retractarse de ella. – Imagino que esto es lo que desea le devuelva. – Internamente, el mayordomo rogaba porque solo le pidiera eso.

El ojiazul levantó la vista y observó al demonio detenidamente. No quería hacerse ilusiones creyendo que a partir de ese momento todo sería felicidad. Pero, algo debía admitir, cuando veía a ese hombre su atención y su vida se concentraban solo en él. – No. Al contrario, aún voy a darte algo más. – Se levantó de la silla y avanzó hasta quedar frente a él. – Eres libre, demonio.

-¿Libre? – El moreno en pleno escrutinio de las facciones del menor, intentando localizar el sarcasmo en sus palabras.

-Sí. – Le dio la espalda. – Cuando mi padre murió pensé en nosotros. Tenemos lo que resta de tu inmortalidad para ser felices y lo que sobra de mi vida para disfrutarnos mutuamente. Sin embargo, - Se giró nuevamente para verle. – me di cuenta que eso era algo egoísta de mi parte. Te prometí libertad pero, mi deseo era atarte a mí.

-Ciel. – Sebastián le interrumpió, dejando la caja sobre el escritorio y tomando al menor por la muñeca. – No sé qué hacer con esa libertad.

-Puedes hacer lo que quieras. – Musitó el ojiazul tranquilamente. – Con la pequeña fortuna que te he dado puedes comenzar una vida de noble, si así lo deseas. – Rió ligeramente. – Eres un demonio. ¡Puedes tener un negocio exitoso con solo tronar los dedos!

El moreno le soltó y retrocedió. – Después de todo sobrevivió el hijo de Vincent Phantomhive. – Masculló. Sus ojos relumbraban mientras sus pupilas se tornaban felinas. – Tal como él, ahora tú también crees que eres dueño de todo y de todos. – El dolor de ese corazón que no conocía del todo bien. - ¿No te has puesto a pensar que yo quiero estar contigo? Lo que siento va más allá del hambre y de cualquier otra cosa. Ves la jaula del cuervo solo de un lado.

-Veo que puedes escapar cuando quieras, Sebastián. – Murmuró el menor. – Sé que te irás cuando quieras y me dejarás solo. Por eso, prefiero ser yo quien te libere.

-¿Liberar? Yo no puedo ser liberado. – Suspiró. – Las sombras que atan mi alma al infierno no pueden ser liberadas pero, sé vivir con ello. ¡Soy el cuervo atrapado en la jaula! Sin embargo, sé cómo lidiar con ello. ¡Por una vez en tu vida, créeme! Si yo juro que estaré contigo es porque sé cómo encontrar la manera de subsistir, sin apartarme más que los segundos suficientes para que ni siquiera notes mi ausencia.

Ciel le miró con sorpresa. El moreno jamás se alteraba así o alzaba la voz. – Quieres estar conmigo en verdad. – Murmuró.

-Es así. Quiero estar contigo. – Sonrió levemente. – Aunque no lo creas, Ciel Phantomhive, quiero permanecer a tu lado hasta el final. – Y Ciel le devolvió la sonrisa porque, el moreno no dijo cuánto tiempo, tampoco le recordó que por ser humano no viviría tanto como él. No, simplemente Sebastián decía que estaría siempre con él. "Siempre" entre lo que cabía en las dimensiones de la existencia del ojiazul, sin mencionar nada más.

-Seb…

Pero el moreno no le dejó continuar hablando. – Déjame tener esto, Ciel. – Tomó el rostro del menor y le besó suavemente, apenas rozando sus labios. El ojiazul cedió. Ya no tenía porqué resistirse o forzarse a no sentir. Ahora él también era libre.

La tela de los guantes del mayordomo contra su rostro le hicieron recordar algo. – Dame eso. – Musitó el ojiazul, retirando los guantes del moreno. – A cambio me dejarás tener dos cosas, señor Michaelis.

-Como ordenes. – El rostro apacible y ahora sonriente del demonio.

-Te quedarás con el dinero que te di y, buscarás otro mayordomo para que ocupe tu puesto. – Dijo Ciel, desabotonando la chaqueta del demonio. – Mi amante no va a tener tiempo para trabajar. – "Cosa que tristemente no verás, padre…", pensó el ojiazul, mirando de reojo la pintura de la foto de la familia.

Sebastián se quitó el chaleco y quedó únicamente en mangas de camisa. Ciel mordió su labio inferior. – Sí, señor. – El moreno se acercó más, aprisionando el cuerpo del menor contra el suyo.

Y continuaron disfrutando de sí mismos. El calor de uno y la frialdad del otro. Y no les importaba porque lo principal en su mundo era que ambos eran capaces de aceptarse sin mayor reproche.

Fin